viernes, 26 de septiembre de 2014

FIASCO PRESS!: Toni Monserrat



Mucho de lo que podría decir yo para introducir esta entrevista, ya lo va a decir él mismo cuando conteste a mis preguntas. Mucho de lo que yo tendría que decir de su último disco, ya lo dije en una entrada anterior que podéis releer (o leer por primera vez) aquí: fiascofiasco&tonimonserrat. Los muchos que no os fiaréis de mi criterio, podéis probar con el de Xavi Martínez, quien escribió una reseña del álbum en la revista Ruta 66. Y por mucho que confiéis en quién sea, deberíais probar vosotros mismos y visitar el bandcamp de Toni Monserrat para haceros una idea de lo que hace y cómo lo hace: tonimonserratbandcamp. No hay mucho más que añadir.
Todo lo que queda por decir, lo va a decir él ahora mismo, respondiendo a diez preguntas que sirven de número redondo para averiguar algo más sobre este músico balear, con un largo bagaje pero aún mucho que contar y cantar.
Además, de paso, aprovechamos para contaros (que no cantaros) nosotros que, para aquellos que vivís lejos de las islas, quizás haya una buena oportunidad de disfrutar de sus canciones en directo y en breve, porque Toni Monserrat visitará el norte de la península próximamente, durante la primera semana de este próximo mes de Octubre. Cuando tengamos más detalles, os los haremos llegar. Mientras tanto, descubramos algo más de su música y de su vida y preparémonos para lo que está por llegar.


Así, a bote pronto, para empezar con energías: ¿quién es Toni  Monserrat? Sin el Inc.

Toni Monserrat es un apasionado de la música y la literatura desde siempre. He tenido bandas prácticamente desde el instituto, versioneando a clásicos al principio (Ramones, Elvis, Long Ryders) hasta después de volver a Mallorca, posterior a mi graduación en Barcelona. Monté Murder In the Barn con dos de mis mejores amigos y allí empezó un poco todo. Tocamos mucho, en Mallorca y fuera. Radio 3 nos hizo bastante caso, TVE, etc. Después nos transformamos en The Deep South, una especie de rebirthing y, al final, decidí hacerlo solo, desde la sinceridad, contando mis paranoias, historias y frustraciones.

¿Y entonces quién es con el Inc.?

Bueno, el Inc. Es una especie de club abierto a hermanos/amigos músicos. Quiero decir que al decidir hacer un disco en solitario me refería a expresar algo con los músicos que fuera, cosa que, al final, resultó muy gratificante. Inc. se refiere a los amigos (músicos pros) que grabaron 38 Bucks, experiencia muy personal. ¿Tiene senido lo que digo?

No le contesto a la pregunta porque, en su momento, esta entrevista la hicimos por correo electrónico. Sin embargo, yo sí creo que tiene sentido lo que dice. Ya que ha hablado de el disco, vayamos con él: ¿a quién le debes o quién te debe 38 Bucks?

Creo que una parte de la pregunta la he respondido justo antes, aunque no quiero dejarme a Hay Zeelen, el gran masterizador –y buen amigo- holandés, recientemente afincado en Mallorca. Una oreja privilegiada y una experiencia impagable. Él es el responsable del sonido final. Además, una serie de colaboraciones puntuales han terminado, a mi juicio, de redondear el trabajo.

Si no tengo mal entendido, hacías cowpunk con Murder In the Barn y supongo que solo con el nombre uno ya tiene pistas del estilo de música que hacía The Deep South, así que la pregunta es casi obligada, ¿de dónde te viene esa querencia por lo que hoy en día llaman americana?

Bueno, considero que el término americana se inventó para englobar un amplio espectro de subestilos que podrían incluirse en lo que es rock americano. Me imagino que funciona como una etiqueta conveniente. Por lo tanto, es mi herencia musical, desde Elvis o Neil Young hasta Son Volt o Black Crowes, todo es americana.

Te vales tú solito para escribir las canciones y cantarlas, pero, además de los Simó Vall, Jaume Amengual, Felipe Sánchez y Jaume Roig, también te agenciaste la compañía de gente como Jason Ringenberg, Tim Easton y Ruth y Gabriel Minnikin. La pregunta es triple: ¿por qué ellos?, ¿cómo fue la experiencia? y, por último, ¿acabaste contento con los resultados?

Vamos por partes. Jaume A, Felip y Jaume R - Simó no participó en el disco, se unió a la banda justo después de la grabación - eran una especie de colchón de seguridad, músicos extraordinarios a los que pedí ayuda para grabar. Al final se convirtieron en mi actual banda, además de Simó. Grabar con Jason – mí ídolo de siempre y ahora mi amigo - fue realmente sencillo. Grabamos sus voces en el estudio, donde yo previamente había grabado las bases del tema. Nos hemos visto mucho los últimos tres años. De hecho, se instala en casa siempre que viene a Mallorca. Es un regalo. Grabar con Tim Easton fue muy especial. Es un gran tipo y un músico espectacular.¡Se atrevió a cambiarme la letra de la canción porque no le gustaba! Nos reímos mucho en el estudio. Su banda se ofreció para grabar también, pero el horario no les dejó. Ruth y Gabe vienen del frío Canadá. Son gente muy especial, intensos y musicales. Grabar también fue mágico. Mucho silencio en el estudio y la voz de Ruth por todas partes. Impresionante.


Creo que ya lo dije en su día en este blog, cuando hablé de 38 Bucks, pero voy a repetirlo igualmente. La sensación que tuve al oír el disco es que la aparente instrumentación sencilla no es tal. Es cierto que el disco contiene el sonido de acústicas, dobros, slides, pianos… pero no me refiero a eso, de todas formas. Me refiero a que esa sencillez es como muy espesa, penetrante, nada sencilla, vamos. ¿Me confundo? ¿Era lo que buscabas? ¿O queda bien claro que no tengo ni idea?

Buscaba romper con la imagen de rock and roll tópica de guitarras eléctricas, etc. De hecho, no hay NI UNA eléctrica en todo el disco. Todo son instrumentos naturales/acústicos, excepto el bajo. Quería contar mis historia y paranoias, como he dicho antes, más desnudas, sin reverb en la voz, como si alguien te las susurrara al oído en cierta forma.

Hablemos de las historias… “Caroline”, “Johnny Supermarket”… Por los nombres propios, incluso hasta por el contenido, uno podría pensar que son arquetipos, historias casi paradigmáticas, muy típicas del género en cuestión. Sin embargo (opinión personal, como con lo de la instrumentación) tienen un matiz singular que las hace más orgánicas y veraces. ¿Son personajes baleares o reales o son historias literarias en las que quieres desarrollar más una emoción o una sensación que un argumento en sí?

“Caroline” es, en general, una historia sobre la supervivencia humana desde el punto de vista de género. Puede entenderse como una generalización del tema de afirmación personal de un personaje engullido por una situación de pareja que intenta salir a flote por sí misma – no sé si tiene sentido lo que digo -. Supongo que “Johnny Supermarket” es una alegoría en clave de humor sobre tener las oportunidades al lado mismo, sin darnos cuenta. Siempre miramos demasiado lejos sin ver lo que realmente hay alrededor.

Tienes una titulada “Tumbleweed” que, si la escuchas, parece hablar de emociones íntimas, y al mismo tiempo, universales. En cualquier caso, usas, para ello, un símbolo tan propio del oeste americano más mítico y manido: el del estepicursor, la bola de hojarasca que rueda por la calle principal, ¿no? ¿Has intentado premeditadamente pervertir símbolos tan manoseados y manipulados como estos, te has valido de ellos, los reescribes o crees que funcionan y pertenecen a la música que escribes?

Bueno, a mi juicio la imagen del ‘Tumbleweed’ es la metáfora perfecta del individuo del siglo 21, siempre dando tumbos, vueltas, a veces demasiado deprisa, a veces enganchándose en alambradas de las que no sabe salir solo, ni lo intenta. Habla de la soledad y la falta de comunicación, etc. Es un poco como decir que nos olvidamos de sentir y nos obsesionamos por hacer. No usé el símbolo premeditadamente, me salió. Creo que es la favorita de Jason, aunque, un día, me confesó irritado que no se podía quitar 38 Bucks de la cabeza, jajajajajajajaja. Me encantó.

En el Ruta 66, enhorabuena, por cierto, hicieron una buena crítica del álbum. Xavi Martínez usaba un símil que no tenía tintes futbolísticos en su artículo, pero que podía haberlos tenido, ¿no? Aquello de que, si ese gol lo mete Messi y no un delantero feo de la segunda b, sería portada de todos los periódicos. Martínez decía algo así con respecto a tu música y al género musical que practicas. No te voy a preguntar si crees que tiene razón, porque igual te pongo en un brete, pero ¿entiendes que es un hándicap calculado intentar escribir canciones personales con un género musical que parece tan unido a un lugar y una cultura tan específicas o te parece absolutamente natural que, desde las islas, hagáis tanta música que recuerda al sonido del desierto fronterizo?

Bueno, en mi caso no lo considero un hándicap. Siempre he hecho la música que me ha salido, sin pensar en si tenía que sonar así o asá. Cada uno tiene su background musical y el mío siempre ha sido americano. Ahora que lo pienso, nunca ha habido demasiadas bandas británicas que me hayan entusiasmado, a partir de los 70. Evidentemente, ahora el panorama es muy distinto, y una banda puede sonar americana y ser australiana o viceversa. Supongo que esta globalización digital define el nuevo orden musical mundial.

Por terminar con un número redondo, dejémoslo aquí con la décima pregunta. Va: ¿te cansa la vida en la ciudad o qué? Aparece más de una vez en tus canciones esa tensión entre lo rural y lo urbano, lo individual y lo social.

Lo cierto es que, aunque, a menudo, echo de menos mis ciudades favoritas, las clásicas, no sé si, a día de hoy, me encontraría a gusto viviendo en el corazón de una ciudad. Supongo que el hecho de tener familia y vivir en un entorno muy rural me pone en contacto muy directo con la tierra, el entorno, etc. Desde allí me resulta relativamente fácil poner en perspectiva estos contrastes a los que te refieres: sociedad/individuo, urbe/pequeña comunidad. También me sirve mucho a la hora de clarificar y poner en perspectiva mi escala de valores. Por otra parte, tanto yo como mi familia somos bastante nómadas, en cualquier momento podríamos decidir irnos a vivir a Loa Àngeles o a Filadelfia, y todo seguiría igual.




Posdata: Foto apropiada desde su bandcamp. 

sábado, 20 de septiembre de 2014

El barrio, el rock y otro montón de bobadas



Vivir en un barrio es tan cojonudo y tan dramático como vivir, a secas. Digo yo que da un poco igual si vives en la urbe o en la arcadia, en una isla desierta o en el cruce de Shibuya, todo tiene su lado bueno y su lado malo, como la vida misma. 
Digresión: ¿crees que Aleksandr Solschenizyn estaría de acuerdo cuando le invitaron a vivir en un gulag?
Por supuesto, exagero, como siempre, pero yo que viví durante años en una calle transitada, en el medio de una ciudad congestionada por el polvo de la siderurgia, sin pertenecer a ningún barrio, agradezco, lo mismo que a veces padezco, vivir en un barrio donde el panadero te saluda, la gente te reconoce y si te pierdes, acabas por convencerte de que estás tonto. 
El barrio está en fiestas. 
De esas fiestas que durante tiempo añoramos, de las que recordamos de cuando éramos ñajos, de las de bajadas de goitiberas, pañuelos coloridos, plazoletas repletas, chicharrillo, concursos de caldereta y todo gracias a la buena voluntad de los vecinos. Si hay rock en la plaza, qué más puedes pedir. 
Puedes pedir. 
Pides que la gente responda. Que todos piensen igual que tú. ¿A quién no le gustaría vivir en un barrio donde, por decir uno, Dave Vanian fuera el personaje histórico más querido? O no hace falta ir hasta Londres, molaría vivir en un barrio que recordara, sin que hiciera falta ponerle su nombre a ninguna calle, la memoria de Natxo Etxebarrieta? 
A propósito, he dicho otros, porque en mi barrio, o en mi ciudad, no hace falta visitar la wikipedia para tener nombres con los que vanagloriarse de una tradición que merece reconocimiento, pero no es eso exactamente lo que quería decir. Ni sé lo que quería decir. Así que, en lugar de ponerme a envainar y revisar, voy a tirar para adelante, aunque me caiga de cabeza a la calle Etxatxu. Vamos. 
Ayer hubo rock en Rontegi y el cartel prometía. En versión resumida, abrieron Colajets y cerraron Varapalo, se quedaron en el medio Tiparrakers y Deskuadre. Con Colajets la gente escaseaba y daban ganas de contar cabezas. Con Tiparrakers se hizo un núcleo duro en el centro y abultaba más la audiencia. Con Deskuadre se desperdigaron y volvieron a aparecer calvas sobre el embaldosado. Llegados Varapalo, tampoco estaba yo así que no sé qué decir. Creo, eso sí, que eso es lo que quería decir antes: un tanto decepcionado por la asistencia, la verdad. Esperaba más gente y más rugiente, si es que ese adjetivo existe. Recordaba los tiempos en que cualquier acontecimiento no superaba la expectación que creaban las bandas locales en los escenarios de barrio, ya fuera la plaza de la casa del electricista, la que está junto a la iglesia de Santa Teresa, la explanada de Zuazo, la colina de Llano, el aparcamiento de Cruces o el patio de mi casa que es particular, daba igual, gente a mansalva como si aquello fuera un festival patrocinado por una entidad bancaria, y me daba un poco de lástima ver cómo los tiempos cambian, los adolescentes parecen todos jugadores del cadete de un equipo de fútbol de primera y faltaba gente a quien esperaba y a muchos que me hubiera gustado ver aunque no los hubiera conocido. Aún así, asistieron muchos habituales del apoyo a las bandas locales y a las internacionales y a las chirigotas y a la jota y hasta el muzak, a cualquier cosa que suene a ritmo y melodía. Por eso espero que las fiestas se repitan, este mini festival perdure y, sin tener nada en contra de ellas, no lo fagocite una verbena con sus pasodobles y sus coplas que también tienen su aquel pero sitio para todos debe haber en un barrio con tanta cuesta pero tan dispuesto a celebrarlo. 
Vayamos a lo que peor se me da, aunque sea de lo que va este blog: hablar de música. Ya he dicho antes, aunque sea de pasada, que aguanté hasta Deskuadre y no aguardé a Varapalo. Por ello, pido perdón porque está feo ver a tres de cuatro y no justificarse por faltar al último. Razones de peso (físico y mental) me obligaron a abandonar con antelación. A Varapalo ya los hemos visto en lugares reducidos y en escenarios más grandes que el de ayer en la Plaza del Ojo, y creo que fue adecuado que ellos pusieran la guinda al festival. También habíamos visto antes a Colajets, creo que cuando cerraron aquel histórico reducto de la música en bruto que aún echamos de menos y donde ahora se pintan uñas, el Bar Victoria. Desde entonces, yo creo que les he visto ganar poso y peso y pulso. Se les ve un crecimiento más lento que a otros, pero firme. La base rítmica, a veces, se hunde ante el peso de mucho punteo bien hecho pero demasiado monopolizador (vaya birria de adjetivo, lo sé). Tienen mordiente, talante para azuzar al público y canciones de mucho estribillo sin texto. Cerraron con versión escandinava y quedaron a gusto, porque luego se les vio acompañar al resto de los grupos (lo que se agradece, que los músicos escuchen a los músicos) mientras reían y disfrutaban, lo que augura que hay grupo y que si se empeñan y siguen creciendo, Colajets recogerá el fruto (de verdad, qué puta estupidez de frase porque no sabes cómo cerrar el párrafo, la ostia). 
Detrás de Colajets llegó el momento álgido para uno que tenía ya las ganas de ver a Tiparrakers abultadas en la entrepierna y todo. Tanto había oído hablar de ellos que se acumulaban y engangrenaban las ganas de verlos. Y por fin llegó el momento. Batería dando su perfil bueno, un bajista al que apenas se escuchaba, cantante con pitillos y gestos propios de Joey (no Tribbiani) y un guitarrista que acabó por acaparar mi atención. Uno de los cuatro me contó luego ciertos secretos íntimos que invitan a pensar que los Tipa pueden sonar aún mejor la próxima, pero, aún y así, sonaron contundentes, rápidos, sin medias tintas, ni edulcorantes ni potenciadores del sabor, como debe sonar y saber el punk de yugular. Tienen frontman que convence ya sea de Cadiz y hermano o no (chiste que sirve de homenaje a la facción vocal femenina de 2lería que andaba por allí con su sempiterna sonrisa) y una base rítmica (ya he usado dos veces esta expresión, lo sé) que podría ser usada como aglomerante para hacer hormigón. Y como he dicho, me raptó un guitarrista escueto que sabe usar la pedalera como si fuera la chistera de un mago, pasando de rítmica a principal, de la distorsión a las punzadas como si en lugar de milímetros su púa tuviera una brújula mágica. Una máquina el tío igual que los otros tres, mención especial para ese batería que pedía más bajo y habría que haberle dado más alto, porque en una faceta más sosegada, sigue siendo de fiar. 
Y, por último, salieron Deskuadre que son un desmadre controlado. Una voz áspera que convence porque te mantiene en vilo, guitarras inquietas (una de ellas, venida desde el lejano país de Arbian para la ocasión), un bajista que sonaba muy alto y batería de los que suenan a vías de tren que llevan a lugares recónditos donde sí quieres estar. Dedicatoria debida a Juan Carlos Lera, porque, a veces, precisamente, recordaron a Parabellum pero con un deje más rockero. No hacen nada nuevo Deskuadre pero lo que hacen lo hacen con acierto y sin dejar de sonar espontáneos y persuasivos. 
Así lo vi yo, que cada vez veo menos aunque lleve puestas las gafas, que sí, son de pasta, así que llámame hipster o lo que quieras, que luego voy a casa corriendo y vomito. Pero hoy sigo con el ritmo y disfrutando de las fiestas de barrio que tienen mucho de bueno y... algo de malo, digo yo. No sé cómo será vivir en la Moraleja, pero, ya que está de moda, te digo que puestos a elegir, me quedo con Alcobendas aunque tenga que compartir piso con Tarzán y su puta madre. 
Cierro con el estribillo: vivan las fiestas de barrio, las bandas locales y, también, por qué no, los que escriben sobre ello sin saber muy bien cómo hacerlo. Ale, a mover la salsa de la merluza y a jugar a la rana. Me voy de pasacalles.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Lera



Antes, en este blog, que no es gran cosa, hemos hablado de cómo la música participa de nuestra identidad. De la más personal e íntima, de la que elegimos nosotros, por voluntad, con ingenio, sin pensar en Freud, y de la más comunal, pública, social, la que recibimos porque vivimos donde vivimos, porque estamos con quien estamos, porque fuimos cuando fuimos. 
Si conseguimos mirar nuestras propias vidas con esa perspectiva, entonces entendemos que hay gente que nunca conoceremos pero que, queriéndolo o sin quererlo, juega un papel fundamental para entender quiénes somos y por qué somos lo que somos. 
Es la música, es el vino, es el cine y los libros. Es la montaña, es la familia, las chicas que no nos quisieron y el mismo agujero negro que guardamos con mimo en medio de nuestras entrañas. Son los guitarristas que tocaban las canciones que nosotros cantábamos a grito pelado.
Es Juan Carlos Lera, para muchos de nosotros, sin que lo supiéramos y sin que él lo supiera. 
Descanse en paz y permanezca en el recuerdo de todos los que entendemos la música como algo más que acorde sobre acorde. 
Y, sobre todo, que la música y nuestro pueblo sigan siendo un matrimonio sin jurisdición ni consentimiento que, día a día, banda a banda, concierto a concierto, canción a canción, ofrezca un merecido homenaje a Lera y a todos los que antes, durante y después que él compartieron la misma pasión por esto, sea lo que sea. 

domingo, 14 de septiembre de 2014

El cronista más pelota del mundo



Si Seth Gordon dice que es el cantante más pelota del mundo, yo me apunto. Si se confunde con el género y los plurales, qué demonios importa. Es power-pop, estribillos, coros, punteos con la guitarra apuntando al cielo, batería primitiva y chistes malos. Que si me recuerdan a Matthew Sweet, que si me recuerdan a Fountains of Wayne, The Posies, Jimmy Eat World, qué más da, qué cojones importa si la cerveza no falta, la guitarra no para y el mundo ruge encogido en una pequeña sala empapelada con los libros de Ursula K. Le Guin. A mí plin, no duermo en pikolín, pero me la refanfinfla todo lo demás, que no rima, pero qué iba a hacer, ¿usar la palabra listín?
En fin.
El Hika Ateneo no se quedó ayer pequeño, la verdad, pero, como para hacer una "v" entre Gran Vía y Diagonal no se ponen de acuerdo en contar cabezas, tampoco lo vamos a hacer aquí, y digamos que había entre 50 y 5000 aficionados y aficionadas a los guitarrazos y guitarrazas. Los norteamericanos The Mockers llevan tocando desde los 90 y lo siguen haciendo con la misma soltura y entusiasmo. Han cambiado de batería y nos contaron que vive cada uno en una punta de los estados y que se reúnen unos días en el centro del mundo, New York City, ensayan a rajatabla y se piran a saltar el charco y venir a currarse una gira que les llevó a Bilbao y les llevará hasta Estepona, donde, más o menos, empezó todo, según cuentan.
Como no podía ser de otra manera, empezaron a lo bestia y terminaron igual. Pasó Robbie Rist como una exalación, metiéndose un chupito de un lingotazo, se subió al escenario y solo pararon para que Seth Gordon practicara el castellano mientras el guitarra se cambiaba la gibson a la que rompió una cuerda en la tercera canción. El resto fue sin prisa pero sin pausa, como en una cadena de producción (también hay textos de Karl Marx decorando ese local), canciones tan absolutas y efervescentes que parecía que, en lugar de sudar, lo que había hecho Tony Leventhal era meter la cabeza en una jarra de Tang. Colocaron en el momento oportuno la versión melódica del día, que introdujeron con sorna diciendo que era un éxito de la radiofórmula norteamericana cuando en realidad tocaban Mocedades y versioneaban un "Eres tú" que nos quitó el pudor y la memoria porque si nos llegan a ver nuestras madres nos corren a toñas y nos obligan a comernos las acelgas si no es para comer, ahí las tienes pa'cenar. Y de postre se tocaron su éxito "Mola, Guay, Ok", una canción que tendría que ser incluida en alguna lista de nuevos estupefacientes, porque tiene ese efecto alucinógeno que te vuelve alienígena y puedes viajar en el tiempo y regresas a los noventa, te encuentras vistiendo, de nuevo, pantalones bonaventure, camisetas customizadas con lejía y un peinado a lo casco, escalándote a la barra para pedir un cojón mientras, de fondo, suena el "Girls and Boys" de Blur.
The Mockers además de ser buenos son auténticos. Aún no he leído los consejos de Ian Svenonious para crear una banda de rock, pero Gordon, Leventhal y el resto te regalan la lección con el precio de la entrada. Todo consiste en amar la música, aunque suene a memez cursi de anuncio de reproductor de mp3. Si los ves por primera vez, y hasta por última, funcionan todas las tretas: el teatro cómico, los punteos mirándose el reloj invisible de la muñeca, los estribillos jocosos, las pullas entre ellos, las versiones en castellano, los juegos de voces, los arranques vapuleando los toms y los finales con rasgueo de la rítmica. Todo está afinado porque, además, lo rocían de sudor y te sonríen como si estuvieran disfrutando más que tú. 
Ayer no lo hicieron, pero estos tíos tienen el gozo, la agudeza y la demencia necesaria para cantar en inglés a Los Nikis o Los Secretos. Eso sí, se permitieron bordar a The Sonics o desconcertar a los presentes con la referencia al folclore local más popero. Incluso, Luis "Weedge" Herrera* se lució a la batería añadiéndole voz y silbato a un homenaje a su paisano Fats Domino. Pero hubo más, la guinda en la cima del pastel, que fue la aparición sorpresa de Reyes Torío para sembrar la ventolera con una versión más punk que cow de "Billy Joe", un éxito de finales de los ochenta de la banda donde cantaba la invitada, Dinamita pa'los Pollos. Todo eso podría ser anecdótico si no fuera porque es consustancial, parte fundamental de una fiesta bien entendida, donde la música celebra su espíritu festivo y reparador que tiene tanta o más importancia que cualquiera del resto de alivios y energías que nos proporciona esta simpatía por el diablo.
Con dos por compañía, me volví yo para el barrio. Aún hubo tiempo de visitar cantinas y cerrar la noche con derroche, escuchando a Johnny Cash y a otros bardos y bardas benditos y benditas que, en plural o en singular, en masculino o femenino, con peloteo o sin él, siguen siendo los mejores ángeles para guardarte las noches más perversas.

*El batería se llama Marc Joseph. Yo escribí Luis "Weedge" Herrera y fue un error. Error que me señalaron, y quise corregir, pero no ocultar.