sábado, 20 de octubre de 2012

Se gripó



No me ha dado tiempo ni a hablar de ellos, fijo, lo estoy haciendo ahora, pero justo para decir adiós, y eso no mola. Me hubiera gustado fingir que lo sabía todo de ellos antes, no ahora que los de Vallecas han dicho que se llevan al motociclón para el desgüace. Se les gripó el motor... de tanto usarlo.
Los tíos que quisieron, y lograron, "jevimetalizar el punk", han publicado una carta de despedida en la que confiesan que la juerga también cansa y que mejor se marchan antes de que degenere la cosa. Como siempre que ocurre algo así, parece que los que escuchamos o vemos no nos damos cuenta de nada: "¡pero qué me estás contando, si me crucé yo ayer con él y se le veía muy bien!" ¿Te suena? Pues se podía tunear para la ocasión: "¡pero qué me estás contando, si me oí entero el "Gentuza" ayer y sonaba de puta madre!" Solo los implicados conocen el proceso y el final.
Eso sí, como son de Vallecas y además dibujan cuernos con los dedos de la mano, son generosos hasta el último momento, y anuncian una gira de despedida. No hay detalles, pero los habrá. Y todo el mundo anda quitándose los cuernos de las manos, para recuperar el índice y cruzarlo con el medio y buscar así la suerte que lleve a los Motociclón a visitar sus barrios por última vez. Decir adiós de la mejor manera, como dice Robertez: cara a cara.
Aún parece que habrá una última oportunidad (para algunos la primera, lo confieso) de disfrutar del crapulismo, los solos de guitarras picudas, la verborrea de Robertez, los himnos de barrio y un buen subidón huracanado de rock and roll. Después, nos quedará la memoria, el vinilo... y los vídeos del youtube, donde, como en éste, también se recuperan otros iconos de una historia que, a veces, no sale en las enciclopedias, pero sí salía en las películas:

Advertencia: las imágenes corresponden a la película de Eloy de la Iglesia de 1983. En el youtube, te piden que actualices tu edad de nacimiento porque el vídeo incluye imágenes que pueden herir tu sensibilidad. Todo depende del calibre y el carácter de tu sensibilidad... y de tu fecha de nacimiento, claro. La mía se remonta a antes de que Eloy de la Iglesia paseara la cámara por Bilbao, pero su película también forma parte de mi educación sentimental. Si te enferman las debilidades y los trastornos humanos, no veas el vídeo, pero escucha la canción, que merece la pena. 


lunes, 15 de octubre de 2012

me la suda me da igual


 Jode tener que esperar el metro media hora, pero te da tiempo para buscar argumentos. Y ella encontró un argumento demoledor: con su último disco, hemos visto a los Porco Bravo como siete u ocho veces en directo. 

Eso, en principio, debería afectar a nuestra capacidad psicomotriz. Te pongo ejemplos. El otro día estaba leyendo una novela cualquiera y decía algo así como: "y él la miró de manera lasciva". En mi cerebro, algo se encendió: "se ve cual es tú papel", murmuré sin querer. Y la tía que tenía enfrente en el metro, se asustó. Otro ejemplo: tengo este rollo del curro y nos estamos fumando un cigarro en el patio y la compañera echa pestes de otro compañero y yo le digo que sí a todo. Luego le insisto, que me da igual, yo a lo mío. "Que haga lo que quiera", le repito. Y ella insiste, que si esto que si lo otro. Así que, al final, cantándolo y todo, la miro a los ojos y concluyo: "me la suda, me da igual".  Más: que estuve el otro día almorzando en un bar con una cabeza de jabalí disecada como decoración y tuve que agarrarme a la barra para resistirme a las ganas de agarrarla por el cuello, la cabeza, digo, y lanzarla de una patada al comedor del bar. Que entro al Dia y cuando veo el Lío en la cola me dan ganas de gritar: ¡Estáis cachondas!

Siete u ocho veces. Empezando por el yugo y terminando por la bengala. 

Y nuestras siete u ocho veces no son récord. Haberlos haylos que nos superan. Y preguntémosles a ellos, seguro que multiplican por cuatro para calcular los que nosotros no hemos visto. Argumentos abrumadores. 

Los Porco necesitan un descanso. Bajarse del escenario, entrar en el estudio, volver con más fuerza y más canciones. 

A) Eso te lo digo yo que de música entiendo lo que entiendo de raices cuadradas: que es muy difícil.
B) Por la razón que doy en A), los Porco harán bien en pasar de mí y hacer lo que les plazca. 
C) El otro día iba corriendo y vi un berenjenal, quise meterme, pero me caí en una acequia.

Ahora, en serio, si es que puedo. Mi poco criterio musical me da para considerar que en este último año el progreso de los Porco Bravo ha sido mayúsculo. Su directo ya era sugestivo antes del disco, pero el buen puñado de canciones que reunieron en Grooo!!! no hizo si no mejorar la manera de resolverlas ante el público. Se fue notando que, con el paso de los conciertos, siete u ocho, recuerda, los de Barakaldo se apoderaban de sus propias canciones para ensancharlas, complicarlas y hacerlas aún más efectivas. Ahora las dominan. Llegados a este punto, es la opinión de este donante de cerebro que más canciones no solo supondrían un repertorio más largo, si no que acabaría por colocar a las de ahora en su próximo nivel: capaces de encontrar su hueco entre otras que llegan para quitárselo. 

Dicho lo dicho, queda algo más por decir. Porque dicho lo dicho, parece que acabé descontento este sábado con el concierto en el que telonearon a Handsome Dick Manitoba y los suyos. Y no es así. Si todo lo de arriba parece crítica, habría que ser gilipollas para criticar un concierto redondo, efectivo y contundente. Habría que ser gilipollas para no reaccionar ante los cabezazos que daba Dean Rispler mientras seguía los guitarrazos de Asier Domínguez. Habría que ser gilipollas para no recordar a esos tres extranjeros algo extraviados que llegaron cuando aún no se habían encendido los marshalls, los perdí de vista, y los encontré de nuevo con los ojos excitados y sonrientes después de haber hecho de costaleros en las procesiones sacrílegas de Manu El Gallego. Habría que ser gilipollas para no coronar al primer grupo que ha tenido los cojones de surfear en el Antzokia. Surfear: mantenerse en equilibrio encima de una tabla especial que se desplaza sobre la cresta de las olas. Quita las olas y ponle público. Si lo hace el Jagger ya estaría actualizada la Wikipedia. Habría que ser gilipollas para desmerecer lo que otras veces hemos alabado. 

Después de ellos, Dean Rispler habló en euskera, Ross the Boss me acaloró el brío cuando puso la guitarra tiesa y escuché a Handsome Dick mientras, una vez más, bordaba su papel de predicador del rock and roll... y del Bronx. Para cuando estos tíos grabaron Go Girl Crazy! yo aún no había nacido, y más de treinta años después, se suben ahí y, abajo, yo parezco veinte años más viejo que ellos.

Para muchos de los que lean esto (es un eufemismo) que le dedique casi una decena de párrafos a unos, y solo un par de líneas a The Dictators (como encima lo lea Andy Shernoff, me monta un pleito), es como que gane el Real Madrid la Champions con tres goles de Cristiano Ronaldo y abra el Marca en portada con el empate del Athletic en partido amistoso contra la Cultural de Durango.

¿Sí? 

Me la suda, me da igual.

viernes, 12 de octubre de 2012

No Harmonica at Work

A veces pienso que me van a echar del curro un día de estos.
No será por escuchar a Five Horse Johnson en la oficina.
Pero, a veces, pienso que sí.
Me echarán porque no valgo.
O porque valgo mucho.
Pero no por escuchar a Five Horse Johnson mientras me quedo ciego
delante
del ordenador.
Pero, a veces, yo pienso que sí.
Y cómo voy a resistirme
si tengo
la mesa llena de papeles que no entiendo
y parpadea la pantalla
y si no me meto tralla
un día de estos me van a encontrar tieso
con la mano en el ratón
y el cordón
rodeándome el cuello.
Si no dejo
que Johnson y sus cinco caballos
galopen por mi oficina,
me dediquen un solo de armónica,
me movilicen la fibra
voy a acabar por arrojarme al vacío
y eso que las ventanas de la oficina no se abren del todo.
¿Por qué?



El cielo nublado



Seis y media de la mañana y aunque aún no haya amanecido, se ve el cielo nublado. Y el asfalto húmedo. Camino como si me diera más pena que pereza. Advierto los huecos: espacios donde en otro tiempo, había gente. Ahora tienen rutinas desempleadas. 
Sigue el quiosco iluminado. Se ve la plaza turbia. Las sombras se desperezan. La lluvia dibuja faralaes sobre los círculos de luz de las farolas. Y como no tengo ganas de trabajar, mi espíritu le infunde aún más pesadumbre a una mañana cualquiera en un día laborable vulgar cuando el trayecto urbano hasta mi plaza de garaje privado se convierte en una repentina oportunidad para brindar por mis miserias. 
Y entonces, la música que suena, me pega un calambrazo:


Ese estribillo del comienzo, como si tuviera una soga al cuello, me lleva de un tirón quince años atrás, cuando sobrevivía con la urgencia y la desesperación propia de mi edad, ajeno al optimismo, presa de la rabia y la indignación, de esas energías adolescentes mal encauzadas. Me posa, como si me vomitara después de fagocitarme, en medio de una pista de baile improvisada en el centro de un bar diminuto con serrín en el suelo, mucho humo, olor a humedad y un montón de siluetas que como yo, tienen más pelo, menos kilos, más elasticidad, menos ganas de estarse quieto. Y todos bailamos, movemos la cabeza, gritamos, nos golpeamos los unos con los otros, nos desvanecemos al mismo tiempo que nos hacemos corpóreos. Yo qué sé. Así que voy con el fall in, fall in en la cabeza, en el presente de madrugón que me traslada al pasado de madrugada, y ver a una mujer de mediana edad atareada limpiando un portal, me arrebata de la misma manera, pero me convierte la bilis plomiza en un chute de adrenalina que, no te confundas, para cuando llegue al garaje, ya me he cansado de luchar contra la mediocridad. 

Pero llego al coche. 
Y aunque había dado por sentado que me gustaban más los discos anteriores de Cloud Nothings, cuando Baldi pasaba de tener compinches si no era necesario, le doy otra oportunidad a los de Ohio porque hoy parece que me han salvado el día inoculándome el fall in, fall in en el coco. Y vuelve a ocurrir. Aunque esta vez no viajo en el tiempo. Lo hago en el espacio. Arranco, salgo del garaje, empino la cuesta, cruzo semáforos, libro las rotondas, supero la circunvalación, sus obras y sus misterios, llego a la autopista, me cubre la oscuridad y le doy al play. Y "Wasted Days" me sostiene en el presente, me devuelve a aquí y a ahora. Y cuando llega al tercer minuto y creía que lo había entendido todo, pierdo la noción, abro más los ojos, manejo el volante, uso los itermitentes, pero mi mente ha cogido la salida y durante los próximos cuatro minutos viaja por un limbo entre lo freudiano, lo kafkiano, lo proustiano, lo baldiano, lo garciano, lo messiano, lo osinagaiano, mariscaliano, marciano, iano, ano, no, o. El último minuto, no puedo evitarlo, reduzco, busco la cobertura del carril de la derecha, y golpeo tantas veces como puedo el volante mientras lo intento también con mi cabeza.


Y cuando termina... 
... digo buag. 
Y la vuelvo a poner. 
Para entonces, la señora ya habrá terminado de limpiar el portal. Los huecos seguirán vacíos. La ciudad ya ha empezado a despertar. Yo estoy apunto de entrar en otra y empezar a vacilar, a oscilar, a levitar, a malgastar mis días, aunque solo con estas madrugadas, merezca la pena hacerlo.