jueves, 24 de marzo de 2011

Nick Lowe

Salgo de casa a las siete menos cuarto de la mañana con cara de gilipollas. Para animarme, en lugar de girar a la derecha, giro a la izquierda. Me digo: vamos a ir por otro camino, para hacerlo más emocionante. Así de ridículo como suena, es, es pasearse a las siete de la mañana mientras observas el cielo y piensas cosas como qué bonito en color añil, porque te estás quedando dormido mientras caminas con la bolsa donde has guardado un buen trozo de tortilla de patata para almorzar. Y vas pensando que las escaleras del callejón por donde bajas mientras escuchas a los pájaros piar sería un buen escenario para un corto. Te vas montando tu película en la cabeza, pero, en el fondo, una vocecilla inquietante no deja de repetirte que todo eso suena ridículo. Entras al garaje por inercia, arrancas el coche por inercia, paras en el semáforo por inercia, conduces por la autopista por inercia. Eliges el carril de la derecha y bostezas mientras ves como la peña te adelanta por la izquierda sin respetar el límite de velocidad recién estrenado y piensas que si tú lo haces, no es por condescendencia social, si no porque te estás quedando sopa, te aburres, no quieres llegar al curro, y enciendes la radio, buscas el dial de Radio 3 y te pones a escuchar música... sí, por inercia. Entre bostezo y bostezo. Intentando dejar muda a esa vocecilla irritante. Y entonces te lo joden todo. Cuando ya estás apunto de aceptar la rutina, la inercia, el entumecimiento, la parálisis, cuando empiezas a ser uno con el mecanismo de tu coche y vas aceptando que todo consiste en acelerar, embragar, frenar... Entonces te lo joden todo. Suena "Heart of the City" de Nick Lowe y se te abren los ojos de una forma que eliges el carril de la izquierda con arrebato y... vuelta a empezar.
En el video, cojonudo, aparece Nick Lowe frente a una audiencia punk bastante moderada que se reunía en aquel programa de 1978 de Peter Cook que no tardó mucho en desaparecer pero tuvo tiempo de darle la oportunidad de aparecer en televisión a gente como The Stranglers, The Buzzcocks, Siouxsie and the Banshees, Suzi Quatro, The Only Ones, The Jam, Elvis Costello o Ian Dury.
Si estáis, como yo, en el curro, poned el vídeo a tope y que le den por culo.

sábado, 12 de marzo de 2011

Bilbao Rock City

No sé si esto se va a convertir en una costumbre, espero que no, porque soy muy vago y no estoy muy convencido de mi talento para esto, pero bueno, me lo piden, lo hago, y paso la tarde y la resaca de la mañana como mejor puedo.
El caso es que nos fuimos ayer hasta la sala Santana porque nos parecía obligado participar de la fiesta que proponía Bilbao Rock City. No conozco los entresijos del concierto, si el dinero recaudado ayudará a los organizadores, si se quedará por el camino o cuál era en concreto el espíritu del concierto. Nosotros entendimos que era una oportunidad de pagarles por todas las veces que la página web nos salva de perdernos los conciertos que queremos ver. Es, sin duda, una herramienta muy valiosa que solo valoraremos bien cuando nos falte. Mientras vivía en Iowa, usaba una muy parecida en Omaha que me sirvió para ver los conciertos de Q and Not U, Kimya Dawson, David Yvar Herman Düne, Little Brazil, Cursive... Aún recuerdo ver la lista fotocopiada en el Kubil, y seguirla con un bolígrafo, mientras que apuntábamos las citas. La referencia no es gratuita, porque el concierto de ayer viernes se convirtió, gracias a los grupos que participaron, en un merecido homenaje a dos veteranos de la escena musical bilbaína, uno de los mejores periodistas, Fernando Gegúndez, y el que dicen que es el mejor dj, Antón el del Kubil.
Pero no me voy a poner a hablar aquí de mis recuerdos personales del Kubil, que no son muchos pero intensos, ni de los dos personajes antes mencionados porque hay foros en internet de sobra para escuchar a gente que hablan con mayor propiedad que yo. Paso a hablar de los conciertos, mientras me fumo un cigarro, y luego quizás me ponga a trabajar.

Abrieron unos Atom Rhumba relajados y más ruidosos que nunca. El sonido no fue bueno al principio, quizás estábamos en mal sitio, e Irazoki tuvo problemas con su equipo, pero resolvieron sus pocos minutos, como el resto de los grupos, con solvencia y mucha electricidad, una electricidad tan física que el temblor de las piernas no era artificio. Después apareció Francis con El Deseo del Doctor, que no sé si era una formación para la ocasión o un nuevo proyecto. La primera la reconocí, el resto de las canciones solo me hizo darme cuenta de cómo le he dado la espalda a Francis. El tiempo pasa, la gente cambia, la culpa es mía. Un cigarrito en el rinconcito bien ventilado de los fumadores y primera fila para ver con ganas, y por primera vez, a Santi Delgado & The Runaway Lovers que nos ganaron para la causa, aunque a nosotros lo de los tupés nos quede un poco lejos. Pero como Manuel Vilas con la poesía, el humor le da aún más valor a la música. Detrás de ellos, llegaron la porción stoniana de la noche, unos The Hustlers a los que no habíamos visto nunca, y por más que lo intentara el cantante, tampoco acabaron por engancharnos, lo que sí se le enganchó fue el cable del micrófono de tanto bailarlo, no tanto como el amigo de Tokyo Sex Destruction, pero casi. Sonic Trash, nuevo nombre de los Ya te Digo, que Ya Vimos un par de veces antes. Quizás el concierto con mejor sonido, siempre fieles a lo suyo y más que resolutivos. A mí me gustan, qué quieres que te diga. Positiva vino luego y podría hacer un chiste malo con su nombre, porque, de no conocerlos, pasamos a recordar su nombre para el futuro. El aire psicodélico y las guitarras Led Zeppelin, nos dejaron con ganas de más. Cambiamos de esquina al volver del baño y nos pusimos a ver al Inquilino Comunista, en el rincón donde se apiñaban los que antes habían estado sobre el escenario. Vimos a los de la margen derecha con Irazoki a la izquierda, Francis a la derecha, el batera rhumbera de chachara un poco más adelante y los Positiva muy cerca. Irazoki estuvo muy atento y Francis, también, mientras comía algo y saludaba a la peña. El Inquilino me hizo darme cuenta de cómo ha pasado el tiempo y de que atrás, pero aún presentes, quedaron los años en los que los Pixies eran la banda sonora de nuestras tragedias adolescentes. En el mismo sitio, aguardamos a los Cápsula, ansiosos por poner en juego nuestros prejuicios. Con micrófono en la boca o sin él, hay que reconocer que lo que hacen lo hacen con la energía necesaria. La última canción, que la gente parecía tararear, sonó especialmente bien. Y terminaron los Cherry Boppers con sus trajes elegantes y su sección de viento en la esquina derecha donde nos pusimos para salir antes de que terminaran por la puerta del fumeteo. Paseo hasta la estación, al metro le quedaban treinta minutos, así que nos fuimos andando hasta la siguiente, y en Basarrate, esperamos mientras, como buenos aficionados, despellejábamos y alabábamos a todos ellos a partes iguales.

Como terminó la cosa, lo dirán en otras crónicas, algunas hasta rosas, que quizás queden para mentideros y foros más punks que éste. Espero que a la gente de Bilbao Rock City les sentara bien la fiesta y les ayude a seguir con su meritoria labor. No pasará mucho tiempo antes de que volvamos a abrir la web para elegir un buen plan para el próximo fin de semana. De hecho, voy a hacerlo ahora mismo, en lugar de ponerme a trabajar, que sirva de homenaje, si quieres.

jueves, 10 de marzo de 2011

Deerhunter

Todo el día escuchando música.
Todo el puto día con los cascos puestos.
Déjame que te cuente: Julio de la Rosa, Deer Tick, Jenny and Johnny, Titus Andronicus, Arcade Fire, Dylan Leblanc, Iron & Wine y Deerhunter.
Escuchando música en el metro, subiendo las escaleras mecánicas a zancadas por la izquierda, bostezando en la parada, escuchando música en el autobús mientras leo The Miracle Life of Edgar Mint, fumando antes de entrar a currar, mientras tecleo, mientras saco otro cigarrillo a la salida del trabajo, escuchando música mientras camino por la ciudad, en la estación, dando vueltas esperando a que salga el autobús de vuelta, mirando como una pareja juega con un cachorro, escuchando música de vuelta a casa en el autobús mientras sigo leyendo The Miracle Life of Edgar Mint, en el metro, cruzando la elíptica, entrando en la tienda de discos, justo después de pagar las entradas, escuchando música de vuelta al metro, mientras subo a zancadas las escaleras mecánicas por la izquierda, tomando una cerveza mientras leo el periódico. Me he quitado los cascos hace dos horas.
No tengo los cascos puestos pero aún puedo escuchar la música.
Te puedo decir que el primer minuto de "Coronado" y el último minuto de "Coronado". Te puedo decir que la línea de bajo de "Desire Lines" o, por qué no, el aire wilco-blitzentrapper de "Revival", hasta los pasadizos más ambient, más estrechos de un disco oscuro lleno de frágiles fracturas por donde entra una luz muy muy brillante. Pero me quedo con "Memory Boy". El "it's not a house anymore" aún puedo escucharlo aunque me haya quitado los cascos hace dos horas. Por cierto.
Una cuestión.
Bradford Cox, bien, y una colección de miembros más. Pero me pregunto, ¿Moses Archuleta? Archuleta es un apellido vasco, ¿no? Y, aún más, David Archuleta... ¿no era el chaval ese mormón de Florida que quedó segundo en American Idol? Su libro Chords of Strength, precioso título, escrito al alimón con una tal Monica Haim es un best-seller, ¿no? Pero, no, no es familia que yo sepa de Moses Archuleta. ¿Por qué cuento esto? Porque yo soy el memoryboy de los cojones, leo una cosa sin ningún valor, y no se me olvida, joder.
Y aún así.
Ya de vuelta en casa.
Sigue.
It's not a house anymore.
Deerhunter.
Otro día cuento la hora más estúpida de mi vida, tirado sobre un tramo de tierra, emboscado detrás de unos matorrales, observando a los venados moverse por el bosque, por decir que los veía, porque decía que sí cuando aquel gordo americano me pegaba con el codo en el costado y me susurraba see'm, see'm, ye see'm?, y yo decía que sí aunque lo único que veía era un puñado de sombras. Pero eso ya lo cuento otro día, aunque ya lo he contado.

lunes, 7 de marzo de 2011

Arbian + El Columpio Asesino + Diecisiete + Maga

No hay canciones que elegir esta vez, que proponer para nada, que enlazar del youtube. Solo voy a hablar de un fin de semana, el pasado, que en lo que se refiere a conciertos fue el más intenso que hemos vivido en una larga temporada, probablemente, el más intenso desde cualquier jornada festivalera de cualquier verano ya muy lejano.
Comenzamos con nuestra carrera de conciertos el viernes, puntuales, a las nueve y media de la tarde noche en la estrecha calle Apuko. En el Bar Kadok, Arbian tocaban en directo sus canciones y algunas versiones que no fui capaz de reconocer. Bueno, alguna sí: Linkin Park, Pearl Jam o Faith No More, si no me equivoco. Teníamos una cuenta pendiente con Iain, cantante de Arbian, y antiguo compañero de trabajo, al que le debíamos asistir a uno de sus conciertos desde hace mucho tiempo. Ya se encargó él de recordárnoslo, y con toda razón. En el bar, unos pocos incondicionales, supongo, porque no conozco muy bien a los habituales seguidores de Arbian. Digamos que unas quince personas al final de la barra, dando calor al grupo, que tenía, incluso, que hacerse el sueco cuando alguien cruzaba delante de ellos para ir al baño. Al fondo de la barra, los habituales del bar, ajenos al concierto, miraban al frente por inercia. Cuando era un imberbe adolescente, nuestras primeras juergas las corrimos en un bar que se llamaba Beluga y estaba en la calle Apuko, ¿será el Kadok? No lo sé, joder, era tan oscuro cuando tenías diecisiete año y no debías estar allí que vete a saber. Arbian demostró tener una buena base: la voz de Iain, y un buen acompañamiento de guitarra. Las influencias las confiesan las versiones. La voz de Iain sonaba, a veces, como si Eddie Vedder versioneara a Metallica. Otras veces nos recordaron a Incubus, aunque con un cierto poso nirvanero que le daba más nostalgia que rabia a los cambios enfáticos. Al final, nos compramos la maqueta, y prometimos repetir. Mientras nos íbamos, hablamos de cómo echábamos de menos volver a asistir a este tipo de conciertos, humildes pero comprometidos, en bares de poco aforo, incluso inadecuados, donde grupo y público parecen compartir un entusiasmo recíproco.
Al día siguiente, sábado, hicimos doblete. Primero, nos presentamos en la Fnac para ver a El Columpio, con su nueva formación, presentar su último disco. Era la primera vez que asistíamos a un concierto en la cafetería de la Fnac. También fue la primera vez que probamos la Schuss. Por cierto, dije dame dos Txus, no sé si se pronuncia así, pero qué más da, habría preferido pedirlas al final, porque el calor y la sed en la poco más de una hora (no sé si fue una hora, pero más o menos) que duró el concierto se acumularon casi sin darnos cuenta. El Columpio nos dejó con la boca abierta. Esperábamos algo en acústico, distinto, y lo que nos encontramos fue distinto, pero eléctrico. Las canciones sonaron hipnóticas y embaucadoras, y las ejecutaron con eficacia y tensión. Las guitarras se engarzan y enzarzan con maestría, el bajo no se esconde, la batería sigue siendo inquietante, como las letras, los preludios, los epílogos y los meandros de unas canciones, las de El Columpio, que esconden secretos más oscuros que los del Río Colorado. Simplemente, geniales, ante un público reticente al principio, pero entregado al final, siempre dentro de los parámetros comedidos a los que te obliga el lugar. Serios como son ellos, no dejaron lugar a las dudas: el último disco de El Columpio es una joya a descubrir. "Toro", al final, fue mucho más que una guinda.
Quizás por eso, no entramos con la emoción con la que esperábamos entrar a El Balcón de la Lola, donde nos esperaban los últimos dos grupos del sábado, unos Diciesiete a los que no conocíamos ni de nombre, y Maga, que prácticamente abrieron concierto con la canción que esperábamos escuchar, y el resto fue esperar una sorpresa que al final no llegó. Dicisiete dijeron ser de Madrid y estar apunto de sacar su primer disco, aunque parecían aún muy tiernos. Un tío a la guitarra, siempre de perfil para mirar a la chica que aporreaba la batería con los recursos justos pero con mucha energía. Sonaron a lo que querían sonar, y no se les puede achacar más. Comunicaban que estaban contentos con lo que hacían y que no pretendían ser nada que no fueran, así que no se puede decir nada. En la onda que ya sabes, desde Blood Red Shoes o White Stripes por coincidir en estructura, aunque sonando un poco Vetusta Morla. Más ambientales y menos nervio que los dos primeros grupos con los que los he comparado. No nos compramos el disco, y nos quedamos con la sensación de que tocaron la misma canción desde el principio hasta el final, pero, al menos, no desconectamos.
Salimos a fumar un cigarrillo, y a la vuelta, esperamos con las Carlsberg hasta que salieron los andaluces, con las sonrisas habituales del cantante. Tiene una voz reconocible y expansiva que cuenta con seguidores fieles, por lo que se pudo ver entre el público, y, además, de todas las edades, porque allí había más tribus y generaciones de las que pude reconocer, entre otras cosas porque, al ser carnavales, algunas estaban disfrazadas e irreconocibles. Tocaron la segunda y la última las dos únicas canciones que realmente he llegado a apreciar de Maga. El resto del concierto fue un poco plano y sin arrebato, para aquellos que no estábamos entregados. En medio del concierto, nos pusimos a discutir sobre el peligroso parecido que guarda la voz del cantante con la de otro cantante, el de Danza Invisible, no nos escuchó el de Maga, ni creo que lo lea aquí, porque no sé si le gustará o estará de acuerdo.
Y así fue nuestro fin de semana musical, que ya apetecía, y así ha sido mi imitación barata de cronista musical. Quizás el próximo fin de semana sea más intenso todavía. En principio, la fiesta organizada por Bilbao Rock City apetece y casi parece obligatoria. Si nada se tuerce, estaremos allí, los nuevos Ya Te Digo, los Cápsula, Atom Rhumba, Santi Delgado y The Runaway Lovers, El Inquilino y compañía prometen una noche más intensa aún que este pasado fin de semana. Si me apetece, lo contaré aquí, con la misma torpeza y sin resaca.