domingo, 27 de julio de 2014

JB, LD, RR, HH, RV y E-S, S-E. Acrónimos, rockeros, vídeos y pares lingüísticos



Some five years ago I got the chance to meet two guys and a lady who made my life look weird and wild for a few seconds. I 've sort of lost the perspective and I no longer remember the whole experience to the full, just pieces of it, anecdotes, conversations, images, and a genuine feeling that this was not my thing. It was my first time getting involved in the organizing of a gig, and you bet I don't feel like doing it again. I will, because I'm a man and I'm stupid.
The point is that meeting those persons was one great experience that I won't ever forget. How can you forget that you met someone like Jonny Barber who seems like if he also fell into the gallic magic potion or two of the most wildly-looking-but-charming-being people I've ever met: a couple who responded back then to the name of The Rhythm Razors but that are now better known as The Living Deads and they're coming to be distinguished as music felons who spend their tours kidnapping guitarists. I'm talking about Randee McKnight and Symphony Tidwell. They two keep moving, driving their RV from town to town and giving some of the most powerful gigs you could ever see. Randee, who played before for the Hillbilly Hellcats, is all guts and skill at the drums and Symphony makes standup bass even bigger and rarer when she plays it with such passion and nerve. You won't regret it if you make it to one of their gigs.
I don't know the story but I know that they parted ways. Jonny Barber stayed in Denver and Randee and Symphony speeded up. I keep track of them as if they were still together. And I got good news just a few days ago, 'cause someone sent me this video in which I could confirm that Jonny Barber had revived The Rhythm Razors. And he has done it with a good bunch of veteran and gifted musicians such as R&B Hall of Fame member J.M. Van Eaton. Mike Blair is also there. And Matt Ross-Spang who, that's what I read, is the one responsible for having returned the Sun Studios to their previous glory, and it is precisely there, in the historic and magical Sun Studios where Jonny Barber has gathered all these guys just to play a song called "Delilah's Barber Shop" that he himself wrote and sings. 
And I just wanted to share the video with you and celebrate that, even if they decided to choose divergent paths, these three musicians that I once left at a local cafeteria in my native town waiting for me while I was gone to try to buy a new battery for my laptop (whenever I pass by that same cafeteria I can always remember the look of fear and surprise on the waitress), these three guys that burned down every little stage that they climbed up, these three guys who gave me a lesson about the meaning of loving music and the life that comes with it, let's celebrate, I was saying, that these three guys still keep doing the same stuff: soundtracking the long struggling ahead. And that I wanted to celebrate. No better way to do it that by watching some videos: the one I mentioned, a song by Jonny Barber and The Rhythym Razors, another one by The Living Deads and an old video in which we can see them three together in the good old days.


 






Hace unos cinco años tuve la oportunidad de conocer a tres personas que consiguieron que mi vida, al menos durante unos breves segundos, pareciera salvaje y espontánea. He perdido toda la perspectiva y ya no retengo una memoria completa de aquella experiencia. Me quedan pequeñas anécdotas, el recuerdo de conversaciones, imágenes, pero, sobre todo, una sensación muy real de que todo aquello no iba conmigo. Fue la primera vez en mi vida en la que me involucraba en la promoción de un concierto, y puedes apostar que no me quedaron ganas de repetirlo. Lo volveré a hacer, por supuesto, porque soy humano y los humanos somos mayormente estúpidos. 
Lo que quería decir es que conocer a aquellos tíos fue una de esas experiencias que no olvidas nunca. ¿Cómo vas a olvidar que un día conociste a Jonny Barber, alguien que probablemente también se cayera al nacer en una marmita mágica como la de los galos o a dos de las personas con la apariencia más desafiante y el corazón más grande que has llegado a conocer, una pareja que, por entonces, respondía al nombre de The Rhythm Razors pero a los que ahora se les conoce como The Living Deads y empiezan a ser reconocidos como unos delincuentes musicales que dedican sus giras a secuestrar guitarristas? Hablo de Randee McKnight y Symphony Tidwell. Los dos siguen dedicándose a conducir su autocaravana de ciudad en ciudad mientras regalan alguno de los directos más poderosos que podrás ver jamás. Randee, que ya había tocado la batería para los Hillbilly Hellcats, es todo entrañas y talento a las baquetas y Symphony consigue, gracias a la pasión y nervio con la que toca el contrabajo, que este instrumento parecezca aún más grande y suene aún más especial. No te arrepentirás si decides asistir a uno de sus conciertos.
No conozco los detalles pero sé que los tres decidieron separarse. Jonny Barber se quedó en Denver cuando Randee y Symphony arrancaban su caravana. Les he seguido el rastro por separado pero como si aún formaran parte del mismo grupo. Y acabo de recibir buenas noticias porque, hace solo unos días, alguien me envió un nuevo video en el que se puede disfrutar del regreso de los Rhythm Razors junto a Jonny Barber. Barber ha recuperado a la banda y, para ello, a falta de Randee y Symphony, se ha rodeado de un buen puñado de habilidosos músicos veteranos. Gente como el miembro del Museo de la Fama del Ryhthm and Blues, J.M. Van Eaton, de Mike Blair o de un Matt Ross-Spang que, el otro día leía, es el máximo responsable de que el histórico Sun Studio haya vuelto por sus fueros. Y es precisamente en ese lugar mágico donde Barber convoca a este nuevo elenco y graba una canción, "Delilah's Barber Shop" que él mismo ha escrito y canta.
Simplemente quería compartir ese vídeo con vosotros y, de paso, celebrar que, aún cuando estos músicos han decidido seguir caminos opuestos, los tres, esos tres extraviados norteamericanos a los que dejé un buen día esperándome en una cafetería de mi pueblo mientras yo intentaba comprar una nueva batería para mi portátil, una cafetería por la que suelo pasar a menudo y nunca consigo evitar que me asalte el recuerdo de la cara de susto que tenía la camarera cuando al volver de la tienda me los encontré allí metidos, intentando pedir una taza de café, esos tres músicos, como digo, han decidido seguir quemando todos los escenarios a los que se suben. Estas tres personas me enseñaron una lección muy útil sobre lo que significa amar la música y todas las consecuencias que conlleva esta pasión. Los tres han decidido seguir empeñándose, seguir intentando ponerle banda sonora a la lucha perenne que nos define. Y no se me ocurre mejor manera de celebrarlo que escuchando música. Por eso cuelgo tres vídeos, el primero corresponde a la susodicha canción que Jonny Barber grabó recientemente en Sun Studio, un vídeo oficial de The Living Deads y un último vídeo con una vieja canción que los tres tocaban juntos hace casi un lustro. 

sábado, 19 de julio de 2014

Carmencita Carmencita, qué vida esta la del cholo yé-yé



Me vais a perdonar todos: el cerebro humano da para mucho pero aún no hemos sabido cómo explotarlo al cien por cien. Yo, por lo menos, tengo lo que tengo debajo del poco pelo que me queda y, para más, no me da. Así que no me queda otra que deciros, antes de ir más lejos, que las fiestas de Barakaldo me han dejado saturado de música y aún más inseguro que antes sobre mi potestad para hablar de ella.
No sé cómo explotar mi cerebro, pero, en lo que llevamos de cármenes, casi me lo han explotado a guitarrazos.
Te pasas una semana viendo conciertos en ese puto antro que ya he mencionado muchas veces, donde los ventiladores del techo son el único nexo que nos queda con la vida real, y te das cuenta de todo. Bajas unos metros por Juan de Garay hasta el Cuervo, y acabas por convencerte. Sigues para abajo, cruzas las vías, y el Rock eta Golak te sirve de testimonio definitivo. Aprendes lecciones como ésta: léete todos los putos libros que quieras, escribe siguiendo de pé a pá las normas del MLA y publica en cualquier revista indexada en ISI o dónde sea, acabarás por darte cuenta de que nunca podrás dejar de ser el hijo torpe de un operario de la Babcock al que lo único que le gustaría es ser como esos jodidos cabrones que tocan la guitarra, el bajo, la batería, lo que sea, mejor o peor, me la suda, pero producen la única energía que nos mantiene vivos en esta vida: la creativa. La misma que nos permite amar, perdonar, recordar, soñar, follar, vivir. Tocar instrumentos. Escribir como Willy Vlautin. Jugar al fútbol como Andrea Pirlo. Arte del que pierde el corsé que le da la mayúscula y la pomposidad que le atribuyen los que la sodomizan con aspiraciones vacuas pero envanecidas.
Vive una semana fagocitado por el Tubo y descubrirás que lo único que merece la pena de nuestras biografías son los momentos que no salen en las enciclopedias, en los telediarios, en las revistas de tirada nacional o en los anuncios de televisión. Quizás necesites hacerte viejo para darte cuenta de ello, pero algún día, dormido en el sofá, se te irá el bolo y viajarás en el tiempo con tanto tiento que podrás recordar cómo sudabas ahí dentro, los pliegues de la calva del tío que tenías delante, la barba rolliza del camarero al que le pedías refrigerio, y, sobre todo, recordarás, con nostalgia, claro, cómo eras capaz de dejarte atravesar por la electricidad que reverberaba en los amplis. 
Todo esto, que sirva de introducción para pediros perdón por cualquier falta de estilo o de contenido que tenga en lo que me propongo a continuación, que no es más que contaros cómo he vivido las fiestas del pueblo, yendo de concierto en concierto, a veces acompañado, y otras veces no, pero siempre atento a todos estos flipados que apuestan todo lo que tienen en este envite perdido que es la música, pero que merece la pena, suene en sol o en do, a capela o a berridos, instrumental o con coros a tutiplén.
Os dejo solo la lista, para empezar:

HCH
The Crow Farm
2lería
Kilauea
Ladys Ramone
Los Roñas
Miguel
Putakaska
Dr. Maha's Miracle Tonic
Thee Blind Crows
The Downtown Brigade
The Wizards
Southern Lights

Quedan más, los que no vi (y tuve/tengo contratados a enviados especiales que me han prometido que en breve nos los glosarán) y los que faltan este fin de semana. He preferido contar primero los que van porque, si no, ya os lo he dicho, el cerebro no da para más y se me iba a olvidar. Llevo una semana haciendo notas mentales y, si mi memoria tuviera la forma de un cuaderno milimetrado, hace tiempo que me habría quedado sin renglones. Por eso empiezo a escribir ahora y ya el lunes os recuento lo que dejamos de postre. 
Tenéis la lista arriba, conocéis mis limitaciones, y todos los que leeís este blog sabéis de qué pie cojeo, pero merece la pena que os quedéis con el nombre de los grupos que menciono (los voy a poner en negrita para que resalten más), olvidéis lo que yo os cuento, y, en su lugar, os dediquéis a descubrirlos por vosotros mismos. Si logramos eso, ya hemos hecho algo de provecho. 
A partir de aquí, ya sabéis qué llega: lo que yo vi, cómo lo viví, y, por supuesto, no olvidéis que si vosotros os atrevéis a seguir leyendo es solo bajo vuestra única e imprudente responsabilidad:

HCH son mucho más que lindane, por supuesto, y no me costó nada levantarme a una hora prudente para estrenar la ristra de conciertos tuberos en horario de vermú. Me había pasado los dos días anteriores subido en el monte viendo a gente que cobra con tres ceros y a otros que no lo harán nunca pero no porque no se lo merezcan. Aún así, había descubierto que los tíos de HCH hacían versiones de Robert Johnson y, además, batería y bajo eran dos muchachos de esos que saldrían en mi autobiografía si algún día cometo la soberana gilipollez de escribirla. Veinte personas, alguno de gaupasa, los demás relacionados, nos reunimos en el Templo Cilíndrico para ver un concierto que se hizo corto entre versiones de gente tan dispar como Metallica tocando folklore irlandés, Lemmy Kilmister o los Ramones. Con un guitarrista de los que salta de traste en traste como las niñas jugaban a la pita y que disfruta de una voz negra del sur del delta del Nervión, un bajista que fue guitarrista hasta que le operaron de fimosis, y un batería que no se salió de su izquierda porque sabe que ahí están los ritmos más primitivos y eficientes, los HCH demostraron que no hace falta tener muchas ambiciones ni sonar en los cuarenta para que a los treinta hagas música que le gustaría hasta a los veinteañeros.
Tardé en volver a meterme en el oscuro Tubo y cuando lo hice, lo hice acompañado por la que me sirve de apuntadora y muchas veces de redactora jefa porque me valgo de lo que me dice para escribir después lo que yo escribo que digo. Era martes y cuando llegamos a El Tubo, Fernan el Sheriff nos dijo que aún no habían ni fregado, así que nos bajamos directos al otro templo musical en las fiestas municipales, esta vez el Córvido, es decir, El Cuervo, para ver en directo, primero, a un Ladys Ramone al que la primera vez que le ves te deja a un palmo de la parálisis facial. Con su peluca y su camiseta de los Ramones, cantando por encima de las voces pregrabadas como decían que hizo Prodigy en el último BBK Live, se repasó los mejores éxitos de los de Queens, clavando las posturas de Joey Ramone y en un castellano tan pulcro como los facebooks de todas esas chicas y chicos que visten camisetas de este grupo en los festivales de hoy en día, no tanto porque hayan escuchado algo más que el estribillo de "Blitzkrieg Pop", si no porque la pudieron comprar en una tienda de moda con la paga extra que consiguieron por aprobar ciencias sociales. Y mola. Antes de que empezaran Los Roñas, plato fuerte de la jornada en el garito de Juan de Garay, volvimos a El Tubo porque, esta vez sí, ya habían empezado a tocar The Crow Farm. Vocalista femenina, macizos y verticales, estuvieron acompañados por un buen puñado de fieles seguidores que ayudaron a que el aforo rondara los treinta más que otras decenas anteriores. Terminaron y nos bajamos de vuelta al Cuervo para llegar cuando Los Roñas ya estaban sobre el escenario, haciendo imposible que la audiencia miccionara, coloreados en sus atavíos, y con otra buena muestra de esa postura musical que nos ha hecho a los de Barakaldo tener una reputación mucho más añeja, cierta y afortunada que la que heredamos por culpa de cierto personaje ficticio salido de un programa televisivo de la ETB2. No sé cuántas veces he oído a la gente, en otros conciertos, gritarles, con coña, supongo, o no, a los músicos de turno que se cantaran una de Los Roñas. Señal de que lo que tocan supera lo sucio que esté su nombre o la propiedad de sus acordes, porque se han convertido en santo y seña del recreo musical fabril.

El miércoles estaba señalado en rojo en el calendario. Era el día grande de fiestas pero, este año, el rojo era aún más chillón que nunca. Y no era rojo. Era rosa. Porque si los Rosa Chillón tuvieran genio de verdad y la discografía entera de Eskorbuto en casa, entonces seguro que sonaban como una copia burda de los 2lería. Se hacen categorizar como jetapunk pero bien podríamos llamarlo tetapunk, porque es difícil que no te lo pases así, teta, mientras ves a los dos frontmans, uno de cada sexo, marcarse canciones que suenan a lo que podría salir de mezclar a Las Vulpess con Ramón Barea. Se han hecho legendarios antes incluso de escribir la leyenda. Ya tienen camisetas y seguidores acérrimos y hacinados, porque así estuvimos todos en un Tubo que si no reventó aquel día no creo que lo haga nunca. Era su primer concierto y dejaron bien claro qué van a regalarnos si es que siguen dando más: canciones directas, puesta en escena y una sesión de diversión gratuita y alivio para la congestión cerebral, que para eso no te sirven ni los antigripales ni los antihistamínicos, tu médico solo recomienda media hora de 2lería y toda la algarabía que te puedas fumar.
Ciudad Rayada no sé si fueron antes o después del libro de José Ángel Mañas, pero otra vez me quedé sin verlos. Tocaban después de los 2lería, pero el aire fresco que se respiraba fuera nos pudo más que la música de un grupo que no dejan de recomendármelos. Esperemos que la próxima vez sea sí o sí.

Ese mismo día también tocó viaje en el tiempo con unos Putakaska que llenaron el Rock eta Golak de una fuerza que hacía levitar los puños del respetable. Antes, eso sí, por el camino nos encontramos con un cantautor gallego que apenas contaba con cinco o seis oyentes que le seguían relativamente atentos. Hubo momentos en los que parecía que estaba cantando solo para nosotros dos y para un Guille que daba paseos por la barra para que no se le dormieran los gemelos o algo así. Miguel se llamaba, y tocaba una guitarra prestada para sacarle siempre tonos muy parecidos en un estilo que iba de Eddie Vedder a Kurt Cobain y media vuelta que Seattle es pequeño y nos conocemos todos. El tío le puso empeño y hay que tener huevos para subir ahí arriba y tocar casi a solas, pero quedó un tanto desangelado porque siempre le sacaba el mismo nervio a la guitarra. Nervio, precisamente, llevan repartiendo los Putakaska desde 1986. Lo suyo es una orgía de rabia sin contener, una potencia tan insolente y noble que es muy difícil resistirse a sus ritmos de manual del punk. Oli sigue cantando como si te estuviera dando guantazos para que despiertes de una puta vez y reacciones y los que tocan instrumento son culpables de que canciones como las del nuevo disco suenen tan irrebatibles como las de un Vivo Vacilando que tiene tantos años como Cobi pero se mantiene mucho mejor que el perro antropomórfico de Mariscal.

El jueves y el viernes prometían con tres sesiones por día a falta de una. El jueves le tocaba, primero, a unos que tienen nombre de volcán hawaiano aunque se empeñaron en recordar que eran de Atxondo. El cantante empezó el concierto en chanclas y pronunciando la palabra croquis, lo que prometía. Y no sé si se pusieron Kilauea porque suena a lo que canta un cheyenne moderno cuando vuelve a casa después de una noche de farra o porque saben que son volcánicos cuando tocan, porque hace falta valor, hace falta valor, eso sí que era una escuela de calor, pero de calor calcinante. Empezaron a pistón fijo y no bajaron el ritmo ni cuando se quedaron sin lava. Vaya exhibición de volumen, de canciones pugilísticas y de redobles a la batería. Ya sean de Atxondo, de Hawaii o de Marte, los Kilauea, a los que nos costó pillarles en qué cantaban porque la voz andaba enterrada entre tanta pirotecnia, son una banda a seguir. Y seguimos, porque de empalmada nos fuimos al Cuervo y le dedicamos tiempo (hasta que el hambre nos pudo) a unos Dr. Maha's Miracle Tonic que aparecieron en versión trío: David a la voz y con su preciosa guitarra en ristre, la chica, a la que no tengo el placer de conocer, pero creo que se llama Nerea, al violín y los coros, y, por supuesto, el camarero de la barba rolliza del que te acordarás cuando seas viejo y te apalanques en el sofá, Patxi, con su tabla de lavar tuneada a la que se permitió sacarle solos y todo. Sin John Bolduan al banjo ni contrabajo sonaron un poco más flemáticos y desdibujados, pero aún así son capaces de versionear a todos los Beatles y sentirse con ganas de sonreír, así que qué más se les puede pedir. Que graben. Sí, que se encierren en el estudio y que graben, que los que no sabemos hacerlo y solo nos dedicamos a escuchar estamos ansiosos por disfrutar de nuevo material. Más madera. Y esa noche de jueves hubo más madera aún porque con estos dos no tuvimos suficiente y nos bajamos hasta el Rock eta Golak para encontrárnoslo un poco más vacío que el día de Putakaska y desierto si lo comparamos con el de Los Dalton del año pasado. Mejor. Más espacio tuvimos para disfrutarlo, porque el concierto que se marcaron los gallegos de Thee Blind Crows fue como para exagerar aún más los gestos que ya exageras de por sí cuando te puede el sonido y el efecto del zumo de cebada. Cebados de rock nos quedamos y eso que nos pasamos el concierto haciendo el esfuerzo de no hacer comparaciones odiosas. Los de Pontevedra no llegaron con seis trailers, y, en lugar de chupas de cuero, llevaban las camisas que le robaron a un gasolinero de Maine. Eso sí, Alberto (me lo presentaron, por eso me atrevo a llamarlo por su nombre) repartió su demostración de pericia a las cuerdas entre una telecaster que sonaba muy limpia y rotunda, y una curiosa Danelectro Dano Pro, como bien me chivó otro afortunado guitarrista, el gran Zebu, que, al parecer, también suele utilizar Dan Auerbach. No me presentaron al batería, no sé cómo se llama, pero sí sé que es uno de los mejores que he visto últimamente, con los brazos más elásticos y galvánicos del mercado. Un auténtico descubrimiento el de estos dos barbados que se pasan por la glotis y por las gónadas toda la tradición del rock, del blues, del country más cashiano y hasta del folklore gallego para demostrarnos que si no existen las meigas sí existe, por lo menos, la maxia do rock. Si no lo he dicho bien, que me corrija el Pulleiro.

Finalmente, el viernes también fueron tres aunque dos lo hicieron de seguido porque había sesión doble en un Tubo que estuvo tan repleto que, al final, tuve que verlo metido dentro de la trastienda del bar. Actuaron primero unos Downtown Brigade que tenían visita, el bajo muy alto, voltaje de sobra, una buena colección de canciones, versiones australianas y un largo camino de vuelta hasta Medina de Pomar. También tenían compañeros de festival, porque justo detrás salieron The Wizards. Magia no sé si hacen, pero música de la que hipnotiza, sí. Con uno de los cantantes que mejor ha sonado en un bar donde el sonido es como una chistera de la que salen liebres de colmillos afilados, poseído por un arrebato fervoroso con el que parecía estar invocando al diablo, The Wizards se auparon a los puestos de honor de lo mejor de este año con una antología de artefactos incendiarios que les lleva del metal al punk pasando por el stoner y dejando a grupos a los que habrán escuchado para aprender muy cerca de sufrir aquello de que el discípulo acaba ganando al... no recuerdo cómo es el dicho, joder, porque se me quedó el bicho tan dentro que casi he perdido la memoria y la facultad del habla. Predigo que hablaremos más de un grupo donde, por cierto, destacó al bajo el mismo que antes lo tocaba en Chivo y que, además, jugaba en casa, lo que podía hacerlo aún más difícil. Para ponerle el cierre a la noche, otra vez en pregrinación, bajamos por Juan de Garay hasta la esquina con La Felicidad, absoluta, diría, para ver en directo a los Southern Lights, formados por el Rua al  bajo, con su postura impasible y sus dedos rascándole la barriga a su guitarra de cuatro cuerdas, Aritza a la batería, quien, por cierto, no deja de recibir elogios de todos aquellos compañeros de instrumento con los que hablo, y Gonzalo, guitarra principal y voz de Last Fair Deal, quien está más contenido pero igual de inspirado en este otro grupo. Una buena forma de cerrar la noche, sin las alteraciones neuronales que te producían el volumen de los magos y los brigadistas, pero con el mismo caudal de néctar imperial, como dice aquel, aunque en lugar de chuletas nosotros estemos hablando de corcheas.

Ya lo he dicho antes, me he dejado sin comentar algunos que tocaron pero, por lo que fuera, yo no pude verlos. Y se merecerían estar aquí, por supuesto, y puede que lo estén, ya lo veremos. Igual que el lunes estarán los que actuarán entre la tarde de hoy y el colofón dominical. Y habrá que parar, porque aunque esta semana sea una bendición que no estaría mal repetir más a menudo, tanto nuestro hígado como nuestros tímpanos agradecerán que nos relajemos por unos días. Agradecer, hay que agradecer a algunos que se desgasten los bolsillos y se aféen la salud para que nosotros disfrutemos ahí encerrados, pero eso, ya, lo dejamos para el lunes. También conviene recordar que ha habido más: Varapalo, Las Sexpeares, Berri Txarrak, Rosendo... en otro tipo de escenarios que no nos podemos permitir cubrir en este blog al que el riego solo le llega para las pocas hectáreas de nuestra cerebro lleno de maleza y yerba rala. A algunos los vimos, a otros no. Pero todos han tocado y habrá quien los haya apostillado y mejor que aquí. Eso sí, que nos quiten lo bailao y cerremos con el grito atávico que nos enerva las entrañas: ¡música en los bares! Y, además, este año, de la buena. (Si hubiera emoticones como en los móviles, cerraba con uno de esos del puño cerráo).

Posdata: la foto corresponde al concierto de Putakaska en el Rock eta Golak y la he robado del muro del último al fondo, el que está sentado. Así que gracias y perdón por el atrevimiento.

Segunda y última posdata: enhorabuena a todos los que van subiendo a esas humildes tarimas (o a las barras de los bares) por sorprendernos a más de uno con la calidad y contundencia de la música que muchos de vosotros estáis haciendo anónimamente en los locales de ensayo, tragándoos después kilómetros sin, en ocasiones, conseguir que merezca la pena para vuestros bolsillos pero sí para el espíritu, que falto está de energía. Y para los espíritus de los que vamos, escuchamos, y participamos de esta comunión porque si alguien toca y nadie escucha, igual no ha hecho ruido el árbol que cayó en el bosque, ¿no? Vamos, que para que exista concierto, hace falta banda y hace falta público, así que emoticones de puños cerráos y palmas con efectos especiales también para todos aquellos que preferís estar ahí antes que en cualquier otro lugar.  

Y me vais a perdonar, pero el cerebro no me da pamás.



domingo, 13 de julio de 2014

Crónicas Express: El día B



Estuvimos hablando de cantantes españoles cuyo nombre empieza por J, pero podíamos haberlo hecho de las bandas que, como con su categoría, también tienen un nombre que empieza con B. Después le añadiríamos una reseña a los grupos que se nominan con acrónimos, y ya tienes resumido el día y solo has usado la mitad del abecedario. 
Todo esto para mencionar a A: Los Enemigos, B: Band of Horses, Belako y Black Keys, C: MGMT. De cerca vimos a The Lumineers (aunque, por momentos, a través de la fronda y reposados en la colina) y de lejos y a contraluz a Elliott Brood y Kuroma. Hecho. Ahí tienes el tercer día del festival que oposita a festival de todos los festivales veraniegos del estado, proponiendo con gusto los montes urbanos como substitutos de los arenales mediterráneos. 
Si me quedara aquí sería demasiado fácil, así que voy a ponerme las gafas de buceo y me lanzo al agua como Thomas Mars se lanza al público. Además, me voy a lanzar sin miedo, al despropósito, sin paracaídas. Voy a hacer lo que no se debe hacer o al menos no me gusta hacer y voy a comentar los seis conciertos que vi con la suficiente atención como para poder hacer mención y gastar opinión (Elliott Brood y Kuroma quedan, entonces, para mejor ocasión) y lo voy a hacer por orden de apreciación cualitativa. Es decir, ya que esto lo escribo yo y lo leen solo tres pobres y pobras incautos e incautas, lo voy a hacer haciendo juicios de valor y por clasificación general del Tour de Francia, con maillot amarillo y farolillo rojo. Va.

1. LOS ENEMIGOS

Porque sí, porque Los Enemigos son al rock and roll lo que es a la vida la ciencia más terrenal, llana y versada. Porque sí, porque hacen música así, sin necesitar más adjetivos ni descripciones ni etiquetas ni prefijos ni sufijos ni acabar los sustantivos con los diminutivos empalagosos que tanto les gusta a los participantes en esa comedia de situación llamada Master Chef. Ellos son alubias con chorizo. Un plato rebosante para quitar el hambre. Para quedarte a gusto y repantingarte y arrascarte la barriga. No les llegará el éxito ni en el jergón, pero a Josele Santiago, al polifacético Fino Oyonarte, a Chema "Animal" Pérez y a Manolo Benítez ni les hace falta que los niños se acerquen a ellos ni les sobra ni les achica un escenario en el que invitados deberían estar siempre aunque no todos entiendan que la raspa de pescado alimenta más que el arroz del puesto thai food. No voy a deciros qué tocaron, porque lo tocaron todo, y lo tocaron todo de puta madre. Perdón. 

2. BELAKO

Yo ya me rendí hace un tiempo, lo dije con la boca grande, me he mantenido atento y no he vuelto a dar más el coñazo. Pero ellos ahí siguen, y cada vez que les veo, más tiembla el suelo. Tienen ya Eurie un poco desgastado, pero por eso han empezado a ofrecer cosas nuevas y ayer probaron algunas. Se pasaron gran parte del concierto saludando a los amigos que andaban por debajo, sonriéndose entre ellos, resoplando como si estuvieran echando una pachanga con los colegas. Y es que si los ves por primera vez te pueden dar sensación de que van de sobraos, pero es que les sobra, les sobra el talento y la actitud. Y la actitud nunca sobra, más bien, siempre acaba por faltar. Me decía la que me acompaña que ojalá Franz Ferdinand hubiera tenido el jueves la mitad de ímpetu que tuvieron ayer los de Mungia, pero es que diez años son diez años y es difícil retener más que tener. Habrá que ver a estos chavales dentro de diez años pero si aparece todo lo que asoma serán capaces de convertir toda esa rabia en un tipo de energía distinta pero tan contundente como la que exudan ahora y seguir dando directos de los que hacen temblar el suelo y te electrifican la piel sin necesidad de analizar el contenido ni buscar entendimientos lógicos. Tampoco te voy a decir qué tocaron porque prácticamente lo tocaron todo.

3. THE BLACK KEYS

He leído ya, a esto de las ocho menos diez del día siguiente, todo tipo de crónicas. Las que les exaltan sin ambages, las que les regalan notas altas, las que no les vilipendian pero porque se muerden la lengua y las que intentan quedarse en tierra de nadie que vendría a ser la patria de acogida en la que yo debería exiliarme. Después de leerlas todas, he llegado a creer un poco en el situacionismo, aunque no creo que entienda esta corriente ni que haga una práctica adecuada de la misma. Lo que quiero decir es que intuyo que esas crónicas difieren porque los que las escribieron escucharon el concierto desde lugares distintos, y no me refiero a una posición espiritual o ideológica, si no a una situación geográfica y física de lo más simple. Unos estuvieron abalconados, otros arrinconados, pero también los hubo que se atrevieron y se instalaron en medio del meollo. Distintas situaciones, distintas glosas. Y la mía pertenece a los que lo vieron de lejos y fueron acercándose poco a poco, a los que sufrieron a todos esos visitantes ocasionales que esperaban solo a los tres minutos y trece segundos que Derrick T. Tuggle se pasa bailando y que se pasará bailando de aquí a la eternidad. Soy de los que notaron el sonido bajo, no bajo del volumen pero sí de magnitud, de los que tampoco le encontraron explicación a los seis trailers, y de los que acabaron por enfriarse porque cada vez que tiraban un penalty había que esperar diez minutos a que el portero se cambiara de guantes. Me declaro fan de los Black Keys aunque no estuviera en aquel concierto del 2004 que lleva camino de convertirse en mítico. Un aficionado de los que ha ido perdiéndose por "El Camino" aunque ha seguido arrimado a la idea de que con una guitarra y una batería se puede hacer un sándwich perfecto a nada que lo empapes bien de blues y rock. Lo más gracioso: quitando los hits que como cualquier otro disfruté, la que más me gustó fue una del último que no recuerdo ni recordaré hasta que no me digne y me escuche el disco que era lo primero que tenía que haber hecho antes de escribir esto. No te digo lo que tocaron, porque tocaron la que tenían que tocar y Dan Auerbach se llevó el duelo ante Patrick Carney, más por su esplendorosa voz que por sus chupas de cuero o sus muchas guitarras. 

4. MGMT

Si me dices antes que yo iba a estar metido en medio del asunto durante un concierto de los de Conneticut e iba hasta a disfrutarlo un poco, me estoy haciendo cruces en el pecho hasta que Luiz Felipe Scolari sea el brasileño más querido del año. Pero así fue. Un poco y, hasta si me apuras, un bastante. Me quedé un poco enajenado con tanta psicodelia electrónica, con aquellas apariciones fantasmagóricas de Wayne Coyne, y algunos arrebatos rockeros que después se tornaban en manifestaciones de technotrance de estas en las que hay que sujetar la luna protagonista sacudiendo las palmas de tu mano hacia arriba, pero no me sentí incómodo. Me quedaba yo allí viendo a los MGMT acompañados por los Kuroma y me preguntaba cómo en un grupo con tres guitarras solo podía escuchar una y a veces, pero, aún así, me dejaba llevar, sin sacar las manos de los bolsillos y más preocupado, en ocasiones, por una post-adolescente sin concepto del equilibrio que buscaba espaldas a precio de saldo para reposar su incontenible obsesión por la lisergia, sin darse cuenta de que ya se la había bebido antes de que empezara el concierto. No te digo lo que tocaron, porque tocaron muy pronto "Time to Pretend" y al final "Kids", y todo el mundo fue feliz, algunos más que otros. 

5. BAND OF HORSES

Band of Horses of Disaster: manda leches que me mande mi colega el brit de adopción musical un comentario adorándoles y yo que tengo más camisas de cuadros que un capataz de rancho le tuviera que contestar con veleidades. No sé qué me pasa con los de Seattle que ya van dos veces y no acabo de entrar por el aro. Y eso a pesar de que le veo el valor como frontman a Ben Bridwell, de que me llama la atención que un miembro tenga de nombre de pila el de mi universidad favorita de la Big East, y de que me puliera el Everything All the Time igual que me pulí el Cease to Begin y el Infinite Arms, como si no hubiera  un mañana y cada canción fuera una ración de oxígeno. Supongo que algún día me lo tengo que proponer con determinación y rigurosidad, ponerme ceñudo y atento y verlo todo sin que las ganas de mover las piernas y beber cerveza me hagan desistir del intento. Aún así, nos vimos el comienzo del concierto y el resto lo seguí de pantalla a pantalla, pero no te voy a decir qué tocaron, porque, por supuesto, estuvo "The Funeral" pero también estuvieron muchas otras que son igual de buenas o mejor. 

6. THE LUMINEERS

No sé a quién echarle la culpa: si a ellos, a mí, al que les puso allí o a los astros que son poderosos con luna llena y más si cuando vas a mear te encuentras con una tía que te está leyendo el horóscopo o escuchas a otras tener conversaciones sobre deseos que se cumplen si le enseñas tu trasero al satélite plateado. Cosas que tienen los festivales y lo que les pasó a The Lumineers fue otra de esas cosas que tienen los festivales. Por mucho que le pongas lámparas rococó al escenario, por mucho que te empeñes en aporrear tu banjo, se va a hacer muy largo si la música no llena todo ese hueco que queda entre un escenario gigantesco y una pradera sin segar. Yo hasta a ellos les vi pelín incómodos. En parte, porque puede que no tengan el cuajo que tienen Josele y el resto que son capaces de llenar el hueco y de apagar el sol si hace falta. Quizás si Wesley Schultz le hubiera explicado mi teoría del situacionismo musical a los de la promotora, les hubieran puesto en el sitio y el momento más adecuado para disfrutar de una música que, por otro lado, no es nueva, ni original, ni sorprendente, pero tampoco desmerece ni da la nota. Por supuesto, no te voy a decir qué tocaron, pero sí, la tocaron, la canción del anuncio se la ventilaron casi al comienzo en lo que no deja de ser una declaración de intenciones que les honra. 

Y ya está. Se acabó. Se acabó la edición anterior a la del aniversario, la edición en la que, al menos en la opinión generalizada del grupúsculo en el que yo me incluyo, el BBK Live, si no lo había hecho ya antes, ha girado rumbo hacia un futuro tan refulgente y tintineante que a nosotros nos ha cegado y dejados sordos desde ya. No voy a volver a analizar la fauna y la flora del festival porque luego siempre me siento culpable así que lo dejaremos en una de esas máximas que todo escritor busca para tirarse el moco y cerrar un trabajo y que pocas veces, y ésta no es el caso, se consiguen: una vez más, aunque no vaya a quedar así en las enciclopedias, los vencidos siempre salen vencedores. 

sábado, 12 de julio de 2014

Crónicas Express: Bastante paja hay ya...



... como para ir a buscar una aguja. A lo que iba, que me dejo de análisis amarillistas, comentarios que pretenden ser graciosos y autoflagelaciones multicolores. Hoy vamos a lo que vamos: repaso al grano de mi experiencia musical en el pajar del BBK.
Conor Oberst. Hubo una vez que estuve sentado al lado de él. Frecuentábamos la misma librería. Desde entonces, el niño de los ojos brillantes se convirtió en ciudadano de mi república independiente del ruido. Así llegó la ocasión de verle la primera vez, en el Azkena de hace un par de años. Un concierto que recuerdo lento, rectilíneo y un tanto decepcionante. Por eso, ayer, mientras escuchábamos a Frank Turner y sus Sleeping Souls tocar folk con arrebatos punk-rock, y no dejábamos de caminar hacia el escenario Sony, no las tenía yo todas conmigo. Razón principal por la que la sorpresa y la satisfacción fue mayor. Superado el susto de verle en el escenario con ese aspecto a medio camino entre un cuáquero de funeral y el famoso luchador ya retirado The Undertaker, Oberst se ganó al respetable, no mucho y más bien joven, con una demostración de electricidad, medios tiempos para compensar, rabia de la que ya tenía cuando era un niño prodigio y country del que engancha a Willie Nelson con Jason Ringenberg y más allá. Y lo consiguió porque parece que ha recuperado una vieja y destartalada guitarra acústica, porque rebusca en sus entrañas para rasgarla, y porque estuvo perfectamente acompañado con una banda de lujo, los Dawes que tocaron justo antes (por cierto, dicen que muy bien tocado además). Regaló un "First Day of My Life" que con una bebida caliente y viendo llover por la ventana queda que ni niquelada. Supongo que fue un concierto para simpatizantes. Y también para recuperarlos. 
Bastille. Prácticamente, el concierto entero me vi. Te contaré que al cantante le dieron una baqueta como al niño del anuncio le daban un palo y se puso a jugar a percusionistas. Digo yo que no está mal si te gusta la electrónica entendida como un desarrollo del pop que invita al baile, a la comunión y a comprar en centros comerciales.
Jack Johnson. El apocalipsis de la generación Primark. ¡Qué coño era aquello! Te venían por todos los lados, se subían a los contáiners que hacen las veces de baños mientras un operario bastante tenía con hacer de chispas como para ponerse a lanzar guiris al vacío. Nos tuvimos que poner atrás del todo para salvaguardar nuestra condición generacional y ver al de Hawaii comenzar el concierto sosegado, sin prisas y con las melodías de su guitarra alfombrando un escenario que podría haber sido el diseño de una nueva tienda Springfield. 
Izal. Así que mi compañero tuvo una idea muy lúcida: vamos al otro a ver a Izal que está todo el mundo aquí y allí vamos a estar más tranquilos. Como diría uno que yo me sé: ¡los cojones! El escenario Sony parecía uno de esos bocatas que se curra David de Jorge en los que se vierte todo el picado por los bordes. La gente se salía por las costuras del escenario y los que estaban dentro daban más botes que los de Dixan. Hasta atrás, donde nos pusimos mullidos sobre la paja, la gente botaba, tarareaba, gritaba con algarabía, subía los brazos como apuntando al cielo. Hasta mi compañero lo hacía. Y yo allí, preguntándome qué demonios significaba Izal. Los madrileños tienen canciones efectivas para electrificar sneakers y facilitar la salmodia. Le ponen ese tono épico como unos Vetusta Morla con más nervio, algún deje a las guitarras de Brian May, y pasan por la turmix de su toque personal toda la efervescencia musical más aparente en estos tiempos modernos de canadienses excéntricos e ingleses que tocan el banjo. Además, Mikel Izal parece un tío majo, sobre todo, en el escenario. Serán probablemente uno de los triunfadores del festival por aclamación popular. 
Foster the People. Creo que no les había visto nunca, pero como si les hubiera visto cientos de veces. Dejaron lo más reluciente para el final, justo cuando volvíamos de cenar. 
The Prodigy. Abrieron con "Breathe" lo que resultó efectivo para que la gente (parecía que menos que en Bastille) se tragara el anzuelo y se unieran a la rave donde los años no pasan en balde pero el balde tiene un agujero por donde se escapa todo el sentido común más represivo. Era la primera vez que veía a Keith Flint y me alegré de verlo de lejos. Sigue dando miedo, igual que en el vídeo de "Firestarter", que también debieron cantar, pero yo ya no estaba. Nos quedamos un puñado de ellas, las justas para que nos sajaran los tímpanos con esas sinfonías industriales tan cinemáticas y, a pesar del tiempo, distópicas aún. 
Ticas, picas y ases. Ya está. Eso es lo que vi y se acabó. La idea era llegar a ver a El Columpio Asesino y descubrir quiénes eran unos Palma Violets que, después, en el letargo amodorrado de esta mañana, me he dado cuenta de que sí sabía quiénes eran. Pero ninguna de las dos ideas se hizo cuerpo. Nuestros cuerpos dijeron basta y cogimos la cuesta abajo. No éramos los únicos. Ayer nadie podía ser único en Kobetas. Fueras donde fueras, siempre eras tú, tus circunstancias y tres docenas de personas igual de subjetivizadas que tú. Más guapos todos que tú, también, pero sujetos falibles y mortales, igual que tú. Y tú. Y solamante tú. Igualito que Dan Smith.

Hoy más, y yo creo que va a ser mejor. Después, nos dejaremos de paisajes panorámicos y regresaremos a nuestras raíces, a los bares sudorosos con bandas de local de ensayo y camareros que pinchan discos añejos y hechizantes. De donde nunca debimos salir, lo sé, pero la cabra tira pa'l monte y, a veces, aunque parezca mentira, se despeña. La peña ayer, por cierto, pudo disfrutar del comienzo de fiestas con Roo Ray y Janire en el Cuervo y tras la fatídica baja de Viva Bazooka, los congrios agónicos en el Tubo. Yo no estuve, lo lamento, y también hoy me perderé a Lomoken Hoboken y a Boogie Riders. Si consigo que alguien me cuente más, os lo chivo. Mientras tanto, lo dicho, el chivo vuelve hoy a subir al cerro y cierro el ordenador que ya es hora de callarse.

viernes, 11 de julio de 2014

Crónicas Express: Qué bien se está en el Azkena...



Antes de salir, llega un whatsapp que dice: prepararos, las colas dan la vuelta a la estación. Pero ni nos inmutamos. A nuestro ritmo, callejeando, algún bostezo, repitiéndonos la letanía y, así, conversando apaciblemente sobre las subidas en la renta variable europea y el íbex 35, vamos bajando hacia la estación de Ansio.
Antes de y 35 ya estamos subidos en el autobús. Ni colas ni aglomeraciones. Aún hay gente que sube con tanto pertrecho que es difícil que se pongan derechos. Y eso que las tiendas de campaña de hoy en día se lanzan al aire y se montan solas. Hay quien bebe coronita, quien se curra sus cubatas de ron calientes, los que sacan cervezas de a 0'37 en el dia y, por supuesto, también tiene presencia la bebida de moda, el licor de yerbas de los cazadores de la Baja Sajonia, presente hasta en el traslado, porque luego, allí arriba, como si el recinto fuera, en realidad, la sede de una convención de aficionados a la actividad cinegética, estará por todos los lados.
Abandonados a kilómetro y medio, ponle, no sé calcular, de la entrada principal, subimos, como es costumbre bajar luego, las rampas de Kobetas mientras los muchachos y muchachas que se excitan con la música, van repitiendo los nombres de los grupos que quieren ver. A gritos. Para que todo el mundo participe del valor intrínseco que les proporciona tener tan buen gusto. Por democracia participativa, ganan Crystal Fighters y se quedan cerca Dorian, aunque queda la sensación de que a los de Barcelona se los mienta más que nada como disculpa para aguantar hasta las tres de la mañana.
Y así llegamos a lo alto de la colina donde el movimiento colorido de campistas y no campistas es tan animado, caótico y vertiginoso que da miedo, ¡portutakis! La ciudad desde lo alto parece que ha sido evacuada y a todos aquellos que no llegaban a los cincuenta, los han subido a la montaña y ahora nos clasifican en estos refugios patrocinados por una marca de cerveza que se ha propuesto salvar a la raza humana para después hacer publicidad con ello. Lo sé, perdí el hilo.
Pero con cosas como esta tenías que ir ocupando tu cabeza mientras hacías fuerzas para soportar la cola de las pulseras y no darte la vuelta y montar bronca con los cinco niñatos vestidos con el uniforme festivalero oficial, pantalón cortito, zapatillas de paño, niqui a franjas coloridas, barbita cuidada, tupé ondulado y gafas reibán, que se habían pasado los últimos dos meses aprovechando los descansos entre que estudiaban matemáticas para la economía y sociología jurídica, para aprenderse de memoria el himno o lo que fuera del River Plate y poder cantarlo así, en mi oreja, con una voz profunda que por imitada parecía de ultratumba. Me he quedado a gusto, pero era así: las inmediaciones de la entrada principal parecían un botellón antes de entrar a la fiesta para pagar el viaje de estudios a los de la enésima generación de estudiantes de empresariales.
Y aún no he hablado de música, cierto, pero es que ése es el regusto que empieza a dejar el Bilbao BBK Live: que tampoco es que lo de la música importe mucho. Por supuesto, si 40.000 personas se reúnen para ver en directo a Franz Ferdinand, hacer comentarios generalistas te queda gratuito y lamentable, pero no se puede evitar que te embargue no la emoción pero sí la amargura de sentirte como en un FIB de los de la época final de los hermanos Morán, donde había tanta o más actividad alrededor de los escenarios que frente a los mismos. Y eso empieza a ocurrir en las campas de Kobetas, donde parece que hay más gente de fiesta que de festival, lo que tampoco está mal. Bastante clasista y cargante estoy sonando ya, como para que ahora parezca el líder del movimiento antialcohólico. Dicho todo esto que suena a abuelo cebolleta al que le harías tragarse una empanada repleta de las más picantes para ver si se calla, acabo diciendo que los que suben es porque quieren y que, si no quieres, lo veas desde Santa Águeda, que desde allí no salpica.
Música, sí.
Pues llegamos cuando John Newman, al que no conocía, vaya por delante, se ponía espitoso con su éxito Love Me Again, que sí había oído, por supuesto. Aún no habíamos llegado al hoyo del primer escenario, cuando se escucharon los primeros acordes, y hubo gente que salió corriendo como corre el hierro al imán. Nos quedamos en una esquina a ver terminar a un pelín exagerado John Newman, arrodillado y con una sudada que no le despeinó el tupé.
Ya reunidos con el tercero en discordia, tocaba cerveza en vaso de plástico de a litro, y una esquina recogida para ver por tercera vez a Vetusta Morla en Kobetamendi. Antes que éstas, estuvimos recordando cómo les vimos una primera vez en el Kafe Antzokia de Bilbao, cuando a los de Tres Cantos aún no les había llegado el tiempo de salir hasta en los noticieros de la sobremesa. Pero volviendo al escenario verde, la tercera de Vetusta Morla en el festival bilbaíno, nos dejó como te deja el notable en inglés de segundo de la eso de un alumno que sabes que nació de padres anglófonos y que marcha todos los agostos a la pérfida para visitar a granpa y granma. Sonaron correctos, efusivos en el bloque final, afanados con las percusiones, como siempre, con un Pucho más suelto y dicharachero, con ganas de reflejar el ánimo insurrecto y vindicativo de su último disco, con cuyas canciones abrieron en línea recta toda la primera parte del concierto. Había mucha gente, mucha juventud en primera línea, y se cantaron con ganas hasta las más viejas, lo que habla con certeza del camino que ha ido recorriendo este grupo y los frutos que ahora recogen.
De Tres Cantos a Glasgow sin necesidad de puente áreo. Los siguientes eran el plato fuerte de la jornada, un grupo, los Franz Ferdinand, que celebraban, aunque nadie parecía recordarlo, que han pasado ya diez años desde que en febrero de 2004 publicaron el disco homónimo, su primero, que con dardos como "Michael", "This Fire", "The Dark of the Matinee" o, por supuesto, "Take Me Out" se convirtieron en los abanderados del enésimo movimiento revisionista del legado musical británico, esta vez, con un aire de post punk con más post que punk que usaba guitarras puntiagudas a lo Andy Gill o los Josef K. Y eso es lo que hubo anoche en Bilbao, la confirmación de que han pasado diez años desde la grabación de "Take Me Out" y que parece que se quedó en eso, en un himno repentino y temporal: diversión y representación de dos o tres generaciones que convergían en aquellos comienzos del siglo XXI, pero no ahora. De hecho, me dio la sensación, al menos por mi lado, que se bailó más el "Love Illumination" que un "Take Me Out" que nosotros tres cantamos en plan verbenero mientras la gente más joven que nos abrigaba se limitaba a tararear en ese inglés de Aranjuez que tan bien sabemos balbucir los no nativos. Cuando nos reunimos para debatir la nota final, convenimos que habían sonado un tanto desinflados, sin la urgencia de diez años atrás, cuando les vimos por primera vez, precisamente en Benicassim, y bien fuera por el calor o por lo reciente de los bollos, sudamos tanto que transpirábamos corcheas. Aún así, Alex Kapranos y los suyos merecen un respeto por insistir en una fórmula que bordan con eficiencia y resolución, otra cosa es que cada vez que te pones a componer, te salga un hit. A veces, ni depende de ti, solo depende de quienes compran los discos y, en este caso, botan frente al escenario.
Lo siguiente fue cenar.
Y empezó a llover fuerte.
Y salieron Phoenix a los que voy a resumir rápidamente: dos canciones desde el fondo y media vuelta. No se entienda como una crítica, entiéndase como un defecto de fábrica. Escuché atentamente los dos primeros discos de Phoenix, y llegué incluso hasta el It's Never Been Like That  donde canciones como "Lost and Found", "Consolation Prizes" o "Long Distance Call" me acompañaron durante un buen rato, hasta que las sobé tanto que perdieron todo el pelo. Pero de ahí ya no he pasado. Y mis compañeros de festival, lo mismo o menos, así que decidimos movernos.
Nos fuimos hasta el tercer escenario, el resultón Sony, donde tocaban The Last Internationale y yo insistí en acercarnos porque necesitaba un chute de rock and roll. Quizás en otro lugar y en otro momento, los de New York me hubieran pasado desapercibidos, pero entre tanto pospan y niuweiv, Delila Paz y los suyos sonaban a maná caído del cielo. Rock and roll con actitud y velocidad punk, con guitarras al toque blues y batería aporreada, qué ganas tenía. Además, se merece mucha atención, y probablemente una entrada posterior, un grupo que titula a su disco Life, Liberty, and The Pursuit of Indian Blood.
Y, cabe decir también, que al ir a verlos nos encontramos con que había más oferta comercial en un costado de este escenario y, entre la variada oferta, allí que aparecen, en uno de esos coquetos chiringuitos, la crème de la crème, tres insignes perturbadores del mundo musical barakaldés, en diferentes afinaciones y versiones, regentando un local donde la gente desorientada entraba a comprarse sudaderas para evitar el frío, sin darse cuenta que se las llevaban de diseño exclusivo. Si veis a peña con unas curiosas chapas que hacen coña de los estribillos de los Ramones, es porque han estado por allí, así que dejaros llevar por la curiosidad, y acercaros a ver como el mundo de la navegación y el del diseño se unen por obra y gracia de uno que permanecerá, por los días de los días, como el culpable de uno de los resacones más musicales y desfasados de los últimos tiempos. Por cierto, para este capitán Haddock del Nervión, en menos de lo que tarda una trainera en trazar la ciaboga, le tocará celebrar uno de los días más importantes de su vida, como se suele decir, así que felicidades por adelantado tanto a él como a ella. 
Y con esta nota de color rosa y un tanto desafinada, termino mi crónica porque a los Crystal Fighters ni los vimos y, como era de esperar, a Dorian ni los olimos. Hoy más y quizás mejor, aunque lo más desafortunado es que me perderé el comienzo de la oferta musical alternativa de las fiestas del pueblo, y mira que lo voy a hacer con remordimiento y con aflicción. Espero contar con colaboradores accidentales que nos expliquen cómo fue la cosa. Y, por último, si queréis leer, mejor y con más propiedad, cómo fue la cosa en el primer día de festival, leed crónicas mucho más corregidas, depuradas y afiladas que ésta. Yo os recomiendo que, si estais interesado, visitéis la web de bi fm y sigais el trabajo del enviado especial Raúl Luceño y sus compañeros: crónica bifm.
Dicho y espero que hecho y lo dejo aquí que ya me canso yo hasta de escucharme escribir. 
By the way, lo de crónicas express va porque pocos grupos fueron los que vi y de ellos solo hablo. By the way Two, la foto la he sacado de la red de redes y no sé si corresponde a este año pero pertenece a la web stereoboard.com. By the way Three, la frase del subtítulo no es mía y pertenece a la que me acompaña que buscaba resumir con ella las sensaciones generales que tuvo ayer. Me invita y yo acepto, así que la uso, y me ausento. 

sábado, 5 de julio de 2014

La patrona luce mohicana



Advertencia: Lávate bien las manos antes de leer esta entrada y, después, suéltame el soplamocos. Me informaron esta mañana desde estudios centrales: ha habido cambios en el cartel final. No en la estética, pero si en el orden, aunque tampoco altera el producto. Alguno nuevo incluso se suma a la fiesta: The Crow Farm, rock'n'roll así, a secas, con mayúsculas o minúsculas, da igual, pero sin guiones. Atención al cambio de fechas de Viva Bazooka, de Husein Johnson y de The Wizards al alimón con los Downtown Brigade. El puzzle sigue quedando chulo, pero las piezas se han movido un poco, así que mejor, aunque sigas siendo un inconsciente y te empeñes en leer lo que escribí abajo, no me hagas caso cuando repaso el cartel de El Tubo o sigue esta advertencia y, en cualquier caso, échale un buen vistazo al cartel, que sí está corregido. Me piro.

Segunda advertencia: A la tercera... Uno más que se suma al cartel. Los del Rock eta Golak han conseguido cerrar una cuarta sesión que tiene su propio cartel y que, por supuesto, acabo de añadir ahí abajo. Como veis, el último fichaje no ocupa plaza de extranjero porque se trata de los Putakaska, una banda que supera la barrera de la luz con su punk a toda ostia. El mismo que llevan facturando desde hace mucho tiempo pero que aún suena más fresco que lo que huele el bacalao recién llegado a puerto. Así que, ya sabes otro plan.

Comentario a flyingfeather: No es una advertencia, que conste, es solo la necesidad, que cantaba Francis Díez, de mencionar a otro establecimiento hostelero, el Eguzki, que se había propuesto apuntarse a la oferta alternativa pero cuestiones ajenas a su buena voluntad les han obligado a descartarse. La intención es lo que cuenta... así que ánimo a los últimos promotores clandestinos censurados. 


Se acercan las fiestas patronales y muchos nos ponemos a cubierto, no nos vaya a salpicar el kalimotxo o el chorro del camión cisterna. Qué tiempos aquellos en los que te excitaba hasta la previa, las camisetas serigrafiadas en casa, las panzadas a cargar bolsas de plástico o los conciertos de Seguridad Social que permitían agarrar por la cintura a la chica que saltaba a tu lado. Qué tiempos. Qué bien que se hayan ido por la alcantarilla con el chorro del camión cisterna. 
Llegan las fiestas patronales que celebran la santidad de la Virgen del Carmen, allá acurrucada abajo, a la orilla de la ría, durante todo el año, y se ponen los jóvenes del pueblo de tiros largos, con las mejores camisetas de algodón y los pantalones de paño burdo para salir a pescar al mar cantábrico. No es éste el foro para hablar más allá de la oferta musical, pero invitaría a que quien tenga algo que decir, a que lo diga si quiere. Yo me limitaré a comentar que, en lo que respecta a lo musical, y atendiendo al sospechoso y oblicuo gusto del que escribe este blog y de quienes lo leen cuando se confunden, la oferta oficial de música en directo de las fiestas patronales de nuestro pueblo es, sorpresa sorpresa, poco más que una invitación a alquilarte un apartamento en Noja durante la semana de celebraciones. Por supuesto, habrá honrosas excepciones como la plenaria del catedrático de la universidad rockera de Carabanchel Rosendo Mercado o el día que se les permitirá a algunas bandas locales mostrarse en el escenario oficial. Pero para hablar de lo que contrata el ayuntamiento, ya se cuenta con otros foros, aquí, mejor hablamos de lo que sucede en escenarios más aquilatados y angostos, rincones de nuestro paisaje natural donde, durante al año, no se permite darle de comer a los animales salvajes. Aprovechando que la virgen les ata la faja del vestido folklórico en las manos a los que firman edictos y ordenanzas, los dueños de los locales se lanzan durante esta semana a poner en efervescencia toda su creatividad, sus inquietudes culturales, que pueden gustar más o menos, y arriesgan sus dineros y su salud para proponer una oferta alternativa que plaque la sed de aquellos que bebiendo de las fuentes municipales solo conseguimos sufrir polidipsia. 
Se me pasarán algunos porque no he tenido más fuentes que aquellas con las que mantengo afinidad o, incluso, si se me permite, amistad, así que todo aquel que se haya visto relegado y que quiera aparecer en este dudoso tablao, que se haga oír y le escucharemos. Mientras tanto, aquí hablaremos de la oferta musical para las fiestas patronales que nos proponen en tres establecimientos hosteleros de nuestra noble anteiglesia: el Cuervo, el Rock eta Golak y El Tubo, así, por orden alfabético, aunque ahora empezemos del revés. 

En el Tubo, Patxi Mills y "Kalbo" Belinelli no tienen suficiente con ganar la NBA con los Spurs y ahora se proponen volver a ganar el trofeo a los mejores promotores musicales clandestinos de nuestra localidad, aunque sea ex aequo, que es una expresioneja en latín que bien podría darle nombre a un grupo de doom metal. Las buenas tradiciones no hay que perderlas y por eso vuelven a repetir con un cartel de los que convierten al blanco y negro en una combinación más colorida que los unidos de Benetton y una orgía de grupos que convertirán a El Tubo en el secreto mejor guardado de fiestas. 
Abrirán la bacanal un grupo local, La Agonía del Congrio, el próximo viernes día 11 en horario de ocho de la tarde si es que quieren empezar puntuales. Al día siguiente, los Boogie Riders de Arrigorriaga tendrán la oportunidad de lucirse por estos lares. Todo seguirá el domingo con la primera sesión doble. La sesión vermú de la una del mediodía, quien dice vermú dice benjamín, la estrenarán los HCH que se definen como lindane rock, así que habrá que llevar los trajes antiradiación. Ese mismo domingo, pero a la hora de cenar, nos llegarán desde Granada (o desde Bosnia, según el nombre) unos Sniper Alley a los que Motorhead y Led Zeppelin les quedarían bien en las listas de influencias pero seguro que no puede ser tan fácil. El Lunes 14 seguirá la fiesta en horario vespertino con los locales Deskuadre y, al día siguiente, serán dos las bandas invitadas a tocar por la tarde. Por un lado, los bilbaínos The Wizards, por el otro, Downtown Brigade de Medina de Pomar. Momento para el rock and roll inflamable que hará retumbar hasta las pegatinas de los cristales del baño. El miércoles, unos clásicos, Ciudad Rayada traerá el punk más hardcore de Barakaldo y estarán acompañados por 2lería, clasificados como jetapunk y uno de los candidatos a ser el robo del año en este draft. No hay descanso porque el jueves 17 sigue la fiesta con unos Kilauea que llegan desde Atxondo y que me han chivado que aspiran al MVP del campeonato. A poco que sus guitarras suenen como en el bandcamp, se pone en erupción el volcán. Justo detrás de ellos, y en el mismo horario de 20:00 horas pero al día siguiente, ya viernes, Husein Johnson vienen desde Burgos para darle al stoner. Si los de Atxondo quieren llevarse trofeo, lo tendrán difícil ante este power-trío burgalés. El sábado 19, a la hora de las rabas, actuarán Barbitúrikos, punk de Zornotza y por la noche los gasteiztarras de Viva Bazooka, mitad de Gasteiz mitad del Paraguay, nos explicarán cómo puedes librarte de la modorra con sus ritmos hechizantes y provocadores. No se acabará ahí la cosa porque si tienes fuerzas, el domingo 20 habrá sesión doble para ponerle la guinda al pastel. Por la mañana, Nasti de Plasti, otros clásicos, traerán su humor y su punk-rock a un escenario que creo que ya conocen y a la tarde Ases y Ochos cerrará la orgía con la etiqueta de locales y el barullo del rock and roll, que es lo que se han propuesto celebrar, más que virgenes y patrones, los dos apandadores del último bar donde se puede viajar en el tiempo sin marearse. 
Claro que hay más, porque estos dos no son los únicos locos de la ciudad. También podrás ver conciertos en el Rock eta Golak, justo en una esquina del campo de fútbol municipal, sede social del club del pueblo. Me comentan que aún buscaban un cuarto espectáculo para cerrar la propuesta, pero, por ahora, los dos responsables del bar donde el fútbol y el punk se cogen de la mano y hasta se soban la entrepierna, serán los siguientes: sesión de rock jarrillero con Mal Revés y 4 Tragos el día 12, los Derringers de Villarcayo el día 19 y dos días antes, el 17, llegarán desde Pontevedra unos Thee Blind Crows a los que con batería y guitarra a palo les sobra para sacarte los ojos. 
Por último, no podíamos dejarnos sin comentar a otro de los templos de la música en directo más alternativa cuando llega la jauría fiestera. En un recodo río abajo por Juan de Garay, te encontrarás con El Cuervo donde, si tienes ganas, estas fiestas podrás hacer un poco de todo, desde comer chorizo hasta escuchar a cantautores, pasando por lecciones de geografía musical americana. Empezarán el día 11 con el concierto de Roo Ray y Janire, guitarras acústicas y canciones sin aditivos para empezar. Al día siguiente, sábado 12, será el turno de los Lomoken Hoboken que juegan en casa y en la liga del rock sureño con acento universal. El miércoles 16 tendremos a otro cantautor en acústico, éste responde al nombre de Miguel, y un día antes el plato fuerte de la jornada con el concierto de dos bandas de esas que suenan a himno local: Ladys Ramone y Los Roñas. El Jueves 17 les tocará el turno a unos Dr. Maha's Miracle Tonic que precisamente estarán tocando ahora o puede que lo estén en nada en Bilbao La Vieja. Ya hemos hablado de ellos largo y tendido y volveremos a hacerlo, pero nunca está de sobra verlos tocar, lo hagan al completo o en algún formato más apañado. Para finalizar, el Cuervo cerrará el sábado 19 (digo yo, aunque ponga 18 en el cartel) con La Kontra, el nuevo proyecto musical de uno de los históricos de nuestro pueblo, el ex Parabellum Txetxu. 

Con todo eso, yo, por lo menos, tengo bastante, la verdad. Más aún cuando sé que varios me los voy a perder, pero intentaré tener enviados especiales que nos cuenten cómo ha ido la cosa. Eso sí, salga como salga, lo que no se sale del tiesto es darle las gracias a todos los responsables de que tengamos la oportunidad de disfrutar de esta oferta alternativa. Ahora, si prefieres a Georgie Dann, pues, ya sabes, cada uno a su pingüi, como decían antes en mi barrio. 
Cuelgo los carteles y me piro que ya va siendo hora de disfrutar del sábado.