martes, 24 de agosto de 2010

Reigning Sound

Greg Cartwright no nació ayer, ni tan siquiera antesdeayer. De hecho, nació hace ya cuarenta años, coño, y en el coño del mundo, y perdón por la expresión, pero es la ciudad más preñada de música del Mundo, o, al menos, de rock and roll: Memphis, Tennessee. Así que Cartwright salió lo que salió: músico. Se hizo famoso siendo un poco más punky de lo que es ahora. Se cambió el apellido para tomar el de su grupo, The Oblivians, y consiguió ser favorito de los suecos The Hives, si es que eso es un valor en sí mismo. Pero Cartwright tenía muchas más canciones en su cabeza, y cuando ya no entraban en el reducido espectro de los Oblivians o de los Compulsive Gamblers, se inventó a Reigning Sound, y tampoco se los inventó a ayer, ni tan siquiera antesdeayer, aunque huelan a eso, y a cosas que se hacían antes de que naciera hace ya 40 años, coño. Greg Cartwright, nada que ver, digo yo, con Los Cartwright de Virginia City en Bonanza ni con el fiel escudero de Michael Jordan, Bill Cartwright, también ha colaborado con lo más granado de su circulo: desde Jay Reatard (también a la inversa) hasta el grupo (The Parting Gifts) que ha formado junto con Patrick Keeler (The Raconteurs) y CoCo Hames (The Ettes), pasando por Detroit Cobras, Deadly Snakes o Black Keys, adjetivo más sustantivo.
Yo quería proponer "If I Can´t Come Back" o "Dangerous Game" de su último disco sobre el amor maldito, o las maldiciones del amor, o el amor y sus maldiciones, o maldito amor o lo que quiera el fantasma de Pablo Neruda. Sin embargo, no hay videos que colgar, y, como soy estúpido, propongo "Debris", de la que cuelgo una versión en directo, con no muy buen sonido y muchas cabezas que alejan el escenario, pero a mí aún me obliga a mover los pies. Love and Curse tiene bastantes medios tiempos y un olor a clásico que es culpa de la voz de Cartwright y de su amor por las melodías y el ritmo frenético. No es una mala opción para lo poco que queda de verano. Yo me lo pongo por la mañana cuando me tengo que levantar a sacar al perro, es lo que tiene el rock, que hasta con legañas y viendo mear a un chucho se puede tener actitud... Ya. Pues eso.

domingo, 15 de agosto de 2010

Triángulo de Amor Bizarro

No sé si escriben los sustantivos con mayúscula. Ya no sé qué contar o cómo contarlo, macho. Esto de los blogs es cansino. ¿A quién demonios le importa una mierda qué escucho yo o por qué lo escucho? A nadie. Y por más que me siga haciendo esa pregunta no consigo resolverla, no me siento mucho mejor, no me doy pena. Y sigo escribiendo. Y, a veces, soy consciente de ello: hoy vamos a ponernos serios, hoy vamos a ser iconoclastas que es una palabra que mola, hoy vamos de buen rollo, hoy esotéricos (criptocráticos). Nada. Todo suena a lo mismo, a que estás escribiendo un blog y lo único que revolotea por detrás es la puta pregunta. Y aún así, lo dicho: y sigo escribiendo. No sé si escriben los sustantivos con mayúscula encima.
Pero sé una cosa: "llevo toda la puta mañana tarareando de la Monarquía a la Criptocracia sin comillas y con mayúscula." Toda la mañana. Que comemos unos champis en Los Hermanos: arréglame, arréglame, arréglame. Que comemos unas rabas en el Bazter: olvídame, olvídame, olvídame. Que comemos más rabas en el Gazteleku: arréglame, arréglame, arréglame. Que comemos unos caracolillos en el Sikera: y cébame, y cébame, y cébame. Le he ido cambiando la letra, creo que la que usaba era de Los Planetas, o de Pimpinela, o de Johnny Mathis, pero también quedaba bien: quedaba bien, quedaba bien, quedaba bien. Pero toda la mañana con la canción en los labios, y eso que como se puede ver, los labios han estado bien ocupados, glotonamente ocupados.
Eso sí que lo sé.
También sé que el primer disco del triángulo me lo pasé por la circunferencia. Ahora me siento culpable. Me lo puse un día en el ipod y salí a correr. Me dolía la cabeza. Quizás en eso consistía, pero no era el día, lo apagué y no le di una segunda oportunidad. Ahora no he cometido el mismo error. Dicen que es distinto, que es mucho mejor que el primero y encima empieza con una canción (la que llevo destrozando toda la mañana con la boca llena) que te atrapa como las substancias melosas de las plantas carnivoras, lo decía Iago Martínez en Rockdelux: "Si caes, estás perdido." (Rockdelux 285). Me perdí. Tienen estribillos y todo. Las letras me joden, me muerden, no las pillo del todo, pero si paso de ellas, lo entiendo, lo veo, me veo, me entiendo, que es lo que mola. Eso está bien. Eso sí que lo sé.
Así que, como no le importa a nadie, seguiré tarareándola: abúrrete, abúrrete, abúrrete. Y, cuando me aburra, empezaré con otra: bizárrame, bizárrame, bizárrame. Yo ya estoy bizarrado, ¿hasta he pensado en comprarme una camiseta de ellos? Hacía mucho que no salía el freak que hay en mí, pena que ya lo he vuelto a encerrar: enciérrame, enciérrame, enciérrame.
Posdata: ¿y fíjate que me estoy currando lo de la simbología? Voy a mirar otra vez el vídeo, como si fuera un autodefinido, qué divertido. Y dale al play, y dale al play, y dale al play.