viernes, 21 de diciembre de 2012

Actualidad en los 70



Esta canción es de los setenta. Uno de los hermanos Hackney falleció, no pudo ver cómo Drag City Records recuperaban sus canciones en 2009. Los otros dos hermanos aún siguen, según wikipedia, viviendo en Vermont y tocando en una banda de reggae. Cuando escribieron esto, aún vivían en Detroit, eran jóvenes, se nota, pero, joder, si lees o escuchas atentamente, parece que lo que dicen lo podría suscribir mucha gente hoy en día. Mi sensación cuando entro a los bares y pongo la oreja, es que la mayoría de la gente tiene la misma opinión que los hermanos Hackney compartían hace más de 30 años. Si eso no te interesa, déjate llevar por la música, 30 años más tarde, esa línea de bajo se sigue bailando como si estuvieras entrenando los ganchos contra un saco de boxeo. 
Hace tiempo, Mike Rubin comentaba en el New York Times que estos tíos fueron punkies antes de que existiera eso. Yo aún sigo intentando averiguar si lo que me ha tirado al suelo han sido los redobles de batería o un guitarrazo por la espalda. Lo pone ahí abajo, pero por si acaso: Death, Politicians in My Eyes.


jueves, 20 de diciembre de 2012

Drive-by-bloggers

Este video ya lo he puesto antes.
Lo colgué porque aparece alguien vestido como alguien. Uno se murió (o quizás no) antes de que yo pudiera llegar a conocerle, al otro alguien le llegué a conocer y por eso colgué el vídeo.
Ahora, vuelvo a hacerlo, y solo había una razón en el principio: ayer estábamos esperando nuestro turno en la fotocopistería y había un anuncio de un autónomo que se ofrecía a arreglar guitarras. Yo le pregunté si le había hablado del video y como cabeceó de izquierda a derecha, acabé hablándole de él de todas formas. Le prometí que lo colgaría en el blog y así podría verlo, aunque no creo que deje de comer si acaba por no verlo, pero bueno.
Yo lo cuelgo.
Además, en el final, apareció una segunda razón: esta mañana conducía en la espesura oscura de la autopista mal iluminada y no acababa de transportarme lejos la canción que cantaban los Tame Impala. Me puse a pensar en cosas, que no es un plural que signifique mucho pero sí variado, y entre tanto me acordé de lo que prometí ayer entre olores de tinta fresca y motores acalorados. Me lo apuntaba en la agenda mental que llevo tan mal como la electrónica que no tengo, cuando me acordé de algo que sucede en el video y que veréis cuando la guitarra empieza a estar terminada y empieza con la decoración, y entonces me acordé mejor de la canción y recordé una línea que deslizó, como quien no quiere la cosa, en esta canción, Mike Cooley, el guitarrista, sonriente al final del vídeo con su guitarra en la mano. Y no es para manos, una guitarra fabricada por Scott Baxendale y con diseños decorativos de Wes Freed. Baxendale pasó por Kansas, Nashville y Texas, antes de instalarse en 1998 en Denver, Colorado, y abrir la Colfax Guitar Shop que aparece en el vídeo. Antes de eso, arregló guitarras a gente como Johnnny Cash, Hank Williams Jr. o Elvis Costello, se las hizo a clientes tan reputados como Willie Nelson, Dave Alvin o John Mellencamp y ahora cuenta con clientes que se equiparan o incluso superan en fama a Cooley y sus Drive-by-Truckers: Justin Townes Earle, Johnny Depp o Henry Rollins Band por nombrar a tres. Wes Freed, por su parte, amén de ser actor e intentarlo hasta hace unos años con la música (y un fanático de la NASCAR) es también el responsable de la estética de los álbumes de Drive-by-Truckers, reconocible casi con los ojos cerrados. 
Pero me he perdido. Hablaba de una frase, una línea que decorará la guitarra y ha decorado desde 2008 esa canción: "I used to hate the fool in me, but only in the morning. Now I tolerate him all day long." Que si se me permite una rápida y torpe traducción, vendría a ser: "Antes odiaba lo imbécil que soy, pero solo por las mañanas. Ahora he conseguido soportarme de la mañana a la noche." Sí, torpe y demasiado rápida, pero se pilla. 
Y pillo carrerilla y me quedo manco de lo intenso que me pongo porque me dijeron que el secreto para ser feliz era aprender a aceptarse a uno mismo, averiguar cómo quererse si se puede, y me vas a perdonar, pero a mí me cuesta lo mío, aunque le ponga brío e interés, porque me veo en el espejo, o me oigo hablar, o releo lo que escribo, o me pillo en un renuncio, o me cuento las mentiras, o me tiño los defectos pero sigo viéndolos, y me cuesta aceptarme, así que no te cuento quererme. Cooley no lo pudo decir mejor en un par de frases que contienen más que lo que cabe en menos de un par de docenas de palabras. 
Dos razones, una al principio, otra al final, para volver a escuchar, en el momento más oportuno, el "The Perfect Timing" de Drive-by-Truckers:


jueves, 13 de diciembre de 2012

Toni Monserrat



Yo esto no lo sabía, porque, vaya por delante, confieso mi ignorancia en lo concerniente al rock and roll facturado en Mallorca. Y ya puestos a confesar, hace falta valor para abrir la entrada con una frase que incluya "concerniente" y "facturado" en veintidós palabras (encima las cuento). Vuelvo a la música: Sexy Sadie, sí, claro, y hasta Sterlin, incluso L.A. o si me pones una pistola de agua en la cabeza, te digo que sí, que he oído hablar de Astrolabio y de Paul Zinnard, y hasta de Odette, pero ni idea de que venían desde las Islas Baleares. 
Ahora mismo, y aprovechando el bandcamp, estoy escuchando a Son & The Holy Ghosts, que también vienen de allí aunque parezcan provenir de un paraje desértico donde el estepicursor rueda en libertad. No son los únicos, porque también a Toni Monserrat se le nota la marca del stetson en cómo se le abulta el pelo en la nuca, y exagero, por supuesto, pero luego me explico. Volvamos, ahora, a lo de la ignorancia. 
Porque a Toni Monserrat le llegué a conocer, aunque no fuera por la música. Fue por culpa de los indios y los vaqueros, y los crooners académicos que se desbocan durante los postres. Pero eso nos lo guardamos para recordarlo cuando nos emborrachemos, ahora nos quedamos con que conocerle le conocí. Eso sí, ignorante de mí, no sabía que hablaba con aquel que cantaba lo de "Al sur de la carretera de Manacor" que luego he aprendido que poco más que fue un himno entre los aficionados al rock and roll de la isla. Todo eso lo he averiguado hace como quien dice dos días. Sabía que a Monserrat le debían 38 pavos, pero ni idea de que él era el asesino del granero o que venía del profundo sur. O sin grandilocuencias pretenciosas: no sabía que formó parte de Murder In the Barn o de The Deep South. Si lo hubiera sabido, no habría cambiado mucho, pero, por lo menos, le hubiera pedido que hiciera alguna versión de The Long Ryders.
Toni Monserrat publicó en Junio de 2011 su álbum 38 Bucks. A su nombre, le añadió las siglas Inc, que ya sabemos que abrevian la nominación de una corporación en los nombres comerciales, pero aquí no quiere más que señalar que Monserrat no es un juanpalomo e incorporó a un buen puñado de colegas para que le echaran una mano. A saber, Simó Vall a la guitarra, Jaume Amengual a los teclados y el piano, Felipe Sánchez al bajo y Jaume Roig a la percusión y batería. Y no venían de estar sentados en el parque haciendo pira, porque, el que no colaboró con Monserrat en alguno de sus anteriores proyectos, ya mencionados, es porque estuvo en otros como BB Sin Sed, Sterlin, Misty Mountain, Sinfónica... o en más de uno a la vez. Es decir, que hay currículo. Por si acaso con ellos no era suficiente para decorar la habitación, Monserrat llamó por teléfono y contrató a una buena cuadrilla de escayolistas para ponerle unas molduras bien chulas al techo: Jason Ringenberg, sí, el de Jason & The Scorchers, Tim Easton o los hermanos canadienses Minnikin, Ruth, ex-The Heavy Blinkers y Gabriel, ex-The Guthries, donde también estaba la hermana, colaboran, marcándose duelos vocales a pecho descubierto o tocando lo que haga falta, pero sin magrear.
Easton colabora en la canción que da título al disco "38 Bucks", una historia de amor que en realidad habla más sobre lo que duele manejarse entre la esperanza y la inercia, probablemente la canción más redonda del disco, con un estribillo que marca el derrotero de la canción y de todo el álbum: imágenes sencillas pero potentes que trascienden su aparente trivialidad. Los hermanos Minnikin lo hacen en "Caroline", la canción más rica en instrumentación, con más juegos melódicos, aunque siga un patrón convencional y homenajee la tradición lírica americana de cantarle a mujeres que hicieron bien con darle al cantante un portazo en las narices. El gran Ringenberg, por su parte, se apunta a un combate amistoso en el que, seamos sinceros, gana a los puntos. "Johnny Supermarket" tiene un aire más country que el resto del disco y cuenta una historia que ya hemos oído sobre viajes desesperados y personajes que luchan contra un destino anodino. 
De todas formas, con eso que dije del stetson, igual pensáis que os vais a encontrar con un imitador de Slim Dusty, y poco hay aquí de eso. Aquí, las raices ya han pasado por el cowpunk, y el día que Dylan se enchufó la guitarra, y han superado las magníficas visiones de Jeff Tweedy cuando era un jovenzuelo. A esas tres canciones, se les suman otras diez que siguen un patrón económico, piano y guitarra acústica sobre una base rítmica muy sencilla, resolutivo, menos de cinco minutos, y evocador, historias aparentemente recurrentes que desprenden misteriosos significados ocultos. Le he oído decir por ahí a Monserrat, y a otros que hablan de él, que era su disco más personal y sincero, por eso, aunque escuches historias de amor en sus diferentes versiones, de pérdida, de ruptura, de culpabilidad, de nostalgia, de esperanza, en realidad, se perciben sentimientos más universales aún que el amor (si eso es posible), como la rebeldía desesperada contra nuestra propia molicie, la eterna lucha entre la voluntad de descubrir y la seguridad de lo que ya descubrimos, la atracción de la imaginación y la brusca conciencia de la realidad, la soledad y la nostalgia como un abrigo sin botones en un día de viento helador (joder, me gusta esta comparación, ¿hago mal en decirlo?, advierto, no tengo copyright, así que, al saqueo). 
En resumen, el disco descubre una apuesta extrema por la sencillez con el ánimo de regresar al instinto más primitivo en el que la música divertía, pero también trascendía y despertaba. Alguno igual se duerme, porque trasnocha, o porque le hipnotiza el ritmo del piano, pero otros, como yo, disfrutarán con los estribillos, algunos apenas esbozados pero reconocibles, las inflexiones dylanianas de Monserrat, y sus historias, incluídas las cartas, que recuerdan al mago de Portland al que tanto le gusta lo que en el Oeste llaman comida vasca, Willy Vlautin. Si mezclas todo eso con bourbon, yo me atrevo hasta a montar en el rodeo.
Un gran trabajo. Para escuchar el disco, si no podéis comprarlo, visitad su badcamp: tonimonserrat. Y para ilustrar esta entrada, no he conseguido ningún vídeo de ninguna de estas canciones, pero, al no haber más, cuelgo un par de vídeos: el primero, Toni Monserrat versionenado a The Ramones, el segundo, Toni Monserrat Inc con Tim Easton tocando una canción de este último, "Northbound".

Con The Ramones:



Con Tim Easton:


martes, 11 de diciembre de 2012

Internet es más angosto que las Cuevas del Drach

Estoy preparando otra entrada que publicaré pronto. Si no es hoy, será mañana, y si no, el mes que viene, pero pronto, al fin y al cabo. El caso es que preparándola, me he calzado mis diez minutos de caprichoso asueto arqueológico en el youtube. Y me he encontrado con esto. Y he viajado incluso más lejos que Mallorca. Entre ambas canciones, hay casi diez años de diferencia. Y, desde la última, casi que otros diez hasta hoy. Las dos las canta la misma persona: ahí tienes la ligazón. Una, a mí, me transporta, vía salto en el tiempo, hasta las casetes de cinta magnética, la angustia adolescente y los chupitos aquellos en un tugurio multicolor y de ambiente familiar que compartía nombre con una revista de música alternativa (un dos tres, no respondas, que yo también lo sé). La otra, la más joven, tiene un aroma a esas mañanas de domingo lluvioso cuando aún no habías llegado a casa y no querías hacerlo, y paseabas por la calle, intentando evitar el convencimiento de que estabas haciendo el ridículo, la certeza de que hacía mucho tiempo que los sábados por la noche ya no eran el lugar donde ibas a encontrar lo que buscabas. ¿Sabes el aroma del que hablo? Es a lo que huele tu conciencia cuando va más rápido que tu apetito y se gripa, es a lo que huele lo que se pudre cuando empieza a transformarse porque no se destruye, y nos cuesta darnos cuenta y aceptarlo. Es a lo que olían las paredes húmedas cuando ibas de una a otra en esas mañanas madrugadas y lluviosas. 
No me digas que, mejores o peores, no hay nadie ahí fuera que comparta conmigo estas canciones.
La otra entrada, pronto, si no es el mes que viene, el próximo. O mañana mismo. 

1996 Sunflowers



2005 Sterlin