jueves, 26 de febrero de 2009

Vetusta Morla

Mira que ha llegado lejos la tortuga de la Historia Interminable con lo despacio que iba. Bien es cierto que le ha costado nueve años, pero, al final, ha llegado, y ha llegado muy lejos. ¿A dónde ha llegado? Pues espero que no le importe y siga caminando. No sé ni cómo se llaman los premios pero deben ser los premios más importantes de España, ¿no? Amaral, Nena Daconte, Serrat y Sabina... vamos, lo de siempre. Pero hoy he visto a Vetusta Morla en las noticias de Telecinco, Cuatro... La tortuga ha llegado al borde del abismo. Hasta Patxi López, algún día contaré la experiencia del concierto de Los Punsetes, elige su canción preferida: Copenhague. Nueve años llevaba la tortuga caminando pacientemente, sin prisa, inhalando experiencias y exhalando sabiduría. Lo nuestro (digo lo mío y lo de mi amigo E) fue un flechazo instantáneo: una pequeña reseña en una revista gratuita y las canciones suenan bien a la primera. Casualidad, a los pocos días, los programan en el Kafe Antzoki, entre semana, con media entrada larga. Y los de Tres Cantos nos acaban por convencer, por las canciones y por su naturalidad. Me gusta lo de Pequeño Salto Mortal, la autogestión, la humildad, la falta de prisa, las ambiciones justas y que sigan tocando en las fiestas de su barrio. Todo eso, lo unes a las canciones, y van sobrados. Yo no tengo favorita. Sus letras son buenas aunque no de mi gusto, prefiero las letras menos simbólicas y abiertas, pero aprecio la labor y la intención de dejarlas abiertas y sugerentes. Siempre he tenido predilección por el plano secuencia, desde Sed de Mal hasta Kill Bill pasando por El Juego de Hollywood (gracias Vickie por explicarnos todo esto en su día), así que los videos que voy a colgar, sobre todo el primero, son mi canción preferida de Vetusta Morla, así, tal y como fue cantada ese día.
En fin, quería escribir de ellos hoy y por si acaso. Me da menos miedo que con otros, pero tampoco me sorprendería. Ya que están casados, como dicen ellos, espero que el matrimonio sepa llevar bien el día después de la noche de bodas. Buff, no me gusta el simil, pero bueno: enhorabuena a la tortuga y que los premios os la traigan floja en su justa medida.


miércoles, 25 de febrero de 2009

Spiritualized

Sé que Jason Pierce y los demás se enfadaron y terminaron con Spacemen 3. No llegué a conocerlos. Sé que a Jason Pierce le convencieron para que se uniera a un nuevo grupo en 1990. Por entonces, no oí hablar de ellos. Sé que decidieron llamarse Spiritualized porque encontraron la palabra en la etiqueta de una botella de Pernod. Pero no sé si es cierto. Sé que han publicado seis discos y que el que publicaron en 1997, Ladies & Gentlemen We Are Floating In Space fue el que mejor críticas recibió. Sé que lo he oído, pero no sé muy bien cómo. También sé, porque viene en la Wikipedia, que Jason Pierce ha colaborado con mucha gente y, entre ellos, con Harmony Korine, para quien hizo la banda sonora de su última película Mister Lonely. Pero no la he visto. En su día vi Kids y me enamoré de Chloe Sevigny (Korine escribió el guión) y Gummo y no me enamoré de Gummo (Korine la dirigió). Todo eso sé. Creo saber también que Jason Pierce es una persona, si no religiosa, que quizás lo sea, con inquietudes y preocupaciones espirituales y no es difícil averiguarlo con solo echar un vistazo a los títulos de sus canciones. En Soul On Fire también hay ángeles, almas bendecidas y referencias al cielo pero como cualquier interpretación que sugiera un significado místico a mí se me escapa, me ciño a la simple y sencilla historia de amor. Y aún así me gusta. Y escucho a los ángeles cantar el estribillo aunque sean ángeles laicos. Me gusta cuando Jason Pierce, probablemente con los ojos cerrados y los puños prietos (difícil, tío, porque tiene que tocar la guitarra) canta eso de "sweetheart, it may not be easy / but we're trying hard to hold on / trying to make it better / sweetheart, you get so much freedom / but freedom is just another word / when you've no one left to hurt." Que, en traducción simultánea y gratuita para los que no saben ni quieren saber inglés, significa algo como "cariño, quizás no sea fácil pero estamos intentando resistir con todas nuestras fuerzas, estamos intentando hacerlo lo mejor que podemos, cariño, se consigue mucha libertad, pero libertad no es más que una palabra cuando no te queda nadie a quien hacerle daño." No creo que después de traducirlo, haga falta interpretarlo. Aunque el estribillo es mucho más trillado, esta parte dice mucho sin decir nada extraordinario, pero después de tantos años de poesía y de canciones, soy de los que opina que lo ordinario se merece más rimas y se presta a que sean mejores.
El vídeo no se puede colgar. Al menos de youtube y ya sabemos que yo no llego más lejos. Así que os lo dejo en directo, con entrevista incluída.

viernes, 20 de febrero de 2009

Vic Chesnutt

A ver si no me embrollo, porque, de repente, me han entrado ganas de decir muchas cosas y obviar otras y al final, acabaré, a trompicones, por decir las que no quería decir y olvidar lo que me había propuesto contar. Iba y voy a hablar de Vic Chesnutt, porque la última vez hablé de Ward y usé su nombre sin saber muy bien por qué. A la ligera, digamos, como hago muchas veces, y con la sinceridad no quiero librarme de la culpa. Había escuchado a Vic Chesnutt pero no con la debida atención. No sé si tiene algo que ver con mi mente descompensada e hiperactiva (aunque se me vea muy cómodo en el sofá) o es una consecuencia contemporánea que podríamos achacar a las listas de reproducción, los top hits, la comida rápida, los programas para intercambio de archivos y los concursos de televisión, pero, el caso, es que me da la sensación de que no conozco a ningún grupo ni lo he escuchado con la debida atención. Cuando era un chaval, había poco donde elegir, y me conocía de memoria el cancionero de Kortatu, Parabellum, Doctor Deseo y Pearl Jam en menor medida. Ahora, hablo de Ward, nombro a Chesnutt, y me doy cuenta de que si alguien me preguntara, solo podría hablarle de una canción que sí que escuché con la debida atención. Se titula Band Camp, no sé de qué disco es, si responde a un estilo o a un período concreto dentro de la larga, eso sí lo sé, carrera de Vic Chesnutt. También conozco otros detalles sobre su vida personal y profesional que estaban entre las cosas que quería obviar. Entre las que quería contar, solo estaba Band Camp. No puedo decir mucho más de Chesnutt y aún así me permití decir que me gustaba mucho más Ward, riesgos y privilegios de la libertad de expresión. No quiero redimirme porque no hay nada que redimir pero me propongo explicar por qué Band Camp es una gran canción. Primero, porque es distinta, única. Porque la historia que cuenta parece trillada, prototípica, demasiado particular cuando en realidad el estribillo, repetido hasta que gana sentido al final, la hace tan universal que su americanidad no impide que todos podamos sentir qué es lo que Chesnutt intenta decirnos detrás de una historia tan sencilla. Es especial porque la voz de Chesnutt es especial, y su fraseo, y cómo construye las canciones, con un aire parece que convencional y una estructura marcada pero con un sello extravagante porque es único. Sería difícil cantarla en el karaoke. La historia también invita a distintas interpretaciones, todas ellas literarias y demasiado formales (de o deformación profesional, ostias, ¡no sé cómo se escribe esta expresión!) que intentarían resaltar la profundidad y relevancia del género de los protagonistas, de la crítica social subliminal y del análisis temporal que libra la vulgaridad gracias a lo que precisamente la letra no puede comunicar. Y por eso, toda la sarta de chorradas que he dicho solo valen para acabar concluyendo que lo que da fuerza y magnitud a la canción es Vic Chesnutt, con su voz amable pero contundente, quebrada pero maciza y el impulso de una melodía que crece con cierto aire de alegría solemne y contenida.
Y, en fin, la música de Chesnutt suena por detrás mientras intento cerrar la entrada. Y lo único que se me ocurre decir es que me da igual que parezca que todo lo que he dicho suena a palabrería artificial. Me he liado, no he escuchado a Vic Chesnutt con la debida atención y soy tan víctima como culpable de los tiempos modernos y de los vicios que promueve más que de las virtudes que aún permite. Pero, aún así, sigo escuchando Band Camp y disfrutando como un niño, así que no he perdido del todo mi inocencia, ¿qué más se puede pedir?

martes, 17 de febrero de 2009

M. Ward

He oído como unas mil veces la canción de Vincent O'Brien. Y lo mejor de todo es que cada vez que la escucho descubro algo nuevo. Ya no me acuerdo si fue Chinese Translation o Sad Sad Song la canción que utilicé en una ocasión en clase. Ya he hablado aquí de su magnífico dúo con Zooey Deschanel pero solo puse la foto de la última. Primero, porque es mucho más guapa y, segundo, porque esperaba dedicarle una entrada solo a él. También conté en otra entrada que solía intentar que cada vez que conducía en dirección al downtown de Omaha, Nebraska, sonara una de sus canciones, pero creo que me confundía con Matt Sharp, del que no he vuelto a saber nada, excepto que intentaba revivir a The Rentals. Por último, creo que también he contado en este blog que me encantaba la escena en la que Lou Taylor Pucci, o Mercer en la película, aprovechaba que el propio M. Ward, o Jayson en la película, le había prestado su camiseta de currante de gasolinera (precioso el local en el que ensayan, algo parecido a la vieja cabina de la atracción de feria que Ethan Hawke, River Phoenix y Jason Presson usaban para viajar al espacio exterior, pero de plástico, gigantesca y varada en un pequeño bosque) para robar un coche y largarse de Eugene, Oregon, mientras Vincent O'Brien suena para mover las ruedas del coche. Vincent O'Brien, por cierto, creo que fue un amigo de Ward que falleció. Hace unas semanas Ward ha publicado un nuevo disco, Hold Time. Yo ya tengo mi preferida: Never Had Nobody Like You (Zooey, Zooey) y es la que propongo, pero me quedo con cualquiera del disco, con sus distintos tempos, con sus historias dispares, con sus exquisitos, minúsculos, elegantes arreglos, con el eco infinito de la guitarra y la voz de Ward descubriendo que el mundo es infinito y el eco reverbera y nos lleva tan lejos si cerramos los ojos que quizás nunca volvamos. Un poco exagerado y discutiblemente poético, pero yo, más o menos, he entendido lo que quería decir. ¿Qué tiene Ward que no tengan Chesnutt, Oberst, Bird, Iver, Case... on incluso Van Zandt, Dylan o Fahey? Quizás nada. Probablemente, nada. Pero la música consigue que a veces descubras que lo que no comprendes es bello y sobrecogedor. Yo no sé por qué disfruto tanto de cómo sube la energía con una guitarra, una batería serena pero sacudida y unas palmas que aparecen de la nada en Stars of Leo, pero sigo la voz de Ward con los ojos cerrados hasta que me lleva a la orilla del mar y entonces el mar se embravece y me hunde hasta descubrir un mundo submarino de sirenas y peces multicolores. Nuevamente, exagerado y discutiblemente poético, pero... no sé por qué, pero esta es una de las pequeñas cosas que llamamos cosas por no robar la magia y que hacen que la vida merezca la pena: dale el play, escúchale y húndete.
Abusaré de youtube antes de despedirme: os dejo una versión distinta que hizo de Vincent O'Brien para un programa de televisión, la canción que proponía y que no es más que el audio y el comienzo de The Go-Getter para que veais como Mercer roba el coche y comienza su viaje para intentar resolver su problema con Huckleberry Finn.


domingo, 15 de febrero de 2009

Fanfarlo

Todo va muy rápido hoy en día. Anoche cenamos veinte personas en una sidrería desde la que se veía Bilbao iluminado. El batería de Atom Rhumba y Cujo también estaba cenando allí. El bar se llenó de humo cuando sacaron las planchas de carbón con las chuletas. La sidra hizo mella. Cuando bajábamos en el último autobús urbano, la sidra empezó a hacer mella. El señor conductor no se ríe... no se ríe. Y no se reía. Pero tenía prisa. Según parece, el último autobús de la línea es la última atracción que queda del antiguo parque de atracciones. Todo va muy rápido hoy en día. La nueva promotora-asociación cultural del hermano de Ainhoa, tras traer a Travolta y a Los Punsetes, anuncia la visita de los Niños Mutantes. Todo va muy rápido. Hace unas semanas que enredando por entre la maraña de blogs y páginas especializadas del universo virtual encontré referencias positivas sobre un nuevo grupo de Londres. Vi unos videos. Escuché unos cortes. Sí, me gustaron. David Bowie ya los ha apadrinado. Tienen entrada en la wikipedia y ya los ha reseñado El País. Aún no han publicado su primer álbum. Todo va muy rápido. El viernes subimos a ver el piso y ya han tirado los tabiques y vuelto a levantar los que tenían que levantar. Fanfarlo ya ha anuncia gira internacional con el disco que aún está por publicar. Quizás la nueva promotora-asociación cultural pueda traerlos a la ciudad. O quizás ya hayan nacido con un caché inalcanzable. Todo va rapídisimo. Y lo mejor es que cuando les escucho a ellos, su música no va tan acelerada. Rápidas y fáciles las comparaciones: I'm from Barcelona porque son más de cuatro y Arcade Fire por lo mismo y porque a veces si que suenan parecidos. Yo añadiría a Noah and the Whale. Percusiones, instrumentos que cada vez son más habituales en el pop como la mandolina con la que el Capitán Corelli quería enamorar a Pe y las guitarras como centro sobre el que gravita lo voz del sueco Simon y los coros de los demás. Todo va tan rápido que apenas he podido leer la cita de David Bowie pero estoy de acuerdo con lo que dice de la "melancolía deliciosa", por eso hablaba de Noah and the Whale y ya se ha pasado el fin de semana, rapídisimo y, mañana, lunes, habrá que conducir hasta Vitoria, por la nacional, sin prisa porque iré escuchando la música de Fanfarlo con el pie en el freno y la cabeza en la deliciosa melancolía.
Posdata: Todo va tan rápido que se me ha pasado sugerir una canción, que es el hilo conductor de estas entradas: y por decir una, diré la que lleva el título de aquel periodista de mediados del siglo pasado al que tanto le gustaban los platillos volantes y los tesoros piratas, Harold T. Wilkins.