martes, 31 de diciembre de 2013

Promesas musicales para 2014 y una nota de gratitud...

... una nota de gratitud para todos aquellos que, por alguna oscura razón, habéis perdido el norte y habéis caído en el pozo sin fondo de este blog. Para todos aquellos que en 2013 habéis visitado este tugurio, muchas gracias y feliz año nuevo si es que el cambio os importa lo más mínimo. Si vais a celebrarlo esta noche: ¡mucho punk, mucho rock, mucho pop, mucho brindis, mucho amor y mucho de todo otro tipo de substancias que necesitéis para celebrarlo! 
   Yo solo deseo que 2014 sea tan jodidamente musical que la banda sonora de nuestras vidas siga siendo tan diversa como el paisaje que se ve desde un avión cuando haces un vuelo transoceánico. La música no cambia el mundo, no hace revoluciones, pero todas las revoluciones, todo lo que ha cambiado el mundo alguna vez, produjo una música tan celestial que... aunque no sirviera de nada, sigue resonando en nuestra cabeza. Como decía Oriol Llopis en algún sitio, cuando recordaba todo lo que guarda en su memoria sobre sus experiencias musicales... a nadie le importa, pero, en algún momento, toda esa gente fue importante para alguien. Pues eso, que el 2014, siga siendo otro surco en el vinilo. 
   Deseos:
   - Que los músicos puedan seguir escribiendo canciones. 
   - Que toquen en la calle, y en los bares, y en los teatros, y en las catedrales, y en los estadios de fútbol. 
   - Que los himnos sean pop. 
   - Que, en este blog, el tío que lo escribe sepa comedirse y deje de contemplarse el ombligo. 
   - Que, como decía Richard Katz, en cualquier lugar del mundo, sigan apareciendo críos que se crean que acaban de descubrir la música con solo tocar un riff. 
   - Que no muera nunca el punk. 
   - Que el garaje siga abierto 24 hours. 
   - Que el soul sea el alma de la fiesta. 
   - Que el pop haga pop y ya no haya stop. 
   - Que el heavy siga siendo más fiero que el metal. 
   - Que alguien se invente ya mejores versos porque yo no puedo seguir escribiendo poemas tan malos. 

   Promesas:
   - Una: seguir pensando que merece la pena incluso cuando no lo merezca. 
   - Dos: oír acordes donde solo hay silencio. 
  - Tres: siempre creer que uno es lo peor y, al mismo tiempo, la mejor versión de uno mismo. O intentar no serlo y, al mismo tiempo, serlo.

Happy music Xmas!
¡Feliz año sonoro!
Urte abesti on!
  

viernes, 27 de diciembre de 2013

Xmas riddle

Una adivinanza: ¿qué película vi anoche?
La primera canción que cuelgo aprovechando el youtube cierra la película. La segunda canción que cuelgo, igualmente aprovechándome de la capacidad de archivo de la susodicha página de almacenamiento de vídeo, abre la película. Ambas canciones son mundialmente conocidas, y, ambas canciones, aunque una esté llena de referencias bíblicas y la otra sirva de homenaje a un montón de amigos del compositor que murieron jóvenes, son dos canciones que, por lo menos al que escribe y ve películas, le ponen la piel de gallina (como cantan en una).
Había pensado traducirlas, pero las referencias al apocalipsis de Johnny Cash me dan pereza y el lenguaje extremadamente coloquial de Jim Carroll me obliga a recular. He elegido vídeos donde se puede seguir la letra. Si tenéis la suerte de entenderlo, enhorabuena, si no, dejaros llevar por la música, porque, en ambos casos, el ritmo simple pero tajante, produce un efecto balsámico, casi irreverente, que mitiga toda la carga trágica de la letra y celebra la vida más que la muerte. Por mucho que lleguen jinetes y resuenen trompetas, por mucho que lamente la historia de Teddy, Bobby o Mary, las canciones que les dedicaron Johnny y Jim a mí me producen más esperanza que lamento.
Ahora, la pregunta era otra: ¿qué película vi anoche? Al primero que lo acierte (o a todos los que lo hagan), si coincidimos esta nochevieja en algún tugurio y alguien tiene a bien que los astros se alineen y suena alguna de estas dos canciones, la ronda va a costa de Fiasco Fiasco!!




sábado, 21 de diciembre de 2013

Ni lo mejor ni lo peor, sino todo lo contrario, de 2013



Que sí, si es que es más de lo mismo. A pocos días de que se vaya el 2013, si me preguntas ahora, o luego, te digo que yo mismo tiro de la cadena y que se vaya por el retrete. No soy muy amigo de ponerme a mirar pa'trás, pero lo hago, como todo el mundo, y me da vértigo, claro. Tampoco ha sido un año tan malo, estoy seguro. Seguro que si me pongo moñas, me pongo gafas, y me pongo serio, echo un vistazo al retrovisor y veo tantas cosas que placen como las que me han obligado a maldecirlo. Eso de los annus horribilis solo existe en las familias reales, porque la turba no sabemos latín, ni falta que nos hace.
El caso es que, en esto de la música, es temporada de setas, algunas alucinógenas (y alucinantes), la mayoría pedo de lobo, la verdad. Es temporada de listas de lo mejor de y lo peor de y de sentirse viejo, no por el recuento, si no porque me pone nervioso la poca capacidad de retentiva que tengo. No recuerdo lo que he escuchado, no sé en qué año se publicó, ya no sé si los conciertos los vi este año o hace dos. ¿A vosotros no os pasa eso? Y ves todo ese esfuerzo enciclopédico de las revistas especializadas, los programas radiofónicos y los expertos verborréicos y un pelín de envidia ya dan, que uno no es capaz ni de recordar los títulos de los álbumes. Quizás también es porque, al fin y al cabo, he escuchado más a The Remains, The Dream Syndicate, The Ruts, Neil Young o Fugazi (por poner cuatro, que ha habido más y de otros palos) que a los que han tenido la fortuna de publicar disco en el año primero según Bárcenas.
En fin, a lo que vamos, que vamos a un lugar oscuro y poco aireado: que, al final, he hecho el esfuerzo. Y aunque miento los grupos y sus discos, porque alguno cae, y aunque es de manera caprichosa, porque ha habido más y mejores (pero no me iba a poner a remontar más de trescientos días), ésta es mi lista de los diez mejores momentos musicales del año 2013. Por supuesto, no es una lista cualitativa de publicaciones, no hablo solo de discos, no es nada que haya recapacitado ni pensado en profundidad, no tiene criterio, es subjetivo, es personal, es absurdo y caótico. Pero es un acorde más en la escala musical de esta sinfonía bloguera. Ahí va:

1. Meeting Mike Farris
Esto no va por orden, pero podría estar en el primer puesto si fuera así, sí. No recuerdo en qué cayó, ni quién calló, pero mereció la pena todo el día, desde la mañana hasta la noche, y eso que lo empecé enfermo y lo terminé peor, pero feliz. El dueto Farris-Perru aún permanece como un documento de incalculable valor en mi teléfono móvil, lástima que sea tan jodidamente torpe que no consigo sacarlo de ahí.
2. A hundred miles
O 160 metros, si haces la conversión. Se podrá hacer mejor o peor, pero cualquier proyecto que intente reclamar la atención que merece la música popular como agente social con relevancia cultural, sin ombliguismos ni paternalismos, merece un puesto entre lo mejor del año. Además, yo creo que está bien hecho. Así que, como dicen los anglófonos, ya que he usado su lengua para decorar la lista, un "must": 160 metros, una historia del rock en Bizkaia.
3. Comeback Band of the Year
Uno de los grandes momentos del año fue tener la oportunidad de poder ver, de nuevo, en directo, a los Paniks. Con nuevo y barbado y diestro guitarrista, no fue una si no dos las veces que pudimos verles sobre la tarima y ambas merecieron la pena y les ganaron un puesto en esta sospechosa lista.
4. North by Northeast
Ya lo conté en su día, orgía de conciertos en fiestas del pueblo. Conciertos de los que no salen en los libros ni en las listas de lo mejor de, excepto en ésta. Nuevamente, un hooray!! para los culpables, los dueños de los bares, en especial, mención sin parangón para El Tubo y sus dos apandadores, el Cuervo y el Rock eta Golak. Gil Rose, Los Dalton, Miopía, The Erasers, 4 Tragos, Putakaska, Doctor Maha's Miracle Tonic y unos cuantos más que hicieron que la fiesta empezara temprano y a buen ritmo.
5. Fuck Food, Fuck Green, Rock Save Vitoria-Gasteiz!!
Se está convirtiendo en tradición y con el tiempo gana más que el vino. Sobre todo, cuando lo comparas con otros festivales que visten ropa de marca y fulares al cuello. Ni capital gastronómica, ni jrin kapital, ni leches, por unos días, el Azkena Rock Festival convierte a la ciudad donde se hace la ley en capital del rock and roll y el par de días en que te olvidas de todo lo demás son como un remanso de paz en el que hacer cuernos es como un grito de alivio eterno. Este año, el año en que Modest Mouse nos dejaron con las ganas y los Smashing Pumpkins con las ganas de no haber ido, triunfaron Los Enemigos, Sex Museum y The Black Crowes. Por supuesto, los mejores momentos tampoco tuvieron mucho que ver con el festival: paseos en furgoneta, invitados en la ducha, festín al sol con godello de regadío y mini-conciertos para llevar en las mañanas apacibles de los parques públicos.
6. Reading'Bout Music
Los pocos libros que leí este año sobre música fueron buenos. Postales negras de Dean Wareham, Barakaldo Revienta de Gotzon Hermosilla, Blind Singer Joe's Blues de Robert Love Taylor, La magnitud del desastre de Oriol Llopis y un Cajas de música difíciles de parar de Carlos Prieto que, por cierto, me he leído dos veces. No sé si todos, alguno o ninguno de ellos fue publicado en 2013, pero yo los leí durante un año en el que, sin calcularle el contenido musical, lo mejor que he leído (si me apuras, igual ninguno es de este año) ha sido el Freedom de Jonathan Franzen, Intemperie de Jesús Carrasco, The Lonely Polygamist de Brady Udall, Lean on Pete de Willy Vlautin, ¿Eres mi madre? de Alison Bechdel o The Toughest Indian in the World de Sherman Alexie, que recuerde ahora, y, sin duda, la mayor alegría comercial (y más merecida) ha sido el éxito editorial de Yo fuí a EGB, resultado en papel de la aventura digital de Javier Ikaz y Jorge Díaz que, ya he dicho que se lo merecían, pero es que rima con el apellido de Jorge.
7. Cyclonebike Will Never Die
Motociclón anunció que decía adiós y para celebrarlo, el 1 de Junio la gira llegó a Bilbao en un concierto compartido con sus colegas de Porco Bravo. No sé si estuvimos invitados, pero si no fue así, colarse en la fiesta fue una gran idea. 
8.The Yest of the Bear
Sin ton ni son, no son todos los que son, pero estos son algunos de los discos de 2013 que sí he oído y que sí he disfrutado: I See Seaweed de The Drones, Todo roto de Wau y los Arrrghs, Healing the Soul de The Riff Truckers, León Benavente de León Benavente, Dualize de LA, Troube Will Find Me de The National, Pequeños trastornos sin importancia de Julio de la Rosa, Eurie de Belako, You Were Right de Brendan Benson, Death Letter Jubilee de The Delta Saints, Pokey LaFarge de Pokey LaFarge, De palmas y cacería de Pony Bravo, Once de Last Fair Deal... Sí, me he encargado a conciencia de que ni Arctic Monkeys, ni Arcade Fire, ni David Bowie, ni Daft Punk estuvieran en la lista, no sé por qué.
9.  Who's...
... Willis Drummond, anyway? Pues no lo sé, pero los conciertos de estos tíos merecen la pena y se han llevado, ahora que está de moda este tipo de trofeos, la Pedalera de Oro al mejor del año. El Micro de Oro al grupo que más hemos visto en directo, no podía ser de otra manera (más aún con el letargo que tanto sufrimos de Atom Rhumba) se lo llevan unos Porco Bravo a los que no les damos la Pedalera por cambiar un poco, pero podrían habérsela llevado, igual que unos Doctor Maha's Miracle Tonic a los que hemos visto por la mañana en las afueras de un estadio de fútbol, por las noches junto a una txozna, en escenarios como dios manda, en el vestíbulo de unas viejas escuelas de un barrio obrero y no sé en cuántos más sitios. En la variedad está el susto, por guspuesto.
10. Rest in Peace
También la de Manolo Escobar, claro, pero lo peor del año ha sido tener que decirle adiós a gente como Lou Reed, Josetxo Ezponda, Ray Manzarek, Jeff Hanneman, JJ Cale, Fernando Argenta, Junior Murvin, Bobby Parker, Bebo Valdés, Clive Burr... Y, por supuesto, aunque no fueran músicos, James Gandolfini o José Luis Sampedro por mencionar a alguno más. Y hay más cosas tristes que nos ha dejado el 2013, como los bares que cierran, los conciertos que no se hacen, los discos que no he oído, la música en televisión o que, ahora, para tocar en las calles de Madrid haya que pasar un examen.Tiene coña la cosa. Pero no quiero terminar con desgracias, así que, digamos, que lo más gracioso del año, para uno que no tiene mucho sentido del humor (según tú) han sido los Obituarios de Chichinabo de Joaquín Reyes y, ya que lo menciono, también la reciente pérdida de la virginidad de Enjuto Mojamuto (esto me lo han contado, entre risas que merecían un puesto aquí, porque yo aún no lo he visto). 

Y cierro con un vídeo, y como en la lista puse el Once de Last Fair Deal, que he disfrutado a última hora del año y por el bandcamp, pongámosle la rúbrica a esta entrada con el vídeo que se curraron para la canción "Nobody", que, si no me equivoco, es la segunda de su reciénsacadodelhorno nuevo disco. Y con esto y un bizcocho (relleno de ron y pasas) hasta el año 2014, que volveremos con más desorden y menos propiedad. ¡A seguir en la clandestinidad!


miércoles, 11 de diciembre de 2013

St. Farris and the Broken Bones



Si Nacho Vegas escribió aquella canción que cautivó hasta a Enrique Bunbury, ya sabes, "El hombre que casi conoció a Michi Panero", yo puedo decir que, sin el casi, hace unos meses, conocí a Mike Farris. 
Es una experiencia que me he guardado para mí mismo, para mis momentos íntimos, cuando descorcho una botella de cinzano bitter, me pongo el liguero y me escurro debajo de mis sábanas de raso para leer poemas de Kenneth Fearing. Se me ha puesto la piel de gallina solo de pensar que eso pudiera llegar a ser cierto. En fin. 
El caso es que no he hablado aquí de ello ni voy a hacerlo. Fue un día maravilloso, en el que la música de raíces americana se fundió con el paisaje rural de las vascongadas, nos reímos, nos sacamos fotos que no están en instagram (no sé ni cómo escribirlo) y acabamos amando más la música si cabe y los momentos más nimios que forman una biografía, porque, en realidad, son los más trascendentales. Lo dejo ahí. Solo añadir que fue todo gracias a cierto agraciado cantante de la margen izquierda cuya verborrea entusiasta y anfitriona me costó traducir un mundo al inglés. Siempre le deberé que, ya que no pude hacerlo con Michi Panero, me diera la oportunidad de consolarme conociendo a Mike Farris. 
El caso es que, en esas, estábamos comiendo, cuando la conversación torció hacia lo inevitable: la música y el inventario de bandas que uno y otros escuchábamos. No es nada nuevo, pero, aún así, sorprendió, como casi siempre, oírlo de alguien que vive en Nashville. Entre la batería de grupos que le íbamos soltando a bocajarro, había muchos de los que él no había oído hablar. Y sorprendía, pero como digo no es nuevo, que haya grupos americanos recientes, más aún cuando hacen música que podríamos llamar, puramente o con cierto tono bastardo que siempre funciona muy bien, autóctona, que conozcamos nosotros, aquí, en la "vieja y jodida prostituta" Europa, antes que en sus países de origen. A Perru Trucker, que también estaba allí aquel día para gozo de los presentes, le dejó boquiabierto, primero, que Mike Farris hubiese escuchado sus canciones mientras viajábamos de la margen izquierda al interior para encontrarlos con él, segundo, que le hubieran gustado, y tercero, que dijera, con total naturalidad, que la música que hacían ellos, allí, ya no la hacía nadie. El bueno de Perru, a mi vera, me preguntaba: "¿qué ha dicho, qué ha dicho?" Y cuando yo le traducía, contestaba: "No jodas". Como he dicho ya unas cuantas veces en este párrafo, sin mucho sentido, de alguna manera, no sorprende, pero no deja de sorprender. ¿No le pasa lo mismo a Woody Allen?
Pero entre todos los grupos que anduvimos lanzándonos como bolas de nieve, Mike nombró a uno que, a su entender, iba a ser el próximo éxito que alcanzara a cruzar el océano. Vienen de los callejones más oscuros de Birmingham, Alabama, escriben un soul sodomizado con todo tipo de influencias, se apoyan en una voz arrolladora que a algunos quizás les parezca extremada y, a otros, más sabrosa que la canela en rama, y están, ahora, en pleno proceso de finalización de su primer disco. Grabaron un EP antes que fue un relativísimo éxito y se han encargado de patearse medio país, abriendo para gente como Jason Isbell o cerrándose a sí mismos, y, puede que formen parte de un revival que no les haga nada originales, o que, a otros, les parezca que su sección de viento, su mordiente melódica y su infantería eléctrica, les haga sonar a un melánge auténtico que viaja desde Otto Redding hasta los bollos más recién sacados del horno. Eso queda para gusto del consumidor. Aunque, palabra de Mike Farris...
No es que quisiera adelantarme a nadie, marcarme un farol, o aprovecharlo de disculpa para ninguna otra trifulca que no se me ha ocurrido aún. Simplemente, necesitaba que pasara rápido el tiempo antes de meterme a la ducha, afeitarme, y salir de viaje, y se me ocurrió ponerme, a pesar de ser las ocho de la mañana y que algún vecino me mentara los muertos, algo de música, y como la mente es más caprichosa que un niño malcriado, pues el primer nombre que me vino a la cabeza fue el de este grupo encabezado por un cantante rotundo que decían que iba para seminarista pero se dejó pervertir por su amor a las canciones de Tom Waits. Os dejo unos cuantos vídeos de youtube, cuelgo una foto que haya encontrado en el google images (aparentemente, proviene de rockforward.wordpress.com), y yo me piro a donde Wert arroja la toalla. Cada uno, a partir de aquí, que tire lo que pueda y que baile como le plazca... Por cierto, no lo he dicho, se llaman St. Paul and the Broken Bones:






martes, 3 de diciembre de 2013

FIASCO PRESS!: Javi Pano





Vuelvo a comenzar una nueva sección de este blog con la obligada introducción. Como hice con FIASCO FICCIÓN!, os recuerdo que en su día amenacé con empezar a publicar obras de ficción y entrevistas a personas relacionadas, de alguna u otra manera, con la música. En su día, presenté la etiqueta FIASCO FICCIÓN! y prometí que ya no volvería a acompañar cada publicación con prólogos aburridos. Igualmente, ahora que me propongo publicar la primera entrevista, presento la etiqueta FIASCO PRESS! y prometo, otra vez, que, de aquí en adelante, no volveré a prologar las próximas entrevistas. Así que, ya lo sabéis, a partir de ahora, cada vez que en una entrada veáis que ésta comienza con la avanzadilla FIASCO PRESS! deberéis saber que lo próximo que le acompaña es el nombre del protagonista al que entrevistamos en este blog. Y dicho todo esto, vamos a lo que interesa, la primera entrevista, en profundidad, por supuesto, que alberga este blog.

Él sabe, porque se lo he dicho yo, que no era el elegido para protagonizar la primera entrevista que realizara en este blog. Tampoco es que tuviera un candidato imperativo. Simplemente, en su día, porque la cabeza sí que funciona de manera inescrutable, se me ocurrió alguien, pero la agenda y el ocio no me han permitido llevarlo a cabo. Así que he aprovechado la oportunidad que me ha dado el día de hoy. 
Y es que, aunque no me pague una agencia ni tenga detrás una editorial que subvencione mis dietas, una buena comida entre amigos, con posterior sobremesa y el ambiente perfecto para hacer preguntas y que te las respondan, debía convertirse en una oportunidad ni que pintiparada para inaugurar esta nueva sección. 
Así que, un cenicero a mano, un par de cervezas, música de fondo, y cojo una libreta para empezar a apuntar. Javier Barcina se lo toma con naturalidad, casi que con resignación. A sus 52 años, lleva treinta regentando un bar que, para muchos, más que en un templo, se ha convertido en un refugio nuclear. Nacido en Bilbao ("pero, bueno, pon que en Barakaldo", murmura) dice que su profesión es la de hostelero, luego añade, "o tasquero". Sin embargo, todo el mundo sabe que los camareros, en ocasiones, también ejercen de terapeutas, animadores, prestamistas o docentes alternativos. En el caso de Javi Pano, como le conocen muchos, de lo que ejerce es de custodio musical. El Panorama lleva años escorado, lejos de las tendencias y del mundanal ruido, alternativa para algunos, guarida para otros. Treinta años da para mucho y, sobre todo, le da validez a nuestra elección inaugural.

Lo primero que se me ocurre preguntarle no es muy ocurrente: ¿Cuándo empezaste? Me cuenta que con 19 años empezó trabajando con su hermano mayor. Unos años más tarde, con 22, cogió el mando. Desde entonces hasta ahora, han pasado treinta años. Javi me explica que el Panorama, antes, era una tasca, y su nombre era el Marrano's Paf. Solo un par de horas antes, esperando a que nos sacaran el segundo plato, unos conocidos suyos, desde otra mesa del bar donde comíamos, le recordaron el nombre de la tasca: "eso sí que era un bar, eh, Javi... el Panorama, bueno, ¡pero el Marrano's Paf!" Dice que entonces pinchaban lo que se consideraba música independiente española, todo lo que venía contaminado desde Madrid, donde la movida parecía monopolizar todo lo que quisiera ser alternativo en el país. Lo recalca: "cuando empezamos a pinchar esa música, nadie pinchaba música en castellano." En el Marrano's Paf sonaban Kaka de Luxe, Loquillo, Los Ilegales, Sindicato Malone o TNT. Y Javi se explaya: "el primer single de música independiente en español". Luego me explica que, de ahí, nacerían luego los 091. Y los granadinos siguen sonando, aún hoy en día, de vez en cuando, en el Panorama. Igual que, cuando se equivoca de disco, todavía suenan alguno de los que ha nombrado antes, o los clásicos que tampoco faltaban en la época de la tasca histórica que aún recuerdan los comensales de menú de día: The Eagles, Led Zeppelin, Hoodoo Gurus, The Clash...

No lo dice de manera directa, pero, de alguna forma, Javi recuerda con cariño aquellos tiempos. Cerraban a las once, en el bar se vendían cazuelitas, pinchos y porrones, y las edades se mezclaban entre la clientela. Todo cambió en torno a 1985. Se hizo una reforma, la insonorización les dio algún quebradero de cabeza, y, tras solucionarlo, el bar cambió de nombre, de enfoque y de raciones. Según cuenta, el nombre, Panorama, se lo puso un amigo suyo, y la inspiración vino del disco que publicaron, en 1980, y con el mismo título, The Cars. Por aquellos entonces, mediados de los ochenta, en el nuevo Panorama sonaban The Long Ryders, The Dream Syndicate, Violent Femmes y lo que Javi llama "música clásica": los Stones, los Beatles, The Smiths, o, de nuevo, Led Zeppelin. Más: música en castellano. Añade: "y siempre a la vanguardia, cuando salieron The Specials, yo fui de los primeros en pincharlos." Y soul. Durante toda la entrevista, siempre que le pregunto por lo que pincha, el soul aparece como una coletilla: "y soul". 

Por seguir un orden, le pregunto qué pinchaba en los noventa, y me contesta que lo mismo, y más: que entraban, por supuesto, Nirvana, Joy Division, y suspira un extenso etcétera por no alargar la lista. Casi como justificándose, me dice que se mantenía al día aprovechando que Long Play, la tienda de discos, estaba (y está aún) a pocos metros del bar. El mismo espíritu renovador, con más o menos éxito, con más o menos diversidad, intenta mantenerlo ya entrados en el siglo XXI: "ahora hay más variedad, está todo muy mezclado, supongo que el truco está en compaginar." Sin embargo, las decadas han dejado un cambio más importante que el que puedan indicar los nombres de su colección de discos. Javi se resiste, pero acaba por confesar que la gente que viene al bar, ahora, "no es tan musical". Siempre retrocede hasta los años ochenta para hacer la comparación: "antes había más gente que iba al bar por la música", aunque luego concede algo de optimismo: "aún hay gente que te sorprende, claro". Pero no es solo la calidad, también la cantidad: "antes, en los noventa y los ochenta, venía mucha gente de Bilbao, decían que en los bares de Barakaldo había más volumen". Además, confiesa que la escena (si es que se podía y se puede hablar de eso) ha cambiado. El circuito se ha cortado por la mitad, y evoca, con algo de nostalgia, los tiempos en que el Alaska, el Tubo, el Aterpe y el propio Panorama parecían formar un bucle sin salida. No es que ahora se sienta solo, recalca, pero casi. Que no es lo mismo, vamos.

Después de todo esto, le pregunto por lo secundario. Le digo que mire hacia atrás y que me cuente qué tipo de actividades se han llevado a cabo en el bar, a parte de beber y bailar, o lo que sea que hacemos los que no sabemos bailar pero nos movemos. No hace mucho esfuerzo, quizás porque no le apetece, pero, brevemente, recuerda algún concierto: Jardín Infierno, Toro y la Niña del Frenesí, los Fastuosos de la Ribera y los Dinamita pa' los Pollos pero camuflados, bajo pseudónimo, recuerda. También menciona que Paco y Ana, ambos del Alaska, pincharon alguna vez, y, porque se lo recuerdo yo, apunta a la lista la fiesta que hace unos años organizaron los melómanos de La Furgoneta Azul

Yo me enciendo un cigarrillo y él se acaba la cerveza. Más o menos, es un breve descanso. En todo este tiempo, yo he ido improvisando las preguntas y él ha ido contestando sin recapacitar. Estoy usando un bloc de notas, porque no tengo grabadora ni nada por el estilo. Quizás por eso, porque mis notas garabateadas no ayudan a que ahora sea capaz de recordar las palabras exactas, he preferido ir contándolo, mejor que usar el método convencional, el esquema editorial más típico: pregunta en negrita, y luego copia y pega la respuesta. Eso viene ahora. Porque, después del descanso, intento que se suelte un poco la lengua y le suelto una batería de preguntas. Pero, antes de eso, volvemos a insistir en la época dorada del bar: los años finales de los ochenta y principios de los noventa. Javi recuerda que la gente cerraba los bares de Portugalete y luego se acercaba hasta al Panorama. Venían en masa y, entre ellos, venía alguno de los músicos que formaban Dinamita pa' los pollos, grupo icónico de la música rock en los años ochenta, con los que le unía cierta amistad. De hecho, aunque no le guste contarlo, Javi fue batería de los Dinamita "haciendo el paripé" en un concierto en Galicia, y luego repetiría con los teclados un poco más cerca. Me cuenta por qué lo hacía, y no tenía nada que ver con la música, pero me guardo el secreto. No se le nota mucha nostalgia, tampoco te creas. Javi Pano da la sensación de mirar más hacia adelante que hacia atrás, pero no le tiembla el pulso a la hora de hacer comparaciones. Además, hoy está algo sopa. En algún momento, se despierta, pero son los menos, y le pone algo de empeño para responder a la batería de preguntas que le hago luego:

¿Qué es lo peor de tu trabajo?
Estar solo en el bar.
¿Y qué es lo mejor?
Ver amigos, compartir música.
¿Cuál es la canción que más te gusta pinchar?
(Se ríe, porque sé, todos sabemos, lo que va a contestar) "What I Like about You" de los Romantics.
¿Y la que mejor funciona?
(También se ríe, pero, esta vez, la broma es un poco más íntima) "Candy" de Iggy Pop.
¿Y una de la que te arrepientas?
(Esta vez sí que se ríe, y la risa es nerviosa, y la respuesta es culpa mía, porque, aún hoy en día, se lo echo en cara, con más coña que mala baba, porque, ya que se confiesa, digámoslo todo, yo también, en su día, arrójame al fuego, la tuve en el ipod, por poco tiempo, que conste) Una de Nena Daconte.
¿Grupo preferido?
The Romantics (sorpresa, sorpresa)
¿Otro?
Hoodoo Gurus, la Velvet...
¿Algo más reciente?
No sé. No es que no me guste la música que se hace ahora, pero es más una cuestión de canciones sueltas que algún grupo en concreto.
¿La cosa más curiosa que te han pedido? (Porque, en este bar, la gente pide, otra cosa es que se las pongan)
No es muy curioso, pero a mí me llamó la atención, y al que me la pidió, le sorprendió que la tuviera: "Well of Misery" de Nick Cave. Ésa se me ocurre ahora.
¿Alguna anécdota?
Aquí, he de decir, sin corchetes ni nada, pero en cursiva, que Javi no pone mucho empeño, y pasa un poco de esta pregunta, así que yo le pongo un ejemplo, y acabamos por llegar al acuerdo de nombrar, por lo menos, la ocasión en que Manu y Txelu, de Porco Bravo, grabaron voces para su maqueta en los baños y se sacaron unas fotografías incendiarias en algunos rincones del bar. Con esto de los nombres propios, ya me animo y le pregunto:
¿Y qué gente conocida ha venido por el bar? (Lo de conocida puede ser más flexible que los chicles boomer)
Loquillo, Ramoncín ("pero eso no lo pongas", me dice entre risas, y yo lo pongo), Los Dinamita, Brighton 64, Quique González... los Porco o los Sinclairs, claro. (Podría añadir muchos más, pero si él no los dice, tampoco lo voy a hacer yo).
¿Cuántas canciones tienes en el equipo, aproximadamente?
Unas 12.000.
¿Y qué programa usas para pinchar?
BPM Studio.
¿Ya no pinchas vinilo?
No, antes lo hacía, pero ahora, ya no.
¿Qué sigues para enterarte de las novedades?
Yo qué sé. (Yo le digo un par de nombres de revistas, Pitchfork y el Mondo Sonoro, creo, porque no tengo mucha imaginación, y me dice que sí con la cabeza). Y el Spotify, el Facebook, Radio 3 (Hoy empieza todo, Diego RJ...)
¿Algún concierto que te haya gustado últimamente?
Últimamente no he ido a muchos conciertos. Soy más de salas que de festivales, pero aún así. Supongo que Eileen Jewell podría decir.
¿Qué criterio tienes para pinchar?
Depende de la gente y de la hora, claro. Eso se aprende con los años. Igual que se aprende a aguantar a los pesados. Y a echarlos de menos, también.  
¿Te queda algún sueño o ambición en este negocio?
(También se ríe). No sé, mi sueño sería tener la tasca otra vez y luego abrir los fines de semana para pinchar música. Trabajar diferente entre semana, y pinchar luego los jueves, viernes y sábados. Creo que se podría compaginar, pero claro...
¿Qué es lo mejor y lo peor que ha pasado desde que empezaste en los ochenta hasta ahora?
Lo mejor, la gente que he conocido. Lo peor, la crisis.
¿Qué tal con la policía?
(Aquí sí que se ríe, y hasta cruza las piernas) Con la poli, bien.
¿Te han cerrado el bar?
Una vez, hace mucho tiempo. Al principio. No demasiadas multas, pero, algunas, sí. (Y se vuelve a reír)
Para lo bueno y para lo malo, ¿quién tiene la culpa de la decoración?
Yo, claro.
¿El póster de The Kinks no se vende?
Dice que sí, pero no le creo. Le pregunto si tiene algún cariño en especial a algún póster, y no sabe qué decirme, pero luego consigo que me hable de ese setlists de The Romantics que tiene junto a la cabina y del póster de Jason Ringenberg que le trajo Javi, cantante de los Dinamita, porque él no pudo asistir. Luego añade: La culpa de algunos pósters es tuya. Y tiene razón, y, alguna vez he llegado a temer que me pueda costar el puesto de trabajo.
¿Cuál ha sido el mejor concierto en el que has estado?
Joder, es que voy a tener que decir lo mismo: The Romantics, en la Rock Star de Barakaldo. (He oído hablar de ese concierto, porque estar no estuve, y de cómo lo disfrutó. Empeñado en demostrar que hay más variedad, le dejo que me diga otros:) Ocean Colour Scene, en el Antzoki, Cracker, también en el Antzoki, y unos cuantos en la sala The End en Vitoria: The Lyres, The Dream Syndicate, Flamin' Groovies o Johnny Thunders. Y uno más: Sex Museum en el Gaueko.
¿Algún grupo de Barakaldo?
Ya sabes los que te voy a decir (algunos ya los hemos nombrado, así que añade otro:) Los Impecables.
¿Cómo ves el nivel de grupos en el pueblo?
Hay más grupos que merecen la pena, pero no hay tanto público. Hay mucha gente estancada. Me refiero a los que escuchan: hay gente abierta, pero la mayoría se cierran en un solo estilo.
Aunque fuera en los 90, ¿no pinchabas punk?
De aquí, poco. Algo de Eskorbuto. En inglés, sí, The Clash, Sex Pistols, The Damned, Richard Hell, Ramones, New York Dolls...
¿Hay algún estilo de música que no pinches?
¿Te contesto? ¿Reggeaton, bachata? (Luego se pone algo más serio:) No suelo pinchar hip-hop o rap, a no ser que esté mezclado, cosas como Fun Lovin' Criminals o algo así.
¿Latina?
Depende, algún grupo argentino o mejicano, sí cae, claro. (Antes no lo he puesto, pero en la música que pinchaba en los ochenta, también estaban los Tequila).
¿Gran Bretaña o Estados Unidos?
Estados Unidos.
¿Rock and Roll o garage punk?
No jodas, viene una de la otra, ¿no?
¿Y si te obligo a elegir?
Me quedo con los Sonics.
¿Soul o Blues?
Soul.
¿Tienes la sensación de que el Panorama es un icono o algo parecido?
Para nada. ¿Un icono? ¿De qué? Qué va. No soy consciente de que en Barakaldo el bar sea un icono de nada. Una referencia de algo, no sé de qué, pues igual sí. El bar está apartado, fuera de la zona de bares y de las modas musicales, así que supongo que, de alguna forma, es como un oasis o algo así.   

Un oasis. Una nochevieja recuerdo a mi amigo D, digamos que D, pidiéndole una y mil veces que le pusiera el "Wonderwall". Y cada vez que lo hacía, D volvía con cara de gilipollas: "que no, que no me la pone". La misma que se le quedaba a otra amiga, que incluso intentándolo con sus armas femeninas, no consiguió que sonara Macaco. O igual sí lo hizo, ya no me acuerdo. El que nunca ha conseguido que suene nada, es un servidor, al que se le han ocurrido las preguntas (y se le ocurrieron más, que se guardó). He tenido mi oportunidad y he estado ahí en la cabina, pero a unas horas tan intempestivas que la tormenta no me dejaba ver más allá de mis narices. Me entiendes. Puede que también sea porque yo no llevo treinta años abriendo el bar prácticamente cada día. Él sí. Y algo de lo que ha sucedido en todo ese tiempo, ya nos ha contado en esta entrevista. Si queréis saber más, preguntadle a él. En la calle Francisco Gómez, muy cerca de las viejas escaleras del antiguo Matadero,ahí está, el Pano. Detrás de la barra, Javi. Y Mikel. Y, a veces, el otro Javi. Y, por todo el bar, música, que te guste más o menos, es música de la buena, de la que cuando pasen otros treinta años, y estemos todos donde quiera que nos haya tocado estar, la escucharemos y nos teletransportará, de alguna manera, a una lonja con un baño de color rosa y un camarero de pocas palabras... pero muchas canciones. 

viernes, 29 de noviembre de 2013

Un zombie en el garaje



El frío hace que me confunda de llaves. Si pudiera, abría la puerta del garaje con la punta helada de mi nariz, aguzada como una ganzua. Apenas quedan coches dentro y el mío se ve viejo y polvoriento. Todo más fúnebre aún: en un deprimente garaje bien iluminado pero prácticamente vacío, mi coche destartalado parece que se encorva y agacha la mirada, acoquinado entre dos relucientes monovolúmenes que le hacen sentirse (no tengo otra cosa mejor que hacer que imaginarme todo esto) como un cincuentón vestido con ropa adolescente que acaba de darse cuenta de lo patético que resulta sujetar el cubata mientras su joven novia tontea con una línea de dientes perfecta que destella con las luces de la pista de baile.

Abro la puerta, y la de atrás. Meto dentro la mochila. El paragüas (llevas paragüas, me siento tonto, viejo). Saco la cartera, me dejo la bufanda puesta (llevas bufanda, me siento tonto, viejo). Cierro la puerta, la de atrás. Abro la delantera y me derrumbo en el asiento. Pongo las manos sobre el volante y me quedo mirándole el culo a un porsche cayenne de curvas despampanantes. Huele al barniz de tabaco, a los viajes encerrado con la calefacción tostando el polvo. Me dan ganas de echarme a llorar, aunque no os diré las razones. Para evitarlo, abro la puerta otra vez y salgo fuera. Y camino de vuelta lo que ya había recorrido antes, dejando en el rincón a los pocos coches que quedan cobijados aquí abajo. Salgo fuera, me escondo en el descansillo de las escaleras y me enciendo un cigarro. Por un hueco, veo el cielo, oscuro como el barullo en mi cabeza, sin una sola estrella. Se oyen las voces estridentes de gente que es feliz mientras camina por la calle. Y yo fumo, mientras rumio mi amargura y mi cansancio.

No os voy a dar los detalles, pero tengo la conciencia que parece los campos de Pelennor. Hay ruido de sables, dos ejércitos más poderosos que el de Mordor y el de Gondor se enfrentan sin piedad. La oscuridad parece que va a ganar, y el cigarro se consume. El frío acaba de decidir por mí: mejor dentro que fuera.

Vuelvo al interior. Llego al coche. Me siento. Intento convencerme, animarme. Todos habéis hecho esto antes, no me jodas, aunque luego no lo escribas en un blog que dice que es de música: hablas contigo mismo, te azuzas, joder, levanta la cabeza, ostias, échale huevos. Llevo echándole huevos tanto tiempo que las tortillas me quedan crudas por dentro. Pero odio darme lástima, odio lamentarme, odio que mi puta vida gire en torno a mis putas desgracias: has aprendido una lección, nunca puedes caminar por este mundo y salir limpio, impoluto. Todos somos falibles, cometemos errores, ¡sé una mujer!, levanta la cabeza, apechuga (rebozada), acéptate, aprende, y sigue luchando junto a Aragorn.

No me lo creo, pero quiero creérmelo.

Así que arranco el coche dispuesto a que el encendido arranque el motor y que, de paso, avive mi oxidado circuito de energía positiva . Y lo hace. Porque el motor tose y se sostiene y, al mismo tiempo, se enciende la radio, y apenas distingo la voz de Diego RJ que acaba de hablar, cuando empieza a sonar una canción que actúa tan rápido como el veneno de la mamba negra: música. Mierda, es como si me estuviera aplicando elektrotxoks. Un subidón instantáneo, casi inevitable. La cabeza se me alivia, se vacía, y solo atiende al ritmo alucinante. Por unos segundos, fuera no hiela, dentro el infierno es acogedor y demente. Dulce y renovador. 

Eso sí, se acaba enseguida, como viene se va; se esfuma la efervescencia, igual que se acaba por hundir la espuma de una cerveza. Pero ya me han resuelto el viaje. Aparecieron como si fueran los Dúnedain del Norte y ganaron la batalla, aunque tanta referencia nerd al Señor de los Anillos pueda estar jodiendo esta entrada.

La canción redentora fue "Feo" de Ukelele Zombies. Me habían hablado de ellos antes, pero aún no les había escuchado. Tres "jovenzuelos", como dijo Diego RJ, que, desde Valencia, hacen garaje del de guitarras negras con espíritu rockero, un batería que vocifera como si estuviera exorcizando sus demonios punkarras, y un bajo de los que sostienen el edificio a prueba de terremotos. Canciones repentinas, ansiosas, llenas de un humor irónico y jovial, casi que tierno, directas a la yugular, expresión que hasta ahora no había utilizado nunca. Un ardor súbito que reproduce lo mejor de la música sin aditivos, apremiante y espontánea, primitiva y fulgurante. ¿El mejor ejemplo? Seguro que si leen esto, se parten la caja (y hasta el bombo): ¿apremiante?, ¿fulgurante?, ¿jovial? No me jodas. 

"Feo" no está en el youtube, al parecer, es el adelanto de lo que será su primer disco. En el cajón de sastre del yutuf, hay más material, con mejor y peor sonido, en directo y en estudio, con camiseta y sin camiseta, incluso hay excursiones urbanas, making-offs, algún vídeo surrealista y, si no me equivoco (que seguro que lo hago), un vídeo en directo de sus magníficos compatriotas Wau y los Arggghs a todo pistón, volviendo locos a una masa juvenil entre la que me ha parecido ver a uno de los zombies del Ukelele. Entre todos esos vídeos, voy a pillar un par de ellos, quizás no los mejores ejemplos, pero es mejor que, si os interesa, os preocupéis vosotros de encontrar el material. El primero, porque parece una mezcla entre una toma desechada de Barrio y una fiesta de fin de curso en el patio del instituto, pero si alguien tiene el talento para oír entre acoples, sabe que ahí hay talento. Otro, en la sala Wah Wah de Valencia. ¡Y!, al final, un tercero, en el que sí tocan "Feo", al parecer, en una facultad de Bellas Artes.





Pongo los vídeos y lo dejo. Si os preguntáis qué fue del lamentable tío que se ponía moñas y plañidero en un garaje semivacío, no perdáis el tiempo. Al fin y al cabo, mala yerba nunca muere, y, encima, no se la pueden fumar los de Bellas Artes (si has visto el vídeo, lo pillas).