domingo, 26 de agosto de 2012

FIN (O como pasarte veinte minutos pensando un posible título para esta entrada y acabar desesperado para titular FIN, que son las siglas que responden a la expresión: Fui Idiota desde que Nací)



Dejando a un lado que se me ha gripado el cerebro después de lo del título, todo lo demás, bien. Se acabó la música y, por ende, las fiestas de Bilbao. Yo ya no vuelvo hasta que no haya pasado un año. Y con los dos de ayer fueron cuatro los grupos que vimos en directo tras pagar el módico precio de 20 euracos (a diez por día de función, a cinco por grupo) en las sesiones programadas por los promotores del Kafé Antzokia durante las fiestas de Marilynjaia.
Primero fue Hola a Todo el Mundo que, siguiendo con el reparto de dinero, me salieron a 1'25 euros por barba, y vaya barbas. Después, salió Bigott, que no sé si reparte a partes iguales o se queda él con mis cinco euros. Eso fue el primer día. En el segundo, el de ayer, primero aparecieron Belako que, con el buen rollo que se llevan entre ellos, seguro que se gastan los cinco euros a escote y, después, El Columpio Asesino que, encima, tendrán que repartir lo que les toca de mi dinero con Deu Txakartegi, de We Are Standard, que se apuntó a la fiesta para cantar la suya, dar un grito al final y llevarse la ración de aplausos. 
Las cervezas fueron on me, que decía mi profesor de inglés. 
La crónica rosa fue casi que fucsia, pero hubo. Hubo post-concierto después de cada día. Primero en el recinto de txoznas, después de bar en bar acompañado por la única estrella del rock local que consigue quemarse partes insospechadas de su cuerpo. Pero eso lo dejo para mi diario... de tapas rosas. 
El caso es que haciendo bagaje nos queda que fue mucha gente ambos días. Mucha gente que presumo que no veré en otros conciertos. Siguiendo con la tónica contemporánea, en la esquina donde vimos a HATEM había más gente de espaldas que viendo el concierto. Más cháchara que chíchara. A Bigott nos lo vimos casi desde la entrada y subidos a los peldaños porque debajo estaba todo el cupo de nacionales del Bilbao Basket. Por último, nos quedamos de piedra al observar que había más gente viendo a Belako que a El Columpio. 
En lo musical, también hubo un poco de todo. Usando frases cortas y eufemismos varios, para que no se note que en realidad no sé de lo que hablo, diría que el resumen fue positivo, en ocasiones sorprendente y, en general, satisfactorio. Hola a Todo el Mundo me recordaron a mi prima Mónica, que come muy despacio, y te desespera, y acabas gritándole: ¡por dios, cómete ya el filete! Empezaron muy lentos, con desarrollos muy largos, y al final se podaron un poco y sonaron más resolutivos y eficaces. Era la primera vez que los veía y tenía una idea preconcebida que no coincidió para nada con lo que vi allí arriba. Bigott baila peor que yo, pero su forma de bailar es perfecta para su música. Suena deshilachado, insólito en ocasiones, juguetón, sesudo y naif a partes iguales y con cordura en ambos tonos. No hace falta que sus canciones parezcan completas para encontrar razones para aceptarlas en plenitud. Por mí, puede seguir bailando como le de la gana. Yo haré lo mismo, aunque tenga que beber más. El segundo día fui con menos ánimo porque me faltaba compañera y eso, a estas alturas, parece que vuelve la música mono y se pierde el estéreo. Confieso como ya he confesado que tengo muchos prejuicios y con Belako los tenía a tutiplén. Si los  tengo con una banda de adolescentes de Sheffield que la petan en Pitchfork y me llegan a mí sin que haga el más mínimo esfuerzo, por qué no los iba a tener con unos chavales de Mungia que antes de grabar disco ya han sido entrevistados hasta en la revista Campus, en Radio 3, han sido invitados al BBK Live y se apuntan a las fiestas de Bilbao. Yo, que soy un poco corto, meto en mi mochila todos los prejuicios que encuentro y me presento en su concierto cargado de sarcasmo. Luego, voy, y me roban la mochila. Porque, supongo, tan pronto como los tengo, los pierdo. Me refiero a los prejuicios. Los Belako me ganaron para la causa. Seguiré expectante a ver si aciertan en el próximo paso, grabar un disco, pero puestos a repartir halagos, ellos deberían llevarse una gran parte, por su actitud, por la energía, porque sus canciones son buenas y porque aunque suenen modernos y actuales no suenan prefabricados ni vacíos. Ya veremos si pasan de curso, pero, por ahora, parece que están preparados para aprobar los exámenes. Y con nota. Justo detrás de ellos, salieron los navarros más serios del planeta. Con un sonido contundente, poses irreverentes pero impasibles, regalándonos con un viaje inesperado a sus primeros discos y con un arrebato final como "Toro" que, por muy cool que se vuelva y por mucho que celebre, no pervierte una estructura impactante y cautivadora que la convierte en una de las mejores canciones nacionales de los últimos años. Aunque yo me sigo quedando con el "Ye Ye Ye" aunque solo sea por hacerme el interesante. 
Con todo esto, y una buena resaca, ganas de más y la promesa de superar mis problemas con los títulos, haremos acopio de esperanza sanfermina y recordaremos que ya queda un día menos para el próximo año. Quizás, el próximo, a alguien se le ocurra caracterizar a Marijaia como a Kathy Bates en Misery: Anniejaia, casi que mejor.

miércoles, 22 de agosto de 2012

El Pirata Drummond



Jornada completa de fiestas sin salir del barco pirata. Piratas no había muchos, punkies bastantes, ¿de dónde salen? Supongo que la pregunta me la podría hacer más bien a mí mismo. Pero yo sé que salir salí ya enfilado porque llevaba tiempo merodeando por la esquina donde sabía que acabaría por cruzarme con Willis Drummond. 
Qué ganas. Fíjate que a eso de las diez, y aún por el barrio, ya iba yo como sabiendo que ayer se me estaban dilatando demasiado los vasos sanguíneos, pero, en lugar de amodorrarme o retirarme o dejarme llevar, opté por reposarme y seguir hacia adelante, coger el metro y ponerle buena cara a todo porque tenía enormes las ganas de ver en directo a los de Baiona.
Pero antes de que salieran al escenario, lo hicieron Penadas por la Ley, a eso de las once y media de la noche y con relativa expectación. Reconozco que a mí su nombre solo me sonaba a una vieja canción de los madrileños Boikot, pero no son nuevas en esto. Al estilo Cápsula, por lo de unir dos continentes que no por lo musical, el trío femenino se subió al escenario y ya apenas descansó hasta el final. Siguen bien el patrón, que no al patrón, de una tradición musical que se tarareó entre el público, sobre todo, cuando versionearion el  "Autosuficiencia" de Parálisis Permanente. 
Refrigerios de lúpulo y, en seguida, los segundos a escena que, por lo visto, aunque yo veo ya poco hasta con gafas, fueron los que menos relativa tuvieron la expectación. Los Carniceros del Norte, según he leído, nacieron como un proyecto personal de Txarly Usher, antiguo cantante de la Casa Usher, que quería hacer un disco musicalizando sus películas de terror favoritas. El proyecto creció, la banda funcionó, y fueron más allá de lo cinematográfico. A Txarly Usher se le vio en forma y los Carniceros no bajaron el pistón hasta que apagaron el motor. Sonaron a The Damned, urgentes y agónicos, sudorosos y siniestros al final, y con un alarde de bajo que hasta nos recordó a We Are Standard, aunque quizás para aquellas alturas ya estábamos cerca de la hipoxia.
Por fin, me asomé a la esquina y me topé con ellos, que ya iba siendo hora. Había leído decenas de veces que tenían un buen directo y que eran una de las bandas desconocidas con más talento de esta zona del planeta. Había oído que se les relacionaba con Fugazi y con AC/DC, aunque a su cantante también le oí hablar de Nirvana, de Pearl Jam, de Kortatu, de Negu Gorriak, de The Drones, Beasts of Bourbon, Motorhead, Karate, Lou Reed, PJ Harvey y hasta de Jacques Brel o Benito Lertxundi. Si metes toda esta verdura en una cazuela te tiene que salir el pisto lisérgico. Yo, de casa, salir salí enfilado, ya lo dije, y del Pirata Gunea, salir salí flipado.
Willis Drummond suenan como si molieras peyote en el ponche de la fiesta de graduación. Si conectáramos una dinamo a sus instrumentos, iluminaban todo el recinto de txoznas. Sí que suenan a Fugazi y comparten el talento para retener los ritmos y explotarlos como jugaba Chaplin con la bola del mundo en El Gran Dictador. Las guitarras se entrelazan, se desatan, el bajo hace malabares y sacan de la chistera a un conejo que aporrea la batera. Manejan los silencios de manera perturbadora, sabiendo construirlos tanto como destruirlos. Lo que intento decir es que puedes intuir por el desarrollo de la canción cuando ésta se va a detener, cuando va a reflotar, cuando viene y cuando se va como se cansaba Kurt Cobain de montar en columpio, pero, sus idas y venidas, sus inmersiones y emersiones, sus apagones y sus incendios son siempre insólitos, desbordantes y alambicados. Vamos, que estuve todo el concierto golpeándome el muslo con el katxi vacío que, para mí, eso es como bailar un pogo en la intimidad. 
Mereció la pena el abordaje y, a los que no los conozcais, os dejo con una pequeña muestra, una que sonó en el  concierto y que casi consigue que me liberara de mi escudo de aplomo reprimido y me lanzara de cabeza al caos muscular de la primera fila. No lo hice, me lo guardo para la próxima. "Pierrot lunar" y nos volveremos a cruzar, seguro.

 

lunes, 20 de agosto de 2012

Freedom from Freedom



Siempre que vamos, llegamos con el tiempo justo, y siempre nos pasa lo mismo cuando torcemos en la calle Bailén, para coger la Naja y hacer como que no queremos. Si el día es soleado, y un ligero viento mueve los árboles, la ría encajada entre Marzana y la Ribera se ve como en una postal, como si acabaras de dejar las maletas en el hotel y empezaras a callejear por una reservada ciudad de magros misterios. Eso me ha quedado demasiado poético, pero es que aún no he empezado a beber.
Se ve que se está convirtiendo en tradición: dar el txupinazo de fiestas en Bilborock. Este año fuimos solos y fue más fácil refrescarse, gracias a ese coche aparcado ahí en el medio; por fin, te olvidas de la máquina de cerveza.
Llegamos cuando B-Flat ya habían empezado y parecía que el local estaba lleno porque la oscuridad, de espaldas, parece robusta y amplia. Pero había hueco delantero que luego aprovechamos para el segundo concierto. Desde atrás, daba la sensación de que el estereotipo de asistente a las sesiones de rock local que Marijaia reune en la Iglesia de la Merced había cambiado por completo. Mucho pañuelo, mucho pantalón corto, mucha familia unida y bailonga, mucho colorido veraniego y demostraciones inestimables de flexibilidad pélvica, aunque yo no sea el más adecuado para hablar de eso. Nuestro juicio, quizás atropellado, resolvió que aquello se debía, precisamente, a los cuatro que estaban sobre el escenario. 
A mi derecha, un chaval en camiseta, con gafas de sol, y una guitarra muy chula. A la izquierda, el bajista, también cubriéndose la vista. Detrás, un batería, al que apenas veía, porque delante tenía al teclista con un hammond presidiendo la función. Generalmente, cantaba él. A veces, lo hacía el guitarrista. No conocía a los B-Flat, pero ahora que me he puesto a enredar en internet para ver qué me contaban, me parece que lo que me cuentan y lo que yo vi difiere un tanto en proporción y matices, por decirlo de alguna manera que no me comprometa y demuestre mis miserias. En directo, cuando me preguntaron, contesté que creía que habían sacado la pasta antes de que estuviera bien cocida. En resumen, B-Flat hace alarde de buenas influencias, apuestan con elegancia por un estilo sofisticado y tienen buena letra para escribir canciones. Creo que, a todo eso, le falta combustible para que arda. Y me dejo ya de metáforas. 
Un par de cigarrillos sentados a la fresca, y vuelta para adentro. En tres meses, hemos visto a los nuevos Maha tres veces (una vez al mes no hace daño, dice el refrán). Les he oído decir en una entrevista que intentaron cambiarse de nombre cuando cambiaron de estilo, pero que no había forma. Precisamente su nombre demuestra el sentido del humor que caracteriza a este grupo: tenían una batería Yamaha, le quitaron el "ya" y ya tenían nombre. Eso lo he oído en la misma entrevista. 
Cuando eran Maha y aún no estaba Patxi López (también Patxi Paniks) hacían psicodelia. Entró el barakaldés y se pasaron al garaje y al punk. Luego hubo más cambios: se fue la vocalista, se apuntó John Bolduan para tocar el banjo y decidieron retroceder en el tiempo y darle al swing y a otros estilos para acabar montándose un espectáculo folky que supera esa etiqueta, reluce con el aparato dramático con el que lo decoran y divierte lo mismo que emociona. La verdad es que forman un grupo virtuoso, con canciones macizas y exuberantes, mucho sentido del humor, eficaces sobre el escenario, y, ya que me he puesto a alabarles, digamos que invitan a apostar por ellos en la lucha primitiva que todo artista mantiene por ser auténtico y original. Y suenan auténticos y originales aunque se ciñan a las normas de los estilos porque son capaces de tocar el contrabajo como si Thomas Martin vistiera muñequeras con pinchos, y el violin se marca riffs y el banjo punteos y el batería les maneja como le da la gana y el cantante puede imprimirle a las canciones los matices que desea sea ejerciendo su personaje o sin él. Se ponen caretas, se las quitan, sacan tablas de lavar y hasta chicas que sacan música de una sierra, versionen a Chuck Berry y a Sun Ra, invitan a Mario Bros e imitan a los hipopótamos, pero, ante todo, hacen canciones rock aunque suenen folk, tirolesas, mambo, swing o lo que sea. 
Hace tiempo conocí a un tío que fumaba demasiado y me hablaba todo el rato del jazz de vanguardia. Yo no le hacía caso. Una noche, joder que noche más larga, acabamos en su casa y me puso los discos de Sun Ra. Me tiré por la ventana, de verdad, pero porque vivía en un bajo y abajo había un cesped fresco y mullido. Se reía y me tiraba de la camisa para que volviera a entrar. Luego me ponía videos del youtube con poemas recitados de Sun Ra. Fue como un viaje cósmico. Al espacio exterior. Al músico de Alabama le hubiera gustado la experiencia. Y a mí me gustó su poema "Freedom from Freedom". Cuando me levanté por la mañana en el sofá de aquella casa, lo primero que vi fue mi brazo tatuado en tinta de bic con el título del poema. No ha venido a cuento, pero qué más da. Si queréis historias mejores, ir a ver a Dr. Maha's Miracle Tonic en directo y probad el tónico, empiezo a pensar que eso fue lo que bebimos aquella noche.

 

viernes, 17 de agosto de 2012

El calendario del bombero con lorzas


Creo que el año pasado por estas fechas, pero ya consumidas, hice recuento de los conciertos veraniegos que nos habíamos comido y nos daba para dos atracones. Hace un par de días que regresamos de vacaciones con el concierto de Xoel López y Turbolaser como único bagaje. La verdad es que estas dos semanas han ido destinadas a otros menesteres, aunque la música ha dado para aliviar el trasiego de kilómetros y me quedo con la imagen de un niño sentado sobre mi regazo moviendo los brazos al son de Fucked Up. Menos mal que su madre no sabe inglés.
El caso es que este verano desprende los mismos influjos que el pasado. Enmascarados dentro del programa oficial y de otros alternativos de las fiestas de Bilbao, muchos conciertos invitan a pensar que la segunda quincena del mes será un parchís donde las ocas dejarán su lugar a los conciertos. Hoy me he pasado por la página de Bilbao Rock City para ver qué sé cocía, y me he encontrado con este guiso. Así, a primera vista, sin ser muy meticuloso, éste podría ser nuestro calendario musical de aquí a finales de mes. Por supuesto, lo apuesto todo al 22 rojo, estoy seguro de que más de uno acabaré por no verlo y, que, sin embargo, veré otros con los que no contaba. Muchos que no están ahí, ni los veré ni contaba con verlos, y, al final, me arrepentiré. Es lo que tiene no tener el don de la ubicuidad ni el criterio suficiente como para adelantarte a los acontecimientos.

Aunque no le interese a nadie, yo adelanto la que podría ser nuestra agenda de conciertos. Algunos están marcados en rojo (solo en mi cabeza, no en este blog) porque no nos los perderemos si está en nuestra mano; otros, entran por curiosidad, morbo o la combinación de estos dos impulsos, y, con toda seguridad, acaben por ser substituidos por mejores planes, ya sean musicales, gastronómicos, culturales, etílicos, deportivos o sedentarios.  

Sábado, 18 de Agosto: B-Flat y Dr. Maha’s Miracle Tonic en rojo en mi bolo y el bolo en el Bilborock a las 8 de la noche. Para viajar en el tiempo, Manolo Kabezabolo y Los Que no Dan Pie Kon Bolo en la txozna Pinpilipauxa a eso de las 24:30 de la noche.
Domingo, 19 de Agosto: Planetaleta y Dr. Skyloop en Bilborock a las 8. Si hay fuerzas, Mountain Men y Marrakesh Express en la Txozna Federiko Ezkerra tres horas más tarde. Y puede que también Ruper Ordorika en Abandoibarra aunque prácticamente coincida con los anteriores.
Lunes, 20 de Agosto: The Fakeband y Funk Sinatra en la Txozna Federiko Ezkerra a las 23:00 horas. Public Enemy a las 24 horas en el espacio Karola. Éste último es precisamente por combinación.
Martes, 21 de Agosto: Yo, Náufrago y MobyDick, otra vez a las 8 de la noche en Bilborock. Willis Drummond, los Carniceros del Norte y Penadas por la Ley en el Pirata Gunea a las 23:30 horas, parece. Tengo ganas de ver en directo a los vascofranceses. Una hora más tarde, se anuncia que Distorsión estará en Pinpilipauxa.
Miércoles, 22 de Agosto: Those Radios y Rubia para seguir con la programación de Bilborock a la misma hora que los anteriores. Los barakaldeses Pleonakis Plektos están anunciados a una hora parecida en el Triangune.
Jueves, 23 de Agosto: Se acaba lo gratuito y habrá que pagar por ver a Bigott y a Hola a Todo el mundo en el Kafé Antzoki a eso de las 23 horas
Viernes, 24 de Agosto: Arana y Arde Asia continúan con la programación de Bilborock y con el mismo horario. A la misma hora, con el mismo precio, y en el mismo sitio, El Columpio Asesino y Belako se citan en el Antzoki para celebrar las fiestas.
Sábado, 25 de Agosto: The Stars from the Commitments, sea lo que sean, saldrán a escena a eso de las 23 horas en, sea lo que sea, el espacio Karola. Más curiosidad para ver al Dúo Dinámico, a la misma hora que los irlandeses, pero en Abandoibarra. Los Mustang repiten hora, pero no escenario, porque estarán en la Pérgola. The Hustlers, a las 24:30, le darán lustre a la programación alternativa del Ambigú.
Y si hay fuerzas, ganas, parné y posibilidades, quién sabe si no tendremos guinda en el pastel, del 30 de Agosto al 1 de Septiembre con el Ebrovisión. Apuesto, nuevamente, a que de todos los dispuestos, me presento a la mitad. Y no esperes crónicas de todos, si es que aún hay alguien que pierda el tiempo esperando a leer las crónicas.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Nominada al Globo (Vaya Globo Tío!) a la Mejor Canción Original

Entre que dejaba de llover y salía el sol, he estado esperando mientras repasaba listas de lo mejor de o lo peor de o lo más chungo de. También he visto un vídeo de un atropello en Azerbayán y he leído que Fernando Llorente tiene una oferta del Club Spórting Cristal limeño que está considerando. Así que, desesperado ante lo que tardaba en aclararse el día, me he puesto a nominar a peña al Globo (Vaya Globo Tío!). 
Para fans (que haberlos haylos y haylos a pares) y meigas varias. Un candidato cachondo:

lunes, 6 de agosto de 2012

O Groove



Dicen que el Atlántico separa tres continentes, cuando, en realidad, los comunica. Creo que no ha sido una casualidad. Ha sido una coincidencia trascendental, una suerte de conjunción enigmática: la primera vez que chapoteo en el Atlántico, Xoel López toca en directo en Cambados, para presentar su nuevo disco, "Atlántico". Dicen que la música une continentes, cuando, en realidad, lo hace. 
Llegamos a O Grove después de bajar hasta Burgos, buscar Astorga, seguir dirección A Coruña y terminar cansados de pagar peajes. Mientras tanto, fuimos escuchando música. En cada curva, en cada recta, en cada rotonda, siempre escuchando música. Así entramos en la Ruta Castelao, así aparcamos, así nos registramos en el hotel. Cuando no funcionaba el equipo, era porque las canciones aún resonaban en nuestra cabeza. 
El sábado, nos enteramos, la gente celebra las virtudes del albariño en Cambados. Unos días antes había pasado por allí Julio Iglesias, y Soraya, y Manolo Escobar. Mientras tanto, nosotros nos dedicábamos al marisco, a pasear por A Lanzada, a buscar leyendas por las callejas de Combarro. Pero el sábado, nos acercamos a Cambados. Y no ha sido una mala idea. Me daba pereza y me la dio mientras pasaba: mucho tráfico, lluvia, aventuras pinturescas para buscar estacionamiento, la gente a un ritmo ajeno al nuestro. Lo primero que hicimos, buscar el escenario, acurrucado, impresionante en un costado de la plaza de Fefiñans, al cobijo de un pazo que le daba cobertura a la fanfarria de las fiestas. Todo el mundo con su vaso colgado del cuello, de botella en botella, haciendo de la noche una suerte de aquelarre sin brujas. Y nosotros a cervezas sin alcohol. Menos mal que la cena alivió la falta de alcohol: marisco de bosque y de mar en un comedor decorado con fotos en blanco y negro de un trompetista canoso que imaginamos de nombre Miguel.
Para cuando salimos, había dejado de llover y la gente ya se acercaba al escenario, donde seguían grabando un inesperado video. Aquello retrasó un poco el comienzo de los teloneros, Turbolaser. Cinco tíos de Villagarcía de Arousa, creo, que acaban de grabar una maqueta que, por cierto, el cantante lanzó al público como si fueran estrellas ninja. Tienen fondo, y tablas, y temple. Quizás hasta demasiado temple. Ya que ha sido hoy, déjame que utilice esta imagen atlética: son como correr los cien metros con un esguince y terminar, con dignidad, pero sin diploma olímpico. Mucha épica vocal para un esqueleto instrumental más austero. Vimos el concierto al lado de los suyos y, aún así, parecía que tenía más chispa mi coca cola con demasiados hielos. Yo he tocado una guitarra en mi vida y las cuerdas se trenzaron de manera diabólica, y la última vez que canté en un karaoke se le cayeron las "kas" a la palabra, pero, aún así, me arrogo la voluntad de criterio y creo que Turbolaser están a una pared de hacer buenas canciones, pero les falta saltarla. Ahora solo les falta pasar de mí como a buen seguro lo hacen. 
No tardó mucho en salir a escena Xoel López. Acompañado de un bajista con cara de buena persona, un batería esquinado, un percusionista brasileño, dos chicas en cada esquina y, como no, Juan de Dios a la vera de Xoel López. Una de las chicas, de nombre Aurora, se encargaba de los teclados; la otra, de nombre Lola, versátil fotógrafa también, pasaba de la melódica, al triángulo... hasta a la voz. Los siete sonaron perfectamente conjuntados, hermanados en ocasiones, epifánicos en la hilazón de ritmos, a la hora de compartir humor y estado de ánimo. Como no podía ser de otra forma, hubo ocasiones de sobra para ver a Xoel López bajo el foco del protagonismo, pero, aún así, hasta la ausencia de los otros seis parecía tener presencia. 
Llegamos a Fefiñans pensando que teníamos bastante con disfrutar de un concierto inesperado durante nuestras relajantes e higiénicas vacaciones. El último disco de Xoel López, el primero desde que volvió de las Américas, cumpliendo con un periodo vital que parece haberle dado lo que buscaba, nos había pasado desapercibido. Ignorantes como éramos de los impulsos más personales, su viaje a Argentina nos lo había devuelto tan ajeno (como cercano, dicen otros) a su herencia Deluxe que, sin ganas de esforzarnos, desaprovechamos la ocasión de descubrir algo nuevo... pero antiguo al mismo tiempo, algo atlántico. Por fortuna, en Cambados lo descubrimos, y ahora cruzaremos el océano a braza si hace falta. Xoel López y su tropa se soltaron un concierto que le hace honor al título de su disco: un ejercicio de equilibrio, un océano que separa y comunica. Las nuevas canciones suenan modernas y elementales, septentrionales y meriodionales, occidentales y orientales, nostálgicas y esperanzadas. Electrizante y mate. Saben a mate y a orujo, calzan all stars y esparteñas. Nunca fue del todo indie y ahora no es del todo cantautor. Dice en las entrevistas que Xoel López solo quiere ser Xoel López, como yo quiero ser yo y no Lester Bangs, aunque no lo parezca, y a fe que lo consigue ya toque la española o la eléctrica. Y lo mismo pasó con las viejas canciones que recuperó para nuestra asombrada alegría. Porque en Cambados, ayer, sonaron "El cielo de Madrid", "Réquiem", "Gigante", "Bienvenido al final", "Reconstrucción", "Adiós corazón", "Historia universal" y sonaron distintas, demostrando que las canciones son buenas porque son flexibles, maleables, nacieron pero no desaparecerán porque se transforman. Sonaron distintas porque a Xoel López se le veía enchufado, alegre, ligero. Sonaron distintas porque sonaron reverberadas, idas y venidas, viajadas y trasegadas. "Atlántico" es un dardo en el medio de la diana porque cae en el medio del océano Atlántico, a la misma distancia de A Coruña que de Buenos Aires, en un lugar mágico en el que las canciones, viejas o nuevas, parecen recuperar la autenticidad que, en realidad, nunca perdieron, cuando el propio músico acepta la paradoja de ser de dónde eres y de a dónde vas y de de dónde vienes. 
Yo estaba en Cambados. Ella también. Y no somos de allí y no lo seremos, pero, de alguna forma, pertenecemos, tenemos un hueco en la plaza de Fefiñans; tuvimos un sitio en un concierto al que no estábamos invitados. Digo que el Atlántico acerca más que separa. "Atlántico" también. Y el albariño, ni te cuento. Anoche no lo supe, por no saber, de paso, qué iba a opinar la Guardia Civil del caso. Pero hoy lo he aprendido bien: Martín Codax, Carballal, Pazo de Bouciña. Mañana, cuando me vaya de aquí, dejaré una habitación de hotel, pero también un hueco donde queda lo que me llevo a casa, ya sea la música que escuché... o el vino que nos bebimos.

viernes, 3 de agosto de 2012

De bandas sonoras veraniegas

Estoy pensando en ponerle música a esta película. Te explico la escena. Ella se moja los pies en la piscina. Lleva gafas de sol y escucha música para ella sola. Al fondo, tres peldaños más arriba, una familia disfruta de sus vacaciones. La madre duerme, tapada con una toalla fucsia. Las tres niñas han terminado sus deberes y han abandonado las hamacas blancas para acercarse a la pileta. El padre, calvo, las costillas bien marcadas, ha tirado a una al agua y se enfada, va donde la madre llorando, se cobija bajo su toalla fucsia. Ella me mira mientras tararea el commonpeople de Pulp, justo detrás, una pareja habla. Ella está embarazada. O gorda. Hace unos minutos le picó una avispa. Le dejó el aguijón clavado en el brazo. Gritaba de manera cómica y él la auxiliaba sonriendo con sorna. ¿Y yo? Yo estoy en mi hamaca. Tecleando. Gozando con el espectáculo sarcástico de este escenario y del concierto de las gaviotas. ¿Qué música le pongo a este momento? Le hago un gesto. Apaga el mp3 y me dice qué con la barbilla. ¿Qué está sonando ahora? “On the Sofa”, me contesta, con una sonrisa. Aún no he terminado de escribir y la oigo decir: “y ahora soy un pobre granaíno”. Pues ya tengo banda sonora. La madre despierta, la niña perdona al padre, la pareja sigue hablando mientras ella vuelve a la aventura de la avispa. Y ella chapotea en el agua estancada mientras las gaviotas van y vuelven con su cómico espectáculo de risas dramáticas. Y todavía suena soy un pobre granaíno. Si Jota estuviera aquí, esta escena se pervertiría de una manera tan divertida y salvaje que me excita y todo. “Y ahora Suede”, me dice. Pues ya está, se acabó el subidón y vuelta a la realidad de la piscina de hotel y una media tarde dulzona con espíritu pasivo. Y yo que me lo merezco.

Fjango Fjango!


Lo primero que me echó para atrás fue el nombre. ¿Django Django? No me jodas. Después, lo que leí o escuché en algunas revistas o en algunas radios. Porque cuanto más mayor me hago, más reparos tengo a lo moderno, sea lo que sea lo moderno. Mira para abajo y lee esa entrada que no tiene nada de gracia, ya verás cuál es mi enfermedad. La misma que tenemos todos más tarde o más temprano.
El caso es que remedio no tengo ninguno. Así que, al final, un día, me dije, ni creo lo que dicen las revistas ni lo que escucho en las radios ni lo que me evocan los nombres, prefiero seguir creyendo en mi limitado criterio. Enchufé el mp3 a mi rudimentario casette para automóvil y me pasé el viaje escuchando a Django Django, no me jodas.
¿Resultado?
Mereció la pena. Solo la introducción te pone en evidencia: sí, vas a entrar en la selva, pero en una selva más parecida a Pandora que a Tanzania. Yo lo leo al revés: esto es moderno pero no lo es. Viajamos a la luna en trolebús. Y el resto del disco es algo así. Así que yo me flipo con varias canciones, y una se me clava en el cerebro más que otras.
Luego se la pongo a ella en el coche.
Y me dice: está bien, pero un poco chapas, ¿no? Pues resumido. ¿Por qué me voy a comer más el tarro? Tarros que yo me como. Pero me vale. Y no. Porque a mí no me parece chapas. Y la escucho otra vez: “Wor” y hasta me olvido del nombre. Django Django, no me jodas.