lunes, 28 de octubre de 2013

Reed in Peace



El viento golpea las persianas, quizás esté malhumorado. Puede que en algún lejano campanario, las rachas sacudan el badajo, y un tañido casi imperceptible repique en el vacío. No creo que eso importe mucho.
No creo que a nadie le importe que no llevo una buena racha y que, sin embargo: hoy ha sido un día perfecto. Como todos los días perfectos: sin parque, sin sangría, sin zoo, pero con alguien que te ayuda a sentirte mejor, a seguir mirando hacia adelante.
Hoy ha sido un día perfecto.
Los aviones siguen volando.
La yerba crece, los niños medran.
Cada vez que paso una página, el libro mengua.
Ayer menguó dos, justo las dos en las que hablaban del grupo que revolucionó la música en el Nueva York de finales de los sesenta. Moe Tucker tocaba la batería y tenía la manía de hacerlo distinto. John Cale se cabreaba. Sterling Morrison coreaba las armonías sofocantes de Lou Reed.
El mundo no iba a detenerse. Algunos dicen que, a partir de entonces, fue distinto.
Abajo, en el escenario, Robert Quine lo grababa todo en cinta.
"Sister Ray" no terminaba nunca.
Andy Warhol quedó deslumbrado por el cuero negro.
Nico se apuntó.
Se cansó.
Paso de página.
Los murciélagos siguen volando.
El viento sigue golpeando las persianas como si estuviera llamando a la puerta. ¿Puede ser casualidad?
Ayer, pasé una página. Hoy Lou Reed ha cerrado el libro por completo.
Puede ser casualidad.
Puedo ser capaz de seguir leyendo el libro en pasado simple.
No será lo mismo.
Los barcos siguen zarpando.
Otro día. Una noche menos.
Apuesto a que hoy sus canciones se han escuchado más que ningún otro día de los que estuvo vivo. Nosotros mismos, le hemos despedido hoy: en la intimidad, interpretando el sonido del viento, dejando que sus acordes nos alumbraran la casa. Yo he hecho de él, ella ha hecho de Laurie. Nadie le echará de menos más de lo que lo hará ella.
Los blogs se siguen escribiendo.
Los vídeos se cargan. Se descargan.
Y uno más. Yo también me despido de él. Buen viaje y que mañana, también, sea un día perfecto para ti:



domingo, 20 de octubre de 2013

El DeafFest no engañó: sordera y fiesta



Aparcar, siempre acabas aparcando, aunque sea casi en Iurreta, pero siempre que vamos a Durango, terminamos conociéndole los intestinos al estómago urbano de esa ciudad. También es cierto, siempre que pisamos la noble villa es porque seguimos a la muchedumbre: ya sea por la Azoka o, como ayer, porque el recinto de Landako se vestía de gala para acoger el festival Deaffest.
No sé qué opinarán los autóctonos, pero algunos visitantes, como el que firma esto, tienen envidia de esa explanada donde se concentran el Plateruena, una aparentemente moderna y enorme sala de conferencias y el gigantesco pabellón donde, ayer, nos vimos en directo a Crisis, Porco Bravo y Willis Drummond. No nos dió para más. Íbamos para ver a los dos últimos, nos salió a 6'5 euros el concierto; más una tira de diez euros en pegatinas intercambiables por refrescos, con lo que el bagaje es más que positivo.
El Deaffest era mucho más, y seguro que hubo gente que os podrá dar una visión más general y detallada de lo que supuso el festival. Un festival, por cierto, que parecía el Lezama de la música, porque la juventud del público invita a alegorías sobre canteranos disfrutando de las lecciones musicales. Quién sabe, quizás a mi vera alguien tomara ayer buena nota de lo que se puede hacer sobre un escenario, y, en el futuro, nos salen del Duranguesado lo mismo futbolistas, que montañeros, que músicos de rock and roll.
Nosotros, llegamos a eso de las siete, nos fuimos a eso de las diez y media, y, en el intervalo, nos quedó la sensación de que el festival, dentro de su humildad, cuenta con argumentos de sobra para perpetuarse. Seguro que hay cosas que mejorar y gente más adecuada para hacer los comentarios y proponer las críticas, pero espero que haya un próximo año para hacer comparaciones. También, por supuesto, habrá que intentar animar a más gente, porque había calvas en el césped y, al fondo, un bosque completamente talado.
Yo... Bueno, iba a decir que solo hablo de lo que conozco, pero entonces debería ponerme un bozal, así que diré que solo hablo de lo que veo, y ayer vimos solo dos conciertos. A los Crisis les vimos a trozos y desde el fondo. A mí me parecieron buenos, en todo: las guitarras contundentes, los meneos capilares, la batería que parece estar bombardeando territorio hostil. Pero, como digo, les vimos poco y el estilo de música que facturan, lamentablemente, lo dejé atrás, mea culpa, cuando empezó a caérseme el pelo, que fue hace mucho tiempo, sí, mucho tiempo, joder.
A los que vimos de pé a pá, bonita expresión, fue a los otros dos. 
Porco Bravo se despedía ayer de la eterna gira de presentación de su último disco, que les ha llevado a gruñir por gran parte de la península. Ya hemos dado buena cuenta aquí de muchos de ellos, y creo que estuvimos en el primero, así que procedía estar en el último y cerrar el círculo. No creo que haberlos visto tantas veces me dé potestad para hacer juicios de valor, pero como uno es un inconsciente, diré que ayer les encontré un tanto más deslabazados de lo normal, menos ajustados. Lo cojonudo es que aún así, con media mano dormida, las rodillas ensangrentadas, la guitarra del Pulpo demediada (eso no era cosa de Pulpo, si no de la acústica del recinto) y lo que sea que suceda, el repertorio, con todo el poso de esta gira, y el callo que le han pillado al tablao, da para ganar el partido aunque no jueguen bien. Y, más allá de los pogos imberbes de la primera fila, las caras de asombro de niños muy niños y padres muy asustados de la sorpresa que se llevaron más de uno que no los había visto hasta entonces, volvieron a repetir que son algo más que tablas de surf, bengalas y peroratas sobre broncas vecinales.
Ayer la batería de Puro d'Oliva sonaba más refinada que virgen, por jugar con lo del aceite, y el solo de Asier al borde del precipicio quedó para la foto y para el recuerdo. Supongo que, con el paso del tiempo, con el nuevo disco, y con el trasiego, ganaremos la perspectiva para medir mejor lo que suponen las canciones de este disco que empieza a pedir un hueco en las baldas para dejar paso al siguiente, pero alguna, como "Eléctrica actitud", ya la canten sobre tierra firme o sobre el oleaje, se ha convertido en un "jit" con vida propia, una de esas canciones que crece casi que por inercia, sin que los propios músicos se den cuenta.
Ya se me ha visto el plumero tantas veces que parezco un pavo real sacando su abanico policromado, pero lo que yo escriba se funde como el queso en un sándwich mixto. Ya puedo yo ponerme a inventarme metáforas redundantes que lo que realmente demuestra el ascendente y la solidez que ha conseguido este grupo se trasluce en los gestos de la peña cuando los ve sobre el escenario: a alguno ayer le brillaban los ojos y no era solo por el alcohol. Y tampoco era solo por el andamiaje si no por lo que sostiene: estribillos, riffs tajantes, una base rítmica de hormigón armado. Dicho con rima: rock and roll del puro y duro, del que muchos quieren hacer pero no pueden, con toda su parafernalia bien exprimida y con el fondo musical como carburante, porque sin gasolina no tira el coche para adelante. Lo sé, me podía haber ahorrado esa última rima consonante. Pero es que lo de estos es un bólido que hace arder el combustible: si no fuera porque seguro que me equivoco, esta última frase me quedaría de puta madre, porque creo que, ayer, lo que se grapó y se quemó Manu en el pecho era un periódico hablando de Fernando Alonso. Y si no era de coches, era de motos. Y si no, me equivoco.
Por cierto, un sugus (o una caja de sugus, la verdad), aunque él ni se enteraría, para la puntería del cantante porco, quien cogió al vuelo un katxi retornable que alguien le lanzó desde el público, se lo colocó para chutar, y le soltó un puntapié tan bien pegado que el katxi le cayó en las manos de vuelta al mismo tío que lo lanzó. El chaval flipaba y se puso a botar con el vaso en las manos como si fuera el Santo Grial.
Así, terminado, nos salimos todos (y cuando digo todos es que prácticamente solo quedaron dentro los que atendían la barra) a disfrutar del aire fresco que bajaba de las montañas, aunque también llegara el aroma de la papelera. Mientras tanto, el que sí se quedaba dentro, animando los intervalos, era Elvis Caino, haciendo de dj con su maleta de vinilos y con un buen gusto que le daba aún más gracia al evento. Juro que apenas le conocía de ser un asiduo a los conciertos de Atom Rhumba y que no conocía su faceta de pinchadiscos, y pido perdón: un buen acierto de los organizadores.
Volvimos a entrar dentro para ver a los Willis Drummond que para eso habíamos venido. Si aún no los has visto, no pierdas la oportunidad. Reconozco que los descubrí hace unos cuantos años gracias a Gorka Urbizu, cantante de Berri Txarrak, al que en una entrevista le leí que eran el mejor grupo en directo de Euskal Herria. Me fui al youtube, escribí el nombre del grupo y me encontré con el ya legendario vídeo de "Pierrot Lunar" que me recordaba al "Waiting Room" de Fugazi. Precisamente anoche, cerraron su concierto con esta canción que, si existiera eso, debería estar en todas las enciclopedias sobre el rock and roll vasco. Una canción redonda, hipnótica y sugestiva que le puso el broche de oro a un concierto rotundo, como todos los de los vascofranceses, ya los veas en las txoznas de fiestas de Bilbao, como los vi yo la primera vez, o en el histórico Psylocibenea de Hondarribia donde grabaron un directo y yo no los vi. Fugazi es uno de los nombres que les viene a todo el mundo cuando los ve en directo, y otros muchos que demuestran lo difícil que es etiquetar a estos tíos, ya lo intentes con el indie, con los posts (punk, rock, hardcore, garage lo que quieras) o con el rock & roll a secas. Te pueden recordar a lo mejor de la tradicción hardcore melódica (y no tan melódica) de la tierra, a los Lisabö, a Pearl Jam, a AC/DC, a Kortatu y a lo que se te pase por la cabeza, pero a lo que más suenan es a Willis Drummond, con un bajo cautivador con melodías oscuras y mucha presencia a lo Girls Against Boys, con un guitarrista en la esquina contraria que pasa de los riffs más metálicos a los más armónicos, un cantante que saca monedas de oro de los acordes, que baila mejor que Alex Kapranos y que, a trío con los otros dos, pasan de los gritos más atávicos, a los tonos de martillo hidráulico y a las piezas vocales más cadenciosas, y, por último, un batería que empieza tocando con una sola mano, mientras en la otra sacude unas maracas, y termina el concierto aporreando los parches como si en lugar de nicotina fueran de lisérgida. 
Si por mí fuera, que me pirro por las canciones de tres minutos, les recortaba a las suyas uno, pero, entonces, igual que contaba Mikel Laboa con los pájaros de por medio, probablemente ya no serían ellos, y entonces no podría vivir con la culpa. Llevan más conciertos en estos años que Leo Messi goles en todas las competiciones, así que como les pasa a los Porco con las suyas, tienen las canciones de "A ala B" y de "Istanteak" y del resto de sus discos que las vuelves piezas y te sale un puzzle perfecto con un paisaje del litoral de Iparralde. Ale. Son enormes. Y lo digo en dos palabras: e-normes. 
Después de ellos debieron venir más. Me encontré con un viejo amigo que había ido para ver en directo a Non Servium, y allí había acólitos de Berri Txarrak como para montar una fotografía de Spencer Tunick, así que la noche debió de ser larga, pero nosotros nos fuimos. Nos fuimos andando hasta la gasolinera, nos montamos en nuestro coche que dejó un hueco que se ocupó antes de que pudiera terminar las maniobras y nos volvimos por la AP-8 mientras escuchábamos a AC/DC,  a Alabama Shakes, a Delorean. Ya ves, un poquito de todo, que de todo había en la viña del tipo al que se cargaron los Porco Bravo a sangre fría. Un poquito de todo tuvo la noche de ayer, así que darle las gracias a los tíos que se montaron el DeafFest y ojalá que el año que viene se repitan los problemas para aparcar en Durango. 
Y como no puedo resistirme, cierro con "Pierrot Lunar" y nos sentamos a esperar la próxima oportunidad de verlos en directo... y las nuevas y relucientes canciones de los Porco Bravo. Mientras esperamos, lo dicho, ahí va:


miércoles, 16 de octubre de 2013

Pachel Bel: Piensa distinto, toca lo mismo



El eslogan comercial de la cadena de restaurantes Taco Bell, aquí, en la península, es "piensa distinto, come distinto." Eso, de primer plato.
De segundo: Pachelbel, efectivamente, se llamaba Johann, nació en Alemania y allá por 1680 compuso una progresión armónica que, 330 años más tarde, sigue teniendo vigencia en las partituras de muchos estilos musicales. Se la conoce como el "Canon en re mayor de Pachelbel". Seguro que lo habéis oído miles de veces.
Y de postre, el vídeo. 
Lo han visto millones de personas en el mundo. Y todo gracias al boca oreja, porque Rob Paravonian, americano de origen armenio, no es que sea un humorista del Saturday Night. Tiene su currículo, trabajó para VH1 (a quienes menciona en su monólogo) y hace tiempo que se ha hecho un hueco en los teatros de comedia americanos con sus espectaculos de humor y música. Aún así, no fue hasta que la petó su famoso Pachelbel Rant, que la gente hizo el esfuerzo por aprenderse su nombre. 
Probablemente, de esos 6 millones de personas, alguno estará entre los (muchos menos) lectores que tiene este blog, pero seguro que no os importa verlo otra vez. Yo voy a volverlo a ver. Eran como las cuatro y media de la tarde, cuando, solo en casa, las paredes se me hacían gasherbrumes y la pantalla del ordenador daba más miedo que cuando aquella joven metía la cinta de vídeo y moría siete días después. Así que estaba yo apunto de arrancarme los ojos, cuando me ha vibrado el teléfono: 

"Abre el youtub"
"Ya"
"Escribe Canon Pachelbel Paravonian"
"Ok"

Así ha empezado todo. A mí me ha alegrado el día. A vosotros igual no os hace ni puta la gracia. Otros igual lo encontráis ingenioso, a secas. Pocos perderán el tiempo como yo en ir escuchando, una por una, las canciones para convencerte. Creo que ya hablé de esto antes, parafraseando a Richard Katz, pero, en realidad, este vídeo es solo para echarte unas risas. Si no te las echas, pues nada. Marcha al Taco Bell y come distinto.


sábado, 5 de octubre de 2013

Correo no deseado



La semana pasada recibí un correo electrónico de Richmond Fontaine. No, no os penséis que somos colegas ni nada. Supongo que, en su día, me metería en alguna lista de correo y, de vez en cuando, me llega un mensaje con noticias sobre el grupo. Lo que sí soy es un responsable aficionado de la música que hace la banda de Oregón y de todo lo que haga su cantante Willy Vlautin.
Con Vlautin sí llegué a cruzar un par de emails más personales. La última vez que tocaron en Bilbao, azuzado por mis compañeros que consiguieron que me librara de mi protectora timidez, me acerqué al puesto de merchandising y me puse a hablar con él. De música hablamos poco, y de literatura y del Oeste Americano, algo más. Se sorprendió de que conociera a Robert Laxalt, uno de sus escritores favoritos y apuntó un viejo libro sobre Nevada que escribió Laxalt hace años y que no conocía. De los suyos no me pareció que le gustara hablar mucho. O quizás no era el momento. Él me recomendó a James Welch y yo le obedecí. No he vuelto a hablar con él, pero sigo con atención su carrera como escritor. Si no habéis leído nada, os recomiendo cualquiera de sus tres novelas: The Motel Life (2006), Northline (2008) o Lean on Pete (2010). Las dos primeras han sido traducidas al castellano y publicadas por Belacqua: Vida de Motel (2007) y Northline (2008). Se le suele comparar con gente como Raymond Carver o Charles Bukowski, pero los otros dos autores que he mencionado antes también han dejado trazas en el estilo de Vlautin, un estilo que ya se puede observar en sus canciones, generalmente narrativas y con la misma querencia por personajes y espacios que transmiten, al mismo tiempo, una pesadumbre y una esperanza sobrecogedoras.
A lo que iba, si os gusta la música de Richmond Fontaine y estáis interesados en conocer la actualidad de la banda, y de lo que la rodea (noticias sobre la carrera literaria de Vlautin y sobre otros grupos paralelos) os voy a chivar qué es lo que contaban en ese email.
A saber:
- Que llevan un tiempo sin hacer aparentemente nada, pero que Divine Vinyl acaba de sacar una reedición de su álbum Winnemucca en vinilo que incluye una canción inédita, "El Rancho". También aparece en esta rutilante edición, un pequeño texto, escrito por el bajista Dave Harding, en el que habla de la creación de la ciudad de Winnemucca. Hay una oferta en su página web, cuentan, para hacerse con el vinilo y con unas camisetas especiales que han sacado para celebrar el acontecimiento.
- Que les han elegido para entrar en el Hall of Fame de la música de Oregón. Ya sabéis, los salones de la fama son una especie de instituciones celebratorias que intentan reconocer las aportaciones que se hagan a deportes, artes o lo que sea. El evento se llevará a cabo el 5 de Octubre en el Teatro Aladdin de Portland y, de paso, habrá un concierto de dos leyendas de la música de este estado, los Quaterflash y los internacionalmente conocidos The Kingsmen que celebran el cincuenta aniversario de su archifamosa canción "Louie Louie".
- Que, finalmente, se acerca el día en el que la primera novela de Willy Vlautin se podrá ver en las pantallas del cine. Dirigida por Alan y Gabe Polsky la película ya recibió premios y halagos en el festival de Roma de 2012, pero, ahora, por fin, ha encontrado distribución y llegará a los cines. El plantel es de lujo: Emile Hirsch, Stephen Dorff, Dakota Fanning y Kris Kristofersson. Una canción de la banda, "The Boyfriends", forma parte de la banda sonora. Luego os cuelgo abajo el trailer de la película.
- También anuncian, y con un sincero alegato para que visitéis pequeñas librerías y lo compréis ahí (ya sé que tenemos un océano por medio y amazon.com resulta más fácil), que la próxima novela de Willy Vlautin está a punto de caramelo. Se titulará The Free y, según anuncian, vendrá correspondida con la habitual gira de presentación por los Estados Unidos y Gran Bretaña.
- Finalmente, confiesan que están grabando. Que esperan, cruzan los dedos, que el nuevo disco pueda estar en 2014 y substituir, así, a la opera-country The High Country que aún permanece como su último disco editado. Eso sí, para abrir boca, cuentan que está más cerca el primer disco de The Delines, titulado Colfax. En esta banda, además de Amy Boone de The Damnations y TX, se encuentran el propio Willy Vlautin y el batería de Richmond Fontaine, Sean Oldham.
Yo no he dicho nada. Si os preguntan, lo habéis oído por ahí. Si queréis saber más, creo que tienen nueva página web y que Willy Vlautin se ha estrenado un nuevo facebook. Yo, de boca buena (como llaman en mi familia al dulce tras la comida) os dejo el trailer de la película y el booktrailer del próximo libro de Vlautin:





viernes, 4 de octubre de 2013

I'm NOT the Man



Bien, a ver cómo lo hago sin liarme mucho, porque estoy viendo ya el berenjenal ahí en el horizonte, y me da un poco de pereza meterme hasta dentro. 
Y es que escribir una entrada en la que, así, por arte de birlibirloque (sugus, que la he escrito con los ojos cerrados) voy a nombrar a Bo Diddley, Muddy Waters, Barry Tashian, Tom Petty, Eric Clapton, Jeff Beck, Jimmy Page, Emmylou Harris y puede que hasta a Robyn Rihanna Fenty y a Georgios Kryiacos Panaiotou (es decir, George Michael) es como para hacerse el harakiri con la tecla del bloqueo de mayúsculas y terminar de escribir antes de empezar. 
Pero, como a mí, que tengo raíces en el río Alagón (raíces en un río, sí), pero más bien diría que parezco nacido de padre islandés y madre noruega, me afecta mucho la caló, pues estoy hoy, a esos de las 23:04 de la noche, que si ahora me diera por suicidarme seguro que lo hacía lanzándome al lago Vostok (lástima que sea subterráneo, se tiene que estar de fresquito allí). 
Es el efecto del calor, de verdad: que he utilizado ya cuatro veces los corchetes para meter la cuña o la pulla y que las frases me están saliendo más rizadas que los tirabuzones de una peluca barroca. Tengo el flexo apuntando al sexo de una ardilla diminuta de trapo que le robé a una niña (soy malo, lo sé) que se lo merecía y aún así parece que tengo la cabeza metida en el horno con el programa pirolítico en funcionamiento. 
Y, por eso, ni tele, ni cama, ni seguir leyendo Governor Glu Glu & Other Stories ni ganas de meterme los cascos en las orejas que me suda el canal auditivo externo. Y, por eso, me he puesto a recordar que esta tarde, harto de hartarme, me he jartado de enredar por el cosmos digital para tirar de un hilo que salía de una madeja tan perfectamente redonda como el trasero del Gargantúa. Y resulta que ahora me ha apetecido contarlo, para pasar el rato y pasar el calor contándolo.
(Ya estoy como que a la mitad del berenjenal y aún no he mencionado a nadie, si es que...)
Pues esto va de que allá por 1955 Bo Diddley grabó su primer disco e incluyó una canción que en los créditos se apuntó a sí mismo, porque, aunque aparezca un tal Ellas McDaniel, ése es él, Ella Otha Bates McDaniel (... el de "Faith" no lo tenía fácil, pero el de "Who Do You Love", tampoco). La canción se titulaba "I'm a Man" y estaba inspirada en el "Hoochie Coochie Man" de Muddy Waters, quien no sé si se cabreo, pero al poco tiempo, nada, ponle que un mes, le contestó grabando una irónica "Manish Boy" que no dejaba de ser una revisión con ganas de tocarle un poco las narices al de McComb. Al final, llegaron a grabarla juntos, con la compañía de Little Walter, cuando, en 1981, las tres estrellas del blues de Chicago se reunieron para grabar un álbum en pandilla, Super Blues
La canción no tardó en bautizarse como un clásico, y elevarse a la condición de patrón que repitieron hasta la saciedad otras bandas (con ese ritmo stop-time tan pegadizo), además de convertirse en una auténtica tentación para marcarse una cover. Los grunges Dickless, Dr. Feelgod, The Sonics, The Who... y, por supuesto, The Yardbirds, todos hicieron una versión de esta canción. Y digo lo de por supuesto cuando menciono a los The Yardbirds, el único grupo que puede jactarse de haber tenido de guitarristas a Eric Clapton, Jimmy Page y Jeff Beck, porque ellos grabaron más de una versión, una en directo con Clapton y otra en estudio con Jeff Beck, con una instrumentación original que más tarde copiaría en directo Tom Petty y que, en cualquier caso, les daría algo de publicidad en el Billboard a la banda de Londres.
Hay más versiones, claro. Y la canción se ha podido escuchar en el cine: "Manish Boy" estaba en la banda sonora de Uno de los nuestros, el tejano Doug Sham la cantaba en directo en More American Graffiti y hace más bien poco, el grupo de electroclash Black Strobe hizo una versión electrónica para RockNRolla de Guy Ritchie.
Sin embargo, me vais a tener que perdonar. Si me he aprendido todo esto (que es información fácilmente accesible en internet, hasta en la wikipedia, no os vayais a creer que me he ido a la "hemeroteca", como decía el colega de Borja Pérez, a buscar entre los libros), es porque hay otra versión que a mí me sulibeya que ni perfúmenes ni cántaros de miel. 
Y me vais a volver a perdonar el sacrilegio, insolencia y blasfemia, pero, entre Waters, Diddley y The Remains, me tengo que quedar con los últimos, de los que hablaré luego. Y lo sé, Waters es el padre del blues de Chicago, y era solo verle colocarse la guitarra por encima de la cintura  y uno se ponía a hacer reverencias. Y lo sé, Bo Diddley no juzgaba libros por su portada, pero se sacó el rock and roll de la chistera, o más bien del kufi, porque se lo trajo de África. El tío que se inventó una guitarra con forma de caja de cigarrillos y, de paso, un ritmo, el 4/4, que ahora lleva su nombre y que han usado desde Smokey Robinson hasta Rihanna, pasando por Bruce Springsteen o George Michael y todo aquel que algún día haya tocado rock and roll. Lo sé. ¿Os aburrís? Id al youtube y escuchad otra vez el "Mr. Browstone" de Guns'N'Roses y escuchad la batería, claramente al principio: pum, pum, pum, A-pum. ¿Os aburrís tanto como yo? Buscad "Faith", no os dé vergüenza, en el youtube, y escuchad la guitarra de George Michael: ta-ta-ta-tada. El "Bo Diddley Beat". Lo sé. Y yo propongo elegir entre algo que hizo McKinley Morganfield (M.W.) y algo que hizo Ella Otha Bates (B.D.) y... ¿me quedo con la tercera opción? ¿Con una versión?
Pues sí, me vais a perdonar. Lo que no perdono es esta corriente tan fresca que está entrando por la ventana, como saque más la cabeza me voy a marcar un Luis XVI con la persiana. Pero me vais a tener que perdonar la osadía. 
Eso sí, no es que The Remains empezaran su carrera con David Bisbal dándose la vuelta, que conste. Que conste en acta, porque estos tíos de Boston a los que conocerían todos los locutores de radio y los adictos al garaje de los sesenta, pero que a mí me habían evitado hasta como quien dice ayer, se están convirtiendo en una obsesión que me despierta todas las mañanas camino del curro. Aunque abrieron para The Beatles en 1966, tuvieron un par de singles de relativo éxito (al menos en su barrio de Boston), salen en las Nuggets, y eran unos músicos de reputación, no grabaron mucho y desaparecieron pronto, marchándose su líder, Barry Tashian, a hacerle de acompañante a Emmylou Harris. Volvieron hace unos años, siguiendo la tradición de los milagrosos revivals, pero no sé si seguirán tocando "I'm A Man" en directo (miento, en el youtube hay un vídeo de 2013).
Yo me quedo con la jam de cinco minutos que alguien tuvo el acierto de colgar en el yutuf. Una versión del "I'm A Man" de The Remains con un toque psicodélico y una voz que parece que está intentando trepanarte el cerebro. Si no te vuelves medio loco cuando en el minuto 1'40 dice eso de al'right y se desbocan los caballos, yo me paso al mus de sobremesa con copa, puro y película de vaqueros. Si, cuando se repite en el minuto cuatro, no has sucumbido ya a la enajenación, yo te prometo que lo entiendo porque para gustos están los colores y para disgustos los calores. 
De eso iba todo, de evitar el calor con el color de la música de antaño. Y ya se ha ido el tiempo, que se hace tarde, y con la canícula me he hecho una entrada demasiado larga y desordenada. Así que lo dejo aquí. Yo que soy magnánimo como Tom Selleck (no podía irme sin un último chiste malo y otros corchetes) os dejo los tres vídeos de los tres candidatos y que cada uno elija que para eso existe el derecho a voto:







Y, por si hay alguien que, ¡y quién no!, prefiera quedarse con The Yardbirds y Jeff Beck, pues, ahí va: