martes, 24 de noviembre de 2009

Sufjan Stevens

Porque empieza como una película ñoña en blanco y negro, sigue como un espiritual demasiado entusiasmado y se desarrolla como una entrañable canción de esperanza sosegada, de íntima redención, con coros femeninos y un emotivo violín. Por una parte, por eso, por otra parte porque la carrera que comenzó Pitchfork ha terminado antes de llegar a meta y tanta lista conmemorativa me lo ha traído de vuelta. Y, tercero, también porque el otro día ella dijo algo así como: tienes el blog de música olvidado, y como es cierto, pues he vuelto. Y he elegido "Chicago" de Sufjan Stevens porque es la canción que he empezado a escuchar hoy mientras corregía unos ejercicios sobre tiempos verbales. Y no he podido evitar levantar la mirada, alejarla de los blanks being filled para mirar lejos, más allá del patio de hormigón al que da mi ventana, más allá de las copas de los árboles y del cielo azul, tan alto, tan lejos que no sé a dónde miraba, tan alto, tan lejos que cuando he vuelto al escritorio, me he fijado en que, tío, ¡hay una sony hf60 encima de la mesa! Y esas cosas. El disco del señor Stevens lo tengo en casa desde vete tú a saber cuándo y no le había hecho mucho caso. Entre otras cosas, porque recelo. Pero bueno, qué se le va a hacer, yo siempre cometo muchos errores, en mi mente, en mi mente... La canción es muy buena, o, al menos, a mí me lo parece, contemporánea y probablemente inmortal. Y la letra, digo yo, da lugar a muchas lecturas aunque puede que solo tenga una porque no sabemos muy bien qué le pasó en New York, pero yo hoy he tenido mi propia lectura, quizás influenciado por las circunstancias de esta semana, y estoy seguro de que tendré otra completamente distinta en un mes, pero la que he tenido hoy, lo que he visto mientras la oía y miraba, ya sabéis, más allá del patio de hormigón, más allá de la sony hf60, ha merecido la pena. Pero no os la voy a contar. Solo digo, que merece la pena darte cuenta de que has sido un imbécil.