sábado, 30 de enero de 2010

Arab Strap

Ya no existen, ¿verdad? Aidan Moffat por un lado, y Malcolm Middleton por el otro, ¿no? Es una lástima. Al menos me dio tiempo a verlos en directo, y me llevé una enorme decepción, si me preguntas. Más aún cuando sonó esta canción. Mi canción de amor preferida. Recomiendo escucharla con la letra a mano, si es que el inglés no es lo vuestro. Y ya puestos a hacer esfuerzos, intentáis traducirla, porque merece la pena. Yo escucho esta canción como un jarro de agua tibia, con una sonrisa cómplice y un gesto de reconocimiento. No hay final para el amor si el amor se describe como un estado en el que ni los terroristas, ni los criminales, ni los huracanes ni los ataques al corazón podrán superar el entusiasmo de celebrar que alguien sienta la necesidad de seguir unido a alguien a quien se le pudren los dientes, se le encana el pelo y nunca aprenderá a bailar. Alguien que te dice que seguirá comportándose como un imbécil la mayoría de los días pero que eso no significará que haya dejado de quererte. Y todo con un ritmo trotón de efervescencia sarcástica y flemática, un himno de aspecto resacoso, con aliento de vulgaridad, de cotidianeidad. Es la mejor canción de amor que he leído nunca, porque el amor nunca es como en los poemas de amor y aún menos como en las canciones, excepto en ésta en la que Middleton o Moffat, Moffat y Middleton dieron con las palabras justas, triviales, ingenuas para describir lo que es prácticamente indescriptible.

martes, 12 de enero de 2010

Vampire Weekend

Como dicen en my sweetheart the drunk yo me he sorprendido de saber que aún existe el MTV unplugged. Aprovechando, he dicho, voy a escribir yo un poquito sobre Vampire Weekend. Me encantan las dos palabras FAMPAIA y GÜIKEN, me encanta como suenan juntas. Igual que le daba el premio al peor nombre de grupo para Spoon, el mejor se lo llevaban estos tres, o cuatro, no sé cuántos son. Ni sé quiénes son, aunque creo que son de Nueva York, y creo que son pijos, o algo así decían en un artículo, e intelectuales, o algo por el estilo y de su estilo decían que era algo así como upper no sé qué soweto no sé cuántos. No me entero de nada, pero hoy en día la información es más información que nunca si es fragmentada e inútil. Me gusta esta canción. La tuve de sintonía (o de politono se dice, ¿no?) en el móvil. Ahora me la he vuelto a poner, porque hace poco sonó en un anuncio de la tele o en el trailer de una película, y me volví loco como un perro de Paulov buscando el móvil. Tiene un ritmo pegadizo, y además meritorio con la guitarra y una batería dulzona. No sé de qué hablan ni me importa, solo me gusta dejarme llevar ha-ha-ha. Y eso es todo lo que tengo que decir que decía aquella. Cuelgo el video del unplugged porque se puede embedded y que cada uno disfrute a su manera. Saludos

miércoles, 6 de enero de 2010

Nick Cave and The Bad Seeds

Yo no sé qué decir. Día de Reyes, diez de la mañana, vuelvo a escuchar esta canción y te tiemblan las manos. Si quieres aprender a amar la música, puedes empezar por escuchar esta canción. Pero tienes que hacerlo sin prisa: escúchala, sin entenderla. Después, escúchala otra vez, palabra por palabra, desde el juniper hasta girl pasando por Wilmott, Nabokov o Karl Marx. Libre aunque específica en las posibles y libres interpretaciones, Cave acaba hablando de lo inexplicable, de las energías perdidas, de las sueños a camara lenta, por el retrovisor. La canción es tan enérgica, tan poderosa, tan magnética y fulminante, tan cautivadora que es dolorosa, alegre, viva, dolorosamente alegre y viva, y así la canta Nick Cave como si no sabría a dónde ir, cómo gritar, a quién pegar, pero así empieza con ese piano intrépido, dispuesto a descubrir un nuevo himno, pero así se dulcifica con esos coros que actúan como punzadas dulces. Yo no sé qué decir, la verdad. Diez de la mañana, es día de reyes, me tiemblan las manos. Es mi regalo: "There She Goes, My Beautiful World".