viernes, 30 de abril de 2010

Andrew Bird

Andrew Bird es un músico complejo, que maneja con virtuosismo varios instrumentos, compone canciones enrevesadas pero cautivadoras, escribe en prensa y fantasea con la musicalidad del lenguaje hasta crear significados incomprensibles pero embaucadores.
Vamos, que yo no entiendo lo que escribe, pero sus canciones me atrapan. Especialmente esta canción antigua, que según he leído, es un remedo de varias canciones anteriores. El caso es que "Fake Palindromes" tiene un sonido particular, un corazón propio repleto de ecos inconexos que en conjunto crean un universo tan melódicamente personal que no puedes evitar recordarlo continuamente como un himno singular que siempre va unido a ciertas sensaciones. Pero además, funciona como canción pop, como esa canción que te silba en la cabeza mientras cocinas.
Unos segundos instrumentales de la canción de La Bien Querida que ya propuse aquí me recordaron a él.
Hoy también ha habido algo que me ha recordado a él (o a ella, la canción) pero no recuerdo el qué. ¿Y qué más da que fuera? El caso es que no he podido evitar volver a escucharla y eso ya es un valor en sí mismo.
No sé por qué, pero siempre que escucho esta canción me dan ganas de reír y de llorar al mismo tiempo. De lamentarme y de celebrar. De ponerme trágico y cómico al mismo tiempo. Es como si Bird hubiera dado con las notas adecuadas para resumir que la vida es una mierda tan bella que la melancolía y la esperanza manan de la misma fuente. Y después de toda esta filosofía barata, lo mejor es escucharla. Bienvenidos a los falsos palíndromos, y escuchadla lo mismo del principio al final que del final al principio.

domingo, 25 de abril de 2010

Heavy Trash

He de confesarme, Jon Spencer siempre ha sido, para mí, como uno de esos libros que ha leído todo el mundo y te sabes la historia, y hasta te gusta, pero nunca encuentras del todo ni las ganas ni el tiempo para leerlo pero aparentas que lo has hecho. ¿Con qué libro me ha pasado eso? No lo sé. Pero hablando de libros, Jon Spencer debería ser el protagonista de uno. Un libro con mucha acción. Un libro con mucha cerveza. Un libro con personajes que llevan curras, claro. El último disco de Heavy Trash si que lo he leído, entero. Y dos o tres veces. Merece la pena. Me gusta hasta el final. Me gusta hasta el asesino, que no es ninguno de los dos, así que... Tendréis que leer el libro, claro, pero os adelanto que el mayordomo también lleva curras. En fin. Elijo "(Sometimes You Gotta Be)Gentle" con ese monólogo del comienzo en el que Jon Spencer parece estar imitando a Rajesh Ramayan Koothrappali, el astrofísico de The Big Bang Theory cuando se emborracha en la fiesta de cumpleaños de Leonard Simeon Leakey Hofstadter con ese acento que suena a hello, I'm Vikram. ¿Oh solo soy yo? De todas formas, seguro que no soy solo yo el que piensa que esta canción es tan incendiaria, tan irresistible, tan fakiumen que hasta podría haber entrado en el topten de los mejores éxitos pinchados en Marrano's Paf, ¿que no?

viernes, 23 de abril de 2010

Maga

Volvemos con el tiempo remedado porque no sé ni cuánto ha pasado ni por qué. Y dónde estamos. No hay que tenerle miedo a las preguntas, ni a lanzarse al agua. Aunque el agua sea salada. Tengo poco tiempo para escuchar música y no entiendo por qué, porque la música no entiende de tiempo. Mide el tiempo, cuenta el tiempo, lo escribe, para luego diluirlo, para intentar atraparlo cuando el tiempo se eterniza y después se evapora un instante antes de darte cuenta de que ha pasado. No hay que tenerle miedo a las preguntas.
Los sevillanos Maga son a mi entender, un entender demasiado caprichoso y tullido, uno de los grupos más capaces y más sorprendentes del panorama nacional. Sus canciones son como pequeñas joyas, bosques húmedos e impenetrables llenos de caminos, revueltas y claros donde el sol te golpea con un calor tan saludable que no te apetece encontrar el camino de vuelta a casa. Si "Diecinueve" o "El Agosto Esquimal" eran ya ese tipo de canciones que vibran en tu memoria como el eco de un viejo recuerdo al que siempre recurres en tiempos de zozobra, en su último disco hay nuevos ejercicios de auténtico talento melódico. "Sal y otras historias" es mi favorita, quizás porque como he tenido poco tiempo aún no he llegado al final de la floresta, pero no me importaría quedarme a vivir siempre ahí. Es acogedora e inquietante. Con un estribillo incómodo, con una historia reluciente, con un ritmo cautivador, "Sal y otras historias" te obliga a no tenerle miedo a las preguntas, te empuja a zambullirte, te invita a seguir adentrándote en el bosque sin tener miedo a perderte.
Pura magia en forma de acordes.