viernes, 30 de diciembre de 2011

Happy Birthday Ms. Smith

Porque mientras desayunaba me ha dicho: hoy cumple 65 años Patti Smith. Y yo tartamudeaba para encontrar la forma de pronunciar la palabra "relevante".


Así que le he contestado, elije una canción, y la felicito en el blog. Y ella ha elegido la canción y yo elijo la frase que le leí hace tiempo y no me dio "gloria", tampoco "paz", pero me alivió de alguna manera.


La frase: "I no longer have the need for angels—they have all been internalized. But old habits die hard."


La canción:






Y la felicitación: Happy Birthday Patti Smith!

viernes, 23 de diciembre de 2011

Xmas: 16 canciones con espumillón

Y ya está. Mañana es Nochebuena, y, al siguiente, ya sabes, Navidad. Se acabó lo que se daba. Han pasado por aquí, Marah, Fountains of Wayne, Los Planetas, The Raveonettes, She & Him, Tom Waits, The Kinks, Florence + The Machine, Low, Billy Nighy aka Billy Mack, Lemmy Kilmister, Billy F. Gibbons y Dave Grohl haciéndose un trío, The Sonics, Soziedad Alkoholika, Amy Winehouse e Iggy Pop. El último invitado a nuestro cotillón particular son los Ramones con "Merry Christmas (I Don't Want to Fight Tonight)" que no es lo mejor de los de New York y ni tan siquiera lo mejor de esta caprichosa lista en la que, como dije, se ve más de donde cojea este blog que cualquier ánimo de ser sentencioso o hacer una de esas listas valorativas que tanto molan ahora que está apunto de finiquitarse un año más. Porque canciones de Navidad, ya sean villancicos o no hay muchas y de todos los colores. Éstas solo han sido unas pocas y espero que hayan entretenido lo justo para hacer más llevaderos los días de curro antes del parón invernal. Ahora, a escuchar otras canciones, más y mejores, y a prometerse que el año que viene, también más y mejor si se puede, pero seguiremos perdiendo el tiempo con esto de escribir blogs. Para todos aquellos que habéis visitado el blog, pocos y cobardes, pero entrañables, merry christmas ta urte berri on, felicidades y toda la parafernalia que procede y... ¿os imagináis cómo sería una cena navideña con todos esos que he nombrado ahí arriba como invitados? Yo me apuntaba, aunque solo fuera para escuchar, asentir y aguantar hasta que cayera comatoso. ¡Ale!


jueves, 22 de diciembre de 2011

Xmas: 16 canciones con espumillón

Yo ya sé a unos cuantos que ni fu ni fa, pero yo, aunque no llevo, me quito el sombrero ante este tío y por eso lo he dejado casi para el final. Nos queda un día más, pero hoy le toca a Tom Waits. El de Pomona nos canta un villancico que no es villancico, a su estilo y solo con el título, a mí por lo menos, ya me ha ganado: "Christmas Card from a Hooker in Minneapolis". Si lo preferís, también podéis elegir la versión que hizo Neko Case. Por lo demás, nos queda solo un día y yo me regocijo y me refocilo porque he llegado al final, sin trombón, pero al final.

Como no me puedo resistir, copio y pego la letra de la canción por si alguien quiere disfrutarla así:


hey Charley I'm pregnant

and living on 9-th street

right above a dirty bookstore

off cuclid avenue

and I stopped taking dope

and I quit drinking whiskey

and my old man plays the trombone

and works out at the track.

and he says that he loves me

even though its not his baby

and he says that he'll raise him up

like he would his own son

and he gave me a ring

that was worn by his mother

and he takes me out dancin

every saturday nite.

and hey Charley I think about you

everytime I pass a fillin' station

on account of all the grease

you used to wear in your hair

and I still have that record

of little anthony & the imperials

but someone stole my record player

how do you like that?

hey Charley I almost went crazy

after mario got busted

so I went back to omaha to

live with my folks

but everyone I used to know

was either dead or in prison

so I came back in minneapolis

this time I think I'm gonna stay.

hey Charley I think I'm happy

for the first time since my accident

and I wish I had all the money

that we used to spend on dope

I'd buy me a used car lot

and I wouldn't sell any of em

I'd just drive a different car

every day dependin on how

I feel.

hey Charley

for chrissakes

do you want to know

the truth of it?

I don't have a husband

he don't play the trombone

and I need to borrow money

to pay this lawyer

and Charley, hey

I'll be eligible for parole

come valentines day.




miércoles, 21 de diciembre de 2011

Xmas: 16 canciones con espumillón

My fault, que diría uno que yo me conozco. Poco ha sonado por aquí la lengua de Benito Pérez Galdós, por decir uno con apellidos acentuados. Again, my fault, que volvería a decir aquel. Pero bueno, aún estábamos a tiempo, y alguna tenía que caer de estos, cuál daba un poco igual, y por eso ha sido ésta, y no otra. Porque daba igual, y porque esta mañana, a mí también me ha apetecido celebrar "El Espíritu de la Navidad" jugando entre las sábanas, como proponen Los Planetas, y, te lo creas o no, ya solo quedan dos días para terminar.


martes, 20 de diciembre de 2011

Xmas: 16 canciones con espumillón

Con ésta ya van... unas cuantas, y nos quedan otros tres. Miércoles, jueves y viernes, y, lo digo otra vez, estaré orgulloso de mí mismo. Y para celebrarlo anticipadamente, vamos con unos daneses que guardan esa apariencia perfecta, simétrica y dulce de las pastas autóctonas en su cajita azul con sus paisajes señoriales, pero la segunda capa, la que está oculta debajo, en este caso, esconde un espectáculo obsceno de repostería eléctrica y subersiva. Madre mía, viva el día de las metáforas chabacanas. Espero que funcione, que sirva para explicar cómo es capaz Sharin Foo de cantar eso de "come on santa, make me feel alright" después de unas campanitas muy navideñas y no sabes cómo imaginarte a ese Santa Claus. La canción se titula precisamente "Come on Santa" y ellos son The Raveonettes:





lunes, 19 de diciembre de 2011

Xmas: 16 canciones con espumillón

La recta final y nos dejamos de espíritus navideños para disfrutar de las historias a pie de calle de The Kinks, aunque hayan pasado muchos años, aunque Ray Davies se vista de Papa Noel. Si os agenciáis las letras por internet, las leéis mientras escucháis la canción y lo entendéis, la disfrutareis más. Vamos, digo yo, si no, da igual, la canción también funciona en morse. La canción, como muchos ya habrán podido adivinar, se titula "Father Christmas" y cuenta, con cierto aire de celebración ácida, la anécdota del tío que curra vestido de Santa Claus en un centro comercial y los críos, en lugar de pedirle juguetes, le piden dinero, "the real mccoy", que viene a ser como una expresión antidiluviana de los anglosajones para hablar de lo verdadero, lo auténtico. En este caso, el parné, mejor que los ositos de peluche o los disfraces de Steve Austin, aunque no creo que se refieran al luchador actual.


domingo, 18 de diciembre de 2011

Xmas: 16 canciones con espumillón

Tenía que ser hoy el día de The Yeah Yeah Yeahs pero he cambiado de opinión. Después he pensado en Belle & Sebastian, y nos íbamos acercando, pero también he acabado por decir que no. Y, al final, ganaron Florence + The Machine. Ajeno al éxito que han ido alcanzando en Inglaterra, gracias en parte a la BBC, ajeno incluso a que esta canción la compuso George Michael para su duo Wham!, un grupo al que muchas veces se recurre como símbolo de los pecados veniales de juventud, me he decidido, quizás porque hoy llueve, aún me pinchan las sienes y no tengo el cuerpo para zambombas por esta versión de "Last Christmas".

Ya mañana, si eso, nos calzamos la chupa de cuero, aunque en lugar de tachuelas, lleve bolas de purpurina.


sábado, 17 de diciembre de 2011

Xmas: 16 canciones con espumillón

Ya he perdido la cuenta de las canciones que llevo, pero a estas alturas da un poco igual. Me siento orgulloso de mí mismo, porque lo mío nunca ha sido ser perseverante y, me lo propuse y lo estoy haciendo. Perdón por la chapa, pero ayer llegué tarde a casa y hoy tengo una pequeña resaca y encima me he levantado temprano y me he puesto a leer no sé muy bien el qué, pero guardaba cierta relación con Alan Sparhawk, así que me he dicho: ahí lo tienes, no sabías cuál elegir entre Low y Snow Patrol, pues gana Mimi Parker y la próxima canción es "Just Like Christmas" y la cantan Low. Mañana, más y mejor, o quizás no, porque es imposible, ¿o no?


viernes, 16 de diciembre de 2011

Xmas: 16 canciones con espumillón

Es una mierda, ya lo dice él. No era la primera vez que Bill Nighy hacía de rockero pasado de vueltas porque en 1998 Brian Gibson ya le había elegido para liderar a Strange Fruit (nada que ver, supongo, con la canción de Billie Holiday de la que hablaremos aquí algún otro día) que se reunía después de muchos años de retiro. Una comedia en la que Bill Nighy interpretaba a Ray Simms, personaje del que, sin duda, sacaría elementos que luego pudo utilizar para su interpretación de Bill Mack que, después de muchos años de hacer teatro, cine y televisión, le dio fama mundial cuando ya iba por los 54 años. Así que no sé si decir que esta canción es de Bill Nighy o de Bill Mack, pero, lo que está claro, es que es una versión cáustica e hilarante del "Love Is All Around" que cantaron The Troggs y pusieron de moda Wet Wet Wet en otra película. Aquí, como bien dice el sarcástico y curtido Bill Mack, le cambian una palabra y ya está: "Christmas Is All Around". El resto del vídeo tiene ese carácter exagerado e histriónico propio de una película que pretendía lo que pretendía y llegó donde llegó. No sé si muy cerca del sitio al que llega Bill Mack en la película, un sitio tan revelador y balsámico, como doloroso y perturbador.

Así que celebremos la Navidad con Bill Nighy o Bill Mack sin dejar de reírnos pero sin olvidar el contenido de su ironía. Después del vídeo, seguro que merece la pena participar en un cotillón del que Bill Mack es el anfitrión; Bill Mack, o el bueno y regordete de Joe que suelta una de las mejores frases de la película: "Ten minutes at Elton John's, you're as gay as a maypole."


jueves, 15 de diciembre de 2011

Yeah, Whole Lotta Losin'



Mierda, estas cosas hay que contarlas aunque te den vergüenza. Dicen que esta noche habrá vientos huracanados, pero ya soplaba por la tarde, mientras subía a casa con las solapas bien alzadas y la mirada por los suelos. Me pesaba el día y la manía de darle vueltas a las cosas. Iba pensando en aquello que alguien dijo alguna otra vez antes: nuestro punto flaco es la familia. La gente que te quiere, la gente que quieres es a veces la razón de tus pesares, de tus preocupaciones, de los dolores más profundos y menos físicos. Es una verdad como un templo. Como un templo en llamas. Pero, sin levantar la mirada del suelo, seguía pensando: ¿y lo contrario? ¿Y no querer a nadie y no tener familia y no contar con nadie a quien perder? No le he dicho, pero iba escuchando música. No sabía ni lo que iba escuchando pero justo con mi última pregunta, una nueva canción salta y la voz del cantante, sus palabras se han hecho tan rotundas, tan evidentes, tan punzantes, que he tenido que levantar la mirada y buscar a alguien que asintiera, que me dijera, sí, es así, M Ward te lo está diciendo: "Well, I got a lot / Lord, I got a lotta losin' friends and heroes..."
Que mejor que me vaya acostumbrando. Lo sé. "Flowers peepin' up through the crack in the concrete." ¿No es una imagen preciosa? ¿Es que estoy hoy tonto? Pero las flores crecen y aparecen entre las grietas de los edificios, sin esperar a que nadie les de permiso y escuchar eso en mis oídos hace que me sienta mejor, más fuerte, no me preguntes por qué. Sé que tengo mucho que perder, pero si no lo tendría, estaría perdido. ¿Tiene sentido?
La canción supongo que ya sabéis de quién es o cuál es. "Whole Lotta Losin'" de Monsters of Folk. Hace ya unos años que sacaron su primer disco este enorme conjunto que forman dos Bright Eyes, Conor Oberst y uno de los hermanos Mogis, Mike, más Jim James de My Morning Jacket y el susodicho M Ward. Hace poco le dieron su bendición a Will Johnson, de Centro-matic y South San Gabriel, quien tocaba la batería en directo con ellos, como el quinto miembro del grupo. Cuando escuché que existían, corrí a hacerme con sus canciones, pero luego me pasaron desapercibidas. Hace un mes que intenté recuperarlos, pero, por una cosa u otra, no encontraba el momento adecuado. Y hoy, al menos una canción, ha ganado un hueco sin pedir permiso. De aquí al fin de año, me parece que voy a cansarme de escucharla. Quién sabe, igual alguien hasta me hace un regalo y me la pincha el último día del año.


Xmas: 16 canciones con espumillón

Unos que estaban cantados, dado que si alguien tiene el valor de seguir este blog, ya sabría que el que escribe los tiene en su lista de favoritos, y, por supuesto, si no ha sido este mismo año fue el anterior, Zooey y Matt, Matt y Zooey se sacaron un disco que se titulaba "A Very She & Him Christmas", así que más claro no podía estar. Tan claro como la nieve recién.... Elijo "Rockin' Around the Christmas Tree" porque alguna tengo que elegir y porque el árbol de navidad aún no había aparecido en esta lista, ¿no? Con todos ustedes, She & Him con mazapanes en la boca.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Xmas: 16 canciones con espumillón

Y una más y otro clásico para el zurrón, o para el calcetín colgado junto a la chimenea. Cuando vivía en Estados Unidos, me volví por Navidad, como el turrón del almendro, pero me obligaron a dejar un calcetín colgado junto a la chimenea, por si acaso. No recuerdo si cayó algo, que seguro que sí, pero, por supuesto, no me regalaron este disco de metal xmas. No sé de quién fue la idea, pero alguien tuvo la genial ocurrencia de reunir a estrellas del metal y el hard rock para hacer un disco de versiones de canciones navideñas. El disco se titulaba "We Wish You a Metal Xmas and a Headbanging New Year" y contaba con un elenco de lujo. Nombremos solo a unos pocos: Jeff Scott Soto, antiguo vocalista de Yngwie Malmsteen y Talisman, Chrys Wise de The Cult, Ray Luzier de Korn, Alice Cooper, Billy Sheehan, entre otros, de Mr.Big, Ronnie James Dio, Tony Iommi de Black Sabbath, el bajista Rudy Sarzo que últimamente andaba con Blue Öyster Club, George Lynch de Dokken, el batería John Tempesta, Tim "Ripper" Owens, que pasó por Judas Priest, Steve Morse de Dixie Dregs y Deep Purple, Tommy Shaw de Styx, Steve Lukather de Toto o Geoff Tate de Queensrÿsche. Y los tres que colaboraron para dejarnos la versión que aquí proponemos, el "Run Rudolph Run" que popularizó Chuck Berry y han llegado a versionar cientos de artistas, desde Brian Setzer hasta Keith Richards, pasando por Sheryl Crow, Bryan Adams, Grateful Dead, Lynyrd Skynyrd, Hanson o Reverend Horton Heat. Los que escuchamos aquí son un potente trío formado por Lenny Kilmister, vocalista y bajista de Motörhead, cuya voz en esta canción obliga a Rudolph a ponerse a correr como un loco, el dueño de Pearly Gates, la Gibson Les Paul que acaricia Billy Gibbons, guitarrista de ZZ Top y Dave Grohl, batería en Nirvana y cantante y guitarrista en The Foo Fighters. Un trío que convierte este clásico en una de las mejores versiones navideñas de la historia, y eso que no dejan de hablar de un reno que corre.


martes, 13 de diciembre de 2011

Xmas: 16 canciones con espumillón

Aún lucen en la foto del último concierto al que hemos ido, así que también se merecían su sitio en este juego invernal. The Sonics nos cuentan que si le brilla la nariz a Santa Claus es porque le dio al botellón. La canción se titula "Don't Believe in Christmas" y, además de los Sonics, entre otros, la cantaron también Eddie Vedder y los suyos a los que, al final, no voy a meter en la lista, y tenían muchos boletos.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Xmas: 16 canciones con espumillón

Me sorprende que siga rigurosamente haciendo esto, de verdad. Confiaba en que acabara por aburrirme o se me olvidará. Pero aquí seguimos, igual me invade el espíritu navideño y por eso soy mejor persona de lo que suelo ser. Se aceptan mofas. De hecho, aún añoro los tiempos cuando mi espíritu navideño de veinteañero amargado disfrutaba con este villacinco que, de verdad, aún me sé de memoria y no puedo evitar tararear cada vez que lo escucho. Llegan desde muy cerca y hace poco pregunté por ellos a un amigo porque hace tiempo que dejé de saber de ellos: Soziedad Alkoholika, más conocidos como S.A. Y la canción, yo creo que no hacen falta presentaciones, pero bueno: "Feliz falsedad".


sábado, 10 de diciembre de 2011

Xmas: 16 canciones con espumillón

Seguimos con otro clásico que invita a una nueva lista porque esta canción, incluída una versión más picante para el regocijo privado de Spike Jones, la han cantado, entre otros, The Ronettes, John Mellencamp, The Jackson 5 o la ex de Tony Romo, Jessica Simpson. Aquí nos quedamos con la versión de Amy Winehouse y, de paso, que sirva de homenaje en el año que acaba y que vio el fallecimiento de la cantante británica. La canción, por cierto, fue grabado por primera vez por un adolescente de 13 años, Jimmy Boyd, que la colocó en el número uno del Billboard y tuvo que explicarle el sentido de la canción a la iglesia católica que reprobó que la canción invitara a unir el santísimo espíritu de la navidad con algo tan conspicuo como un beso. Luego, les dio hasta para una película, fíjate tú. Amy Winehouse con su propia interpretación de "I Saw Mommy Kissing Santa Claus"



Xmas: 16 canciones con espumillón

Vamos con un clásico, un clásico filón, porque desde que Bing Crosby cantara esta canción el single ha vendido más de cincuenta millones de copias por todo el mundo. Ni me voy a poner ahora a hablar de Irving Berlin y sus gafas de pasta (que igual ni eran de pasta) ni de Bing Crosby y su gorrito de Navidad, como mucho, dejo una breve lista de unos pocos de los muchos músicos que han cantado o grabado este villancico tan popular: desde Frank Sinatra hasta Lady Gaga, pasando por Perry Como, The Drifters, Elvis Presley, Alvin y las ardillas, Andy Williams, Smokey Robinson, Doris Day, The Supremes, Bob Marley, Dean Martin, Otis Redding, Stiff Little Fingers, Kenny Rogers y Dolly Parton, New Kids on the Block, Michael Bolton, Kenny G, Bette Midler, Westlife, Neil Sedaka, Al Jarreau, Rick Astley, Andrea Bocelli, Boy George, Patti Smith... Y, el que elijo yo, la iguana, Iggy Pop con su propia versión del "White Christmas".


viernes, 9 de diciembre de 2011

Xmas: 16 canciones con espumillón

Pongámosle un poco de humor. Que a todos nos regalarón carbón alguna vez, que fuimos críos que pedían una bicicleta y le traían un juego de mesa, que nuestros padres nos hablaban de sus juguetes de madera, que aún hoy recibimos la publicidad del toisarás en casa, que si no bajan de la montaña, vienen a caballo desde oriente o vuelan en trineo desde el polo norte, que quien más quien menos se ha sentido estúpido intentando envolver en papel de regalo una cesta de productos cosméticos. Déjalo para última hora, un día antes, y no puedes evadirte de la obligación social de participar en esta celebración y te coges el coche y te tragas media hora de largas colas para acceder al centro comercial que sea, buscas donde aparcar, te picas con el de adelante, acabas por dejarlo en el vado de minusválidos y luego subes al pasillo repleto de gente anónima que sacude bolsas anónimas de tienda en tienda anónima en búsqueda de un regalo anónimo para un familiar anónimo. Pues pongámosle humor: yo, este año, de regalo de navidad, me pido un extraterrestre que sepa volar. Fountains of Wayne con "I Want an Alien for Christmas" son nuestros próximos invitados:



jueves, 8 de diciembre de 2011

Xmas: 16 canciones con espumillón

Con espíritu o sin espíritu. Santa Claus, Papa Noel, el Olentzero, los Reyes Magos, el Corte Inglés, las reuniones familiares, el pedo de Nochevieja, la lotería de Navidad, los polvorones, la nieve, el aguinaldo, las películas sobre la vida de Jesucristo o la paga extra. Da igual como te sienten las fiestas, las celebres o las maldigas. De aquí al 23 de Diciembre, una por día, dieciséis canciones con alguna referencia navideña. Eso será lo que tengan en común, porque lo que las diferencie será más, a pesar de que todas hayan acabado invitadas a este cotillón caprichoso donde lo único que subyace es el gusto musical (mejor o peor) del que escribe, que soy yo, un tío que es al mismo tiempo Ebenezer Scrooge y Jacob Marley.


Empezamos con unos que sacaron disco a propósito de la época y que no podían faltar. Desde Philadelphia, pasando por New York y llegando hasta el mismísimo Polo Norte: MARAH con "New York Is a Christmas Kind of Town"


miércoles, 7 de diciembre de 2011

Willy Vlautin Is to Blame

Esta vez, si me preguntas por qué, sí voy a saber contestarte.
Bajaba por la Diagonal y venía escuchando a un grupo que se llama Big Talk. Leí algo sobre ellos; alguno de sus miembros es miembro de otro grupo conocido, pero no recuerdo quién.
Parecía caminar sin rumbo, pero estaba buscando algo y lo encontré: a pocos metros, aún lejos, aparecieron las ocho puntas de la Sagrada Familia. Una mañana tímidamente soleada en Barcelona y, a pocos metros de la obra inacabada de Gaudí, me detuve en un paso de peatones. Tenía que cambiar de música. Después de muchos años de espera, no quería volver a ver la Sagrada Familia escuchando a Big Talk. Sabía lo que quería escuchar.
Así que busqué hasta que encontré el nombre de Richmond Fontaine y pinché una canción cualquiera. Había cruzado la calle y ya estaba en frente de la fachada principal.
Turistas.
Tráfico.
Metí las manos en los bolsillos como si quisiera pasar desapercibido.
Ahora, pregúntame por qué.
Y te reirás.
Pero la noche anterior me quedé dormido releyendo el primer libro de Willy Vlautin. Y no es la primera vez.
¿Me preguntas por qué? Te respondo:
Quería que Jerry Lee y Frank pudieran visitar la Sagrada Familia y Barcelona.
Sé que suena estúpido, pero esto te sonará aún más ridículo.
Di la vuelta a la manzana mirando hacia arriba. Ajeno, quizás; como si yo no tuviera lugar entre aquellas corrientes de turistas japoneses. Volví a detenerme frente a la fachada de atrás y me tomé mi tiempo, buscando huecos entre los detalles, acariciando la piedra con mi mirada, fijándome en cosas que no tienen nada que ver con el arte, ni tan siquiera con la realidad; pensando que no era yo quien miraba o que, si era yo, no era yo solo. Alguien me acompañaba, y ya sabes quién: Frank a mi derecha, Jerry Lee a la izquierda. En silencio, mirando hacia arriba como yo, como si todo esto fuera cierto.
Jerry Lee se sentó en el suelo, a pocos metros de un quiosco que olía a café recién hecho. Sacó un cuaderno de su bolsa y empezó a dibujar.
Frank se mantuvo a mi lado, pero me fijé en que se fijaba en lo que yo me estaba fijando: en la gente.
Se fijaba en el conductor de autobús con una espesa barba blanca y sé que se imaginaba una historia para él: le gustaba coleccionar piedras del río, de todos los ríos que cruzaba, hasta de los arroyos turbios que bordeaban los centros comerciales del extrarradio. Luego las apilaba en el balcón de su casa. Estaba construyendo un muro y Gusti, su mujer, se enfadaba con él. Pero llevaban demasiado tiempo juntos como para que mereciera la pena.
Se fijaba en la turista japonesa extraviada. Se había apartado del grupo para sacar una foto cualquiera que luego nunca revelaría. Ahora, miraba a izquierda y derecha, buscando a sus compañeros, pero no parecía asustada. Casi podía decirse que le gustaba. Frank también tenía una historia para ella: aún no se lo había dicho a su madre, pero había abandonado la universidad. Aquel chico de la mirada triste que la esperó tres veces en la parada del autobús no había vuelto a aparecer. Recordó cómo su padre desayunó en silencio cada una de las mañanas de su vida, y entonces lo decidió. No volvería de aquel viaje por Europa, pero no había sido capaz de decírselo a su madre. Aquella foto era para ella.
Se fijó en la chica menuda que paseaba al perro en el parque. Sabía que no miraba hacia arriba, porque había visto aquellas ocho puntas tantas veces que ya no significaban nada para ella. Miraba al suelo, atenta a si Ràpid, su perro, decidía que había encontrado un buen sitio para hacer sus necesidades. Frank pensaba que estaba sola y triste, pero yo no estaba de acuerdo: le decía que Ràpid y ella hacían buena pareja.
Después nos fijamos en el peón que se descolgaba con el arnés por la fachada. Tenía un cubo colgando en el vacío, junto a él, pero no parecía acabar de encontrar el equilibrio. Según Frank se llamaba Frank y tenía treinta y cinco años. Había nacido en Lockwood, Nevada, pero hacía ya diez años que vivía en Barcelona. Viajó por primera vez para hacer un máster en grafología, se enamoró de una chica catalana de nombre Esmeralda, y Frank repitió el nombre porque le gustaba, Esmeralda, y se casaron a los pocos meses. Tenían tres hijos, dos gemelos y una niña a la que le encantaba el fútbol. Todos los domingos bajaban al bar de la esquina para ver juntos el partido del Barcelona. Le dije a Frank que a Frank le gustaba su trabajo, que creía que, por las noches, podía hablar con el mismísimo Gaudí y que éste le explicaba cómo debía cuidar las piedras de la fachada.
Jerry Lee ya había terminado su dibujo. Nos lo enseñó. La Sagrada Familia ardía en llamas. Junto al pórtico ondulado, una mujer desnuda, de largos cabellos rizados, intentaba escalar para alcanzar a la virgen de piedra y rescatarla.
- ¿Es Marge?
Le pregunté.
Jerry Lee asintió.
- ¿Con el pelo rizado?
Frank frunció el ceño de manera graciosa al preguntarlo.
- Es por la humedad.
Después, Jerry Lee le pidió a Frank que contara una historia, mientras sacaba unas cervezas de su bolsa y se disculpaba por si estaban calientes antes de ofrecernos una a cada uno.
Frank estaba de buen humor. Aquella iglesia le daba un poco igual, pero, en un día soleado, se había despertado tarde y había desayunado pan con jamón y tomate y un vaso de vino tinto. No tenía ninguna prisa por volver al libro. Sonrió y empezó a contar una historia que, dijo, aún no tenía título.
Gaudí, empezó a contar, no era del planeta Tierra. Había sido capaz de engañar a todo el mundo, pero si lo piensas bien, y me miró a mí, no era difícil imaginarlo. Nadie lo sabía pero, el 19 de Junio de 2016, ya estaba programado, aquel inmenso edificio de piedra se transformaría en una nave nodriza y las cuatro puntas de la fachada principal se retorcerían, igual que se retorcerían, al mismo tiempo, las cuatro puntas de la fachada de atrás, para convertirse en ocho anclajes amortiguados que levantarían la base de la catedral del suelo; de la base, a unos pocos metros del suelo, surgirían dos motores de propulsión que hasta entonces habían estado ocultos bajo el altar. Un enorme haz de luz nacería del árbol que decoraba el centro de la fachada más antigua y apuntaría hacia un infinito en el que, según Frank, se encontraba Gaudipiter, el verdadero planeta natal de Gaudí. Entonces, Esmeralda le confesaría la verdad a Frank, el albañil, que aún estaría con la boca abierta viendo como sus amadas piedras se convertían en un fuselaje marciano. Poniéndole la mano sobre el hombro, Esmeralda le contaría que él había sido elegido para navegar aquella nave. Además, tendría que elegir a 101 mujeres fértiles, entre ellas Esmeralda, porque el plantea Gaudipiter languidecía desde que todos los miembros con funcionalidad reproductiva habían fallecido durante una epidemia de origen desconocido. Cuando aún era niña, Esmeralda le explicaría a Frank, su padre la trajo a la Sagrada Familia a pasar una mañana de domingo. No era la primera vez y a Esmeralda no le había sorprendido. Su padre, tras el fallecimiento de su madre durante el parto, siempre había sido un hombre taciturno que parecía despertar las mañanas soleadas de domingo y aquel era su rincón preferido de Barcelona. Compraron unos helados y pasearon alrededor de la iglesia, mientras su padre le contaba historias llenas de nombres que no entendía pero intentaba memorizar. Aquella mañana, sin embargo, estaba más extraño que nunca. Entraron dentro, cosa que normalmente nunca hacían y el padre le agarró fuerte de la mano. Le susurró que esperara allí, junto a la puerta y él se perdió entre las sombras hasta que Esmeralda ya no pudo verlo y se asustó y se concentró en perseguir los nervios de aquel monstruo de piedra que parecían enredarse sobre su cabeza como los árboles que esperaban fuera, en el parque. Su padre volvió con una extraña sonrisa que parecía tan preocupada como aliviada. Llevó a Esmeralda al parque y le pidió que se sentaran en un banco. Entonces la miró a los ojos y le dijo: “cariño, un día tendrás que saber algo que quizás no quisieras saber, pero tienes que prometerme una cosa, prométemelo por mamá, prométeme que serás fuerte y confiarás en tu padre.” Y Esmeralda se lo prometió por su mamá, a la que nunca conoció, pero aprendió a quererla solo con mirar sus fotografías. Doce años más tarde, en el lecho de muerte, su padre le contó toda la historia y le dejó escrito en una carta manuscrita qué tenía que hacer. Unos domingos después de su muerte, volvió a la Sagrada Familia, esperó a que la gente ocupara el interior, buscó los nervios adecuados y se perdió entre las sombras. Cuando volvió a salir fuera, sabía, aunque no lo veía, que tenía una sonrisa extraña que parecía tan aliviada como preocupada. Frank escucharía con atención.
Y Jerry Lee y yo escuchamos con atención a Frank. Y cuando terminó describiendo la soleada mañana de domingo del 19 de Junio de 2016 y el vuelo colorido de la Sagrada Familia sobre el ensanche barcelonés, camino de un planeta llamado Gaudipiter, mientras Esmeralda ponía la mano sobre el hombro de un Frank convencido de su papel de héroe, nos echamos a reír los dos al unísono.
¿Una botella de vino blanco bien fría y unas buenas rebanadas de pan con sobreasada?
Propuse.
Y ambos dijeron que sí con la cabeza.
Si no queríais haberlo oído, no haberme preguntado.
El sol de la mañana seguía sin querer asomar del todo. Miré a mi izquierda, a mi derecha, y, por supuesto, ya se habían ido, ya habían vuelto al libro. Mientras encendía un cigarrillo y observaba las sombras húmedas del tiempo pasado sobre las piedras de la fachada, saqué el reproductor del bolsillo y le di al botón de stop. Busqué el nombre de Big Talk; elegí una canción cualquiera, y volví a guardarlo.
Sin mirar atrás una última vez, empecé a caminar con una extraña sonrisa que tardé en ser capaz de borrar, mitad aliviada, y, ya sabes, mitad preocupada. Antes de llegar a Casp, empezó a llover ligeramente, pero ya poco importaba. Al final, pensé, me va a acabar gustando Big Talk.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Cambiemos de pola



Que mañana vamos a la Azoka.
A ver si Sarri salió ya del bafle.
Si Porco Bravo colabora en un disco de homenaje a Jonny Cash...
¿por qué no?
Por qué no va a ser Ataque Escampe banda sonora de la fiesta del libro en euskera.
Todos lo saben: la cultura gallega invitada al jai alai que no le gusta a Fernando Aramburu. Y allí vamos nousotros.
¿Para qué vamos a hablar del amor?
Os cuento una historia: ayer fuimos al fútbol, nuestro fútbol de Tercera División. Frío frío frío frío y ningún gol. A falta de gol, contamos todos, cada uno de los insultos que dejan roncos a nuestros compañeros de tribuna, con sus venas hinchadas, con sus puños prietos, con su poesía becerril, en fin, mejor que el club de la comedia, comedidos, como somos, no pegamos en aquel conato de homenaje a la inteligencia dilapidada. Pero aún hay más. Hubo más. Porque como somos tontos, de nacimiento, de crecimiento y de defunción, después nos fuimos a ver otros noventa minutos de fútbol de tercera división, primera división, enlatada en televisión de pago, pagamos cuatro heinekens en la barra de un bar del barrio. Y aquí viene la historia: entre jubilados despistados, cuadrillas reconocidas y familias que dejaban, a pesar del frío, que los críos jugaran en el patio, dos gallegos borrachos se hacían los dueños del espectáculo. Borrachos a ciencia cierta y con noción de que el alcohol solo saca lo que ya estaba dentro. Borrachos cariñosos, que los hay, graciosos, que lo llevaban dentro, resueltos y aficionados del Athletic de Bilbao por devoción monetaria: un gol más y se llevaban una porra que con cada minuto que pasaba subía el fondo. ¡Porteiro, porteiro!, gritaba uno. El otro, incapaz de colocarse dentro del espacio-tiempo, celebraba goles anulados y goles contrarios sin darle tiempo a despreciar el disgusto. A falta de un gol, se quedaron. Y uno dijo de ellos: la felicidad gallega, siempre a falta de un paso. ¿Es una frase hecha? ¿Es poesía barata? ¿Es una gilipollez? Probablemente las tres, pero no se llevaron la porra.
Y mañana cambiamos de pola, nos vamos a la azoka, y si no suena en los bafles de Sarri que reverberarán en Durango, por lo menos que suene aquí:

Yo también soy un holograma


Y además plano.

A veces, me miro en el espejo y me veo lejano, como cuando mirabas espejos de colores, cristales trozeados en un tubo mágico. ¿Qué quieren decir estos? No lo sé, pero yo me he sentido últimamente como un holograma borroso de mi mismo. Así que me identifico con esta canción y con su aire de taberna llena de humo y jarras de cerveza medio vacías.

Por cierto, si Joe Plummer fuera futbolista, su currículum vitae sería de relumbrón: batería de Modest Mouse, The Shins, The Black Heart Procession, The Magic Magicians y Mister Heavenly. Supongo que solo Clarence Seedorf ha jugado en mejores equipos.

Yo también soy un holograma:

jueves, 1 de diciembre de 2011

¿Una crónica del concierto de The Sonics?

Más de un mes sin encerrarte en una sala oscura con gente sudorosa para que te revienten los tímpanos es mucho tiempo.

Por eso, ya el sábado cogimos con ansias los conciertos patrocinados por el ayuntamiento, aunque lo mejor estaba por llegar el martes, es decir, antes de ayer, cuando los Sonics visitaban la ciudad.

Lo del sábado fue rápido. Llegamos cuando Dabelyu terminaba su concierto, así que nos perdimos dos. Desde una esquina, asistimos al espectáculo porco y después aguantamos tres o cuatro canciones de Hamlet antes de bajar a comprar una porción de pizza y pillar camino hacia el downtown. De Dabelyu, poco puedo decir. De Hamlet, poco más. De Porco Bravo, podría decir algo más, pero hace calor en esta habitación y tengo ganas de terminar y bajar a fumar. En breve, diré que mi apreciación personal es que están más conjuntados que nunca, tienen más forma de grupo, las canciones suenan macizas, completas, Manu el Gallego se maneja sobre el escenario con una suficiencia mayúscula (a pesar de que se las tenga con el público) y que me van a tener que acabar pagando por dorarles tanto la píldora. O el píloro. Nota a pie de página, opinión muy personal: el grupo ha mejorado tanto, que podrían empezar a dosificar el uso de espectáculos secundarios. Hace tiempo que el espectáculo son las canciones y la música. Aún así, tampoco es que importe mucho: todo es rock y el rock lo es todo que decía no sé quién no sé dónde ni sé cuándo pero sé que le he puesto la tilde a todos los pronombres de interrogativo.

Digo.

Que luego llegó el martes.

Y había que currar. Directo desde la ciudad donde se hace la ley, recogí a la última estrella del celuloide en casa y nos fuimos a buscar al tercero en discordia que, con su larga cabellera, nos esperaba en eso que hemos dado por llamar el Koikili. Aparcamiento gratuito en los bajos de la sala, oh bella estampa la de la noche fría cerniéndose sobre los símbolos fálicos de hormigón, y al rincón de la comida rápida. En un costado del pasillo del ocio comprometido con el negocio, nos zampamos, entre los tres, una pizza barbacoa, una pizza napolitana y una ración de nachodoritos. Luego, cualquiera distinguía la culpabilidad de los ardores de estómago. Subimos al segundo piso, y una larga cola para que te timbraran la palma de la mano. Era el concierto de las hipotecas BBK. Dentro, pillamos sitio, charlamos con las estrellas locales, y cuando salen los Sonics, nos tomamos nuestro tiempo.

De verdad te lo digo, yo creo que lleva un tiempo. No es broma, hace tiempo que nos lavaron el cerebro y el rock and roll acabó por diseñarse como un asunto para tipos delgaduchos con aspecto angelical pero perturbado o traumatizado que apenas han superado la mayoría de edad. Encontrarse, de golpe, con cinco tíos a los que harías jugando a las cartas a las cuatro de la tarde en el bar de la esquina, te obliga a un proceso de asimilación inconsciente que lleva su tiempo. Al principio, todo te chirría, se ve raro, y tienes que aprovechar tu olvidadiza determinación para ahuyentar los prejuicios más exógenos (exógeno de ella, endógeno de ti, ¿sabes?) y dejarte llevar por la liberación mística y espiritual de la música en estado puro, que suena todo a burda palabrería presuntuosa, pero yo creo que es algo así si lo lees obviando mi ombliguismo.

El concierto fue corto, aunque no como para sentirse atracado. Quizás si en el bis. Pero mereció la pena. No voy a usar sus nombres de pila, me limitaré a nombrar sus funciones instrumentales, porque tendría que mirarlo en la wikipedia y sigue haciendo calor y sigo con ganas de fumarme un cigarrillo. El guitarrista se marcó algunos solos que demuestran que la agilidad en las manos tarda en perderse si es que se pierde. Las voces del teclados y del bajista (con quien jugamos a los parecidos razonables demostrando nuestra falta de humor) dejaron sensaciones parecidas y ganas de abusar de la manida frase de ya me gustaría a mí a su edad... Empezaron fuerte, fuertísimo, se dejaron llevar con la inercia de tantos años de profesionalidad y acabaron con poco pero por mucho. No me pidas mucho más. Te diré una cosa. Durante todo el concierto, me dolió la espalda y bostecé por la falta de sueño, pero no dejaba de preguntarme:

a) ¿Qué les llevará a estos tíos a venirse hasta este pueblo para tocar en directo después de tantos años tocando?

b) ¿Cómo hubiera sido verlos en directo en los años 60 o 70?

c) ¿Por qué me habré puesto hoy estas putas botas?

Luego, durante unos instantes, sin dejar de disfrutar de las partes instrumentales, me aprovechaba de ellas para jugar a recopilar mentalmente todos los grupos veteranos que he visto en directo: The Who, Edwyn Collins, Sex Pistols, The Godfathers, The Go-Betweens, Chuck Berry, Brian Wilson, lo que queda de The Doors, Morrissey y Nick Cave que igual se enfadan si les preocupara algo leer esta lista... De todos ellos, los más patéticos fueron los Sex Pistols, el mejor Edwyn Collins... Pero estaba en el concierto de The Sonics, así que me dejaba de imaginarme historias, y volví al concierto.

¿Esto es una crónica?

Es lo que sea.

Pero ahora sí, me voy de aquí que tengo las mejillas rojas y me apetece fumarme un cigarrillo. Punto.

martes, 29 de noviembre de 2011

Here Come The Sonics

Después del breve ágape de música que tuvimos el sábado, si nadie lo remedia, hoy llegan los Sonics a la ciudad y nos presentaremos allí para recibirlos.
Casi cincuenta años después de su fundación, estos tíos empezaron a tocar cuando nosotros aún no habíamos nacido, nos llegó el momento de verlos. Si ellos lo deciden así, esta noche escucharemos cosas como éstas:







Así que poneros guapos y chulos, yo no puedo porque vengo directo del curro, pero ya he hecho la rima y me doy por satisfecho. Ale, nos vemos esta noche que llegan los Sonics a la ciudad. Y el que no quiera ir, que se vaya a la sala BBK a ver a Rickie Lee Jones, lástima de don de la ubicuidad.

martes, 22 de noviembre de 2011

Independantza



Aunque ya veníamos cansados y con un par de bebidas encima, mi compañero conductor se empeñó en enseñarme donde caía la Razzmatazz. Eso fue lo último turístico que hice en Barcelona, si no contamos el regalo que compré en el aeropuerto. Camino de Montjuic, le señalé una publicidad de la susodicha discoteca y le pregunté: ¿y eso? ¿sabes dónde está? Lo mío nunca han sido las party disco, ni tan siquiera si son indies o rockeras. Prefiero que bajen la persiana del bar y me dejen pinchar al otro lado de la barra, aunque cuando mi amigo Javi me deja, luego nunca atino con el programa y no sé elegir las canciones, pero sigo agarrando fuerte los cubatas. Es lo que tiene.
Sin embargo, lo del Razzmatazz sonaba como un templo difuso que traía ecos de nombres que lees rotulados en las revistas y te dices, joder, quién pudiera. Así que tenía ganas de saber dónde caía y me llevaron hasta Pobla Nou, o como se escriba, para que lo averiguara.
Otra que me sonaba, aunque esté al otro lado del puente aéreo, es de la que quiero hablar ahora. La noticia no es mía, porque la leí en La Furgoneta Azul, una página recomendable si te gusta alguna de la música de la que suelo hablar aquí. Si pinchas sobre el nombre, te lleva a su garaje, donde la tienen aparcada. Por ahí, encontráis esta noticia.
Porque, ¿qué me diríais si os propongo cerrar la noche en una discoteca donde anuncian que solo se pincha pop, rock, indie, indiepop, indierock, indielectrónica, postpunk, mainstream, technopop, powerpop, britpop, madchester, punk... y los estilos más alternativos del panorama musical? Pues me dirías que vaya jodienda con las etiquetas, lo sé. Las ponen ellos, pero, al menos, a mí, me gustaría terminar la fiesta de la boda de mi primo el del pueblo en una discoteca así. En una discoteca donde han tocado o pinchado, entre otros, Mando Diao, Mystery Jets, The Big Pink, Ian McCulloch, We Are Standard, The Pains of Being Pure at Heart, Lori Meyers, Catpeople, The Sunday Drivers, Layabouts, Peluze... No es Helldorado, pero sirve, ¿que no?
Pues la noticia en sí, que ya había perdido el hilo, es que según se hacían eco los que conducen la colorida furgoneta, Independance, que así es como se llamaba la discoteca y que tiene sede en Madrid, pretende abrir una sucursal, o algo así, en Bilbao. Dónde no se sabe y cuándo tampoco. Si yo iré a menudo, tampoco lo sé, porque ya he dicho que soy un poco sieso y raro, pero no es una mala noticia se mire como se mire, o quizás, sí, porque todo depende del cristal con que se mire, y eso es mainstream, creo, pero, ya habéis visto la lista, también hay espacio para el mainstream, aunque sea un poquito, solo para quitar el gusanillo.
Lo dicho, si queréis más información, tenéis el link arriba.

Festival Rockaldia de Barakaldo


Este sábado habrá que ir a la sala Rockstar. Veremos los cuarenta y cinco minutos de Porco Bravo, que es a lo que vamos, más aún ahora que están que lo rompen con camisas en llamas que lucen en la fotografía principal del Zarata de Mondosonoro. Puede que si me apuras nos quedemos un rato a ver cómo cierra Hamlet, por aquello de que siempre te dejas llevar por la nostalgia. Al resto de los protagonistas, cuyos nombres, si no me confundo, son Dabelyu (metal), Quaoar (rock) y Shinova (¿pop?), les daremos una oportunidad que, no es que no se merezcan, si no que más bien ni les va ni les viene, porque solo somos dos y total no les va a cambiar la vida porque nos gusten o nos dejen de gustar. A nosotros tampoco, pero oiremos antes de hacernos una opinión, porque, como queda claro, poco sé de ellos.

Aún no tenemos invitaciones porque llegamos tarde, pero al parecer hay una lista escrita a mano donde aparecen nuestros nombres y, aunque suene a chiste, da no sé qué, como importancia, ¿que no?, ahí, en la lista, ya ves tú.

Te lo digo con el corazón en la mano: preferiría ver a los Porco en una pocilga, pero hay que aprovechar las oportunidades. Lo anterior, es un juego de palabras. Me da un poco de grima ver cómo se publicita este acontecimiento en la página web de nuestro ayuntamiento, no porque se publicita, y no quiero desmerecer la ocasión ni faltarle al respeto a los grupos que participan, pero no está de más aprovechar la ocasión para matizar que la visión que se da en ese artículo de la situación musical de nuestra localidad no se acerca ni en los mejores sueños a lo que ahí se hincha hasta que se forma un globo que no sé si vuela pero nadie se puede creer que vuele muy lejos. Ahora, si lo dejo aquí, me podrían tachar de soltarla y luego huír, y si me explayo explicando punto por punto cómo rebato lo que ahí se dice (que tampoco es que sea tanto, pero lo que duele es lo que se evita decir, no lo que se dice), se me va a hacer la entrada larga y anodina y huele a mandarina en esta habitación y me tengo que ir a trabajar. Así que me que supongo que la suelto y me largo, pero estaré presente el sábado en la sala Rockstar.

Por cierto, el cartel es el del año pasado que el de este año no acabo de encontrarlo y se me van los minutos. Así queda mejor el cierre de la entrada, con chapuza.

jueves, 10 de noviembre de 2011

The Delta Saints



Primero, escuché un par de canciones en la radio. A eso de las siete de la mañana, cuando Ángel Carmona parece competir consigo mismo por el récord mundial de velocidad en vocalización, la autopista se ve bastante oscura y el contorno tenebroso de las montañas asusta y reconforta al mismo tiempo. Así que descubrir a The Delta Saints conduciendo entre sombras es una buena manera de dejarse hipnotizar por su música.
A los pocos días, cuando mantenía su nombre en mi cabeza con pinzas, me encontré con un cartel en una esquina céntrica de una ciudad aburrida un viernes ventoso y sin alicientes. Le dije a ella mira, estos tíos son buenos, ella contestó quizás podamos ir a verlos, pero al final no fuimos.
Poco tiempo después, me acordé de ellos, cargué unas cuantas canciones en el ipod y empecé a escucharlos sin atención ni empeño, que, a menudo, es la mejor manera de escuchar a un grupo. Con "sin atención ni empeño" quiero decir que no reparé en si estaba escuchando una maqueta, un ep, un lp, un recopilatorio o más de uno o muchos a la vez. Me limité a darle al play y que la función del shuffle se hiciera dueña de la providencia. Así descubrí que todas las canciones tenían un apreciable punto en común pero había algo distinto en cada una de ellas que conseguía que la escucha no fuera monocorde o monótona y que, en su lugar, me quedara solo con el prefijo y me entrara el mono, mono de más The Delta Saints.
Son jóvenes, al parecer, y se conocieron en una pequeña universidad cristiana. Empezaron a tocar en su ciudad que no es una ciudad cualquiera si no que se llama Nashville y no hace falta que diga más. Han conseguido labrarse un buen puñado de fanáticos que adoran su música con origen en las raíces pero destino en un horizonte más volátil. A mí me recordaban a The Black Crowes a veces, pero la base rítmica tiene su propia personalidad. Otros nombran a los Allman Brothers o a Screamin' Cheetah Wheelies. Incluso hay quienes dicen que la voz de su cantante, Ben Rigel, les recuerda al Joe Cocker de los años setenta. A mí no me preguntes.
El caso es que, sí, la voz de Ben Rigel es una de las características principales de este grupo, igual que el dobro que toca él mismo o la armónica de Greg Hommert. Tienen un aire a lo que ya habréis podido anticipar: blues, funk, bluegrass, rock y hard rock, soul... Todo eso junto, digo yo que anima a cualquiera a escucharlos.
Como ya he dejado dicho que me aproximé a ellos abusando del shuffle, me daba igual ilustrar esta entrada con una canción u otra. Así que van dos. Las dos en directo. Una en el recomendable Nashville Sunday Night, al que recurriremos, vía youtube.com, en otras ocasiones. Y la otra, no sé muy bien dónde ocurre ni por qué.
Y, por cierto, los chavales andan recaudando pasta para grabar su primer largo. No hay nada más que visitar su página web y ahí encontraréis por qué os piden pasta y cómo dársela si os apetece u os convencen.


viernes, 28 de octubre de 2011

El tío Tupelo vuelve a casa

Cuando llegué al colegio, tenía esta nota sobre mi mesa: hoy a las cuatro, en la casa de la profesora Glawe, no puedes faltar, solo que estaba en inglés, y no le hice caso.
Volví a casa andando porque hacía un día soleado pero frío. Llevaba la chamarra colgada del hombro y la camisa seguía por debajo del jersey. Cuando dejé atrás la sombra del colegio, me encendí un cigarro, me puse los cascos y como siempre he sido afortunado, sonó esto:

Ya no me importaba que me vieran fumar, me iba. Pero nadie me veía porque nadie había allí. Todos estaban detrás de las ventanas, detrás de las cortinas echadas y no me importaba, me iba. Jugaba a elegir la casa que más me gustaba, a pisar el verde de los jardines, a oler quién estaba haciendo la colada, paraba para mirar atrás y el camino no se me hacía largo, ya lo había caminado. Me iba.
Llegué a casa y no había nadie. Bajé al sotano. En mi habitación, en el suelo, la maleta abierta, todas las cosas dentro, las paredes vacías, la cama hecha, la luz entrando por la ventana y un par de libros sobre la almohada. Los cogí. Recordé que tenía que devolverlos. Justo oí la puerta en el piso de arriba. Subí las escaleras con prisa.
- ¿Qué haces aún aquí?
Alan miraba los libros. Yo también los miré. Se los tendí, mientras veía cómo se quitaba la bufanda, el abrigo; mientras resultaba que, por un momento, quizás porque me iba, me di cuenta de que medía dos metros y pesaba más de cien kilos.
Sonrió y cogió los libros.
- ¿Los leíste?
Mentí que sí con la cabeza mientras le devolvía la sonrisa.
- ¿Te acuerdas de lo de la casa de la profesora Glawe?
- ¡La nota!
- No puedes faltar. En quince minutos, tío... Yo tengo que hacer antes algo, voy a casa de los Jensen, te veo allí.
- Ok.
Bajé las escaleras corriendo. Me desnudé corriendo. Cogí una toalla corriendo y encendí el portátil, lo llevé al baño, elegí una canción. Siempre he sido afortunado, porque cuando salí de la ducha, frente al espejo empañado, la canción que sonaba era ésta:

Veinte minutos después llamaba a la puerta. La señorita Glawe me sonreía, pero yo tenía fija la mirada en su perfecta y decolorada permanente. La seguí por un laberinto enmoquetado, me asusté con los autorretratos enmarcados, los barrocos gatos de cristal, los muebles de bonanza. La moqueta nunca lleva al país de Alicia, y nos dejó en una habitación donde entré entre aplausos. Enrojecí, de vergüenza, casi de vergüenza ajena. Allí estaban todas, con sus manos huesudas, sus cabelleras de rizo tieso, sus sonrisas legañosas, sus caricias del midwest, dulces y frías como una enorme y alcanforada tarta de calabaza. La señorita Sorensen me abrazó, la señorita Jensen me besó en las dos mejillas, la profesora Christensen me apretó, la profesora Eggsphueler mantuvo una distancia que agradecí y Alan me guiñó un ojo. Me senté. Me preguntaron. Corrieron rápido los primeros diez minutos y cada uno comenzó a compartir sus propias conversaciones mientras la señorita Glawe, que ya pasó a llamarse Stephanie, empezaba el escandaloso espectáculo de viandas festivas del medio oeste. Con una cabeza de brocoli cruda apunto de bañarla en una salsa de jalapeños, me pillaron por sorpresa al grito de démosle ya los regalos de despedida. Me iba.
Abrí el primero, entre espectantes e indescriptibles sonidos guturales que hacían las veces de onomatopeya en suspenso:
Un pesado libro de fotografías como ésta:

O ésta:

O ésta:

Abrí el segundo regalo: una enorme camisa vaquera, con sus costuras elaboradas, sus elegantes chorreras, sus cremosos botones y su entallado perfil fuera de la ley. Enorme porque la talla era dos veces la mía y mientras discutían sobre esto extendiendo la camisa sobre mi pecho, me di cuenta de que la radio estaba encendida y estaba sonando esto:

Y abrí el tercero de los regalos, plano, rectangular, delicado. Lo abrí con cuidado y, al abrir la caja, el cedé se escapó, pero lo cogí en el aire, ante el asombro espantado de mis amigos de fiesta. Sonreí y leí: Uncle Tupelo, No Depression. Volví a sonreír. Afirmé cuando alguien preguntó si me sonaban. Alan añadió:
- La profesora Eggsphueler es una gran aficionada al country, pero no sabía qué regalarte, y pensó que esto era mejor para alguien joven... y, ya sabes, europeo.
Sonrío.
La profesora Eggsphueler con su etérea presencia, sus formas de holograma polvoriento, su sonrisa pendiente y su mirada ausente, se puso de pie, cogió el disco, y preguntó, ¿quieres oírlo? A lo que yo contesté que sí. Desapareció tras el sofá, y también desapareció Bobby Fuller a los pocos segundos. Y... como soy afortunado, sonó esto:

Sonreí una vez más. Volví, estudiadamente, a ponerme rojo. Dije que gracias, muchas gracias, mientras miraba al suelo y veía que una de mis zapatillas estaba desatada. Pero me daba igual, me iba. Y me entraron unas ganas enormes de fumar un cigarrillo.
No sabía cómo excusarme.
Cada grupo volvió a su conversación.
El tiempo se eternizaba entre asentir con la cabeza y sonreír con los labios.
Entonces, sonó el teléfono. La profesora Glawe, perdón, Stephanie, se sobresaltó. Se rió de manera histérica. Todos la acompañaron. Salió y volvió a entrar como si aquello fuera una escena de teatro. Dijo: Alan, es para ti, es Lisa. Alan salió y volvió a entrar y siguió la función y declamó para todos:
- Tengo que irme. Se me olvidó que hoy los niños tenían reunión en la iglesia. Lisa me está esperando fuera. Ángel, ¿te importaría conducir el coche de vuelta a casa? O mejor, vete con él a dar una vuelta, no llegaremos hasta la cena.
- ¿Con eso?
Todos se rieron mientras, por la ventana y sin mirar, yo apuntaba a su pickup Dodge Ram, varias toneladas sobre cuatro ruedas que no sabría como mantener en un único carril. Dije que no, pero ya era que sí, ante la algarabía de arpías cariñosas que se despedían de mí entre promesas que nunca nadie cumpliría. Me iba. Volvía a agradecerles los regalos, lo atentas que habían sido conmigo, y concluí con una de esas frases memorablemente bochornosas que no merece la pena repetir. La señorita Eggsphueler volvió con el disco en bandeja y me lo ofreció como si fuera algún tipo de ofrenda que tomé sin desmerecer la solemnidad de su ceremonia. Pero al hacer la ficticia reverencia, volví a ver mi cordón desatado, y ya de paso, me agaché y lo anudé.
Las veía, através de la ventana, mientras fuera el aire era aún más frío y la luz empezaba a enturbiarse y Lisa tocaba el claxon mientras Alan se montaba y los niños, desde las ventanas del coche, todos, como si fuera una comedia, esperaban ansiosos para verme buscar el tiento con el que acertar con el agujero de la cerradura de la puerta y hacer un esfuerzo exagerado para auparme a la cabina, cerrar la puerta y arrancar la dichosa furgoneta. Eso me llevó un minuto, quizás dos, pero desde fuera debía parecer eterno. No alcanzaba al volante, me estaba poniendo nervioso buscando la palanca para manipular el asiento, me sentía como si estuviera en la Soyuz; soy un conductor de autobuses de dos pisos, pensaba, y pisé el acelerador cuando la Ram se arrancó sin previo aviso, a tirones. Fuera oía otra vez el claxon del coche de Lisa y torcía el volante, interminable el giro, hacia la izquierda como si aquella fuera la dirección exacta que llevaba al barranco por el que tenía que precipitarme.
Me reía.
De manera histérica.
Estaba nervioso.
No le pillaba el tranquillo.
El mundo me parecía diminuto desde allí arriba.
Me sentía inmenso. Poderoso. Pero eran sensaciones desagradables, incómodas.
Todo recto. Pasando las mismas casas que antes olían a colada y los jardines a yerba húmeda y el olor a maíz frito se extendía gracias a las colas de las ardillas. No olía nada de eso ahora. Solo veía pasar las casas, la gente, los buzones de correos como si fueran maquetas, mientras seguía hacia abajo, en dirección a la estatal, sin prisa, pero ya sin miedo. Entendía el volante, el pilotaje, los pedales eran pocos, y cobardes, las medidas exageradas pero empezaba a controlarlas: era una dimensión ficticia y acababa de leer las páginas necesarias para meterme en la historia. Ya estaba. Encendí la radio, y como soy afortunado, sonó esto:

A los quince minutos, ya embriagado por la verticalidad del asfalto, la voz de Willie Nelson y las proporciones de la máquina, me asusté, tomé conciencia de la situación, y conduje tieso hasta el cruce donde giré a la derecha. La noche acechaba y todo era plano. El cielo empezaba a quebrarse y se deshacía en ribetes de colores calurosos, casi inflamados. Todo era tierra rojiza ondulada y el frío ahumaba los cristales mientras Willie Nelson dejaba espacio a una vieja amiga:

Y todo parecía más bello que nunca, y la serenidad no me dejaba oír el sonido del motor. Parecía que flotaba, que no pensaba detenerlo nunca, que ya no me iba, sino que me dejaba ir. A la entrada de Schleswig el coche derrapó porque frené con brusquedad al llegar a la zona urbana. Acepté el riesgo como un vuelco al corazón que me urgía, como un placer ridículamente efervescente. Se fue, pero lo disfruté. Me iba. Solo lo entendía yo, pero frené, esta vez con delicadeza, al reconocer el estrecho camino de tierra que nacía en la esquina del cementerio baptista a la salida del pueblo. Había oscurecido, pero conduje unos quinientos metros por el sendero, hasta detener aquel autobús junto a un ribazo de alambre de espino. Salté desde las alturas y disfruté de mis huellas sobre el polvo. A la derecha, el sendero seguía recto hacia ningún sitio. Junto al ribazo, a pocos metros, se cruzaba una vaguada y se subía al cementerio. No era la primera vez que venía, pero sí la última.
Caminé entre las lápidas sin mirar los nombres, abrochándome la chamarra y encendiéndome un cigarro. Cuando llegué al árbol, como hacía siempre, me santigüé secularmente y me senté con la espalda reposado sobre el tronco. El suelo estaba frío pero mullido. Frente a mí, se abría la vastedad de aquella tierra ajena que me había recibido con los brazos abiertos, aunque fuera manca. Me iba. El pueblo de Schleswig asomaba como una sombra inquieta a un par de millas al norte. El resto era un paisaje desolado, de formas inalcanzables, con medidas abrumadoras pero a la vez narcotizantes, suaves; me dejé mecer por la sensación de lo extraño que se volvió familiar, y ahora me empeñaba en rechazar la nostalgia. Me iba. Tenía muy claro que me iba y no quería volver.
Había llegado allí un año antes. Cuando me hicieron la propuesta, me invadió un sentimiento de aventura caduca y bohemia. Aquello estaba muy lejos pero había estado siempre tan cerca en una ficción construida a base de historias veraces y masculinas, Hemingway, melancólicas pero preñadas de trascendencia, Fitzgerald... palabras como preñada, veraz, trascendente, nombres de escritores que eran ajenos a aquel horizonte pardo y seco. Llegué con mis pretextos, con mis ideas preconcebidas, con la banda sonora de viejas canciones de blues y country, con el sonido del alambique, el olor de la artemisa y el sabor del tabaco de mascar. Me iba de allí sin que aquello hubiera salido del cromo de las canciones, de la celulosa del papel. Me iba y ya no era el mismo pero volvía sin ser quién creía que volvería siendo. Solo yo lo entendía, creo.
Saqué el ipod, me puse los cascos y busqué la canción. La canción con la que me recibió Chicago desde lo alto del avión hace ya más de un año. La canción que hizo ecos inexactos en mi imaginario hasta que conocí a la señorita Eggsphueler. Como siempre he sido afortunado, ésta fue la canción que sonó en mi despedida, la misma que sonó en mi bienvenida. Me acurruqué bajo el árbol, encendí otro cigarro, pulsé el play y clavé la mirada en un horizonte que parecía no haber alcanzado en un año entero, ni aún conduciendo una Dodge Ram. Pocos días después me fui, sin mirar atrás:

II Edición de la Discoteca Caprichosa: Thee Mighty Caesars


II Edición de la Discoteca Caprichosa: Bobby Fuller

Y vamos terminando... ya me he relajado. Solo una más.

II Edición de la Discoteca Caprichosa: Lydia Lunch



II Edición de la Discoteca Caprichosa: The Shins

Nuria Fergó está en televisión. Menuda impresión, Rosa de España asusta a la nación: quiere escribir un libro. ¿De ficción? Pierdo la noción del ridículo y juego, a leer revista del corazón, a escribir rimas como quien nunca aprende la lección.

II Edición de la Discoteca Caprichosa: The Cynics

Esta vez, solo busco cerrar los ojos, mover ligeramente la cabeza, olvidarme de todo y relajarme. Sobre todo, relajarme. Olvidarme de los doce minutos, justo el One Sunday Morning (Song for Jane Smiley's Boyfriend) de Wilco, que tardo en ir de casa hasta la puerta del hospital. Olvidarme de los siete minutos, justo el Art of Almost de Wilco, que tardo en contestar emails que no quisiera leer. Olvidarme de los cuatro minutos, justo el Capitol City de Wilco, que tarda en abrirse la primera puerta del garaje, se cierra, bajo la rampa, se abre la segunda, salgo y se cierra. Olvidarme de los escasos tres minutos, justo el Rising Red Lung de Wilco, que necesito para respirar hondo, concentrarme, convencerme, contentarme y abrir la puerta de mi oficina. Olvidarme del disco de Wilco y buscar en el yotube canciones para evadirme, mover la cabeza espasmódicamente, sin más. Eso sí, en el título, la palabra babe or baby, por jugar un rato.

viernes, 14 de octubre de 2011

Jodido

Después de la entrada anterior, necesitaba vomitar. Que si retoza sobre el barro, que si se autolesiona, que si les censuran en la MTV, que si se pegan entre ellos en el aeropuerto de Heathrow, que si un periodista de The Guardian dijo que eran nazis porque hace diez años el cantante dijo que le molaban Skrewdriver, que si tal, que si cual. Han salido de la escena hardcore para petarla hasta en las revistas indie. Y los jovenzuelos airados hacen moshing en sus conciertos. Han grabado uno de los mejores videos hardcore de los últimos años. La canción está de puta madre. El cantante grita y está gritando una jodida historia de amor obrera que me importa bien poco, porque solo necesitaba gritar. Aún me retumba en la cabeza que en la anterior entrada escribí el nombre de Julio Iglesias. Fuck. Fucked-up. Paso de colgar los videos en directo, buscáis en youtube. Primero la canción a secas, luego el videoclip, y me voy al baño a vomitar.


jueves, 13 de octubre de 2011

La incógnita Carr-Presley-Dalida

Si algún día leeis la novela de Rubén Martínez titulada Crossing Over os encontraréis, muy probablemente, con una definición de cultura e identidad donde ambas son concebidas como una conjunción compleja entre nuestras raíces y nuestros viajes. Rubén Martínez, nacido en Los Ángeles pero de origen mejicano, describe en esa novela el viaje de la familia Chavez desde Michoacán en México hasta el otro lado de la frontera, pero la novela traspasa lo puramente específico de su argumento para dejar testimonio de lo dificultoso que resulta definir nuestro lugar en el mundo cuando somos producto de una compleja combinación de culturas, costumbres, realidades, incluso virtualidades. Martinez dice: no somos ni el uno ni el otro, somos dos, doloroso y excitante... no podemos ser uno, siempre debemos ser dos y más de dos: la suma de nuestras partes es más grande que la suma total. La traducción es mía. Y para ilustrar todo esto utiliza la metáfora de las estaciones de radio que se pueden captar cerca de la frontera, un espejismo espacial donde la mezcla es tan palpable y natural que deja de ser chocante: las señales de las radios se cruzan y mezclan a Pedro Infante con Johnny Cash y pone la rúbrica: "el ronroneo de Vicky Carr sobrevuela como una armonía fantasmagórica la voz susurrada de Elvis Presley." Y la traducción es mía. Y la imagen la he hecho mía y me ha divertido imaginar un dueto entre Vicky Carr y Elvis Presley.
Todo el mundo sabe quién es Elvis Presley, pero aunque Vicky o Vikki Carr haya ganado varios grammies, tenga una estrella en el Paseo de la Fama, haya cantado para cinco presidentes de los Estados Unidos (estuvo apunto de causar el divorcio de Gerald Ford por el verbo fácil de éste) o fuera nombrada en los 70 como el personaje más importante del año por Los Ángeles Time, no es muy conocida por aquí. Y, aunque nacida en El Paso, Texas, su familia era mejicana y nació como Florencia Vicenta de Casillas Martínez Cardona y algunos de sus mejores éxitos fueron en castellano y los cantó en dueto con Julio Iglesias, Vicente Fernández, Trini López o Danny Rivera.
No, no me ha dado un telele.
Pero me ha llamado la atención que uno de los mayores éxitos de Vikki Carr tenga un recorrido tan amplio que la conecte con Elvis Presley, con Perry Como y hasta con la Dalida de los años 60 en Francia. La historia de una canción compuesta en un preciso momento hace años pero que ha tenido tanto recorrido que emerge como el mejor ejemplo de lo que es la música: una suerte de misterio que fluye, une y eleva, se remonta y avanza sin ningún tipo de prejuicio ni reparo.
Hablamos de "It's Impossible", en castellano, "Somos Novios". Una canción que cantaron, en su día, desde Perry Como, Andy Williams o Jerry Vale hasta Andrea Bocelli a duo con Christina Aguilera. Una canción que, al parecer, escribió por primera vez un músico francés llamado Jack Dieval con letra de Michel Rivegauche y tenía el título de "J'ai le mal de toi". Quería que representara a Francia en Eurovisión, pero no lo logró. Después, la canción se convirtió en "Parlez-moi de lui" y la grabó Dalida en 1966:

Pronto, Al Stillman la tradujo al inglés, le cambió el título, y la cantaron, entre otras, Cher o Shirley Bassey. Ya estamos en los años 70:

Pero aquí no podía acabar la historia. El famoso compositor de boleros de origen maya, Armando Manzanedo Canché, cuyas canciones han cantado desde Frank Sinatra hasta Raphael, pasando por Tony Bennet, Luis Miguel o Roberto Carlos, la cogió, la reescribió, la puso una letra en castellano y la convirtió en "Somo novios", que en Estados Unidos, así, en castellano, para el público latinoamericano, la popularizó Vikki Carr:

Rápidamente, Sid Wayne, famoso compositor para las películas de Elvis Presley, compuso la canción "It's Impossible" que no podía ocultar sus deudas con la de Manzanedo, pero, aunque éste le llevó a juicio por plagio, acabó perdiendo. Perry Como la convirtió en un éxito y Elvis Presley la hizo también suya:



De una una cantante italiana nacida en El Cairo que hizo su vida en Francia, a un chaval de Misisipi que se fue a Tennesee para convertirse en un ídolo internacional, pasando por una cantante de El Paso con origen mejicano, un americano de origen italiano, un mexicano de origen maya, un tejano nacido en New York o una californiana de origen armenio. ¿Qué nos dice eso? ¿Que el amor es universal? ¿Que lo es la música? ¿Que lo somos nosotros? ¿Que el youtube es fantástico para perder el tiempo? ¿Que se me fue la mano? No lo sé.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Correcto Joni

Ese comienzo me suena a alguien, y no caigo, y me está trasladando el cerebro. He puesto los diez primeros segundos de canción, veinte veces, ¿Blood Red Shoes? ¿The Thermals?... No sé, no sé. Pero me recuerda a alguien y me da igual, después empieza con el Joni Joni wait until september, y me olvido. Creo que la sencillez, aunque sea mentira, es el secreto de una buena canción. No me gustan los planteamientos barrocos, los desarrollos elaborados, las complicaciones extremas. Aunque luego escucho canciones de diez minutos con largos desarrollos, abstractas intros y finales con fuegos de artificio y también me lo trago. Pero no hay nada como una canción de tres minutos con guitarras a ritmo de récord de los diez mil y una batería que ha metido los dedos en el enchufe. Das en la clave con una palabra sencilla que sirva como eje, como vértice, y luego dejas que la canción se expanda, se extienda por tres minutos incandescentes y volátiles.

Correcto.

Joni no sé quién es pero me recuerda a alguien. No sé si llegará en Septiembre o más tarde, pero llega al final de la canción y ha merecido la pena.

No he vuelto a oír nada de estos tíos desde 2008. Paul Thompson volvería a la batería de Franz Ferdinand y alguno de ellos andaba por The Royal We. No sé si han vuelto a ver a Joni, pero, después de un puto día de trabajo asqueroso suenan de puta madre, así, sencillo, sin pretensiones, de puta madre, Joni.

sábado, 1 de octubre de 2011

Algo pasa con Marah


Algo así estuve pensando todo el concierto. Estuve inventándome intrigas, montándome películas. Nos dieron cinco minutos de descanso y salimos a fumar un cigarro. Se lo conté. Pasa algo raro, ¿no has visto los ojos del hermano guapo? Le llamo el hermano guapo, pero ella no está de acuerdo. Digamos que es el hermano que no lleva gorro. Y el otro parece estar todo el rato encima de él, diciéndole qué tiene que hacer. ¿No te has fijado? Ella sigue fumando. Después del descanso, y en medio del escenario, colgándose la guitarra, Serge, porque se llama Serge Bielanko, empieza a hablar de lo que echa de menos a su mujer y a sus dos hijos, a los que ha dejado en Estados Unidos, para venirse de gira a España. Pues igual es eso, la susurro a gritos. Una vez más, me he montado mi propia película. Quizás tiene esos ojos por el jet lag. Y es una coincidencia demasiado irónica, porque luego miro a mi derecha y veo el nombre del festival que organiza el concierto en un cartel bien grande: Jet Lag.

Serge baja al público, como todo el mundo debe ya saber, como hasta su mujer sabe, y se pierde entre la gente mientras cuenta la historia del lavaplatos que sueña. Siempre lo hace. Con su harmónica. Pero le cuesta volver al escenario. Y el grupo se marca un bis y el nuevo batería se da prisa en pasarle una chaqueta por encima de los hombros a Serge y sacarlo del escenario cuando la gente aún aplaude. Él dice que no, pero se deja llevar. Cuando volvió al bis, venía con una botella de vino medio vacía. Sus ojos me lo decían: que todo es fantasía, pero la fantasía, a veces, es pura realidad.

Bueno.

A la mañana siguiente, enciendo el ordenador y tecleo el nombre del grupo en el google finder. Y voy leyendo. Han estado tres años separados. La última vez que los vi fue en 2008, cuadra. Tocaban en el Antzokia con Deadstring Brothers. También los vi un año antes y en el mismo sitio, cuando fueron los gallegos de The Right Ons quienes les telonearon. En su página web, Dave Bielanko cuenta qué ha pasado en esos tres años, mientras describe cómo grabaron el último disco, "Life is a Problem", que aún no he oído porque no sabía que existía. Dave cuenta que durante la gira de "Angels of Destruction" todo se fue a la mierda. Malos rollos con otros componentes del grupo, por algún asunto que concernía a la teclista Christine Smith, ya miembro permanente del grupo; malos rollos con su mánager, con el abogado del mánager; malos rollos que les llevan a perder parte de su equipo, a abandonar Nueva York, a empezar de cero, a caer en un agujero negro y pasar los días bebiendo vino de cartón. Emigran a un recóndito área rural amish en Pennsylvania. La historia toma tintes de película indie, ganadora del premio del público en Sundance. Serge deja el grupo para dedicarse a su familia y compartir blog con su mujer. El grupo se mantiene en un limbo incómodo. Dave sigue dándole al vino de cartón y a los documentales y a los antidepresivos. Después, todo se va arreglando poco a poco. Tres años después, Serge decide volver. Tocan dos o tres conciertos. La esposa de Serge baila en uno de ellos y le da para escribir una entrada bastante emotiva en su reconocido blog. Salen de gira hacia España y su primer concierto es en Bilbao. No es raro, su promotora también es del Botxo, Dave se colocó una ikurriña en la chaqueta, Bilbao está en su corazón, dice. Y ahí estoy yo, entre el público, en una esquina, mirándole a los ojos a Serge Bielanko y pensando que puedo adivinar qué le duele y qué le place.

La verdad es que si jugué a adivinar el tormento de los Bielanko mientras ellos solo intentaban facturar música, fue por una sola razón. Porque su música, te guste o no te guste, o a mí al menos me lo parece, es intrigante. Intrigante porque estimula la sensibilidad más dramática. Te enerva, te enciende, te emociona, te reverbera en el pecho más que en los oídos. Es rock, es folk, siguen patrones clásicos con algún ramalazo moderno, pero sobre todo son pura energía, pura sinceridad, puro estímulo. Y así no puedes evitar que la ternura te erice la epidermis, que te llene la cabeza de pájaros, que te de por hacerte el listo y ponerte a inventarte las vidas ajenas.

Tocaron todas las canciones que ya les han hecho tener un repertorio sólido. Demostraron que tienen tablas para alcanzar un buen nivel sin darlo todo del todo. Les faltó un guitarrista, tienen un bajista nuevo que daría para una sola entrada, la teclista ha cogido más protagonismo, Serge es más polifacético que nunca y el nuevo batería, con su rictus impertérrito, le ha bajado un tono al grupo, pero queda bien. Pero esto pertenece solo mi perspectiva particular, los pequeños detalles que vi yo.

Son lo que vieron mis ojos: los ojos de Serge Bielanko, las botas de Dave Bielanko, la camiseta del fotógrafo que en la nuca leía "Tom Petty Rocks", la portada del directo mientras sonaba "Sooner or Later", el tupé de un tío que tenía cerca, los tirantes del bajista, la gorra del baterista, la flor roja de la teclista, el tatuaje de un vecino, lo fríos que se me quedaron los pies. Después, el concierto probablemente fuera una cosa completamente distinta.

Cada uno.

Cada uno que se invente su propia fantasía.

Cada uno.

Cada uno que sueñe sus sueños mientras friega los platos.

Y los ojos de Serge Bielanko, los ojos de Serge Bielanko que se sigan abriendo y cerrando mientras canta, con la barbilla bien alta y la harmónica en la mano.

Aunque tarden otros tres años, yo volveré a ir, y volveré a hacer el idiota jugando a descifrar detalles que antes cifro, pero eso solo querrá decir que Marah sigue tocando, y sigue tocando con el mismo talento las mismas buenas canciones.

Solo esperemos que, por lo menos, yo sepa escribir mejores crónicas. Por cierto, dice el tío que ha colgado estos vídeos en el youtube que no tiene el copyright, y lo dice en inglés, yo en castellano, pero igualmente los cojo, los cargo y los cuelgo aquí. Ahí están los Bielanko y, por suerte, a mí no se me ve.


viernes, 30 de septiembre de 2011

How I Met Jimmy Holly Pommeroy - Part III











Even if it sounds bizarre, before they begun to jam I was conscious of everything around. That is why I decided to tell it in the present tense. After that, all is blurry. I’m turning to the past tense then.
Just in short: they jammed for about an hour. They didn’t even talk to each other. Just a few words that were necessary and enough. Let’s go, you go faster, I lost it, that was good guys. When they were done, my friend and I went outside to smoke a fig. He asked me if I had had fun. And I said I did.
We went for something to eat. They talked about stuff. I nodded. The bill was on me. We went to some place I didn’t know and we got some beers. They kept on talking about stuff. Me, nodding. The girl and the young guy were the first to go. Apparently, they were a couple. They both said goodbye to me. We went to some other place to get more beers. Everybody seemed to know the old black guitarist in that place. They kept on talking about stuff. Around one o’clock am, the bartender begun to sweep. We did not move. The bartender came back and he placed some more beers on the table. He sat with us. He changed the conversation.
- Who’s this guy then?
I smiled.
- A friend of mine.
Said my friend without even looking at me or at the bartender.
- You’re from France?
- No.
This was the first time that the old black guitarist seemed to be aware of me.
- No, he’s Spanish.
I nodded. They kept on talking about stuff. Some time before dawn we all finished our last beer and we went home. They all walked me to my car. Me and my friend we were walking together. The bartender and Jimmy the black guitarist were chatting some steps behind us. Before we got to the car, I broke the silence:
- Thanks for letting me see you guys playing tonight. It’s been great.
- I know.
- Are you a band or something?
- No, we are a gang. This is just an excuse. Every couple months we rob a bank or break into a house.
- I see.
- We only play gigs like a couple times every few months. We’ve never recorded a song. We don’t even have a name. So, I guess that we are a gang rather than a band.
- I see.
- These two guys that you met, Key and Cheesy, they both play in a couple bands. They play a duet as well. If you like music, I’m sure you’ve bought some of their albums even if you didn’t know they were there. Jimmy is just a long story to make you a summary now. And I have played the drums for a long time. When I was a kid I used to play with these guys who are now getting some good money in Europe, but I quitted it very early. Then I played jazz with some friends. Then I did my good job with all short of crap: heroin, alcohol, and all kind of stuff breaking the law. It was fun but tiring, if you get the irony. Like a year ago I went to this place to try to quit it. I met Jimmy there and he told me about these guys. Is that what you wanted to hear?
- I guess so.
- You don’t come now telling me that we are fucking good and that we should do something with this stuff. We all know that.
- And?
- We don’t give a crap about that.
- I see.
- It’s not that we are afraid of anything. It’s just that we don’t care about that. We are all happy now and here. That’s all, you buy it?
- You bet. I’m not here to understand it, it’s just your damned lives, and I’m not the one to start judging any of you.
- Good.
- But you’re pretty good.
- I know.
My car was there. We stopped. The bartender had disappeared and we didn’t even realize that Jimmy was close to us and he had been listening to us. I blushed and turned my head away. Just a second of release. When I looked back at him he was smiling. So I dared:
- How did you know that I was Spanish?
- Because I used to be as well.
I didn’t even ask. We said good night. I went into my car and I saw them walking away down the street. Next day, I could barely recall anything. It was all a matter of shiny pictures that kept coming whimsically to my head. And I seemed to enjoy it that way. But the music kept rolling on my head.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Deporte Olímpico


Enredando en el youtube, que debería considerarse algo más que una actividad, incluso algo más que un ejercicio, debería considerarse deporte olímpico, me encontré con este vídeo.
Es un vídeo personal y emotivo. Pertenece a la intimidad de la bajista de lo que fue Jonny Barber and The Rhythm Razors que ahora se han convertido en Jonny Barber and The Living Deads.
Dentro de poco, va a hacer un año de su primera gira europea, cuando los tres componentes del grupo visitaron varios países del viejo continente para dar un buen puñado de conciertos en salas pequeñas, con público entusiasta y una tras otra demostración de rock and roll del clásico, comprometido, intenso, sincero y bien ejecutado.
Se me ve el plumero, lo sé. Tuve la oportunidad de pasar con ellos dos de los días más intensos y activos de mi estática y pasiva vida. Aprendí bastante y disfruté más. Otro deporte olímpico. Y esa bajista que ahora protagoniza este vídeo junto a su abuela me dejó como recuerdo su eterna sonrisa, su curiosidad respetuosa e hiperactiva, y un recuerdo imborrable de como se tiene que tocar el contrabajo de pie.
Me permito colgar el vídeo aquí porque tiene libre acceso en el youtube y porque provoca sentimientos que superan el contexto más íntimo de la propia Symphony y me trae recuerdos de otros tiempos y de tiempos que, inexorablemente, están por venir. Me gusta el sonido del aire, sus voces susurradas, los silencios llenos de contenido, sus miradas, sus sonrisas y lo primitivo que suenan las cuerdas de ese contrabajo que durante unas horas de una calurosa tarde de otoño, Symphony me pidió que se lo guardara como si me estuviera pidiendo que me encargara de custodiar un preciado tesoro. Otro deporte olímpico.

Posdata / P.S.: Symphony, I guess that there are no many chances that you get to visit this blog and know that I loaded your video. If you do, know that I do it with high respect for such an intimate and personal experience, but let me tell you that it is such a good illustration of how music helps to bind us together that I thought it would be nice to show it to anybody who happens to visit this little spot.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Y Porco Bravo se bajó del escenario

Esta vez, no voy a emular a los plumillas de fanzine con chupa de cuero, porque no puedo, por mucho que juegue a hacer rimas ocurrentes. Si, al final, no fuisteis al concierto, muchos fueron por vosotros, porque el Antzoki presentó un aforo casi repleto para ver el estreno en directo del nuevo disco de Porco Bravo. Y, como era de esperar, no defraudaron.

Antes del concierto, alguno de ellos decía que no, pero estaban nerviosos. Nerviosos como solo se puede estar cuando pretendes dar lo mejor de ti mismo. Y lo hicieron. Y no caben reproches. Ni comparaciones. Las comparaciones son odiosas y recurrentes. Igual que hablar de las influencias, con las que también se trafica en el mundo de la música. El concierto del sábado en el Antzoki solo se puede comparar en una dimensión, la dimensión más privada y que incumbe solo al grupo del que hablamos. No sé cuántas veces les he visto en directo, pero discreparía conmigo mismo, si no dijera que ésta fue la mejor de todas. Porco Bravo superaron a Porco Bravo, y superarse a uno mismo es la única superación que merece la pena. Estuvieron más salvajes, urgentes, poseídos y directos que nunca, pero, en esa elevación a la máxima potencia, la música no solo sobrevivió, si no que superó, al espectáculo. Puedes enumerar los artefactos: la grapadora, el setlist en llamas, el confetti cayendo del techo, las bengalas, la bengala, los saltos en caída libre, los pogos, lo que quieras, pero lo que quedó por encima de todo eso fue el sonido que propusieron. Las guitarras enlazadas, el bajo repleto de fondo, la batería contundente, y la voz orujosa (porque los plumillas de chupa de cuero suelen usar aguardentosa y suena bien) del cantante.

Empezaron con problemas y terminaron como saben, con un bis que nunca lo fue y que rubricó un concierto que probablemente superen pero no habían superado hasta ahora, a mi humilde parecer.

Por lo demás, puedo jugar a crítico musical y hasta a cronista de sociedad y apuntar que estaba allí la piara entera y media ciudad fabril, pero eso está de más. Aunque quizás no lo esté. Hace años que Barakaldo disfrutó de su espacio deslumbrante en la historia musical más localista. Ahora, cuando el trono parece desalojado, puede que Porco Bravo haya conseguido volver a reunir el espíritu musical de una ciudad que siempre vivió despegada de las corrientes más convencionales y comerciales. Dicho de otro modo, si antes todos sabíamos quién era Parabellum o cantábamos a coro las historias grises de la ría, la policía y la heroína, ahora quizás vayan a ser ellos quienes reúnan el desencanto de una nueva crísis que aún no ha tenido su repertorio de himnos musicales. Quizás eso también sea mucho decir. Y una equivocación en sí misma. Porque Porco Bravo hace rock y el rock es una energía que no necesita de coyunturas sociales para tener nervio y fuerza. La misma palabra coyuntura chirria en esa frase.

Esta crónica chirría de principio al fin, y eso que aún no he escrito ni una sola falta de ortografía que yo sepa, ni una sola errata tipográfica, y mira que era difícil conseguirlo porque, vosotros no lo veis, pero yo estoy tecleando con solo cuatro dedos tiesos, los cuatro dedos que necesito para hacer los cuernos que empecé a hacer el sábado y aún no he conseguido quitarme de la mano.