domingo, 19 de diciembre de 2010

Atom Rhumba

Creo que nos complace jugar a buscar indicios de cómo nos hacemos mayores. Llevamos siglos cometiendo los mismos errores, y no vamos a parar ahora. Ésta es una larga tradición universal que nos pone a todos en el mismo lugar. Envejecer es un proceso apenas aprehensible hasta que no es demasiado tarde. Nos regodeamos buscando nuestra propia y paulatina decadencia, haciéndonos creer que partimos de un sitio muy muy alto, cuando en lugar de caer, quizás lo que estemos haciendo es dar un salto hacia arriba.
Pues sí, uno de esos indicios es cuando, camino de un concierto, ocupas los momentos de silencio en el metro para pensar en esas memeces.
Antes todo parecía que era excitación. La electricidad expectante parecía venir sumada al precio de la entrada junto con el iva. Pero ahora ya no. Vas pensando primero en cuánta gente va a haber, en lo que te va a costar aguantar los pisotones, las cabezas que se mueven, los cigarrillos que se exhalan sobre tu coronilla. ¿No es un buen indicio?
Y aún así, en una tarde fría, escondes el cuello dentro del abrigo, y cruzas los jardines de Albia dejándote llevar por la inercia.
No sé cuántas veces hemos visto en directo a Atom Rhumba.
Recordamos una, en fiestas de Ondarroa, cuando el recinto de txoznas contaba solo con unas diez personas extraviadas que habían venido específicamente a ver el concierto, el resto celebraba las fiestas patronales. Nosotros dos estábamos entre la escasa decena.
La de ayer no pasa por ser una noche más. Quizás para ellos fuera un concierto más, aunque a mí me sonaran distintos, mucho más compactos y contundentes. Pero está claro que eso es culpa mía, es que me estoy haciendo viejo.
Y quizás porque me estoy haciendo viejo, o quizás porque es así, el último disco de Atom Rhumba lo he disfrutado a pedazos. Si antes las canciones eran rotundas, ahora las deconstruyes, como un cocinero moderno, y empiezas a tamizarlas como si en un único gesto te alegraras al mismo tiempo por encontrar pepitas de oro y gozaras con el barro que se queda en la superficie del cedazo (aquí podría haber hecho un chiste malísimo con esa última palabra, ¿verdad?). Quizás por eso mi canción preferida es “Heart on Parole” si tengo que elegir una. El matrimonio beatleiano entre las guitarras de Irazoki y Rober! me han hecho pensar en el adulterio. La busco una y otra vez en el ipod y cuando la encuentro, me quedo mirando el cedazo con un pie metido en el American River y el otro en el Nervión.
Y ya no sé qué más decir. Éste es el tercer párrafo que empiezo con una conjunción. Me hago mayor. Viejo. ¿Cuento cómo fue el concierto? Para qué. Hay crónicas a mansalva y porlafeis en la red. Escritas por gente que entiende más que yo. Yo me conformo con acostumbrarme a la extraña sensación que me dejó el concierto cuando salí de allí: algo me decía que había disfrutado, pero no sentía esa energía instantánea y perecedera, casi física, como un latigazo de entusiasmo efervescente, que he sentido tantas otras veces al terminar un concierto. Todo lo que sentía era templaza y sosiego, sin iluminaciones o frenesí. En lugar de esa fogosidad, una certeza complaciente y constante: ésa es la música que quería oír, y me consuela pensar que esta vez no será efímero, porque me hago viejo, y algo tiene que tener de bueno hacerlo, ¿no?
“Heart on Parole”, vamos.

viernes, 26 de noviembre de 2010

The National

Tampoco me sorprende que no haya hablado de ellos hasta ahora. Para qué. Hasta Paul Shirley los subrayaba con fosforito en su blog. Y hace poco leí en una entrevista a Brett Easton Ellis que se sabía "High Violet" de memoria. Bueno, si en su próxima novela les dedica un capítulo entero de digresiones, por lo menos lo disfrutaré más que el capítulo sobre Génesis en American Psycho.
Pero bueno, voy a hablar de ellos, proponer una canción y bla bla bla. Si hiciera lo que quiero, propondría cualquier canción de Boxer, su anterior larga duración, porque rallé el mp3 si eso es posible (y no una mera y ridícula licencia poética) de tanto escucharlo. Ni sabía quiénes eran ni sabía qué hacían. El disco cayó por sorpresa y me lo quedé para siempre. Desde "Fake Empire" que aún a veces me sorprendo silbando cuando conduzco hasta "Ada", "Racing Like a Pro", "Slow Show", "Mistaken for Strangers" o, sobre todo, "Star a War" me dejaban cada vez que las escuchaba con la sensación de que algo había pasado, no sé el qué, pero algún tipo de cambio hormonal se había producido sin que yo fuera consciente. No son muchas las canciones que te obligan a cerrar los ojos y hacer arabescos estúpidos con las manos como si quisieras echarte a volar, y a mí me pasa con el grupo de Matt Berninger.
Y no es solo por sus archiconocidas cadencias vocales, su fuerte tono de barítono y su pose a lo Divine Comedy aunque quizás me esté equivocando en la comparación. Lo que más me impresiona es la base rítmica, sobre todo la batería y una eficacia de conjunto que hace que las canciones de The National sean compactas, coherentes e indeconstruibles (bonita palabreja), aunque Ferrá Adriá seguro que sería capaz.
En fin, que son de Ohio aunque residen en New York y quizás algo de eso tiene importancia en la letra de la canción que propongo, "Bloodbuzz Ohio", de su último largo, primer single que propusieron, y con vídeo a cargo, entre otros, de la mujer de Berninger. Comprometidos políticamente (además de apoyar a Obama, contribuir al ya caduco Rock The Vote y colaboradores, junto con The Arcade Fire, Spoon, su amigo Sufjan Stevens y muchos otros, de la organización sin ánimo de lucro que lucha contra el sida, The Red Hot Organization) y asiduos a los festivales (FIB, Coachella, Glastonbury, Oxegen, 02 Wireless, Lollapalooza o T in the Park están en su palmarés), los americanos están ahora de gira por Europa pero se saltarán España hasta llegar al Primavera ya pasadas las Navidades. Así que nos tendremos que conformar con verlos en stream, escucharlos en mp3 y que yo escriba de ellos en html, que queda todo supermoderno.
Cuelgo el video de "Bloodbuzz Ohio", y como no puedo reprimirme, también "Start a War", con ese "we expected something, something better than before" que signifique lo que signifique en el resto de la canción, a mí me sigue trayendo los mismos pensamientos cada vez que lo escucho. Y ya puestos, como si me lo propongo soy un jodido plasta, también cuelgo "Fake Empire" y me pongo a trabajar.


lunes, 8 de noviembre de 2010

Megafaun

Voy a empezar por decir lo que podéis leer en cualquier otro sitio: que son lo que quedó de DeYarmond Edison cuando Justin Vernon se fue para formar Bon Iver. Que son colegas de Akron/Family. Que el batera se llama Joe Westerlund y los otros dos son los hermanos Cook, Brad y Phil. Que se llaman Megafaun, claro, y vienen de Durham, California. ¿Y qué más? Que dicen que siguen la profunda e inmaculada tradición de Crosby, Still and Nash, y yo no digo ná.
Luego también suele haber un ramillete de palabras con mucho significado que suelen ir acentuadas cuando se habla de Megafaun. Tales como experimentación, jam, blues, folk clásico, banjo, violín o armonías vocales. Y terminan haciendo énfasis en la variedad de instrumentos (algunos extravagantes) y sobre todo en la diversidad de espacios físicos en los que han grabado (eso he leído, creo). Hasta aquí, ya saben las noticias.
Bien. ¿Por qué me gustan Megafaun? Por las barbas, quizás. Digo yo que por lo mismo que vuelan las compresas. No lo sé, pero voy a intentar contártelo. Te voy a decir un secreto, mi favorita es la que se te puede pasar desapercibida: "Bella Marie", una pieza instrumental de minuto y medio, que no puedo evitar escuchar una y otra vez. No sé por qué, viajo al restaurante Sagartoki mientras hablo con Gregory Martin, y vuelvo a una lejana carretera de arena mientras quieto junto al coche fumo un cigarrillo e intento perder la noción del tiempo, y viajo hasta las viejas sensaciones que no olvido y que nunca volverán a ser las mismas tras leer por segunda vez los libros de Willy Vlautin, y vuelvo a las novelas de James Welch también, y hasta las pelis más western de David Lynch, y escucho películas, canciones y experiencias que aún no he tenido pero que sé que tendré en el lejano oeste de mi vida particular. En solo minuto y medio, en una pieza instrumental. Eso es magia. Una magia muy personal. Solo para mí.
Pero creo que para todos puede ser bueno escuchar "The Fade" o la suite indomable, abrumadora y llena de baches de "Impressions of The Past" (el vídeo no está nada mal). "The Longest Day" tiene un comienzo que puede alcanzar a "Bella Marie", con un banjo expansivo y evocador hasta que entran las voces. "The Process" no está mal. La que menos me va es con la que se queda todo el mundo, "Kaufman's Ballad", más que nada, por la historia del cuerpo de Gram Parsons y la aventura de Phil Kaufman, pero si queréis saber más, preguntad.
Como tengo que elegir una y poner un video de una, diré "The Fade", pero con Megafaun me pasa como con los primeros discos de The Modest Mouse, me quedo con instantes, con pasajes, con intervalos, con secuencias. Y si no, con la bella María, sea quien sea o sea lo que sea.

martes, 19 de octubre de 2010

Jonny Barber & The Rhythm Razors

Hacía tiempo que no venía por aquí. Lo confieso, poco tiempo para escuchar música. La semana pasada escuché el disco entero de Napoleón Solo, podía haber hablado de ellos. Esta mañana he venido escuchando a The Divine Comedy hasta que me he cansado y he saltado sin red a The Black Box Revelation, de los que ya hablé un poco hace tiempo en una entrada sobre The Raveonettes. Podría volver a hablar de ellos y como me he entretenido jugando a buscar parecidos razonables evidentes, The White Stripes, y no tan evidentes, ¡Smashing Pumpkins! Pero, sigamos siendo sincero, ninguna de esas escuchas ha merecido la pena. Y no por la música en sí, si no por el que escucha. Demasiadas cosas rondan en mi cabeza últimamente, demasiadas. Mi abuela se cree que no curro porque no tengo un trabajo físico en el que tenga que fichar. Pero el lado malo es precisamente éste: me estalla la puta cabeza. Y así, yo por lo menos, no puedo escuchar música. La escucho. Incluso llego a disfrutarla por un instante, pero no me pidas que escuche tres canciones seguidas, en seguida, se me escapa la melodía porque estoy pensando en otra cosa. Solo el último disco de Arcade Fire ha conseguido que no me rinda del todo. El caso es que llevo escribiendo unas quince líneas, y ya he escrito 7 nombres de grupos, ¿no?, además de hablar de mi abuela, ya ves tú.
Y de ninguno de ellos quería hablar. Quería hablar de Jonny Barber y sus The Rhythm Razors, es decir, Symphony Tidwell y Randee McKnight, componente también de The Hillbilly Hellcats, así que ya sabéis más o menos de que estamos hablando. Más pistas: Jonny Barber mantiene un proyecto paralelo, The Velvet Elvis, en el que, difícil era de adivinar, imita al rey del rock and roll. Pero al grupo se le nota que no son un simple grupo de versiones, que tienen una personalidad propia y un bagaje variado que incorpora distintos matices a sus interpretaciones. Solo una pista, seguidle la pista a Jonny Barber (aka Chris Barber) en proyectos como SPIV y Mama, entonces se entenderá todo un poco mejor. Se entenderá que suenen tan auténticos, tan autóctonos pero tan contemporáneos y tan urgentes.
Sé que su gira por Europa está siendo un éxito. Porque están de gira, una gira que empezó en Vitoria y, sin dar más detalles, me enorgullece decir que yo tuve algo que ver con ello (a cambio, conseguí perder un par de kilos con el ajetreo propio de una profesión que no volveré a ejercer en mi vida, never say never). Puede que anden ya por Italia o de camino a Alemania en una gira que no olvidarán en muchos años porque, a veces, el amateurismo y la improvisación regalan experiencias cercanas a aquellas tan famosas de Enrique Iglesias (y sé que jode todo lo que he escrito antes pronunciar a éste aquí y ahora, pero si no hago un chiste malo, parece que reviento, cada uno cargue con su cruz). El concierto de Vitoria fue sudoroso, compacto, rápido y sincero, muy sincero, y me refiero a la implicación del grupo. Yo lo tuve que ver desde lejos, pero lo disfruté igual.
En fin, que nada mejor que ver un par de vídeos, y como me veo obligado a poner el más reciente, esta vez no voy a colgar un solo vídeo, sino tres a falta de uno. Primero, cuelgo el más reciente. Segundo, cuelgo uno, tampoco muy viejo, en el que hacen una versión del "Baby, Let's Play House" de Elvis Presley que creo que demuestra parte de lo que he intentado explicar antes. Por último, cuelgo un tercero que no tiene nada que ver con ellos, excepto porque Jonny Barber aparece brevemente en el vídeo. La canción es de Drive-by Truckers, con lo que sumo un nuevo nombre de grupo en esta farragosa entrada, pero el vídeo merece la pena, no me digáis que no.


viernes, 24 de septiembre de 2010

The Cloud Room

Dicen Peck y Coyle en su libro A Brief History of English Literature que "the most admired works of literature are those produced a time when there are the most dramatic shifts from one way of looking at the world to another way of looking at the world." Que viene a traducirse como que las mejores obras literarias son aquellas que se emplazan en un contexto de cambio social o cultural siempre y cuando éste cambio impregne la obra. Me ha salido una traducción muy muy libre y muy muy mala.
Dicen que The Cloud Room se llaman así por un speakeasy (uno de los bares que vendía alcohol a escondidas durante la época de la prohibición) que había en lo alto de un rascacielos de New York. Esto lo encuentras en la Wikipedia. Y en la Wikipedia también puedes leer que J Stuart escribió la canción que propongo hoy "Hey Now Now" mientras pasaba por una aguda crisis debido a que le habían diagnosticado un positivo por sida que resultó ser falso.
La canción fue todo lo hit que un hit indie puede llegar a ser, pero sea lo que sea hit y signifique lo que signifique indie, la canción llegó a ser utilizada para hacer un anuncio de Pepsi en el que Ronaldinho no creo que bailara mucho al son de la canción, lo suyo es otro tipo de música.
La canción es pegadiza y de un ritmo desesperadamente animoso, incluso desde el principio. Si Peck y Coyle escucharan la canción podrían adivinar tanto en la letra como en la base rítmica de la canción, el contexto de cambio, el turmoil que dirían ellos, que vivía J Stuart, porque las revoluciones también son interiores, y siempre son dolorosas. Ni el estribillo sin letra es redentor. J Stuart sabe que no vale de nada mirar hacia atrás, y sabe que hay que coger el autobús, ahora, ocurra lo que ocurra, termine la canción cuando se termine. No creo que a Peck y a Coyle les entusiasme la canción, ni tan siquiera a Ronaldinho ni al dueño de la Pepsi, pero mi casa se ha convertido en un speakeasy y now, now mismo, esta canción me ayuda, como supongo que le ayudaría a J Stuart, a volar hasta la habitación de la nube.

martes, 24 de agosto de 2010

Reigning Sound

Greg Cartwright no nació ayer, ni tan siquiera antesdeayer. De hecho, nació hace ya cuarenta años, coño, y en el coño del mundo, y perdón por la expresión, pero es la ciudad más preñada de música del Mundo, o, al menos, de rock and roll: Memphis, Tennessee. Así que Cartwright salió lo que salió: músico. Se hizo famoso siendo un poco más punky de lo que es ahora. Se cambió el apellido para tomar el de su grupo, The Oblivians, y consiguió ser favorito de los suecos The Hives, si es que eso es un valor en sí mismo. Pero Cartwright tenía muchas más canciones en su cabeza, y cuando ya no entraban en el reducido espectro de los Oblivians o de los Compulsive Gamblers, se inventó a Reigning Sound, y tampoco se los inventó a ayer, ni tan siquiera antesdeayer, aunque huelan a eso, y a cosas que se hacían antes de que naciera hace ya 40 años, coño. Greg Cartwright, nada que ver, digo yo, con Los Cartwright de Virginia City en Bonanza ni con el fiel escudero de Michael Jordan, Bill Cartwright, también ha colaborado con lo más granado de su circulo: desde Jay Reatard (también a la inversa) hasta el grupo (The Parting Gifts) que ha formado junto con Patrick Keeler (The Raconteurs) y CoCo Hames (The Ettes), pasando por Detroit Cobras, Deadly Snakes o Black Keys, adjetivo más sustantivo.
Yo quería proponer "If I Can´t Come Back" o "Dangerous Game" de su último disco sobre el amor maldito, o las maldiciones del amor, o el amor y sus maldiciones, o maldito amor o lo que quiera el fantasma de Pablo Neruda. Sin embargo, no hay videos que colgar, y, como soy estúpido, propongo "Debris", de la que cuelgo una versión en directo, con no muy buen sonido y muchas cabezas que alejan el escenario, pero a mí aún me obliga a mover los pies. Love and Curse tiene bastantes medios tiempos y un olor a clásico que es culpa de la voz de Cartwright y de su amor por las melodías y el ritmo frenético. No es una mala opción para lo poco que queda de verano. Yo me lo pongo por la mañana cuando me tengo que levantar a sacar al perro, es lo que tiene el rock, que hasta con legañas y viendo mear a un chucho se puede tener actitud... Ya. Pues eso.

domingo, 15 de agosto de 2010

Triángulo de Amor Bizarro

No sé si escriben los sustantivos con mayúscula. Ya no sé qué contar o cómo contarlo, macho. Esto de los blogs es cansino. ¿A quién demonios le importa una mierda qué escucho yo o por qué lo escucho? A nadie. Y por más que me siga haciendo esa pregunta no consigo resolverla, no me siento mucho mejor, no me doy pena. Y sigo escribiendo. Y, a veces, soy consciente de ello: hoy vamos a ponernos serios, hoy vamos a ser iconoclastas que es una palabra que mola, hoy vamos de buen rollo, hoy esotéricos (criptocráticos). Nada. Todo suena a lo mismo, a que estás escribiendo un blog y lo único que revolotea por detrás es la puta pregunta. Y aún así, lo dicho: y sigo escribiendo. No sé si escriben los sustantivos con mayúscula encima.
Pero sé una cosa: "llevo toda la puta mañana tarareando de la Monarquía a la Criptocracia sin comillas y con mayúscula." Toda la mañana. Que comemos unos champis en Los Hermanos: arréglame, arréglame, arréglame. Que comemos unas rabas en el Bazter: olvídame, olvídame, olvídame. Que comemos más rabas en el Gazteleku: arréglame, arréglame, arréglame. Que comemos unos caracolillos en el Sikera: y cébame, y cébame, y cébame. Le he ido cambiando la letra, creo que la que usaba era de Los Planetas, o de Pimpinela, o de Johnny Mathis, pero también quedaba bien: quedaba bien, quedaba bien, quedaba bien. Pero toda la mañana con la canción en los labios, y eso que como se puede ver, los labios han estado bien ocupados, glotonamente ocupados.
Eso sí que lo sé.
También sé que el primer disco del triángulo me lo pasé por la circunferencia. Ahora me siento culpable. Me lo puse un día en el ipod y salí a correr. Me dolía la cabeza. Quizás en eso consistía, pero no era el día, lo apagué y no le di una segunda oportunidad. Ahora no he cometido el mismo error. Dicen que es distinto, que es mucho mejor que el primero y encima empieza con una canción (la que llevo destrozando toda la mañana con la boca llena) que te atrapa como las substancias melosas de las plantas carnivoras, lo decía Iago Martínez en Rockdelux: "Si caes, estás perdido." (Rockdelux 285). Me perdí. Tienen estribillos y todo. Las letras me joden, me muerden, no las pillo del todo, pero si paso de ellas, lo entiendo, lo veo, me veo, me entiendo, que es lo que mola. Eso está bien. Eso sí que lo sé.
Así que, como no le importa a nadie, seguiré tarareándola: abúrrete, abúrrete, abúrrete. Y, cuando me aburra, empezaré con otra: bizárrame, bizárrame, bizárrame. Yo ya estoy bizarrado, ¿hasta he pensado en comprarme una camiseta de ellos? Hacía mucho que no salía el freak que hay en mí, pena que ya lo he vuelto a encerrar: enciérrame, enciérrame, enciérrame.
Posdata: ¿y fíjate que me estoy currando lo de la simbología? Voy a mirar otra vez el vídeo, como si fuera un autodefinido, qué divertido. Y dale al play, y dale al play, y dale al play.

martes, 27 de julio de 2010

Iron Maiden

Jairo Zavala dice que la memoria tiene hijos poderosos que siempre vienen a verte. Echo de menos cuando no teníamos memoria. La memoria tiene retrovisores. No había que mirar atrás ni para coger impulso. Pero nos hacemos viejos, y hacerse viejo consiste en que tu cabeza se convierte en un puto desván lleno de cachivaches que no valen para nada. Cuando tenía 20 años, estos se pasaban horas y horas ensayando el "Fear of the Dark" en el local de ensayo. El miedo a la oscuridad significaba emoción, inquietud, se electrificaba tu cuerpo; ante el túnel tenebroso mirabas hacia adelante. La oscuridad te atrapaba. Ahora, el miedo es otro. La oscuridad es más profunda. El túnel está de espaldas. Da miedo cuando escuchas de nuevo una canción y ha cambiado por completo. Da vértigo darse cuenta de cómo hemos cambiado, aunque haya sido para mejor. La memoria es poderosa, sí. He seguido cantando esa canción en la ducha año tras año. Tararear letras no es lo mío y no sé por qué cuando me ducho solo me sale una vieja canción de Silvio Rodríguez y los Iron Maiden. Habría sido acojonante que en lugar de sustituir en los 90 a Dickinson por Blaze Bayley, hubieran contratado a Silvio Rodríguez. El otro día tuve una pesadilla soñando con esto. Pero ahora miramos atrás. Hablamos en pasado. Visualizamos en blanco y negro. Me da vértigo. A veces, me pone triste. Me da miedo. Un miedo intenso, distinto, una oscuridad tan blanca y luminosa que me paraliza. Aún así, pongo cuernos, muevo la cabeza, me desabrocho la corbata e intento recuperar la melena. No puedo evitarlo: la electricidad es de bajo consumo, pero sigue siendo electricidad.

martes, 20 de julio de 2010

Arctic Monkeys

¿De qué coño hablan? Interesante, interesante... (Me estoy frotando el mentón). De Fogarty, hablan de Fogarty, ¿no se rieron de la BRIT School en los Brit Awards? Pues yo también hago chistes, Brit chistes. Pero, de verdad, ¿qué significa propeller?, ¿qué coño quiere hacer con el pico de un águila? ¿De qué están hablando? Lo mejor de todo es que hablan cantando, con un sonido mullido como un cojín de espinas, todo retumba, el eco de una sala repleta de humo y una oscuridad tan espesa que los cuchillos se quedan clavados en el vacío. Yo sé de qué hablan porque he hecho mi lectura y ésa es la mía y a mí me sirve, me divierte, me Brit flipa.
Cuando apostaban a que la chica se vería guapa en la pista de baile, no estaban mal. La canción efervesció durante unos meses más. Más que The Bravery, pero eso no es decir mucho. Luego hizo pluf o plof. Plaf, tortazo. Llegaron tantos premios que rivalizaron en vitrinas con Miguel Indurain. ¡Hasta Gordon Brown habló de ellos! Qué chispa, el Arctic Circle y los Arctic Monkeys, y el Arcbrit humor.
Pero las ciencias se esfuman cuando las giras reúnen mentes perversas que se unen para concebir hijos bastardos. Los de Sheffield se encontraron en Texas con Josh Homme y éste se los llevó a Joshua Tree (U2 no andaban por allí), California. Y entonces, ocurrió, los monos del Ártico y las reinas de la Edad de Piedra. Hijos bastardos que te propulsan a la oscuridad más vital, pérfida e inquietante. Al final, tenía razón Gordon Brown cuando decía que estos tíos te levantan por la mañana (¿te la levantan, Gordonbrit?).
Ah, sí, la canción es "My Propeller".

viernes, 9 de julio de 2010

Royal Bangs

Venga, va, otra entrada para los dos lectores que le quedan a este blog, tres si me cuento entre ellos con lo que podemos formar nuestro propio trío e imitar a Royal Bangs. Los de Knoxville son tres, aunque en cuatro años que llevan con este nombre, han tenido otros componentes y en las fotos suele salir más peña. Empezaron grabando con el otro de los Black Keys y luego con unos alemanes. Uncut dijo algo sobre Radiohead cuando habló de ellos y vino a decir lo que es evidente, lo de que mezclan garaje, indie y electrónica, una electrónica que a veces me deja un poco frío pero en general da la sensación de que funciona. A mí, por momentos en muchos momentos de muchas de sus canciones me recuerdan a Blitzen Trapper. Me quedo con "My Car Is Haunted" porque es quizás donde la electrónica me deja menos frío porque me tapo con la manta de las partes más rockeras. Aunque proponer, voy a proponer la de "War Bells" por aquello de que tienen el video colgado en su myspace:

war_bells from brandon blommaert on Vimeo.

lunes, 21 de junio de 2010

We Were Promised Jetpacks

¿Curioso nombre, verdad? Cabrones, si son unos hypes, tú. Son unos niños de los que ya ha hablado The Independent, ya ves tú. Te cuento cómo oí yo hablar de ellos. Por casualidad, en la página digital de Televisión Española, viendo capítulos sueltos de Mapa Sonoro, una de las mejores noticias en el panorama musical español de los últimos diez años (digo diez por decir un número y hacerme el interesante). Antes de que aparezca Juan de Pablos, empiezan a sonar en la radio del taxi. Ni un minuto, pero ahí quedó, para siempre. Así que enredé y fui descubriendo cosas. ¡Escocia! Claro, no podía ser de otra forma. Se les nota, no sé por qué digo esto, pero se les nota, a los británicos, a sus cantantes, se les nota años de tradición vocal. Pero estos niños tienen algo, sea lo que sea. Y aunque "Quiet Little Voices" es una buena canción, me quedo con la que sonaba en Mapa Sonoro, "Roll Up Your Sleeves." La primera guitarra, si te engancha, no dejará que te sueltes hasta que faltan dos minutos de grabación, y la canción parece que va a terminar pero sigue, sigue, sigue durmiendo, esperando a que llegue el verano. Las guitarras... ¡gracias por Josef K! Una letra tan sencilla que lo críptico es lo que regala la melodía y guitarras, guitarras William Wallace hasta que la batería reproduce el sonido de un corazón que iverna. Curioso nombre, y canciones que prometen mucho. Una buena sorpresa, aunque ya hayan hablado de ellos en el NME, tú, que esto va muy rápido.

jueves, 17 de junio de 2010

Harlem

Desproporcionadamente descuidados en el sonido, pero me atrae ese rollo de sueno así y me divierto. A mí me suenan a aquellas noches en las que, a falta de dinero, le comprábamos botellas de mistela a Txarli y acabábamos borrachos en el local de ensayo de cualquiera, siendo testigos, bajo la humareda, de jam sessions histéricas donde la batería se golpeaba con la cabeza. Quizás por eso me gustan. Canciones de tres minutos, con sencillez garajera, guitarras que suenan a metal, y una batería primitiva y natural, lo de natural porque suena a cómo suenan los platillos y los parches del tambor en una habitación cerrada, sin tratamientos ni transmisores, sonido crudo. Dicen que antes eran más punkies, que ahora son más garajeros, pero me importa una mierda que es como querer ser punk haciendo bricolaje en el garaje, y quizás así sean ellos. Como siempre me he propuesto elegir una canción, me voy a quedar con una que se llama "Friendly Ghost". La letra, un poco ridícula, pero da igual. Las transiciones melódicas, perfectas, fluidas, sólidas, pero da igual. Me gusta el comienzo con una batería que me recuerda a Vacazul por un segundo, y que luego vuelve a mitad de la canción con platillos de vamos a oír las olas del mar y un gato en celo que maulla por detrás, y eso es una guitarras, supongo. Y me gusta la guitarra porque, lo siento, pero es así, joder, me recuerda al "Esta es una noche de rock and roll" de Barricada antes de que el rock más pesado de los pamplonicas se difimune sin dejar rastro, te levantas de golpe y no recuerdas lo que habías soñado. Si las letras son ridículas, no te digo nada del vídeo, pero da igual. Lo que me gusta es que termina la canción y no te has enterado, es como ver a los Q and Not U fumado. Como leer el libro del jambo ese to fumao que le daban venazos mientras te dan a ti. Yo qué sé.

jueves, 20 de mayo de 2010

Clinic

Alguien puede haber estado publicando discos durante más de diez años, y tú no te enteras. ¿Cómo coño te vas a enterar? No puedes leerlo todo, no puedes navegarlo todo, no puedes escucharlo todo. Aquí entra el azar, y cuando entra el azar, todo lo demás da igual. Da igual que no te hayas enterado en diez años, da igual que haya un contexto, y un lugar de nacimiento y un montón de etiquetas con las que categorizar las cosas. La canción se apodera de ti. El disco entero. Quizás es por el momento de tu vida en el que lo escuchas, por otros tantos años que ahora se concentran y que no tienen nada que ver con la vida de quien ha compuesto esa canción, ese disco. Dos cronologías distintas se unen para formar una sola cosmogonía, la de la música.
Yo no tengo el vocabulario necesario para explicaros qué me provocan sus teclados vintage, sus armonías progresivas, su base rítmica extendida entre la oscuridad y el amanecer. Clinic publicó Do It! hace ya un par de años, creo, pero yo lo he descubierto hoy, por azar, y bajo sus máscaras, las canciones han despertado un interés que se traduce en cierto desasosiego, mezclado con una energía efervescente y una fragilidad tan humana como el sonido de la noche urbana, ese murmullo misterioso que siempre se oye cuando abres la ventana en medio de la madrugada.
Voy a elegir la canción más sencilla, más canónica, más enérgica y garajera que tienen porque es la que me ha hecho levantarme del sillón y calzarme las zapatillas, y se llama "Shopping Bag" pero quizás otros encuentren en "Memories" o en "The Witch" el alimento que acaba con la gula de la molicie.
No sé qué más decir, solo escuchar... y moverme de una manera que, que se le va a hacer, yo llamo bailar:

viernes, 7 de mayo de 2010

Two Gallants

¿Qué más da lo que haya dentro de la caja? Todos tenemos una caja. Eso es lo que importa. Que todos tenemos una caja y hay algo dentro. Tenemos que encontrar la llave. Tenemos que encontrarla haciendo el payaso. Siendo payasos tristes. Nuestra vieja amiga siempre se acordará de nosotros, siempre nos esperará en casa y solo hay que ser valientes.
En este cuento, la batería suena como los segundos del reloj mientras comienza la cuenta atrás. La guitarra empieza como suena el goteo de un grifo mal cerrado y luego se convierte en el burbujeo efervescente de una herida que se intenta curar con alcohol. La voz es como un pozo húmedo. Como intentar describir una canción con comparaciones. Podemos ser quien nos de la gana. Solo hay que ser capaces de pagar el precio. Saber que nuestros errores son tan importantes como nuestros aciertos. Ponerte delante de un espejo, embadurnarte de mascarilla y saber aún ver al monstruo y al ángel que escondes en una caja sin llave. La vida es lo que sea y como sea y nosotros somos lo que seamos y como seamos y, de vez en cuando, escribimos o escriben canciones para que sepamos (o como sepamos) que no entendemos nada, pero que merece la pena intentarlo. Y, al final, la guitarra es la bailarina que no deja de dar vueltas en la caja de música.

viernes, 30 de abril de 2010

Andrew Bird

Andrew Bird es un músico complejo, que maneja con virtuosismo varios instrumentos, compone canciones enrevesadas pero cautivadoras, escribe en prensa y fantasea con la musicalidad del lenguaje hasta crear significados incomprensibles pero embaucadores.
Vamos, que yo no entiendo lo que escribe, pero sus canciones me atrapan. Especialmente esta canción antigua, que según he leído, es un remedo de varias canciones anteriores. El caso es que "Fake Palindromes" tiene un sonido particular, un corazón propio repleto de ecos inconexos que en conjunto crean un universo tan melódicamente personal que no puedes evitar recordarlo continuamente como un himno singular que siempre va unido a ciertas sensaciones. Pero además, funciona como canción pop, como esa canción que te silba en la cabeza mientras cocinas.
Unos segundos instrumentales de la canción de La Bien Querida que ya propuse aquí me recordaron a él.
Hoy también ha habido algo que me ha recordado a él (o a ella, la canción) pero no recuerdo el qué. ¿Y qué más da que fuera? El caso es que no he podido evitar volver a escucharla y eso ya es un valor en sí mismo.
No sé por qué, pero siempre que escucho esta canción me dan ganas de reír y de llorar al mismo tiempo. De lamentarme y de celebrar. De ponerme trágico y cómico al mismo tiempo. Es como si Bird hubiera dado con las notas adecuadas para resumir que la vida es una mierda tan bella que la melancolía y la esperanza manan de la misma fuente. Y después de toda esta filosofía barata, lo mejor es escucharla. Bienvenidos a los falsos palíndromos, y escuchadla lo mismo del principio al final que del final al principio.

domingo, 25 de abril de 2010

Heavy Trash

He de confesarme, Jon Spencer siempre ha sido, para mí, como uno de esos libros que ha leído todo el mundo y te sabes la historia, y hasta te gusta, pero nunca encuentras del todo ni las ganas ni el tiempo para leerlo pero aparentas que lo has hecho. ¿Con qué libro me ha pasado eso? No lo sé. Pero hablando de libros, Jon Spencer debería ser el protagonista de uno. Un libro con mucha acción. Un libro con mucha cerveza. Un libro con personajes que llevan curras, claro. El último disco de Heavy Trash si que lo he leído, entero. Y dos o tres veces. Merece la pena. Me gusta hasta el final. Me gusta hasta el asesino, que no es ninguno de los dos, así que... Tendréis que leer el libro, claro, pero os adelanto que el mayordomo también lleva curras. En fin. Elijo "(Sometimes You Gotta Be)Gentle" con ese monólogo del comienzo en el que Jon Spencer parece estar imitando a Rajesh Ramayan Koothrappali, el astrofísico de The Big Bang Theory cuando se emborracha en la fiesta de cumpleaños de Leonard Simeon Leakey Hofstadter con ese acento que suena a hello, I'm Vikram. ¿Oh solo soy yo? De todas formas, seguro que no soy solo yo el que piensa que esta canción es tan incendiaria, tan irresistible, tan fakiumen que hasta podría haber entrado en el topten de los mejores éxitos pinchados en Marrano's Paf, ¿que no?

viernes, 23 de abril de 2010

Maga

Volvemos con el tiempo remedado porque no sé ni cuánto ha pasado ni por qué. Y dónde estamos. No hay que tenerle miedo a las preguntas, ni a lanzarse al agua. Aunque el agua sea salada. Tengo poco tiempo para escuchar música y no entiendo por qué, porque la música no entiende de tiempo. Mide el tiempo, cuenta el tiempo, lo escribe, para luego diluirlo, para intentar atraparlo cuando el tiempo se eterniza y después se evapora un instante antes de darte cuenta de que ha pasado. No hay que tenerle miedo a las preguntas.
Los sevillanos Maga son a mi entender, un entender demasiado caprichoso y tullido, uno de los grupos más capaces y más sorprendentes del panorama nacional. Sus canciones son como pequeñas joyas, bosques húmedos e impenetrables llenos de caminos, revueltas y claros donde el sol te golpea con un calor tan saludable que no te apetece encontrar el camino de vuelta a casa. Si "Diecinueve" o "El Agosto Esquimal" eran ya ese tipo de canciones que vibran en tu memoria como el eco de un viejo recuerdo al que siempre recurres en tiempos de zozobra, en su último disco hay nuevos ejercicios de auténtico talento melódico. "Sal y otras historias" es mi favorita, quizás porque como he tenido poco tiempo aún no he llegado al final de la floresta, pero no me importaría quedarme a vivir siempre ahí. Es acogedora e inquietante. Con un estribillo incómodo, con una historia reluciente, con un ritmo cautivador, "Sal y otras historias" te obliga a no tenerle miedo a las preguntas, te empuja a zambullirte, te invita a seguir adentrándote en el bosque sin tener miedo a perderte.
Pura magia en forma de acordes.

martes, 30 de marzo de 2010

La bien querida

Joder si me ha costado entrar en este disco. Yo te lo cuento de primera mano, tengo una barbaridad de prejuicios. Y uno es que no me trago los grandes hallazgos de la prensa indie. Y luego lo cojonudo es que los busco, y los creo, y voy y me tiro por un puente, pero no me lo trago, tío, yo tengo mucho criterio. Nos rasgasmos las vestiduras con la eficacia de los ingleses para suministrarnos hypes pero luego todo aquel que sepa tocar la guitarra con gesto ausente y desafiante mientras masculla letras incomprensibles donde entren metáforas retorcidas lo convertimos en un hype castizo al que probablemente en dos meses tachemos de trasnochado y traidor. ¿De qué coño estoy hablando? ¿Con quién? ¿Qué? ¿Quién? Bien, la Bien querida, tío, tuve mi ración de Los Punsetes y ya hablaré en su día, y no me nombres a Los Carradine porque me río pero no voy más allá, y cuando la noche llega sobre la ciudad, a éste tampoco lo pillo, Joe, la Bien querida, pues sí. Pues no, la escucho el primer día en cinco minutos, zas, zas, zas, zas, de la manera más ridícula y patética, pero llego a una conclusión: no me gusta. Ya lo sabía. Joder si me ha costado, ¿no te iba a costar? ¿Pero quién coño eres? Ahora, eso sí, ahora ha entrado. Entra poquito a poco, como su voz susurra y sus palmas despiertan y las letras no hablan de nada distinto pero hablan distinto, no sé, limpio, sencillo, con una perfección en el verso, y sobre todo en la rima, que me parecen digna de elogio porque, sobre todo, no hay muchos que lo hayan hecho mejor que ella. Así que mi paisana que emigró, según dicen, pues "de momento" me está cautivando, y además, entramos en "abril", así que: "De momento abril"

miércoles, 24 de marzo de 2010

Nudozurdo

Creo sinceramente que la casualidad o el capricho tienen mucho que ver en cómo somos, o en quiénes somos. Esto igual suena más estúpido si cabe: si hubiese escuchado a Nudozurdo cuando tenía 20 años no les habría escuchado igual. De todas formas, "Mil espejos" llegó por casualidad, por capricho. Llegó ella, yo no hice nada. Ni tan siquiera la dejé entrar, pero la música de Nudozurdo es así: si no la dejas entrar, tira la puerta de una patada. Como los bomberos, pero en realidad, ellos vienen para incendiar la casa. Es una canción hipnótica. Sobrecogedora. La sección rítmica te aleja y la voz te recupera, toda la canción es como una marejada. Después siguieron tirando puertas y entraron otros títulos, "El hijo de Dios", "Ha sido divertido", "Ganar o perder" que tiene uno de los comienzos más sencillos pero más emotivos de la música reciente... Siguieron tirando puertas de una patada. Por casualidad, por capricho, pero así es cómo somos.

miércoles, 3 de marzo de 2010

The Cribs

Ya sé que Johnny Marr lleva tiempo colaborando con gente y conozco el disco de Modest Mouse, por supuesto. Por supuesto, lo de que tocaba la guitarra en The Smiths lo sabemos todos. De The Cribs también sé cosas, tío. Los conocí en un avión, volviendo de Dublín, creo, pero no estaban ellos, estaban en una revista que me compré, además de una chocolatina y el libro The Road de Cormac McCarthy que luego regalaría porque ya lo tenía pero acabaría por leerlo y adorarlo tanto que acabó por joderme la película el fin de semana pasado. Y aquí paro para respirar. Decía, sé cosas: que los hermanos Jarman grabaron ya tres discos y uno se lo produjo el elevado a la enésima potencia Alex Kapranos, por cierto, el sábado intente empezar a leer su libro pero me quedé dormido, lo que no quiere decir nada, y hago lo de escribir sin puntos y sin pensar dos veces lo que digo porque así es como escucho también la música de The Cribs aunque ellos probablemente la escriban de otra manera.
Y aquí paro para respirar: llevo tres días seguidos escuchando su último disco. Miento, llevaba tres semanas porque el domingo perdí el ipod y hoy lo he encontrado sin batería en la guantera del coche.
El disco es como lo que decía alguien en una revista sobre otro grupo, creo que Cymbals Eat Guitars, de los que ya escribiré: un recorrido por la historia de la música alternativa. Yo he sentido algo parecido con The Cribs. A veces son tan ingleses que preferiría seguir viendo al Sevilla bailar en Mira quién baila, pero eso ya es cosa mía. Y no tiene mucho sentido si luego me regocijo de escuchar a Johnny Marr con ellos, pero el mundo es así de complejo, así de paradójico, así como que ahora mientras escribo esto y los escucho de fondo, estoy viendo a Carmen Lomana (Lamona o Lamonda, como sea) bailando en el mismo programa una canción de Amy Winehouse, quien debe confesarse en misa con la misma falta de puntuación que llevo yo en esta entrada.
Yo habría elegido alguna otra canción, pero como es el festival de Reading, Marr sale con la camiseta que le robó a Liam y no tengo ganas de buscar más por el youtube, pongamos que propongo la del título comprometido con un ritmo clásico a medio camino entre la épica urbana y atemporal del pop británico y la capacidad fagocitadora y revisionista de la misma música pero al otro lado de los pirineos: "Victims of Mass Production"

The Soft Pack

Los Muslims cambiaron de nombre pero no de guitarras. Los de San Diego saben lo que hacen: canciones redondas, hipnóticas guitarras y las dosis justas para que la gente tenga que esperar a que a ellos les de la gana de dar más. Aún no los he visto en concierto, pero no me importaría hacerlo, que es una frase vacía de contenido pero expresiva de alguna manera. La canción que elijo es "Answer to Yourself". Una letra ni optimista ni pesimista, autocrítica, algo así como moriremos con las botas puestas intentando demostrar que no merece la pena ganar vuestro puñetero juego y es mejor hacer trampas y convencerme de que soy una persona maravillosa digais lo que digais. Y en el segundo estribillo, os dejo con ganas de más. La interpretación de la letra es libre y solo sugestionada por la rutina de mi día a día, pero eso es lo que Patricia Hampl llamaba un agujerito por el que entra la luz, y no hace falta distinguir a Patricia de Tomas para saber (o no tener ni puta idea pero que te de igual) lo que digo. Con la batería a su bola y las guitarras jugando a hacerla rodar por una cuesta abajo que termina, como los ríos de Manrique, justo justo en el mar. Aunque lo de The Soft Pack es más un gran océano de garaje rock.

lunes, 15 de febrero de 2010

The Fiery Furnaces

Vuelta a la carretera, tío. Otra vez a conducir dos horas al día, 70 kilómetros cuesta arriba y 70 cuesta abajo para volver. Además, vuelta a las carreteras secundarias, a evitar los peajes, a maldecir los camiones, a poner la música a tope mientras abro la ventanilla para dejar que entre el olor a bosque. Y los primeros de una nueva etapa de música a 90 kilómetros por hora, fueron los hornos fogosos, las calderas abrasadoras. La música de los hermanos Friedberger es perfecta para tomar curvas, para encarar cuestas, acelerar en las rectas, reducir en la revuelta y apretar el estómago en los desniveles. La canción que puse dos veces, ésta, "I'm Going Away" con su estribillo lleno de baches, empedrado, con su guitarra de frenos que fallan.

sábado, 6 de febrero de 2010

The Raveonettes

Ayer fuimos al concierto de The Raveonettes. Antes actuaron los The Black Box Revelation, belgas que facturaron (facturaron, sí, leo revistas) un garage rock al estilo de moda, solo con batería y guitarra, un guitarra que cumplía con el canon estético de la estrella de rock indie, alto, extremadamente delgado y con pantalones vaqueros elásticos. Viendo al batería tocarla daban ganas de ponerse a saltar encima de la cama. Fueron una grata sorpresa que se puede olvidar rápido, pero intentaremos que no sea así. Por su parte, los daneses salieron con solemnidad y se escondieron en una oscuridad mucho menos eficaz que en anteriores conciertos. Con un repertorio más variado, y con variado me refiero a los constantes cambios de rol, y con una base rítmica contundente y vibrante, repasaron prácticamente todos sus éxitos.
A resaltar esa canción que no conozco en la que tocaron durante más de tres minutos con tres panderetas y un bajo hipnótico para luego resolverla con un extrépito de electricidad en el que Sharin Foo parecía tocar la guitarra como si se estuviera masturbando con rabia y demencia. Menos 50s y 60s que de costumbre, y más Velvet que nunca, tocaron, tal y como le comente al oído a I, "Love in a Trashcan" a falta de un par para la despedida antes del bis. Como aquí hay que elegir una canción, elijo ésta. Una canción que se descubrió por si sola, de tanto sonar en el Aterpe hasta que uno de los tres le preguntó a M qué era eso que sonaba. Convertida ya en clásico para nuestros gustos compartidos, la tocaron sin entusiasmo pero con voluntad. Por cierto, fuimos testigos de un robo, con alevosía, mano al bolsillo y salgo corriendo casi sin pedir permiso, de los que tanto dicen se están poniendo de moda últimamente. Y, ah, un recuerdo para el pincha del bar y su salto en el vacío que nos costó las bebidas y tener que limpiar varias prendas de ropa al día siguiente. Por lo demás, los Raveonetes bien, gracias.

sábado, 30 de enero de 2010

Arab Strap

Ya no existen, ¿verdad? Aidan Moffat por un lado, y Malcolm Middleton por el otro, ¿no? Es una lástima. Al menos me dio tiempo a verlos en directo, y me llevé una enorme decepción, si me preguntas. Más aún cuando sonó esta canción. Mi canción de amor preferida. Recomiendo escucharla con la letra a mano, si es que el inglés no es lo vuestro. Y ya puestos a hacer esfuerzos, intentáis traducirla, porque merece la pena. Yo escucho esta canción como un jarro de agua tibia, con una sonrisa cómplice y un gesto de reconocimiento. No hay final para el amor si el amor se describe como un estado en el que ni los terroristas, ni los criminales, ni los huracanes ni los ataques al corazón podrán superar el entusiasmo de celebrar que alguien sienta la necesidad de seguir unido a alguien a quien se le pudren los dientes, se le encana el pelo y nunca aprenderá a bailar. Alguien que te dice que seguirá comportándose como un imbécil la mayoría de los días pero que eso no significará que haya dejado de quererte. Y todo con un ritmo trotón de efervescencia sarcástica y flemática, un himno de aspecto resacoso, con aliento de vulgaridad, de cotidianeidad. Es la mejor canción de amor que he leído nunca, porque el amor nunca es como en los poemas de amor y aún menos como en las canciones, excepto en ésta en la que Middleton o Moffat, Moffat y Middleton dieron con las palabras justas, triviales, ingenuas para describir lo que es prácticamente indescriptible.

martes, 12 de enero de 2010

Vampire Weekend

Como dicen en my sweetheart the drunk yo me he sorprendido de saber que aún existe el MTV unplugged. Aprovechando, he dicho, voy a escribir yo un poquito sobre Vampire Weekend. Me encantan las dos palabras FAMPAIA y GÜIKEN, me encanta como suenan juntas. Igual que le daba el premio al peor nombre de grupo para Spoon, el mejor se lo llevaban estos tres, o cuatro, no sé cuántos son. Ni sé quiénes son, aunque creo que son de Nueva York, y creo que son pijos, o algo así decían en un artículo, e intelectuales, o algo por el estilo y de su estilo decían que era algo así como upper no sé qué soweto no sé cuántos. No me entero de nada, pero hoy en día la información es más información que nunca si es fragmentada e inútil. Me gusta esta canción. La tuve de sintonía (o de politono se dice, ¿no?) en el móvil. Ahora me la he vuelto a poner, porque hace poco sonó en un anuncio de la tele o en el trailer de una película, y me volví loco como un perro de Paulov buscando el móvil. Tiene un ritmo pegadizo, y además meritorio con la guitarra y una batería dulzona. No sé de qué hablan ni me importa, solo me gusta dejarme llevar ha-ha-ha. Y eso es todo lo que tengo que decir que decía aquella. Cuelgo el video del unplugged porque se puede embedded y que cada uno disfrute a su manera. Saludos

miércoles, 6 de enero de 2010

Nick Cave and The Bad Seeds

Yo no sé qué decir. Día de Reyes, diez de la mañana, vuelvo a escuchar esta canción y te tiemblan las manos. Si quieres aprender a amar la música, puedes empezar por escuchar esta canción. Pero tienes que hacerlo sin prisa: escúchala, sin entenderla. Después, escúchala otra vez, palabra por palabra, desde el juniper hasta girl pasando por Wilmott, Nabokov o Karl Marx. Libre aunque específica en las posibles y libres interpretaciones, Cave acaba hablando de lo inexplicable, de las energías perdidas, de las sueños a camara lenta, por el retrovisor. La canción es tan enérgica, tan poderosa, tan magnética y fulminante, tan cautivadora que es dolorosa, alegre, viva, dolorosamente alegre y viva, y así la canta Nick Cave como si no sabría a dónde ir, cómo gritar, a quién pegar, pero así empieza con ese piano intrépido, dispuesto a descubrir un nuevo himno, pero así se dulcifica con esos coros que actúan como punzadas dulces. Yo no sé qué decir, la verdad. Diez de la mañana, es día de reyes, me tiemblan las manos. Es mi regalo: "There She Goes, My Beautiful World".