miércoles, 31 de diciembre de 2014

Mucho mucho ruido y nueces nueces, ninguna



Hoy es el último día de un 2014 al que me negaré a calificar, evaluar o rememorar con espíritu compilador y juicioso. Eso sí, digamos que he escrito 53 entradas en 365 días, lo que sale a una media paupérrima, pero, para mí, que es el que escribe, no deja de ser todo un esfuerzo gratuito. 
Utilizando ese contador de visitas que tiene blogger, y que no sé si es de fiar, el pódium de entradas más vistas en este 2014 es el siguiente.
 
1) Con 428 visitas, "El cronista más pelota del mundo", del 14/09/2014
2) Con 381 visitas, "Fürtwangler y los Porco", del 25/05/2014
3) Con 274 visitas, "Fiasco Press!!: David "Kalbo", del 04/06/2014

La primera respondía a mi crónica del concierto de The Mockers en Bilbao. Que la entrada creciera tanto y recibiera tantas visitas, creo que no tiene mucho que ver con lo que escribí o con lo que dejé de escribir, así que no me queda mucho más que añadir. Solo que, como siempre repito, yo me limito a ir a los conciertos, ver lo que creo que veo, y contarlo de la mejor manera que puedo, siempre recordándole a todo el mundo, a veces hasta cayendo en lo cansino, que no soy un profesional, ni ganas que me quedan, y que la poca idea que tengo, siempre la pierdo por el camino, que es otra forma de decir que escribir sobre música no es lo mismo que oírla. 
La segunda entrada también es una crónica. En este caso, del concierto con el que Porco Bravo estrenaba su último disco en Bilbao, acompañados por Discípulos de Dionisos. La escribí, y así ha sido hasta ahora, creo, como mi última crónica de un concierto de Porco Bravo. Quizás por eso, se me fue la mano y me puse melodramático y trascendental, déjandome asomar más de lo que debe asomarse un cronista en sus propias crónicas, pero, bueno, ese es un pie del que cojeo de nacimiento. Creo que, en parte, yo he crecido en esto de escribir casi en paralelo a los Porco Bravo más recientes, y por eso, me alegra aún más que ahora ellos me hayan rebasado (siempre estuvieron por delante y a años luz, en realidad, pero es una licencia poética) y me hayan dejado tan lejos que yo soy ya un minúsculo punto negro en el retrovisor. Se lo merecen. 
Por último, la tercera es una de las dos entrevistas que he hecho este 2014. Poco bagaje, la verdad. Después de la exitosa primera de 2013, en 2014 me propuse hacer muchas más, pero la vida, que no tiene nada que ver con este blog para lo bueno y para lo malo, no me dejó explayarme como quería. Me quedé en dos, y las dos fueron grandes experiencias que superaron lo puramente musical. De hecho, esta que se cuela en el pódium, a parte de lo que pueda contribuir a la música local o internacional, que creo que es poco, y no por el entrevistado, si no por el entrevistador, a mí me dejó de regalo una buena amistad con la víctima de mis preguntas, y eso es, que le den por culo al resto, mucho más importante que cualquier majadera aspiración artisticoliteraria que me quiera inventar. 

Además de ese pódium, creo que el 2014 ha servido para aclarar ciertas cosas que tampoco creo que hiciera falta aclararlas. Una, que si no es porque algunos benefactores, y sobre todo una a la que dedicaré toda mi cosecha de 2014 y lo que venga luego por su paciencia e inspiración (yeah, baby!), cuelgan, de vez en cuando, estas entradas en sus muros de facebook (sin extorsiones de por medio, que conste), este blog seguiría siendo el mismo reducto con ínfulas de refugio con estufa de queroseno y una nevera llena de cervezas frescas que siempre he querido que sea. Por eso, a todos los que visitais este blog por iniciativa propia o porque escucháis los anuncios en la red, muchas gracias por visitarlo, por comentarlo cuando lo cuelgan por ahí, por ser, a menudo, demasiado generosos con vuestros comentarios. Desde pequeño, he tenido un defecto que yo creo que también es una virtud, y es desconfiar de todo lo bueno que digan de mí, y sobre todo lo que yo repito como un eco en mi cabeza, así que, a pesar de ello, muchas gracias por palmearme el hombro de vez en cuando, que, como a todo ser humano lleno de complejos y granos en la cara, me viene de puta madre. También ha servido el 2014 para configurar el espíritu del blog: crónicas de conciertos en peticomité (no puedo evitar darle las gracias, especialmente, al Tubo, pero también al Pano, al Cuervo y a otros, por hacer lo que hacen; sin ellos, sin los dos apandadores y los demás, las noches tendrían menos gracia que cuando yo me pillo la caraja y quiero contar chistes), alguna que otra entrada estrambótica, revisiones de discos locales, entrevistas a gente que se lo merece y, cuando me llegan, algo de ficción relacionada con la música. Y así creo y quiero que sea en 2015, si esto sigue, que espero que siga. 
Supongo que el blog tiene tres posibles caminos a seguir. Uno, crecer, que no lo va a hacer. Alguna vez me lo planteé: repartir la responsabilidad, abrir un facebook, convertirlo en una web. Me entra el vértigo y la modorra, y las dudas y el coraje. 2015 no será el año, aunque en 365 días, seguro que hay tiempo para alguna modificación o innovación, lo que sea. Dos, cerrar, ponerle un punto final y disfrutar de lo que fue, porque fue poco y nadie nos va a echar mucho de menos. Esta es la posibilidad que más he barajado. Y sigo haciéndolo, pero soy terco como una mula, y creo que tampoco 2015 será el año en el que echemos la persiana. Tercero, seguir como estamos, sirvamos para lo que sirvamos, le haga feliz a uno o a muchos. Y creo que eso es lo que va a ocurrir porque, entre otras cosas, es lo que me apetece para este 2015, que, calculo, va a venir muy limitado de conciertos, porque la vida será maravillosa cuando tome la forma de una niña sana y sonriente que tendrá toda la suya por delante, y yo me dedicaré en cuerpo y alma a inocularle el vicio de la música porque la música, estoy convencido, la hará más guapa, más lista, más feliz.
Así que paso de hacer más recuentos y compilaciones, llenaros el tiempo de más palabras vacuas y sentimentaloides, y me limito una vez más a daros las gracias a todos los que venís por aquí, animaros a seguir dándole a la música la importancia que merece, y os invito a seguir entrando a esta casa, porque seguirá abierta, quizás con menos fiestas sorpresa, pero abierta para todo el mundo, como siempre. 

Que todo el 2015 sea un concierto interminable lleno de bises maravillosos!!! Y vayámonos escuchando música:


martes, 23 de diciembre de 2014

Y último teletipo: Ah, y, sí, se me olvidaba, Merry Xmas y todas esas zarandajas




Christmas Card from a Hooker In Minneapolis

hey Charley I'm pregnant
and living on 9-th street
right above a dirty bookstore
off cuclid avenue
and I stopped taking dope
and I quit drinking whiskey
and my old man plays the trombone
and works out at the track.
and he says that he loves me
even though its not his baby
and he says that he'll raise him up
like he would his own son
and he gave me a ring
that was worn by his mother
and he takes me out dancin
every saturday nite.
and hey Charley I think about you
everytime I pass a fillin' station
on account of all the grease
you used to wear in your hair
and I still have that record
of little anthony & the imperials
but someone stole my record player
how do you like that?
hey Charley I almost went crazy
after mario got busted
so I went back to omaha to
live with my folks
but everyone I used to know
was either dead or in prison
so I came back in minneapolis
this time I think I'm gonna stay.
hey Charley I think I'm happy
for the first time since my accident
and I wish I had all the money
that we used to spend on dope
I'd buy me a used car lot
and I wouldn't sell any of em
I'd just drive a different car
every day dependin on how
I feel.
hey Charley
for chrissakes
do you want to know
the truth of it?
I don't have a husband
he don't play the trombone
and I need to borrow money
to pay this lawyer
and Charley, hey
I'll be eligible for parole
come valentines day.

En serio, que, por lo menos, cenéis en compañía y os riáis y olvidéis, por un momento (entremeses, primero, segundo, postre, café y chupito, por lo menos) lo que seguirá pasando, de nuevo, a partir de mañana y cada día, en el telediario, y en cualquier esquina del barrio, por muy ridículo que nos parezca si nos ponemos a pensar en ello. En serio, zorionak, feliz navidad, happy christmas, joyeux noel, feliz falsedad, cómo queráis...

Repito, último teletipo. 

Teletipo: 26 de Diciembre Fun Fun Fun





Fun de /fʌn/. Este viernes, después de que la Navidad de la que hablaba SA se haya terminado ya, seguirán las veladas musicales en esta ciudad que parece que despierta a tumba abierta y sin mirar las consecuencias. Mientras no les corten las manos o la luz, los hosteleros más dicharacheros del extrarradio siguen empeñados en hacernos las tardes más estruendosas y saturadas para todos. Por un lado, EL TUBO propone a los locales Lomoken Hoboken. Por el otro, a pocos metros de allí, el PANORAMA también se apunta a la fiesta de la música en directo y anuncia que ese día aparecerá por allí Luigi Stream junto con Ricky Billy. Parece que uno tocará la guitarra, el otro la batería y ambos intentarán que su audiencia viaje en el tiempo hasta 1950, con ese al final, que significa del 50 al 50 y pico. 
Como dicen los entrenadores de primera división: bendito problema tener dónde elegir.


Teletipo: Se escucha por el barrio



Se dice por ahí.
No sé dónde leí.
La familia Telerín aparece en el listín.

Si los quieres, ya los tienes. Vas y los escuchas, donde ahora se escucha la música: bandcamp. Si no, haces como yo y dispones de uno de estos días de guirnaldas, mazapán, mantecados y metros petados, para montarte en uno y acercarte a la capital. Yo lo voy a hacer, y me dejaré los dineros en alguno de los puntos de venta donde se encuentra salgai. Bai.

 

Teletipo: Shaqira O'Neal



A ver si aprendemos, joder; quién es rock y quién no. Que si es una manera de entender la vida, que si es una religión, que si but I like it. ¡Un perfume!
¡Es un perfume!
Thanks, Shaks.

Teletipo: Cocker

Yo que le mencioné hace unos días sin venir a cuento y ahora... Me siento en deuda pero tengo dudas, porque no sé muy bien qué decir. Así que... mejor que hable él y que hable como cantaba en 1970, cuando se fue de gira por los States.
He elegido el clásico de los Box Tops y, el resto, como digo, Joe, tío, que se te desate el corazón.


sábado, 20 de diciembre de 2014

Curious People



Al principio, creía que me iba a quedar ocurrente, comenzar la crónica jugando ingeniosamente (ja) con el nombre de la banda y el del mono marrón que vino del África para vivir en la gran ciudad. Ni Furious People ni Curious George, si no, Furious George, pero luego me acordé: ten cuidao, pelao, que ya hubo alguien que se llamaba así. Sí, ¿no? Una banda de punk de finales de los noventa, esos que salían en una película de Spike Lee. Así que luego opté por la otra combinación: Curious People. Y no queda mal, porque yo iba a empezar mi monserga diciendo que yo, como el mono, aparecí por el Tubo por curiosidad para ver la furia mencionada, y, para decir eso, también funciona la otra combinación, ¿no?
Castellón.
Que rima.
Y de Castellón venían los Furious People; como bien dijo el cantante, después de darse una zampá de kilómetros.
Vinieron, además, aparentemente cargados para comenzar una gira que empezaron en Barakaldo, sigue hoy en Gijón, el viernes que viene en Madrid y en nochevieja en la Sala Burbuja de Castellón. Vinieron con merchandising, cables, pedaleras, instrumentos y un repertorio de canciones que ya desde que probaron sonido sonaron incendiarias y atronadoras. El bajo calentaba jugando con el éxito de Los Bravos y el cantante se ponía de puntillas para que su cuello se erizara y llegara al micrófono. Dieron por buena la prueba, y se pusieron a esperar. Los demás, que andábamos por allí, fuimos calentando motores con unos paisanos de los invitados, los Wau y los Arrrghs, que pinchó a todo trapo el dj residente del Tubo.  
Y el resto es historia. De la buena, con minúscula, de la que no sale en las enciclopedias. Lo dicen ellos cuando lo ponen de subtítulo debajo de su nombre, así que no hay mucho más que añadir: high energy rock and roll. Retumba escandinavia, se repasan años de cuernos y lenguas viperinas. Arrancaron con tres canciones en fila india como cuando te quitas el esparadrapo sin pensarlo, de un solo tirón. Después de ese comienzo, ya no había solución. Estabas hundido en el fondo de un mundo maravilloso, con gnomos tatuados, hadas que vestían botas con alzas, un paraíso de energía vigorizadora que tomaba la forma de decibelios y punteos, redobles y aullidos tan primitivos como el origen del mono de los cuentos para niñas y niños. 
Desde donde estaba veía cabezas. 
Al anochecer, en el desierto, bajan los termómetros al subsuelo y las bestias se pasean por la alfombra de arena. Si estos tíos se pusieran a tocar en el Mojave, pensaba, asfaltaban hasta las yucas. Es increíble como podían salir armonías de esa voz tan feroz y áspera; parece que canta mientras mastica vinilo, seguía pensando, pero había nostalgia y trascendencia, emoción y belleza en esos párrafos vocales que se subían a la chepa de las guitarras, estrepitosas, en simetría con una base rítmica a la que me agarraría firmemente si estuviera apunto de hundirse el mundo. Todo esto en directo suena como un absoluto, como un conjunto íntegro, un puzzle hecho y perfecto que lo mismo representa el delta del Mijares, que un ocaso sobre el fiordo, que todo el hormigón de las urbes donde jóvenes furiosos se dedican a convertir su ira en música pletórica y crucial. 
Con estilo, versionearon a los Carniceros del Norte y por dos veces a los Rolling Stones, la segunda, tocando un "Gimme Shelter" que me la chivó Manu el Gallego, siguiéndolos atento a mi vera, porque yo no me enteraba de la misa la media.
Reconozco que no me quedé a hacer la digestión. Me piré de allí empachado y obligado por la responsabilidad civil. El zumbido de aquella bacanal polifónica aún me perseguía esta mañana, cuando ya había despertado y los gnomos y las hadas y los monos quedaban enterrados debajo de la almohada.
Si la furia castellonense se troca en música como ésta, por favor, que sigan enfadados de por vida en Castellón, dijo el mono Jorge con una sonrisa pícara y colorín, colorado.

viernes, 12 de diciembre de 2014

El club de los quince



Vamos a ponernos serios, tío. Dos deseos pediría para 2015: uno, quedarme ciego repentinamente cada vez que en televisión anuncien un perfume (sobre todo, en Navidades). Yo ciego, por un instante; las voces en off, mudas. Dos: por dios, que diría el que cree, por Diego Armando Maradona, el que lo hace en otros dioses, que alguien invente unos auriculares de botón con un cable que no se enrede. Si Murphy repasara sus leyes, añadiría una nueva, cada vez que guardas los auriculares en el bolsillo, los sacas hechos un ovillo.
No es suficiente, más serios aún: me estoy comiendo un polvorón, lo juro, ¿no vale eso?
Más, más, más serios aún, que es casi Xmas: had una lista. ¿Una lista? De lo mejor y de lo peor del año, las diez mejores gasas esteriles del mercado, cincuenta canciones perfectas para hacer de vientre en un retrete móvil, yo qué sé. Una lista, la lista. 
Y yo voy y lo hago porque tengo solo una tradición navideña que sigo a rajatabla: decir que no voy a hacer algo y hacerlo. Pero este año me he puesto tan serio que se me ha fruncido el ceño tan fuerte que tan tan gao, colega, te creías que no, pero aquí está: mi lista de lo mejor del año 2014 y encima me he tomado el empeño de asegurarme de que los discos fueron publicados en el año que se esfuma, pero ya no en los estadios ni en los txokos. 
Vuelvo a repetir lo de todos los años: que yo he seguido pasando de Uncle Tupelo a Bruce Springsteen, de Eskorbuto a La URSS, de The Smiths a The Remains sin importarme la cronología, biografía, tipografía o cacofonía de los discos. Así resulta difícil redactar una lista aunque lo hagas con los cuadernillos de rubio. Pero lo he hecho, y no estoy orgulloso; si saco pecho es porque se sale solo. 
Cuelgo los nombres de la banda y el disco, los pongo en negrita, intento ser resumido en mi glosa, añado un vídeo si procede o puedo y termino la introducción diciendo que hubo muchos que se quedaron cerca de entrar entre los quince primeros, gente como Tom Petty, Lucinda Williams, Willie Nelson, The Hold Steady, Dulce Pájara de Juventud, Ty Segall, Ought, Allah-Las... pero todos no entran o entraban y además son más los que he olvidado que escuché y hubiera metido en la lista, así que qué más da. 
Son quince, termino, porque es la media de gente que se asoma por este blog si no se hace publicidad de la entrada, y pense que la filosofía de "una para cada uno y todos contentos para casa" quedaría bien. 
Y, por último, debe ser verdad eso de que el orden de los factores no altera el producto porque puedes ponerlos en el orden que quieras que seguirán haciendo quince y a mí me dará lo mismo. He optado por el alfabético y terminamos antes. 
¿Puedo ser más serio en esta época del año?
Claro. En nochevieja alquilo traje, zapatos de charol y me engomino la calva. Canto villancicos en tu ventana y me apunto al cotillón del hotel de turno. ¿Suficiente? Más circunspecto y me sale un inspector de hacienda por la axila izquierda. O de la SGAE.  


BAKELITE   AZERIAK
Me costó tanto conseguir el disco que, a poco más, y me como las uvas sin haberlo oído. Como son bilbaínos, con poco se bastan para hacer mucho. Si en lugar de darles una guitarra y una batería, les hubieran dado una pala y un cubo, habrían construido San Mamés lo mismo que escribieron "Azeriak". Me quedo con "Begiak Itxita" o "Basoa" o "Indarra" pero como "Azeriak" es la que he encontrado en el youtube, pues cuelgo ésa:




CHUCK E. WEISS   RED BEANS AND WEISS
Pues entro casi que el último, asomando la cabeza por la puerta como quien quiere sumarse a la fiesta porque hay birras y un sofá. No sé, el disco me ha resultado resultón y me ha hecho gracia. Sé que no es una gran crítica, pero si alguien hace una lista de las cien peores críticas del año, seguro que ésta la encabeza. 




CONOR OBERST   UPSIDE DOWN MOUNTAIN
Bueno, Oberst siempre ha sido una debilidad. Además, me gustó su concierto en Bilbao y aquello me liberó del disgusto que me pillé del anterior. Si vuelvo a contar una vez más que me lo tropecé en una librería de Omaha, el que va a tropezar al borde de un desfiladero soy yo, así que, simplemente, admito una vez más que Upside Down Mountain me parece un acertado regreso al Oberst más orgánico, si es que alguna vez se fue. Por cierto, si os queréis librar de la distópica intro del principio, pegadle al minuto 2:34 más o menos y empieza la música. 




HURRAY FOR THE RIFF RAFF   SMALL TOWN HEROES
Recomendados por alguien que sabe más de densos libros con tapas duras que yo de hacer "oes" con un canuto, me temía que fuera un coñazo contemplativo y ombliguista. El nombre, encima, me ponía nervioso. Ni lo uno ni lo otro, sí, tiempos medios, raíces que ni Kunta Kinte, pero sorprendente y más frescos que una mirinda servida por una camarera con patines:




LOS ENEMIGOS   VIDA INTELIGENTE
Son buenos hasta cuando duermen, porque cuando trasnochan son angelicales... vaya chiste sin gracia ninguna ni sentido ni menaje ni la menor importancia. E inteligentes, eso sí, como la vida misma, que después se lo proponen, y retratan en revoluciones por minuto. Su vuelta al estudio, como el regreso de Los Plomos, el estreno de 2lería o mis progresos con las castañuelas, ha sido de lo mejor de este año musical:




LYDIA LOVELESS   SOMEWHERE ELSE
Con acústica o electrificada, me da igual. Parece más seria que mis listas, y sus canciones, por eso, caen como el plomo (¿Los Plomos?, ¿otra vez?) por la garganta, pero mola, que es un verbo como otro cualquiera mientras no vaya cuantificado por una metafórica herramienta de mano:





NOVEDADES CARMINHA   JUVENTUD INFINITA
Por qué no decirlo, me quedo con Jódete y baila aunque Juventud infinita sea mejor, o peor, o como si esto tuviera un baremometro. Los gallegos suenan más garajeros y menos punkarras, suenan mejor, suenan toñas en la nuca, chistes malos, poesía de servilletero y los parches y las cuerdas como si fueran la puta crema:




OFF!   WASTED YEARS
Te pones el último disco de Off! cuando te duele la cabeza y si no se te va es porque no te dolía. Lo de Jack Black y todo eso, es solo de postre:

 


PORCO BRAVO   PORCO BRAVO
Ya vuelan tan alto que si miro para abajo me mareo. Yo, ellos seguro que no. Como ejemplo: mientras yo paso el rato escribiendo esto, ellos deben andar bebiéndose el cielo en vaso de chupito con los Turbonegro. Poco más puedo añadir que no haya dicho ya en este blog donde les hemos dado tanta cera que no me extraña que arda tan bien la bengala y que entre tan bien por donde entra. Eso sí, toda bien merecida, a mi humilde parecer y como he intentado explicar en este blog con mi habitual acoso al verbo y la borla en forma de adjetivo. Igual de merecido es que se encuentren en esta lista, aunque más que un orgullo les va a sonar a perogrullo:





SHOVELS & ROPE   THE DEVIL IS ALL AROUND
Ni son los Bakelites de Charleston, ni los bilbaínos son los Shovels & Rope del botxo. Pero como los dos son dos y por lo tanto números primos y pares, pues por eso lo he dicho, y dicho esto, solo falta decir que aún me acuerdo de que conocí a esta banda por la serie de televisión Nashville. Y poco más. Ah, sí, que me quedo con el anterior, O Be Joyful, pero me sigo quedando con ellos:




ST. PAUL & THE BROKEN BONES   HALF THE CITY
Lo dijo Mike Farris frente a la ría de Mundaka y el rodaballo que se zampaba Perru Trucker y me quedé con la copla. Fue ir a la red de redes y quedar prendado de los vídeos que habían ido colgando los de Alabama. Les costó sacar y costó aún más que yo me hiciera con él as que guardaban en la manga, pero, finalmente, llegó Half the City y la impresión general, personal y con dos cojones porque lo suelto aunque no tenga ni puta idea, es que se les fue un poco la mano con el maquillaje, pero aparente queda:



 
STURGILL SIMPSON   METAMODERN SOUNDS IN COUNTRY MUSIC
Descubierto a última hora por mediación de una corporación de hadas resabidas que me traen la anunciación, escuchar a Simpson es como leer una enciclopedia en braille. Aún sigo intentando palpar las canciones como si estuviera buscando un tesoro en el fondo de un duna en medio del desierto. Si encima me cuentas que esa (perdón por adelantado) puta máquina que está tocando la guitarra detrás de Simpson no empezó tocando en ningún tugurio de Austin porque se llama Laur Joamets y es de Estonia... entonces ya... más puntos suspensivos...




THE DELINES   COLFAX
Sí, vale, me dices Willy Vlautin y segrego, pero no soy yo el que ha hecho que los The Delines estén cerca de ser adoptados por el imperio británico. Yo aún no les he visto en directo, pero ellos ya se conocen Inglaterra, Irlanda y Australia como si fuera Patty's Retreat. Vamos, que no soy yo:




THE OLD 97'S   MOST MESSED UP
Me sorprende verlos en vevo (fíjate tú que no hubiera quedado mejor con otra consonante bilabial), pero me alegro por ellos. Los de Dallas, veinte años ya en esto, han dado en la tecla acertada, después de grabar con Waylon Jennings o crear, junto con otros, por supuesto, lo que se llamó la generación No Depression, etiqueta que probablemente repelan como se repelen las cargas eléctricas del mismo signo, siguen escribiendo canciones y pagando la cuota de socio del club del rock (donde no me dejan entrar, por cierto). Irregulares pero jocosos en las letras, con una sinceridad tan sarcástica que aplasta estribillos, como en una "Longer than You've Been Alive" que crece y se desinfla, bucea y se desliza como parece que solo puede hacerlo una banda de rock del calibre y el bagaje de estos cuatro tíos. Si me ponen esa línea de bajo en el cerebro durante una noche entera, me despierto envuelto en llamas y con la cabeza en forma de martillo, te lo digo:





TIPARRAKERS   MUY FUERTE
Sal de esta entrada y léete la anterior, no, la siguiente. Bajo el título de Tipafilaxia, que no es una enfermedad contagiosa, o puede que sí. Ahí tienes todo lo que puedo contarte sin estropearte el final. Aquí, la canción que cuelgo es la que puedo, la que está en internet. En este caso, "J.Jimenez", con ese comienzo que amenaza con tormenta a lo "For Whom the Bells Toll", pero se desmarca pronto para pillar una carrerilla más electrizante que la del caco en cuestión. 
 




Y con esto, y teniendo en cuenta que, aunque se esté convirtiendo en tradición ante la falta de horarios más sanos, son las dos de la madrugada (en realidad, son ya las 2:48 y hay un concierto de jazz en la ETB2) y mañana amanece otra vez temprano, me voy con el daño ya hecho. Y, por cierto, si alguien quiere corregir, enmendar, glosar, patear o contribuir con su propia lista, invitado o invitida está. 

martes, 9 de diciembre de 2014

Long Ryders, en diferido



Mira que si te hubiera dicho lo de que la "y" es en referencia a los Byrds, ya habría hecho mi trabajo y me sacudiría la solapa, me pondría frente al espejo, me autodedicaría una sonrisa, se me hincharía el pecho que da gusto. Pero no, dejé que pasara el domingo. Me tomé un tiempo. Ahora, voy, y escribo. Y, porque soy tonto, repito lo de que The Long Ryders le cambiaron la vocal al jinete para que se emparentara con el pájaro. 
Como mis lectores, los asiduos y los despistados, suelen saber de música mucho más que yo, no creo que haga falta repetir, pero yo lo hago, que The Long Ryders era una banda de los ochenta a la que se metió en el saco del Paisley Underground, aquella etiqueta que tenía más de cuadrilla de alterne que de categoría musical, donde entraban lo mismo The Bangles que Green on Red o True West. Las chicas de The Bangles alcanzaron fama y audiencia, la etiqueta estuvo siempre unida a la psicodelia y los grupos desaparecieron antes de que llegara a su final la década. Resumido. Eso sí, prácticamente todos regresaron del más allá y se dedicaron a revivir glorias pasadas, ya fuera a finales de la década siguiente o terminado el siglo XX. The Long Ryders no fueron ajenos a este patrón. Hace poco, le volvía a leer una entrevista a Sid Griffin, cantante y guitarrista del grupo, repitiendo aquello de que fueron en una época equivocada. Si te fijas, se les aprecian arrebatos psicodélicos que se quedan en breves conatos, pero, en realidad, su alt country con dos gotas de punk y un chorro de folk, no parecía encajar en un colectivo de bandas que lo único que parecían tener en común era la vecindad, la afición por la música, el hastío con las políticas y la América de Ronald Reagan y un impulso reaccionario contra la música y los peinados prevalecientes en aquellos años. No es poco tener en común, dicho sea de paso. De ahí venían The Long Ryders, aunque, físicamente, venían de California, de la ciudad de Los Ángeles, donde habían coincidido Sid Griffin, Stephen McCarthy, Tom Stevens y Greg Sowders; ninguno de ellos natural del estado dorado, por cierto.
Los cuatro miembros originales decidieron volver a reunirse (antes que Stevens estuvo brevemente Des Brewer) hace unos años. Después de sus ajetreadas vidas sin cabalgar juntos (les dio tiempo a casarse con Lucinda Williams, a sacarse una ingeniería informática, estrenar y finiquitar diversos proyectos musicales, mudarse de continente, a tocar con The Jayhawks o a escribir libros), decidieron regresar ya cambiados de siglo. Y, ahora, con motivo de la celebración de una nueva edición del WOP, el Walk on Project Festival, los The Long Ryders regresaban al escenario y se apuntaban a la cita en Bilbao, dentro de una gira por España que les llevará (o les ha llevado ya), además de por Bilbao, por Madrid, Valencia y León, donde participaron en el Purple Weekend. Conviene recordar que el WOP es una más de las múltiples actividades que llevan a cabo dentro del proyecto solidario del mismo nombre, en busca de recaudar fondos, a través de actividades musicales, para la investigación de enfermedades neurodegenerativas "poco comunes". Por supuesto, el WOP no era solo Griffin, McCarthy, Stevens y Sowders. También aprovecharon el céntrico local de la sala BBK, el antiguo y emblemático Cine Gran Vía, para proponer los conciertos de The Fakeband y The Ugly Beats; estos últimos, llegados desde Austin, Texas, están acompañando a The Long Ryders en su gira. Y, claro, tampoco con esto se acababa la fiesta. En otro escenario, el Yimby de la calle Revilla, el Festival proponía otra serie de conciertos, con horarios más atrevidos, que incluían actuaciones como la del propio Sid Griffin (acaba de sacar disco en solitario) tocando en acústico, la banda oficial de Walk On Project, los Still River bilbaínos, dedicados a repasar la música de raíces norteamericanas o el curioso grupo Franela, una macrobanda reunida solo para homenajear a Neil Young y que cuenta, entre sus miembros, con músicos de bandas como Dinero, The Layabouts, o Toundra, además del productor Juande Dios o el periodista Ángel Carmona. Había más, pero con esto ya tenemos una idea del carácter y rango del festival.
Iba a decir lo de la "y" y he dicho eso y mucho más de lo que quería decir.
El caso es que nos apuntamos al sarao porque era casi obligatorio ver a The Long Ryders en directo antes de que el mp10 incluya una función virtual para producir un holograma de la banda que toca la canción. Llegamos (el plural no es mayestático, éramos dos) cuando The Ugly Beats pillaba carrerilla para despedirse. Nos dio tiempo a verles en directo cuatro canciones y superar la decepción de enterarnos de que no quedaba cerveza en la barra de afuera. Casi al mismo tiempo que nosotros llegaban muchos otros que parecían haber dispuesto de la tarde para ver solo a los de Sid Griffin. Entre el público, se veían los años y la cultura musical, mucha ropa de abrigo, músicos y ex músicos, ex baloncestistas, ninguna ex mía, ni de mi compañero, pero sí mujeres lo mismo que hombres que aguardaban con gusto que llegara el momento cumbre de la noche mientras el garaje sixties de los de Austin hacía la espera muy amena y sudorífica. No puedo decir mucho más que lo que ya he dicho y añadir que te daban ganas de celebrar una fiesta privada e invitar a estos cinco. No conocía a The Ugly Beats antes de entrar a la sala BBK y solo les he escuchado cuatro canciones sobre el escenario, pero me entraron ganas de cenar nuggets por la noche y estoy seguro de que, a partir de ahora, estos veteranos con espíritu rebelde y sobrexcitado estarán en la agenda.
La gente se lanzaba sobre la barra como los zombies de Dawn of the Dead sobre la pandilla de Sarah Polley.  Habían traído cervezas y daba igual que aunque fueran nuevas no estuvieran frescas. Eso sí, volvimos fuera antes de que subieran los de California, y ya no quedaba ninguna. Cigarrito en la Gran Vía y de nuevo a la oscuridad porque subían cuatro tíos al escenario que andaban, cuando yo apenas tenía 6 años, montándola en sitios como el Anti Club de Los Ángeles. Y aparecieron pronto y un tanto encogidos; encabezados por un Sid Griffin, muy elegante para la ocasión, que parecía David Bradley haciendo de Abraham Setrakian en The Strain. Junto a él, un elegante y western Tom Stevens, un taciturno Stephen McCarthy con aspecto de profesor de matemáticas de secundaria soltero a pesar de estar en los cincuenta y Greg Sowders con unas gafas que pudo haberle prestado Steven Seagal. Se les veía talluditos, recogidos, muy serios y bien peripuestos; la primera impresión, ésa que te guardas dentro, muy dentro, que no te oiga nadie, fue la misma de siempre, la que murmuras cada vez que te metes en la máquina del tiempo: por qué te haces esto otra vez. Se hace complicado ver en directo a grupos que dieron lo mejor de sí hace veinte o treinta años.
El concierto se movió entre la quietud un tanto indiferente de los medios tiempos que repartieron por el repertorio y los ataques más vehementes, esas canciones que les acercaban al ímpetu más amotinado de los afectos a la música de raíces. Arrancaban las raíces de cuajo cuando cantaban canciones como una "Gunslinger Man" que dedicaron a un aficionado al Athletic Club de Bilbao y que quizás cantaron demasiado rápido. Aún no estaban entonados. Tom Stevens se esforzaba en sus partes vocales, Stephen McCarthy recordaba a Thurston Moore y Sid Griffin se mostraba comedido aunque soltara alguna perorata y enredara con un juguete sonoro que acabaría regalándole a alguien con hijos en la primera fila (no que los hijos estuvieran en primera fila, pero ella sí). Hubo que esperar a la segunda parte del concierto, con versión de un clásico de NRBQ incluida, para que ganara nervio la cosa. Poco a poco, la pujanza ganó electricidad, Griffin se soltó, en verbo y en puntería, lanzando ropa ajena al público, y se despidieron brevemente para volver y tocar un bis que cerraron con la esperada "Looking for Lewis & Clark". Griffin la tocó y cantó con desgana, sin pronunciar ni una sola palabra del estribillo, jugando con su guitarra y hasta mascando chicle que no lo hizo, pero bien podría haberlo hecho. Esperar a escuchar esa canción y recibirla con ese brío holgazán es una lástima. Entiendo que Griffin y compañía estén cansados y aburridos de tocarla o de que se reconozca a ésta y no a otras que tocaron con un empeño más arrebatado. Lo entiendo, pero no deja de decepcionar.
Y poco más hubo que contar en un concierto conciso y rápido, de riffs con más peso histórico que urgencia actual, un público moderado y expectante y un repaso acelerado a la carrera de una banda que, si como ellos mismos parecen aceptar, nació en el momento menos oportuno, ahora pueden encontrar su espacio en una época, ésta, en la que, precisamente, parece que lo hay para todo el mundo.
Cervezas, eso sí, no quedan.
No quedaban.
Por eso y por otras razones, salimos a caminar bajo la lluvia y nos volvimos para el barrio. Con una x menos en el libro de las promesas y otra lección arrinconada que ya recuperaremos cuando coincida con otras que le den sentido.
Lo dejé para el lunes y ya es martes. En la tele, tíos con aspecto de estar matriculados en un máster de economía aplicada, o algo así, están jugando al póker en una mesa de tapete azulado. O lo que realmente quería decir: es tarde de cojones. Y que la "y"... pues eso. Gudnayt.



viernes, 5 de diciembre de 2014

Tipafilaxia



Cuando la respuesta a un fármaco disminuye con el paso de las dosis, los médicos, entre ellos, hablan de taquifilaxia. La reacción a la medicina se reduce porque la tolerancia fisiológica aumenta. A menudo, se resuelve ampliando la dosis. A mí me ha pasado con los Tiparrakers. Después de pasarme dos semanas sin dosificar los chutes que me he ido metiendo, ahora mi cuerpo se ha acostumbrado y ya ni reacciona cuando escucha el estribillo de "Enemigos todos". Sufro Tipafilaxia. Tengo que aumentar la dosis. Aprovechar el estéreo para ponerme Delirio tóxico por el auricular de la izquierda, Luego estamos, por el de la derecha y Muy fuerte, de sonido ambiente. Solo así me calmo.

Según Wilder Penfield y Theodore Brown Rasmussen, nuestro cerebro está formado por un tejido nervioso y si estimulas un punto concreto, afecta a un lugar exacto de nuestra capacidad motora o sensorial. Tú me haces clic aquí y se me erizan los pulgares, si es que los pulgares pueden erizarse. Créetelo, Phillip K. Dick lo sabía y por eso se le ocurrió que en el futuro existiría una máquina que él llamó el aparato Penfield, un sencillo artilugio que modificaba el estado de ánimo de una persona por medio de estímulos eléctricos. No sabía que ya existía: se llama música, y de eso intentamos hablar aquí, aunque sea torpemente. En concreto, hoy, de cómo hemos descubierto una nueva musicopatología a la que llamamos Tipafilaxia.  

Y es tóxica. Efecto secundario: delirio. Por eso publicaron con ese título su primer disco: Delirio tóxico, allá por 2010. Dos años más tarde, continuó la pandemia y titularon a este segundo brote Luego estamos. Ahora, en 2014, publican, por fin, la vacuna, de uso tópico, con efectos secundarios no testados, y de nombre, Muy fuerte.

Para hablar del mismo teníamos cita, pero como no lo habíamos hecho antes, no hemos podido evitar hablar de lo que sucedió primero, que, en el caso de los Tiparrakers, no fue ni el huevo ni la gallina, si no, directamente, la sartén o el puchero.

Por ahí he leído que los emparentan con los Burning, Los Ilegales, La Banda Trapera del río, Ramones, Motorhead o todo aquello que venga del barrio de Buenavista y entre en la nómina de No Tomorrow, lo que viene a ser prácticamente lo mismo. Y sí que hay ecos de Muletrain, de Nuevo Catecismo Católico, de los Painkillers o de Why Not?, pero, en tres discos, se le ven los dientes al recién nacido y yo hablaría lo mismo de estos que de Ted Nugent, MC5, Radio Birdman, The Gories, La Perrera, The Real Kids, The Dirtbombs o hasta Airbourne por ponerme melodramático. Por supuesto, a Martín Melitón Pablo de Sarasate y Navascués. Hay un cambio claro desde un sonido más crudo, con guitarras vuelta y vuelta en la parrilla y ritmos tan primitivos que hacen de Delirio tóxico uno de esos discos escondidos, imprescindibles y sorprendentes, hasta la contundencia mucho más high-energy, virtuosa y controlada de Muy fuerte. Una evolución gentrificada que les ha hecho más sólidos, más convincentes, pero menos insólitos.

Me declaro fan incondicional del sonido del primer disco. No hay una sola canción en la que el riff de guitarra no sea hipnótico y original. De "Alkoholizado" a "Presa fácil", mi favorita por jugar al borde de los géneros y los estereotipos, se recorren tal infinidad de paletas que me da igual que estas sean de trazos poéticos y no de jamón ibérico. La base rítmica sostiene canciones que se desdoblan por sorpresa, la batería se apacigua a base de charles, la guitarra rasguea el vuelo en el aire y el fraseo a coro aparece por sorpresa para cambiar el tono y la melodía ("Buscando acción" es a este esquema lo que el polvorón a la navidad). Otro ejemplo: ese frenazo psicodélico, en seco, modélico, que rompe en "La puerta" los goznes que la abrían hacia una habitación oscura. Leí que le tocó la ingienería a Iain McLaren, alguien en quien se puede confiar porque sabe lo que hace y estoy seguro de que, si no lo sabe, lo aprende por ciencia infusa, pero el sonido es tan crudo, tan visceral, tan básico y singular que me parece una joya escondida en el culo de una almeja que se refugia debajo del fondo del mar en una fosa abisal. Pero joya, al fin y al cabo.

Dos años después, Luego estamos avanzaba al estado prodrómico, asomando lo que podía ocurrir en el próximo. Versiones acertadas y bien ejecutadas de Los Ilegales y The Angels a parte, el disco destaca por lo que permanecía acoquinado en el primero. Las líneas de bajo en "La bestia" o esa batería a piñón fijo que parece no tener velocidades pero se pasa todo el disco haciendo malabares para sostenerle el andamiaje a las canciones. Las guitarras ya suenan distintas, más turgentes, macizas, riffs más pegadizos y de enciclopedia, como en "Salvaje". Hard rock, más clásico, con estribillos tajantes de frases cortantes, con cambios bruscos que parecen bocanadas neurálgicas. El disco es como un álbum fotográfico del barrio con vocabulario de mira holográfica que no se pierde el más mínimo detalle: la vecina bárbara, casanovas del tecno, seductores de la cebolleta, gamberros con deportivas... Siguen con el talento para la frase firme y fulminante, de las que si no las cantas con la yugular infartante no se entienden. 

El mismo ensayo contestario domina las letras de Muy fuerte. El cabreo les dura pero ha madurado el ceño. Las palabras siguen siendo hierro hirviendo que escupen como Gene Simmons esputa bolas de fuego, pero hay cierto tino, no es cautela, pero como si estuvieran cauterizando las ideas, con juicio, introspectivos, incluso melancólicos. Revisan parámetros perdidos, se preguntan dónde están los comunistas, repasan la vida y obra de la farándula y la fauna que puebla esta sociedad que desfiguran musicalmente: ladrones del folclore popular, toreros con rancio abolengo, estrellas del rock, chulos de discoteca, burguesía de papel couche. Enemigos todos. Así abren un disco en el que solo hay una canción que tenga de título una única palabra, "Encapsulado", que es precisamente la que parece una bisagra, la que no sé si entenderla como un juego, una aporía o una perspicaz metáfora de nuestra posición inexpugnable en medio de esa jungla que han ido exponiendo a base de acordes y versos.  
Muy fuerte es la confirmación de que Tiparrakers ha encontrado su camino y su sonido, uno de barítono haciendo cuernos, enérgico y transparente: canciones concisas, explícitas, redondas, sin descanso, con un esqueleto que parece de mármol pero está hecho de cera y espuma y se moldea mejor que un T-1000; más arabescos que un contorsionista, prestidigitación en unos parches que tapizan el desierto a baquetazos. Se alejan de ese sonido tierno y temerario que hacía de Delirio tóxico algo más próximo a los garajes de adobe rojizo del extrarradio de Detroit, pero se han acercado al fulgor que ha ido caracterizando al nuevo rock and roll fabril, probablemente encabezado por los ya ejemplares Porco Bravo pero con un esmalte distinto que produce un brillo exclusivo. Abren el melón, y dentro hay algo más que carne, agua dulce y semillas.

Dicen que el melón es bueno para la angina de pecho, que tiene adenosina y ayuda a evitar la formación de coágulos en la sangre. Para la Tipafilaxia solo hay un remedio: ponerse en manos del Doctor Vasili. Sigue sus consejos y en nueve sesiones de menos de tres minutos estarás restablecido y robusto, perdido para siempre porque, inoculado, el rock and roll ya no saldrá de tus venas ni aunque te propongas batir el récord de transfusiones de Lance Armstrong.

Ahora sí, voy a permitirme cerrar sin chorradas del vademécum o de la cultura popular, a palo y sin paños calientes: Tiparrakers, medalla de oro en halterofilia, papiroflexia y tipafilaxia. Si te gusta mover la melena mientras empalmas tus dedos meñique e índice, ahí tienes mandanga de la buena para que cameles como quieras, que decía el otro. Rock del de alto voltaje, sin aspavientos ni miramientos, sin disfraces ni teñidos, con el espíritu punk y el aliento de la herrumbre del horno. Todo para ti, a un módico precio. 


sábado, 29 de noviembre de 2014

Porque es la 1:34 y está sonando Joe Cocker



Hoy, en pocos kilómetros a la redonda, podías ver en directo, incluso, algunos de ellos tocaban juntos en el mismo concierto, a los siguientes grupos y a otros que no menciono más que a escondidas en los puntos suspensivos del final: The Intelligence, Munlet, Las Sexpeares, Toni Metralla y los Antibalas, Penadas por la Ley, La Hora del Primate, Islas Marshall, John Garcia, Dr. Maha's Miracle Tonic, Educados en el Izar & Star, Willis Drummond, Kashbad, Me & The Bees, Wilhelm and the Dancing Animals, Anette Olzon...
De todos ellos, yo no he visto a ninguno. Pero, en lugar de quedarme postrado en la huella que ha labrado mi trasero en el sillón de casa, o perder el tiempo acodándome en el mostrador de una tasca para ver, de fondo, como resuelven el rosco mietras yo como maní gratis, me he puesto calzado y me he bajado al Tubo a ver a Baketazo.
La crónica, en realidad, te la puedo resumir en un párrafo que para eso estoy cansado y ansioso por pillar el sobre y pegarme el sello en el entrecejo y todo: han sonado más cercanos a Kortatu, Parabellum, Eskorbuto y Tijuana in Blue que a los que han versioneado: Burning, Loquillo, Platero y Tú o Siniestro Total. Han comenzado fuerte con una soflama patriótica con bajo punkarra y guitarrista que recordaba más a Chuck Berry o a Danny Cendrone marcándose un solo histórico. A partir de ahí, han sonado más a punk que a roll, aunque la cosa iba y venía igual que suben y bajan las mareas. Con el histórico Natxo de los inicios de Putakaska detrás del bombo y el bajo muy alto, la sección rítmica ahogaba a un guitarrista vestido elegante para la ocasión con una camisa de cowboy que parecía que ni comprada en Rockmount Ranch Wear y camiseta con el dedo corazón de Johnny Cash apuntando a la luna. Diálogos con chispa, a veces incluso cantando, fervor localista, canciones de sábado noche, mucho derroche de cuerdas y un nivel aceptable para la gente que buscaba bailar un rato y divertirse mirando hacia el escenario.
Antes tocaron unos chavales que creo que se llamaban Zenbait. Yo llegué cuando clavaban "Zuk atrapatu arte" a dos voces y, por aclamación popular, se marcaban una más para cerrar un concierto que no vi porque llegué tarde con un "Cerebros destruidos" que sonó más deconstruida que las alcachofas con huevo escalfado y jamón que me pusieron para desayunar un día de gaupasa en fiestas de Oyón y si voy yo y recuerdo esto ahora es porque viva la mandanga y las ganas de arrastrar por el cieno mi reputación. 

Ahora, si me preguntas por qué es ya la una de la madrugada y estoy aquí encima de la huella del sillón y ella fabricándose una nueva en el sofá y estamos repasando, sin que nadie nos apunte con una pistola a la cabeza, la discografía de Boston, Fresones Rebeldes, The Mamas & The Papas, Wham!, Culture Club, INXS, The Bangles, Scorpions, Men at Work, Guns & Roses y demás amigos de los cardados y los estribillos pegadizos, te contesto que es porque el insomnio es más farrullero y peligroso que un tímido puesto hasta las cejas de dietelamida de ácido lisérgico cuando tienes delante el youtube y ganas de repasar con sorna tus años de pantalones campana, peinados imposibles y carpetas con recortes de las revistas para adolescentes. 
No tiene nada que ver ni con Baketazo ni con las fiestas de los viernes en el Tubo, por supuesto. Y ya que hablamos de eso, recordaros que la cosa no para y los próximos dos meses ya están programados. Por ahora, eso sí, solo nos quieren contar lo que tienen para terminar el año y aquí lo cuelgo para que se os pongan los dientes largos:


Posdata: la imagen de la cabecera la he robado del google image. Perdón si me la he apropiado sin pedir permiso. La de los conciertos de El Tubo se la he birlado directamente al batería de turno, pero ése sé que me da permiso sin que se lo pida.

jueves, 27 de noviembre de 2014

Estómago rebelde



Hoy he hecho algo que quizás no debía hacer pero que necesitaba hacerlo. Ha llegado la hora de comer y en lugar de hacerlo en diez minutos, me he tomado cuarenta para masticar y hacer la digestión. Así que, en lugar de encender la televisión y que la providencia elija un canal, he decidido poner una película y tenerla ahí de fondo, de compañía y banda sonora.
Como ya la había visto antes y pensaba que podría seguirla así como de soslayo, sin prestarla mucha atención, he decidido ver la que en castellano tradujeron como Corazón Rebelde. Una película basada en el libro de Thomas Cobb quien, al parecer, se fijó en las figuras de Hank Thompson y Ramblin' Jack Elliott para configurar el personaje principal de su novela y, por ende, de la película en cuestión, Bad Blake, al que da vida Jeff Bridges y por cuya actuación ganó la estatuilla de oro en los Premios de la academia de 2009. El Óscar, vamos, dejémonos de chorradas.
No voy a deciros mucho del argumento por si luego queréis ir, verla, y disfrutarla por vuestra cuenta, pero cuenta la historia de un cantante de country venido a menos y que a sus cincuenta y muchos años tiene que encarar un problema con el alcohol y la decadencia de su carrera artística. Hay una historia de amor, canciones en directo, una actuación estelar de Colin Farrell, originario de Dublín y aquí haciendo de tejano con principios, y esa visión entre crepuscular y realista de la vida del artista, ya sea en el escenario, detrás de él o cuando vuelve a casa. Vamos, que yo creo que es una buena película y que, hoy, mientras la hacía, me la comía, y luego la digería, la comida, digo, me parecío la mejor manera de disfrutar de un rato alejado de mis tormentos y preocupaciones. Además, la música de Stephen Burton, T Bone Burnett y Ryan Bingham también fue premiada y hace que la película sea aún más emotiva y efectiva. Bingham, por cierto, aparece en la película haciendo de Tony de Tony & The Renegades.
Bien. Pues me he puesto a verla y por supuesto me he visto obligado a prestarla atención. No he podido dejarla de fondo, como el muzak cuando estás de compras, o el trino de los pájaros cuando paseas por el bosque, no, he tenido, como debía haber sospechado, he tenido que dedicarle toda la atención y he vuelto atrás, he visto otras escenas por tercera vez y, al final, hasta he copiado los diálogos que más me gustan.
Como no he tenido suficiente con eso, ahora voy y los copio aquí y hasta me pongo a traducirlos y los dejo como una invitación a que vayáis y os alquiléis la película y la veais. Lo que más me gusta de esos diálogos es que, en gran parte, no tienen nada de excepcionales, una gran hondura poética, ninguna trascendencia filosófica. Son conversaciones naturales que ganan su impacto por la voz profunda de Blake, el fondo que lo envuelve, su mirada traslúcida. No parecen decir nada, pero tienen la profundidad de las cosas sencillas que desfilan por delante de las maximas autoridades.
El único problema, quizás, es que la traducción es mía y probablemente, no sea una buena traducción. También que la elección es mía, y probablemente, no sea una buena elección. La parte técnica de los últimos diálogos me costó, en parte porque aunque entienda lo que dicen y lo que quieren decir, no manejo la jerga técnica en castellano con la soltura con la que debería.


1. Bad Blake tiene concierto en una bolera de un pequeño pueblo en New Mexico, donde, además, no le pusieron a cuenta los gastos de la barra. Consigue que un fan le regale una botella de McClure's y se encierra en la habitación de su motel para disfrutar de ella. El cantante de la banda que le acompañará durante el concierto, le visita para invitarle a ensayar, y él le dice que va a cenar algo y que en una hora se reunirá con ellos, pero, en lugar de cenar, se termina su botella de McClure's y aparece por el local arrastrando su guitarra sin prisa pero sin resaca. La banda le espera fuera rulándose un porro:

- Thought you weren't gonna show.
- Son, I've played sick, drunk, divorced and on the run. Bad Blake hasn't missed a goddamn show in his whole fuckin' life. Not even playin' a fuckin' bowling alley backed by a bunch of hippies.

- Pensábamos que no ibas a aparecer. 
- Hijo, he tocado enfermo, borracho, divorciado y a la fuga. Bad Blake no se ha perdido un maldito concierto en su puta vida. Ni tan siquiera si he de tocar en una jodida bolera y teniendo a una manada de jipis como banda de acompañamiento. 


2. Bad Blake llega a Santa Fe y una joven consigue que le conceda unos minutos para entrevistarle. En un momento dado, ante un Blake descamisado, que para para fumar mientras se come un filete y bebe más whisky, y con un juego erótico un tanto repentino entre ambos, contesta a las preguntas de la entrevistadora:

- You feel like your music is also influenced by the blues?
- Oh, yeah.
- Son House, Big Bill Broonzy.
- We all owe our existence to them Delta Boys.

- ¿Sientes que también el blues ha ejercido una influencia en tu música?
- Sí, claro. 
- Son House, Big Bill Broonzy. 
- Todos le debemos nuestra vida a los chicos del Delta. 


3. Ésta es simplemente la siguiente pregunta que le hace, y él se recuesta en el sofá e intenta tapar la barriga con su camisa desabrochada.

- You ever want to do anything else?
- Play baseball. I was pretty good, too, you know, for a while there. I couldn't hit the curveball. Well, I just figured I'd stick with the guitar, you know? Son of a bitch stayed where he was supposed to.

- ¿Alguna vez quisiste hacer algo distinto?
- Jugar al béisbol. Y, durante un tiempo, también fui un buen jugador. No podía pegarle a la bola curva. Así que pensé que era mejor dedicarle mi tiempo a la guitarra, ¿sabes? La hijadeputa se quedaba quieta en donde debía quedarse. 


4. En una historia que se ha convertido ya en recurrente y casi metafórica cuando alguien habla de música country y quiere reflejar la distancia entre un enfoque más romántico y auténtico de la música de raíces y el poder económico en el que se ha convertido el negocio, Bad Blake guarda una antigua y polémica relación con Tommy Sweet (Colin Farrell) quien ahora disfruta de un éxito al que tuvo acceso gracias a las canciones y el patronazgo del propio Blake. Blake está desesperado porque necesita dinero y un empujón para relanzar su carrera, y su mánager le sorprende con una llamada para anunciarle que le ha conseguido un concierto en un pabellón en Phoenix, Arizona, y que tendrá la posibilidad de tocar ante 12.000 personas. El único problema es que actuará como telonero. Tendrá que abrir para el propio Tommy Sweet. Por supuesto, acepta, a pesar de que reniega, y cuando llega al concierto, mantiene esta conversación con el técnico de sonido, llamado Bear. Diréis, y qué. No sé qué, o por qué, pero yo rebobino y la vuelvo a escuchar. Quizás es por el choque enérgico entre los protagonistas, por la expectación, yo qué sé, quizás simplemente porque hablan de lo que no entiendo y querría comprender mejor:

- Hey, how you doin', man? So what's your equipment like?
- Fender Tremolux.
- That's it?
- That's it, pal.
- You got a preference -- Marshall, Peavey, Vox?
- I like my Fender.
- You like your Fender. Okay, no sweat. We'll mike it right into the PA. Where's your stuff?
- '78 Suburban out back.
- All right, I'll take care of it.

- Aupa, ¿qué tal, tío? ¿Cuál es tu equipo entonces?
- Un Fender Tremolux. 
- ¿Eso es todo?
- Eso es todo, colega. 
- Y, ¿tienes alguna preferencia? ¿Marshall, Peavey, Vox?
- Prefiero mi Fender.
- Prefieres tu Fender. De acuerdo, no te preocupes. Lo conectaremos directamente a la megafonía. ¿Dónde están tus cosas?
- Un Suburban del 78, fuera, en la trasera. 
- De acuerdo, yo me encargo de todo.


5. Y lo mismo pasa con esta otra que tiene a los mismos protagonistas. Probando sonido, la platea vacía, el escenario a oscuras, el día soleado y un vocabulario que parece tan particular como las señas en una partida de mus:

- Two bars of D and then we hit the top of the bridge. Go on. Count it off, Johnny.
- One, two. One, two, three, four!
- No, no, no. Bear. Bear. Bear. I need kick and snare. Turn down the damn guitars. You're drowning out my lyrics.
- The mix is good, man. You can't hear what I' hearing out here.
- Yeah, you'd be surprised. Set it the way I tell ya and leave it.
- The mix is just fine, man. Trust me on this.
- Bear, I'm an old man. I get grumpy. Humor me. Damn soundmen. They try to fuck up the opening act. You know? It makes the headliner sound that much better. That's her fuckin' job.
- You got another half hour there, cowboy.
- Hey there, partner. We're gonna be up on this stage till we get the mix the way I want it. Set the mix the way I want it or I'm gonna be up here rehearsing right through Tommy's set. Let's take it from the top of the bridge. Let's see how Bear does. One, two, three, four. Now the guitars are sounding right.

- Empezamos con compás en re, dos veces, y seguimos hasta terminar el puente. Venga, va. Lleva la cuenta, Johnny. 
- Un, dos, un, dos, tres, ¡cuatro!
- No, no, no. Bear. Bear. Bear. Necesito caja y bombo. Baja las malditas guitarras. Estás ahogando la letra. 
- La mezcla es buena, tío. Tú no puedes escuchar lo que yo escucho aquí fuera. 
- Sí, ya, te sorprenderías. Hadlo como te digo y ya está. 
- La mezcla suena bien, tío. Confía en mí. 
- Bear, soy un viejo. Me pongo muy cascarrabias. Alégrame el día, anda. Malditos técnicos. Intentan joder al telonero, ¿sabes? Así consiguen que el cabeza de cartel suene mucho mejor. Ése es su maldito trabajo. 
- Te queda media hora de prueba, vaquero. 
- Escucha, compañero, vamos a estar aquí arriba hasta que suene como yo quiero. Had que suene como te pido o me quedaré aquí ensayando aunque haya llegado el turno de Tommy. Vamos allá, empecemos desde el puente. Vamos a ver qué tal lo hace Bear. Un, dos, tres, cuatro. Eso es, ahora sí que suenan bien las guitarras. 


6. Y, por último, lo que dice justo cuando sube al escenario esa misma noche y, con su guitarra en ristre, mira al público y se acerca al micrófono:

- Sure is good to be with you tonight. Of course, at my age, it's good to be anywhere.

- Encantado de estar con vosotros hoy aquí. Aunque, por supuesto, a mi edad estoy encantado de estar en cualquier lugar.  



¿Por qué?
No sé. Quizás porque, como Bad Blake, todos queremos ser mejores personas de lo que nos hicimos creer que podíamos ser. O músicos, que es lo mismo.



sábado, 22 de noviembre de 2014

Verborrea trágica

Es fácil soportarlo. Duele, pero puede que incluso un dolor de muelas duela más. Levantarte toda tu miserable vida a las cinco de la mañana para trabajar en el andamio y dedicar el resto del día a quitarle el adjetivo miserable al sustantivo vida, eso sí duele. Tiene que doler por más que lo mengüe el empeño. Por eso digo que es fácil soportarlo. 
Duele, pero se sobrelleva. Los conciertos van pasando y ya ni me asomo por el Tubo. Los Calavera andaban ayer rompiéndole el tímpano a la peña y yo agotado, acogotado en la esquina de una tasca, mirando la pantalla de un televisor y viendo correr a gente que solo me recordaban las corrientes oceánicas que andan templando las mareas de mi atormentada cabeza... viva el romanticismo más lacerante y complaciente. Lerele. También tocaba Bakelite en el Bilboloop y a mí me hacían glub los tragos de cerveza. De vez en cuando, abro la lista de conciertos de Bilbobolos y me flagelo con un gusto tan sadomaso que me doy asco. 
Se sobrelleva, aunque duela. 
La música en directo, en los bares y en los pueblos, en las terrazas y en los estadios, en las esquinas y en las plazas, de las fanfarrias y las orquestas, es una droga tan excitante y adictiva como el aroma de los rotuladores. También engancha escribir de ello, para que nos vamos a engañar. Algunas mañanas abro el blog, pincho ahí, entro aquí, y me digo di pero no tengo nada que decir. Agacho las orejas y vuelvo a la rutina, con la morfina en el bolsillo quedándoseme caduca. Qué cosas. 
Mientras tanto me hago promesas: los Long Ryders los veo como sea. Incluso me digo que es por obligaciones laborales, fíjate tú. Y no es mentira. Pero eso no os lo voy a contar, porque lo que se cuenta después se sabe y lo que se sabe después se cuenta, y cuenta a cuenta se hace un collar, y a mí no me gustan los abalorios. Con esto dicho, creo que no hay mucho más por decir. Pero mientras tanto, por supuesto, me meto chutes de música, canciones sueltas, revisiones estrambóticas, subidones instantáneos de válium musical. No he escuchado un disco entero desde que Atom Rhumba dijeron yo me vuelvo al pueblo. De verdad. Siempre me quedo a un track o a un tris de terminar el álbum entero y cada vez que lo pienso, pienso que eso es como tragarte El Señor de los anillos y cerrar el libro cuando llegan al fuego del Monte del Destino. Nuevamente: qué cosas. 
Tengo preparadas un par de entrevistas pero ni tiempo ni ganas para encontrarme con los afectados o afectadas. Tengo una crítica del último disco de Putakaska que está cogiendo más polvo que las baldas de la biblioteca de Alejandría. Podía haberos contado que conocí a Willy Vlautin, que me fui de fiesta académica con Toni Monserrat, que me presentaron a Josetxo Río Rojo, que le he echado el ojo a un lector de vinilo pero no me llega el sueldo para despilfarrarlo así. 
Sí, y después de todo esto, termino con el círculo: duele, pero se sobrelleva. 
Ya volverán las oscuras golondrinas o los golondrinos y tendré tiempo de escribir con sentido y poco gusto, el menor conocimiento y la justa mesura sobre lo que sea, con quién sea, de quién sea y cómo sea. Sea lo que sea. Mientras tanto, si podéis, ponedme los dientes largos, seguid quemando ortofones, sonotones, montones de botellines, mesas de merchandising, escenarios, plateas y pulcros púlpitos. Yo, cuando pueda, me subo al carro, en marcha, y mientras tanto, que duela, que lo soporto. 
Una canción, y me piro. 


lunes, 3 de noviembre de 2014

BIME, vidi, vinci



No es la resaca ni el cansancio ni las ganas de marcharme a otro lado y dedicarme a otra cosa. Tampoco es exactamente eso que otros ya llamaron algo así como el pánico a la hoja en blanco. No, no es nada de eso, pero no deja de ser algo extraño. El caso es que no me apetecía escribir sobre el segundo día de conciertos en el BIME y solo plantearme el reto como una responsabilidad me sonaba estúpido y un tanto ridículo, la verdad. 
Creo que llevo como cinco o seis años escribiendo este blog y he pasado de que no me leyera nadie, a que me leyera una y de ahí a que me lean unos pocos. A veces, son algunos más, pero es solo casualidad o curiosidad. Y es muy de vez en cuando. He recibido algunos halagos que no te voy a negar que me han gustado tanto como que le rasquen los flancos a un chucho. También he recibido críticas y he vivido experiencias desagradables. Nunca me he acreditado en un concierto, ni pienso hacerlo. No soy periodista, ni musicólogo, ni escritor, ni sociólogo. No soy profesional, no tengo ni puta idea, no aspiro ni me reprimo, no reviso ni depuro y de puro burro que soy, a veces, me arrepiento de lo escrito. Aún así, sigo, becerril, febril y ajeno al resto. 
¿Por qué, entonces, a veces me lo tomo en serio? Por expreso deseo de la familia, yo qué sé. Porque soy gilipollas. Por eso, aunque no quiera, me encuentro a las 22:14 de un domingo futbolero, viendo a ver qué demonios cuento y, encima, pretendiendo que resulte ingenioso, original y sustancial, porque igual hasta me marco un triunfo y cambio el mundo y me llama Jools Holland para entrevistarme. No te jode. 
En fin. 
Voy a hacerlo así. Primero, escribí la lista y la puse en negrita, después fui poniendo los dos puntos y, en cursiva, mi comentario. Vosotros no veis el proceso, solo el resultado. Vamos allá:

Babasónicos: Cuando llegué los argentinos tocaban la última, cuando terminaba de cruzar por el fondo, ya se despedían. Una canción empezada que me sonó a lo que nos suena un grupo de pop con acento argentino a todos aquellos que permanecemos ajenos a lo que sucede al otro lado del océano y al sur de Río Grande. Lo cuál es una falta de respeto, así que ni lo digo.
La M.O.D.A.: La Maravillosa Orquesta del Alcohol alumbró buen rollo del pegadizo, casi pegajoso, y una cadencia energética, casi enérgica. Se parecen a cosas que van desde Munford & Sons, los primeros HATEM, The Decemberists, The Pogues o los Calexico más verbeneros... hasta Eskorbuto, que dicen ellos, yo no lo vi. Variedad de instrumentos y coros que a veces te devuelven a las fiestas del barrio. Le ponen nervio, mucho verbo, ritmo frenético y épica magnética. Tienen además identidad: blanco, negro, carne tatuada al aire y mucha barbilla en alto. Empatizaron con las primeras filas. Creo que en lo que voy escribiendo se nota que mantengo cierta distancia: sí, no me entró su vigor como a otros, pero no creo que eso signifique nada.
Kometa: Llegué y, como los Babasónicos, ya andaban despidiéndose, y lo hacían con un arrebato eléctrico que me hizo arrepentirme. Poco más puedo añadir.
The Coup: Los tenía subrayados en el librillo. Bueno, no, subrayar es mentira, había puesto una equis, eso sí. Tenía ganas de ver a Boots Riley a quien incluso había leído antes. Me hablaron de su postura política y de su hip hop clásico con aire funky. Y como me hablaron, pues fui. Y me quedé. Hasta casi el final. Me quedó claro que son de Oakland, California, y que habían venido desde lejos. Me quedó claro que hace falta poco para hacer música y muchas palabras para explicar cuatro ideas sencillas. Fueron los primeros en obligarme a empezar a levantar el pie del suelo.
Dawn Landes: Ir de un concierto de The Coup a otro de Dawn Landes es como darte baños de contraste con agua hirviendo y congelada. La oscuridad del graderío le daba todavía más solemnidad y languidez al asunto. Estaba allí ella, elegante y delicada, acompañada, en ocasiones, de un guitarrista que no sé si era el habitual Josh Kaufman u otro. Tocaron "Moon River", se confundió de canción cuando empezaba a cantar "Bluebird" y se despidió, supongo, porque yo me fui justo cuando anunciaba la última.
The Orwells: Bueno, digo yo que les habrá pasado a otros cuando les ven por primera vez. Mario Cuomo la montó en el chou del Letterman así que cómo no le va a dejar a uno cuando se lo encuentra con la impresión de que no sabe si le están tomando el pelo, el tío tiene una curda más profética que 1894 o es todo parte de un espectáculo excéntrico y concéntrico. Los Orwells parecen de Londres cuando son de Illinois, aunque también suenan cercanos a compatriotas con apellidos italianos como The Strokes y otros que no los tienen como The Replacements.
Señores: Desde lejos, con una cervecita en la mano y evitando el flujo de gente que empezaba a inundar el terreno, me parecieron inofensivos, aunque intentaban morder. La habitación es roja e Iván se apellida Ferreiro. Y hasta ahí puedo leer.
Mando Diao: Una de las grandes citas, ¿verdad? La gente iba entrando con el pie cambiado y directos al remolino que se estaba formando junto al escenario dos. Al poco aparecieron los suecos vestidos de blanco, casi todos, con un estilo a medio camino entre Super Furry Animals y The Polyphonic Spree y subidos a un escenario que parecía la casa de veraneo de Superman en Krypton. Y comenzaron una rave party super cool que parecía parodiar a los Mando Diao que en su día vimos embutidos en cuero y con la pose más negra y garajera. La gente saltaba, bailaba, hablaba de sus cosas y tuiteaba otras. Mi colega y yo nos reíamos por no llorar y pasábamos de un concierto que me dejó ojoplático, como decía el otro, pero no precisamente de manera positiva.
The Kooks: Bien. Mejor que la primera vez que los vimos, al ritmo de la moda que evoluciona cuando se queda antigua y tienes que buscarle sentido y espíritu a lo que haces. Han dado un paso adelante como otros compañeros del mismo palo, digamos Arctic Monkeys, pero la zancada les ha llevado a otro sitio distinto.
Billy Bragg: También tenía una equis puesta junto al nombre del bardo de Essex. Me habían dicho que podía ser una de las últimas ocasiones para verle con banda y no podía dejar pasarla. Se mostró como se muestra siempre, sin aspavientos pero intenso, sin mordazas ni medias tintas, generoso en el repertorio y la complicidad, el compromiso y la constancia. El graderío estuvo más lleno que en ningún otro concierto (hasta donde yo llegué a averiguar) y acabó por hacer que la gente se levantara cuando cerró un concierto mayúsculo (aquí me mojo porque me la trae floja) con "Waiting for the Great Leap Forward" que aunque no tuviera letra y fuera solo una reunión de onomatopeyas seguiría zurziéndome las penas, diga lo que dijera Hank Williams.
The National: Pues, ya que he estado dando hoy mi opinión de manera inopinada y a las bravas, seguiré haciéndolo. A mi ligerísimo entender, se curraron un concierto de los que se te quedan grabados en la cabeza durante un buen tiempo. Esta misma mañana de domingo apocado y ventoso, bajaba yo acompañado a la piscina, cuando aún retumbaba "Fake Empire" en mi cabeza y se me ha escapado un gorgoteo que tenía pinta de prometido después de su despedida de soltero, pero yo canto así siempre, ya sea domingo o lunes de pentecostes. Matt Berninger casi pierde las gafas y hasta la compostura, acariciando el bafle como si fuera la almohada en una noche solitaria pero lasciva. Pero no la perdió. Agarra el micrófono, mira al suelo, y se saca esa voz que podría perforar la litosfera entera y llegar hasta el niquel y el hierro del núcleo de la tierra. A mí me perfora la corteza de mi sesera, la verdad. No solo su voz si no también ese compás tan grave y tan etéreo que perfila unas canciones hipnóticas. Creía que podían perder algo de embrujo en concierto pero no lo hicieron, lo ganaron, brujería o talento, pero, lo mantengo, fueron la justificación de los sesenta y pico euros más gastos de distribución. 

También jugamos a los parecidos. El cantante de La M.O.D.A. se parece a Alejandro Amenábar de perfil. El guitarrista de The Coup a Greg Oden. Y Matt Berninger a Richard Dreyfuss y a no sé cuántos más. Comimos pipas, chufas. Hablamos, bebimos, nos reímos y yo bostecé. Nos fuimos. Unos, antes. Otros, después. Sin mirar atrás. Y ya está. Ahora le pongo título y si te he visto, no me acuerdo. Eso es Fiasco Fiasco, señoras y señores, eso es. Y es la primera vez que menciono mi propio blog y me siento raro, como si hablara de mí mismo en tercera persona. Qué cosas. Qué cosas tiene la vida, la ciencia y la danza clásica. BIME, vidi, vinci. 

sábado, 1 de noviembre de 2014

BIMElómano



Tiene que haber un montón de ellos aún ahí dentro. Melómanos, digo.
Seguro.
Otros ya se habrán ido.
Y también es cierto que muchos de los que aún están o estuvieron en el primer día del BIME 2014 tienen de melómanos lo mismo que yo tengo de pirómano. El sufijo de la palabra, eso es: una, en la izquierda y otra, en la derecha. 
El BIME ha crecido. Ha dado un estirón como para pasar directamente de Charanga a Zara para comprarte una camisa de manga larga. El año pasado se veía más hormigón que pies (este año también, cierto, el recinto sigue siendo inabarcable) y la gente con la que te cruzabas iban todos acreditados y te remitían a las eternas preguntas como "este tío trabaja en...", "esta tía toca en...", este tí@ escribe en..." Ahora, ya no. Ahora te encuentras a peña que usa los tubos luminosos de publicidad como luchacos, a jovenzuelas que gritan al unísono que Molko les mola, a dipsómanos que confunden a Neil Hannon con Cristiano Ronaldo, a otro que le da por asperjar o bautizar al resto con su kalimotxo, amigas y amigos que van buscando el fotocol y el stand de Vans como si esto fuera un festival en la cima de la montaña. 
Ha crecido el BIME y, como en las viñas de Andrés Iniesta, hay de todo... o igual no, que no he estado nunca.
El primer día del BIME 2014, celebrado en el BEC de Barakaldo y dedicado a la música del Reino Unido, digamos que de Great Britain (voy a hacer como en esa anécdota que se adjudica a un imperturbable Miguel de Unamuno cuando se encontraba dando una charla sobre Shakespeare en la Universidad de Salamanca, y me voy a pasar de golpe al idioma de la Pérfida Albión), transcurrió sin sobresaltos, con tal variedad de escenarios que para ir de uno a otro te sientes como en casa, en Barajas, buscando la puerta de embarque de tu avión. Sonaron 21 grupos de los que yo tuve ocasión y ganas de ver a 6, con lo que no me sale un censo digno como para aprobar mi trabajo de campo. Vamos, que no puedo llegar a grandes conclusiones cuando me fumé a Basement Jaxx, llegué cuando ya habían tocado Go Go Berlin, John Berkhout, We Cut Corners, The Weapons, Soak, The Barr Brothers y Tania de Sousa estaba en ello y pasé o no me quedé a Javi Green & Nemo Gauss, Mount Kimbie, FM Belfast, Zea Mays, Gose, Fuel Fandango o unos Joe La Reina a los que sí vimos de pasada o de reojo, pero no los cuento porque merecen más ceño fruncido, más atención.
En resumen: inauguramos con Imelda May, celebramos con Thurston Moore, nos difuminamos con Macy Gray, reposamos con Anna Calvi y The Divine Comedy y cerramos con Placebo. Eso fue lo que cenamos, y a fe que hoy tengo el estómago como si acaba de desayunar en Casa Cándido y no solo me hubiera comido el cochinillo, si no también el plato con el que lo parten. 
Morticia May, siempre elegante y sugestiva, se disfrazó de cantante rockabilly irlandesa y le salió bien. Acompañada de una banda de adultos asesinos con cara de jugadores de póker aburridos, las canciones de May se ciñen tanto a un género que consiguen convertirlo en partículas infinitesimales con capacidad de transformarse en música pura, sin corsés ni crochets de izquierdas. Por la derecha del escenario, dio la sensación de que perdieron un tanto el hilo a la mitad del concierto, pero cierran con una de esas canciones modélicas y eléctricas como es "Johnny's Got a Boom Boom", con la personalidad tan arrebatadora que le da los latigazos del contrabajo y se te olvida hasta que es Halloween, algo que llevas intentando olvidar desde que empezaste con las clases de inglés particulares. 
Los irlandeses, además, hicieron referencia a Hell Fire Club, una casa abandonada en la cima de Montpelier Hill, a la que se llega por una estrecha carretera, tras dejar Dublín atrás, y cruzar varios caminos de cabras donde las únicas señalizaciones son las carteles a mano que te indican dónde está el próximo pub. Allí estuvimos nosotros hace años, viviendo una aventura embarrada, alambrada y mosqueada de las que se te quedan en la cabeza para siempre, como los conciertos de una Imelda May a la que reservaré para otra ocasión, en la que no se disfrace y el espacio del local sea más parecido al pabellón de caza de William Conolly donde el diablo jugaba a las cartas. 
Casi por inercia nos escoramos a la derecha para encontrarnos al circunspecto Thurston Moore del que esperábamos más música de probetas, con desarrollos instrumentales que habría que levantarlos sobre plano. Y sí que nos sentimos, por momentos, como en una conferencia en la que Gilles Deleuze tocara la trompeta y Félix Guattari la mandolina, pero, en líneas generales, el músico de Florida nos dejó con buen sabor de boca, un concierto más accesible de lo esperado, bello en ocasionas, con un repertorio emocionante y paladeable que sabía jugar con la distancia musical que define lo frágil de lo robusto. Vamos, que nos gustó Moore de lo que pensábamos, y ahí te doy ya razones para acabar de odiarme del todo. 
Vimos a Macy Gray sin mucho entusiasmo, la verdad. Más allá de su vestido de espejitos y su boa celeste, que igual no era ni celeste, su arrebatadora voz y su postura de colega del barrio con ganas de fiesta, nos dejó un tanto fríos, lo que quiere decir que probablemente deberíamos habernos traído una chaquetilla de lana o aprender algo más de música, quién sabe. La base rítmica no acabó de conectarnos y optamos por sentarnos un rato en el aforo limitado del Bizkaia Arena. 
Tardó, y mucho, en salir una Anna Calvi a la que todo lo que diga me dejará calvo detrás de las orejas. La de Twickenham dejó claro por qué la mencionan siempre al lado de PJ Harvey, aunque a veces a mí me recordó a Morrissey y hasta la Francia ocupada o más bien a Cathy Berberian cantando a Caruso en un garito de Vichy. Calvi pasa de lo que piense y se esfuerza y disfruta con sus prolegómenos instrumentales, con sus atmosféricos solos de guitarra, con sus canciones estiradas hasta convertirse en bandas sonoras de películas de François Truffaut o algo así. Se hace dura y espesa para los que esperamos algo más de nervio pero tiene una voz cautivadora y esa agudeza para las arquitecturas inverosímiles. La gente se aburría. Hablaba de su peinado, miraban sus whatsApps y alguno hasta daba cabezadas. A mí lo que me dio yuyu fue el momento en el que eché el cuerpo para adelante, posé el codo sobre mi pierna derecha y me agarré la barbilla con la misma mano. Y me dio yuyu porque esa es mi postura para ver el fútbol del equipo del que soy socio cuando bajo a Lasesarre y ver un concierto usando la misma postura me produjo una sensación de azoramiento parecida a la que sentiría Francisco Nicolás si le invitan al Aberri Eguna. Yo sigo, a lo mío. 
No nos movimos. Bueno, sí. Bajamos a por víveres y subimos para colocarnos cerca del pasillo y ver a Neil Hannon y sus The Divine Comedy antes de que empezara Brian Molko y sus Placebo. Y estuvo bien el plan porque Hannon elevó el nivel con su timbre de voz, con su postura de Ian McKellen haciendo MacBeth, y su cercanía, sentido del humor y humanidad. El bueno de Hannon que tendría argumentos para sacarse ínfulas del bolsillo del pantalón, se dedicó a cantar, interactuar con el público y repudiar la letanía sobre la solemnidad de su música. Explicó que había sufrido un accidente y no podía tocar la guitarra, hasta enseñó la radiografía, y cierto es que la punzada de su guitarra se echó en falta a pesar de que la banda se esmeró para que no fuera así. Sus letras sobre sus experiencias en el internado, por ejemplo, y muchas otras experiencias terrenales que la armonía convierte en universales y trascendentales, entran a palo y sin esfuerzo, pero un graderío a oscuras y la promesa de arrebatos más enérgicos en la nave de al lado, nos obligarón a abandonar. 
Estuvimos luego haciendo recuento y son ya cuatro las ocasiones en las que he visto en directo a Placebo. Cinco para ella que, en realidad, es la culpable de que yo les haya visto solo una vez menos que ella. Supongo que es algo que le ocurre a todas las parejas e incluso más allá de la música. Hay cosas que tomas de ella y otras que ella toma de ti. Hay algunas que incluso tomas aunque no acaben de convencerte. Ciñéndonos a lo musical, Placebo es una de ellas, como a ella, supongo, le habrá tocado cogerle cariño a bandas que a mí me apasionan y a ella solo le agradan. Bueno, repito, Placebo es una de ellas y ya voy por la cuarta. Eso sí, jamás me han decepcionado. En directo, no pondría ningún problema en volver a verlos otras doscientas veces: siempre cumplen. Da igual que toquen canciones de Placebo, de Meds o del que sea que tenga por título el próximo disco que graben, todas, en directo, suenan con la misma rotundidad: decibelios como lluvia ácida, latigazos a las cajas de la batería, una energía que es casi espesa como la niebla baja y una rotunidad musical que convierte todo el espectáculo de Placebo en una experiencia intensa y reconocible a la primera. Te pueden gustar más o menos, e incluso puedes perderte un poco por el camino, pero, en algún momento, siempre consiguen que su sonido te erice la piel y hasta la médula espinal. Además, tocaron "The Bitter End", que es una de mis favoritas, y un repertorio de canciones un tanto singular. 
Y no hubo más. 
Pero hoy lo habrá. Y desde más temprano, porque aspiro a no perderme a The Coup y eso significa madrugar. 
¿Algo más?
Creo que no. Además, es hora de tomarse un cortado en el bar de abajo y regresar a la vida que no casaría con Anna Calvi de banda sonora. Eso sí, una vida maravillosa... cuando quiere.


sábado, 25 de octubre de 2014

Pace Mineon



Lo del título es un chiste malo de cojones, que, además, solo pillarán los freakies del baloncesto a quienes, además, les guste la música punk, que es ya la perdición.
Pace Mannion fue un alero de Salt Lake City, Utah, con carrera en Italia en los años noventa, y Satan's Mineons es la banda de Nottingham, digo yo, a razón de los notxinganflores que he oído entre el público, que he visto esta noche en directo. De ahí el título de esta entrada. De ahí mi fama.
Los Satan's Mineons no estaban en el cartel al principio, pero entraron por sorpresa para substituir a Las Sexpeares, y... ¡sorpresa, sorpresa!, además de un programa horroroso de la televisión folclórica, ése es el estado mental en el que nos han dejado: sorprendidos.
¿Cómo definirlos?
He ahí el quid de la cuestión.
Dijo Cicerón, llevándose la mano a la barbilla:
E ai el kwid de la question.
Los Satan's Mineons, si me dejas que aproveche que estoy escribiendo esto a las 0:45 de la noche con algo de resaca y mañana he quedado a las 7:45 para cumplir con seriedad, son como cuando viajas a París de viaje de estudios y decides levantarte una mañana antes de que lo hagan tus colegas para salir del hotel a darte una vuelta y echarte un fiti. Y estás deambulando por la Rue del Percebe y acabas en una plazuelita (de callos) de esas tan molonas en Montmartre o como quiera que se escriba, con adoquines y flores de colores en los balcones y te fijas en una de esas cafeterías con terraza de sillas de forja donde se sienta un apuesto veinteañero parisino con cara de haber echado doscientos polvos más que tú pero que además ha tenido tiempo de leer a Marcel Proust y hasta de colegir las bondades del alcohol etílico por vena. Y te fijas en que está allí sentado leyéndose un libro y comiéndose un cruasán con aire de que es un lunes como cualquier otro pero como posando, al mismo tiempo, para un anuncio de Jarolina Jerrera.
Y tú querrías ser como él pero sin parecer un majadero imbécil. 
Bueno, pues los Satan's Mineons son así, pero como si el tío en lugar de ser parisino fuera un tricky tree sin estudios ni falta que le hacen, de gaupasa, con guasa, y que está leyendo el Ulysses de Joyce, porque lo entiende, encima, mientras se desayuna una tortilla de patata deconstruida por Ferrá(n) Adriá(n).
¿Tiene sentido?
Pues lo dicho.
Dijo Esquilo, echándose una chaquetilla de punto por encima de los hombros. 
Pué, ea, lodixo. 
¿Cómo puede un grupo empezar una canción que parece que va a hacer una versión de Kasabian o de The Kooks, si me apuras, y terminar con tal arrebato de ritmo deathmetálico habiéndose dejado por el camino cientos de posibilidades armónicas, riffs blueseros, guiños a Johnny Cash, Q And Not U, The Pretenders, Pearl Jam o Muse? ¿Cómo puede una canción tener tantos atajos laberínticos, desplegarse tantas veces, transformarse, derrumbarse y volverse a levantar sin terminar nunca, que parece que no va a llegar nunca la coda, una coda que parece más un brugal-coda que otra cosa?
Los Satan's Mineons son un bajista, un guitarrista, una chica que canta con un micrófono de jazz, un batería y punto. No hay muchos más conceptos con los que categorizarlos. El bajista retumba, el guitarrista desvaría, la chica declama al cielo y el batería consigue que su instrumento se parezca a la acepción que toma el término cuando estamos en guerra. Había veces que le veías aporrear los platos como si estuviera intentando leer el mapa de la batalla. No intentes buscarles definición, ni categoría, ni influencias. Al menos, ésa es la impresión que me ha quedado a mí. Y a Esquilo y a Cicerón.
Eso sí.
Por muy caótica e indefinible que fuera, la sensación ha sido buena. Quizás sean la música del futuro: la del pasado, pero con un presente incómodo. Lo metes todo en la Túrmix y le das al on. No lo sé. Lo que sé es que esa incómoda sensación de desasosiego que te creaba el sentir cómo cada desarrollo armónico o melódico terminaba en un callejón sin salida donde estaban, o bien celebrando una bacanal, o bien evitando un crimen, era más agradable que desagrable. Más excitante que fatigoso.
Una auténtica experiencia.
Una más. 
Un domingo más en Montmartre, o como quiera que se escriba. 
Tarde apacible, unos veinte-treinta espectadores, techo despejado con ligeras rachas de aire fresco provinientes de los ventiladores del norte. 
Y, como siempre, todo gracias al Tubo Rock Music Club, o como quieras llamarlo.
Y ahora me piro al sobre que son la 1:07 y lo que no ha cambiado para nada es la hora en la que os dije que tengo que levantarme.