No me lo puedo creer... pero es así



Estaba esta mañana recogiendo la ropa del colgador. Y la he recogido. Si estaba colgada es porque antes estuvo sucia y si estaba sucia es porque antes me la había puesto y si me la había puesto es porque aún existía. Existe. Aún la guardo. Estaba esta mañana ahí colgada en el colgador. Al viento. Ondeando. Porque ondea. Porque cuando me la compré pesaba veinte kilos más.



Estoy hablando de una camiseta. Una camiseta gris con el careto impreso de James Hetfield, Kirk Hammett, Lars Ulrich y Jason Newsted. Una camiseta gris con la parte de atrás repleta de las fechas europeas del Poor Touring Me con el que Metallica repasaba su último disco, Load, por allá por 1996.



Tenía 20 años. La mitad de mis amigos eran punkies, la otra mitad heavies. Esa mitad me comió la cabeza. Compramos la entrada y quedamos de madrugada en la plaza Zabalburu de Bilbao. Recuerdo empezar a beber en una plaza interior, salir corriendo porque la policía estaba persiguiendo a alguien que no éramos nosotros pero en el mismo sitio. También recuerdo que en el autobús el televisor ponía vídeo tras vídeo de música heavy mientras un presentador, presuntamente en inglés, anunciaba los vídeos. Mis colegas me pedían que le tradujera. No le pillaba. Al final, me di cuenta. Estaba hablando en alemán, no en inglés, y yo empezaba a estar pedo.



Pribamos junto al velodromo. Todo estaba oscuro. Lleno de gente. Quizás fue mi primer concierto de grandes multitudes. Todo parecía excitante.



El resto se rememora rápido. Por internet, se encuentran los vídeos del espectáculo pirotécnico, el teatro apocalíptico que los Metallica repitieron en todos los recintos cerrados de esa gira. Sonaron las canciones del Load. Recuerdo el For Whom, puede que hasta el Nothing Else, y casi seguro el Master of. Pero todo se ha ido perdiendo, menos esa camiseta.



Una camiseta con 15 años de antigüedad. Enorme, agujereada, dada de sí y raída por los extremos. Una camiseta que recuerdo ponerme al día siguiente del concierto, y al siguiente, para ir a la clase teórica en la autoescuela. Tenía 20 años, me sobraban 20 kilos, me faltaban 20 primaveras. Apenas reconozco al tío que llevaba esa camiseta por primera vez. Pero ahí estaba, colgada en el colgador esta mañana. No me lo puedo creer... pero es así. Aquel era yo, y algo tiene que quedar. Eso es lo que parece seguir diciendo esa vieja camiseta.

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