jueves, 29 de octubre de 2009

Richmond Fontaine

Hoy he dicho Richmond Fontaine dos veces. Primero, a la camarera del Antzoki. Mientras ponía un café, le he dicho que venía a comprar entradas. En euskera me ha preguntado para cuál. Y en castellano le he dicho en inglés: Richmond Fontaine. Poco después, me he metido en el Fnac. Ahora llevan unas camisetas amarillas que pone no sé qué. Como no lo encontraba, le he preguntado a un pelirrojo de barba: ¿os ha llegado el último disco de Richmond Fontaine? Dos veces. Y esta es la segunda vez que hablo en este blog de Richmond Fontaine, aunque antes me centré en Willy Vlautin y en sus dos novelas y en la música de fondo que había compuesto con Paul Brainard para la segunda, la que contaba la historia de Allyson. Mañana veré a Richmond Fontaine, por primera vez. Antes, tendré la oportunidad de disfrutar de Bravo Johnson, que son algo así como un grupo paralelo de la gente de Los Deltonos, Hendrik Roever está que no para. En fin, que mañana es día de buenas guitarras, probablemente pedal steel, armónicas, viajes gratuitos al oeste de carreteras más que de cañones, camisas de cuadros, acentos acerados por la cerveza fría y mucho ambiente de sombras y luces, de lucidez y pesadumbre. Ya no recuerdo cómo descubrí a Richmond Fontaine pero recuerdo el eco de los de Oregón cuando el polvoriento capó del Taurus brillaba bajo el sol. Polvo y carreteras secundarias, un horizonte pardo y un cielo inmenso (at least you'll have the Western Sky) bajo el que todas las cosas parecían posible: la soledad y la libertad, la derrota y la victoria, la aventura y el sopor. Solo Lambchop, Calexico y/o Richmond Fontaine consiguen traducir eso en el lenguaje de la música. Mañana, tocará escuchar como suena el cielo del oeste americano.
Posdata: se me olvidaba. Hay que proponer una canción. A mí me gusta la vieja "Montgomery Park", pero vamos a colgar el video donde dice Vlautin lo de at least you'll have the Western Sky, que seguro que sonará mañana: "You Can Move Back Here"

domingo, 25 de octubre de 2009

El Cabrero

Las raíces nos delatan. Más tarde o más temprano, volvemos al sitio donde todo empezó y encontramos algo distinto. Yo soy del norte. Por parte de madre, de un valle angosto y húmedo, de verdes llosas y cumbres de piedra. Yo soy del sur. Por parte de padre, de una tierra seca, magullada, que brilla cuando el día es mantecoso.
Hoy, en el viaje de vuelta, veníamos escuchando a El Cabrero. Creo que lo que llevamos de blog, deja bien a las claras de qué pie cojeo, y el fandango y la bulería, en principio, no entraban en la lista. Están en mis venas, sin embargo, supongo, arrinconados y a la expectativa. También están en mis venas políticas, que empiezan a ser de pura sangre.
Tengo más en común con El Cabrero de lo que creo, y si miro para atrás, hasta tenemos amigos en común, amigos de los que hacía mucho tiempo que no veías. La música es aire y no tiene forma. Como la poesía.
Al llegar a casa, he enredado en internet. He visto que El Kebran ya colgó el video de Luz de Luna en su blog hace más de dos años. A mí me gusta otra, de la que no hay video, pero sí puedo colgar la letra que, por si sola, forma un poema, sin forma, como el aire, lleno de huecos vacíos inaprensibles, ecos, silencios que ni El Cabrero puede llenar con su voz de tierra y tiempo. Se titula "El Pare y el hijo" y yo se la he oído en directo a otro gran cantaor, más humilde y desconocido, con la misma voz de tierra y tiempo, con los mismos huecos que llena el aire sin convencimiento, Bernardo de Badajoz. No hay guitarras, ni baterías, ni historias de chicas que bailan en el dancefloor, pero a nosotros dos, que hemos saltado escuchando a los Pixies, hemos cruzado miradas comprometidas delante de Jeff Tweedy y abrimos la boca todo lo que pudimos al ritmo de la pierna de Edwyn Collins, nos suena igual que la mejor canción de rock and roll de la historia.

De un pare y un hijo cuentan
que se ganaban la vía
por campiñas y olivares
trabajando noche y día.

Sin haber hecho motivos
a los dos los amarraron
a un viejo tronco de olivo
y a balazos los mataron.

Nadie se atrevió en el pueblo
a pedir explicación ...
La muerte de aquellos hombres
sirvió p'a sembrar terror.

De aquel padre y aquel hijo
solo se acuerda la tierra
Allí donde los mataron
crece mas verde la yerba...
Crece mas verde la yerba
allí donde lo enterraron.



martes, 20 de octubre de 2009

Friska Viljor

Tengo un amigo al que si le hablas de Bjork, te dice: esos islandeses están como una puta chota, es por la falta de sol. Ese amigo era seguidor del FC Barcelona y su jugador preferido era Jari Litmanen. Decía: los finlandeses son los mejores, es por la falta de sol. Mi amigo se pirra por la serie del Josebas y el Borja, lo de Turbonegro le mola, dice: Turbonegro, Gluecifer son noruegos, la colcha, las camisetas del Borja está claro: la falta de sol. Vimos una vez en directo a The Raveonettes. Vaya freakes, murmuró. ¿De dónde son? Daneses, le digo. Tres segundos de silencio, y yo lo rompo: no me lo digas, la falta de sol. Así que cuando lea lo de Friska Viljor, dirá, suecos... y yo lo escribo: la falta de sol.
De París para arriba, la falta de sol, ya sabéis. Las grandes preguntas sin resolver, siempre tienen respuestas sencillas, supongo. Como dice Murders, a esta altura, yo también estoy de vuelta, y me refiero a que los suecos de Friska Viljor digan cosas como que nunca han compuesto una canción sin estar borrachos. Y eso que me lo trago como explicación exagerada del origen de su música. Me gusta "Shotgun Sister" y yo me traduzco shotgun no como escopeta, si no como se traduce shotgun marriage, matrimonio forzoso. Y me traduzco la canción como si no estuviera hablando de amor, como si she no fuera una persona, aunque no tengo muy claro de qué habla entonces: el éxito, algo más trascendental, lo analizamos psicoanalíticamente. No sé, me quedo con la sensación general sin significado verbalizado. Me gusta la canción, la voz rota, el estribillo lalalalala que no parece un estribillo lalalalala, la falta de implosión, explosión, quizás es por la falta de sol. No sé qué significa Friska Viljor ni si es cierto que si no es ebrios los suecos no componen. ¿Será casualidad? ¿Existen las casualidades? I ha cambiado de canal: españoles por el mundo en la primera, ¿dónde están? En Estocolmo, y no es un día soleado. Puff, que dispare la hermana.

sábado, 10 de octubre de 2009

The Broken Family Band

Otra lección fuera de tiempo. Se acabó: Adams, Williams, y toda la familia, rota. Se piran. Hicieron un par de discos magníficos y ahora anuncian que, de manera amistosa, lo dejan. All I Want from You Is Some Effort, The Booze and the Drugs, Michelle, Love Your Man Love Your Woman, I See How You Are, Hey Captain, Diamonds in the Mine, Leaps, I'm Thirsty y ahora It's All Over. Se acabó. Y da igual. Adams y Williams seguirán haciendo lo que hagan por Cambridge o por Londres y a mí me dará exactamente igual. You're Like a Woman siempre estará ahí. No desaparecerá. Lo único que desaparecerá es lo que aún no había aparecido, y ahí está la lección, fuera de tiempo. Quizás ahora yo soy el crío y ellas son ya toda una mujer, quizás es así como escuché esa canción la primera vez, cuando ni tan siquiera sabía lo que decía. Y ese descenso placentero, cuando la batería y la guitarra esconden la cabeza debajo del agua, y todo se detiene sin detenerse, hasta que explota treinta segundos antes de que todo se detenga inexorablemente, ha sido uno de los agujeros negros más placenteros que he descubierto gracias a la música. The Broken Family Band ha escrito sus mejores canciones a base de interludios, diminutos pasajes inesperados que mantenían un suspense elevador, sugerente, complejo y yo qué sé. Siempre nos quedará el booze y los cigarettes y la estúpida convicción de que si no es en familia, al menos seguirán escribiendo canciones por separado. O, si no, qué más da, las canciones siempre seguirán en el mismo sitio. Fuera de tiempo.