martes, 30 de diciembre de 2008

Guided by Voices

Una de las mejores canciones que he escuchado en mi vida, sin explicaciones, sin argumentos, simplemente una de las que con más brusquedad me obligó a levantarme del sillón y ponerme en movimiento (a falta de facultades para bailar) fue y es I'm A Tree de Guided by Voices. Llegó por casualidad a mi vida, no sé cómo ni por qué, pero todavía no se ha ido. Desde entonces y hasta que hace ya casi cuatro años decidieron separarse, Guided by Voices siempre ha estado a mi lado. Durante el año casi completo que deambulé por el medioeste de los Estados Unidos, haciendo que enseñaba castellano a una manada de hijos de granjeros que jamás podré olvidar, Guided by Voices fue la banda sonora de aquella experiencia. Guided by Voices, Vacazul, Teenage Fanclub, Suede, Little Brazil, Q And Not U, la canción "One, Two, Three, Love" de Carrots, The Elected, "Nowherelander" de The Brahmas, "Polar Shelter" de Renochild, M. Ward, Matthew Sweet y una vieja canción de Ken Zazpi para cuando me venía la morriña y quería tararear en euskera. Esa fue la banda sonora. Recuerdo una mañana que recorrí todas las tiendas de discos que encontré en San Francisco buscando el vinilo de Iggy Pop donde salía la canción que le gustaba a mi novia. Al final, compré el cd en una tienda de varios pisos donde me quedé encerrado en un ascensor que manejaba un tío muy raro sentado en una banqueta leyendo un libro de Dostoievski. La tienda se llamaba Rasputin, creo. Esa misma mañana, en unos grandes almacenes me compré el "Half Smiles of the Decomposed" de Guided by Voices. Cuando iba a fumar cigarrillos a escondidas al cementerio baptista de Schleswig, a veces, en lugar de sentarme bajo el árbol que cerraba el cementerio, prefería quedarme junto a la cuneta, con las puertas del coche abiertas de par en par para poder escuchar "Huffman Prairie Flying Field" mientras mi vista se perdía en el horizonte inabarcable de la media tarde silenciosa que encendía los campos de maíz. Sé que dije que en estas entradas iba a proponer nuevas canciones, pero es Navidad, y soy un sensiblero, por alguna oculta razón me he acordado de Guided by Voices y no he podido evitarlo. De todas formas, si no lo ha hecho hace poco, lo hará enseguida, porque Robert Pollard sigue produciendo discos como quien escribe listas de la compra, pero listas de la compra en verso y con talento, así que... digamos que propongo escuchar a Robert Pollard y el que quiera tirar de la cuerda porque no los conociera que se deje llevar hasta Guided by Voices y disfrute de uno de los mejores grupos del siglo XX, y del XXI.

martes, 23 de diciembre de 2008

Late of the Pier

¿Sabes cuando un avezado periodista musical te describe una nueva canción de algún grupo que no conocías y para hacerlo usa el nombre de dieciséis grupos de folk, rock, garaje, trip-hop, hip-hop, power-pop, indie-pop, shoegaze, electropop, techno... que no habías oído en tu vida? Puede que incluso si el disco le ha emocionado te diga cosas como que la canción "What He or She Said About You or Me" es una aproximación a los tres últimos discos de Tom Waits con los ojos de Mac McCaughan y el trasero de Dave Gahan. Esta semana me ha ocurrido algo gracioso porque me he encontrado con dos canciones que directamente me han llevado a otras canciones o a otros grupos. Me explico, rápido y sin detalles, una canción de The Blakes tiene un riff de guitarra que inmediatamente me traía el nombre de Ocean Colour Scene a la cabeza. Lo gracioso es que la siguiente me traía el de The Strokes, y la siguiente el de los Rolling, y la siguiente... El segundo caso: una canción del último disco de We Are Standard tiene los mismos estribillos, muy difíciles de copiar, por otra parte, ya que no son más que un ligero aullido, que una canción de The Charlatans de la que no recuerdo el nombre pero creo que estaba en el disco Wonderland. ¿No digo los títulos de las canciones para que nadie me lleve la contraria? Puede, en realidad, no lo hago porque no me da la puta gana y porque no tengo ganas de buscar los títulos de las canciones. Y después de todo eso, me he puesto a escuchar a Late of the Pier, y cuando he llegado a la canción "Whitesnake" ya no he podido aguantarme de la risa. Por un momento, he viajado en el tiempo, desde un viernes en la casa familiar de Ida Grove viendo una película de hadas con los niños, hasta el bar heavy donde pasamos una nochevieja haciendo cuernos con la mano que no estaba ocupada con el katxi de kalimotxo, hasta el concierto de Belle & Sebastian en nuestro primer FIB. Toda toda toda una experiencia.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Shout Out Louds

El concierto en el Summercase no fue muy bueno. Yo intenté divertirme: tarareé las letras a duras penas, moví mi cintura cuanto pude y sonreí a mis dos compañeros, los mismos dos que, más tarde que temprano, acabarán por sumarse a este blog. Sin embargo, el polvo que empezaba a levantarse en aquel pedregal de Boadilla, el sol que aún relucía terco e inmisericorde sobre los tejados de las urbanizaciones, los contínuos viajes a la barra para refrigerarse y la sensación de que todo era muy pronto y muy repentino no ayudaron para disfrutar del concierto. Descubrimos "Tonight I Have to Leave It", casi al unísono, por los videos del extinto, que en paz descanse, Fly Music. En su día, leí una crítica en la que decían que el disco anterior era mejor que este último, y después de descubrirlo, como con Okkervil River, de delante para atrás, deberé darle la razón al tío del artículo, canciones como "The Comeback" o "Please Please Please" tienen un matiz escondido, una aspereza en la melodía, una dulce contención en el ritmo y en la voz que te aproximan a la canción de una manera melancólicamente lúcida, con misterio pero sin ambages, de la mejor manera en la que alguien puede aproximarse a una canción, de cabeza pero con los ojos bien abiertos. Supongo que volveremos a verlos, y quizás vengan con un disco mejor aún, y espero que les veamos bajo techo y con el espíritu y la alegría en dosis justas para disfrutarlos como... se disfrutan sus canciones, de cabeza pero con los ojos bien abiertos.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

The Polyphonic Spree

No volví a escuchar el disco nunca más. Durante una temporada, me ponía una y otra vez su canción "two thousand places." El segundo disco, creo que lo sacaron hace un año o así, no lo he escuchado. Pero aquel concierto, lo vimos los tres con la boca abierta. A hizo un comentario que nos hizo mucha gracia a B y C. Cuando los vio salir, dijo que se parecían a los Inhumanos pero con túnicas. Al día siguiente, cuando cogíamos la prensa gratuita con la crónica del festival, el periodista comenzaba su reportaje diciendo algo así como: el tío que estaba a mi lado dijo que aquello parecía un concierto de Los Inhumanos vestidos con túnica. Nos volvimos a reír, los tres, A, B y C, mientras nos aconsejábamos reparo a la hora de hacer comentarios en los conciertos, porque al parecer se había sembrado el terreno de micrófonos de escucha. A lo que iba: Polyphonic Spree nos tuvo en torno a una hora con la boca abierta y los ojos pegados en el escenario. No sé qué es lo que nos atraía más: la música, el colorido, la energía, el movimiento, o todo ello, revuelto, convertido en un espectáculo hipnótico y cautivador. El tío del arpa. El guitarrista con túnica. Los baterías inquietos. Las coristas hiperactivas. La música era ¿épica?, ¿emotiva?, ¿magnética?, ¿singular?, ¿contagiosa?, ¿sugestiva? La verdad es que no me acuerdo muy bien. El concierto se me hizo corto, aunque para la mitad, ya había cerrado la boca y forzaba la vista para soportar la confusión de colores. No lo sé. Pero puedo asegurar que los primeros doce minutos fueron mágicos y es de agradecer cuando te pones delante de un escenario y te encuentras algo que te sorprende positivamente. No he vuelto a escuchar la canción, pero bueno, supongo que depende del estado de ánimo y algún día, en el futuro, seguro que vuelvo a encontrarme con la juerga polifónica.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Conor Oberst

Viví cerca de su ciudad durante un tiempo. Le buscaba por las librerías de viejo, pero no le encontré. Un día me pareció verlo en una cafetería, pero quizás era otro tío con los ojos brillantes. Ingenioso, a que sí. De lo que estoy seguro, es de que era él al que vi en la tienda de discos Homer unos cuantos días antes de volverme a casa. Estoy... casi seguro, digamos. Igual hasta coincidimos en algún concierto. Quizás estuvo en la heladería en la que vimos cantar a David Yvar Herman Düne y a Kimya Dawson o en el Sokol Underground, donde vimos tantos grupos de los que no recuerdo el nombre que quizás en alguno hasta estuviera él. Cuando le conocí, creí que se llamaba artísticamente Bright Eyes, luego resultó que ése era el nombre del grupo, pero siempre he pensado que eran uno solo, Conor Oberst. Al principio me gustaban sus canciones más autóctonas, incluida esa preciosa historia del avión apunto de estrellarse. Después, acabé por encontrar alguna canción de sus discos más experimentales a la que terminé cogiéndole mucho cariño. Descubrí incluso la música de otros grupos alternativos con los que había colaborado y hasta repasé su sello para seguirle la pista a la música que publicaba. También, por aquello de que conocí la ciudad, me preocupé de averiguar qué grupos eran de Omaha, Nebraska, e intenté escucharlos con atención. Después de todos estos prolegómenos sin interés, vayamos al meollo, la canción que propongo: Moab. Moab está en su último disco, bueno, Moab está en Utah, es una ciudad en el condado de Grand y también da nombre al desierto que tiene cerca. Pero, Conor Oberst ha elegido el nombre de este lugar para titular una canción de su último disco, y esa es la canción que quería recomendar. Ha tenido cierto éxito el disco, cierto es relativo y éxito es un eufemismo, pero seguro que en algún bar habéis oído la canción de ritmo acelerado y botas de vaquero sobre arena del desierto en la que Conor Oberst grita que pasa de morir en un hospital y que ya puede alguien ayudarle a ponerse las botas que se marcha de allí. Una idea muy western. Y expresada con un acento aún más western, si cabe. Sin embargo, la que más me gusta es Moab, con su letra sencilla pero inspiradora, de carreteras largas y paisajes que reconfortan, sentirte libre conduciendo sin ningún destino, con la cantimplora llena de agua y las botas con las suelas nuevas y dispuestas a caminar bajo el sol y hacia el horizonte... con cuidado de no hacer como los gilipollas de Matt Damon y Casey Affleck en Gerry, la película de Gus Van Sant. Pues eso, que si habeís tenido una semana dura y el domingo os apetece despejaros conduciendo fuera y lejos de la ciudad y disfrutando del aire fresco que entra por la ventanilla del coche, pues usad como banda sonora esta canción, y aunque Moab está muy lejos, quizás os podáis acercar a los Monegros, o a las Bardenas, o a Tabernas o los polígonos industriales de las afueras que seguro que en domingo se parecen mucho más al desierto de Moab.