domingo, 24 de mayo de 2015

P de Punk, U de Unk, N de Nk y K de Kilo



Me voy de viaje. A ver qué nos encontramos más allá de Valladolid, que siempre es bueno salir de allí y de todas las ciudades.
Arrancamos y ya entran ganas de mear. Paro en el primer bar de carretera, uno donde aún vendían casetes de cromo con folclóricos de hermosa melena en la portada. Se llama Biznaga y tenía toda la pinta de haber sido antes una casa de citas. La camarera, joven y aburrida, me sonríe, pero le suena el whatsapp y se olvida de mí. Unos kilómetros más tarde, lo que me entra es el hambre. Juventud Juché es el nombre del segundo local, al final de una enorme recta que divide la meseta en dos. Me quedo quieto delante de la puerta, incómodo con el nombre, pero, al final, entro y me encuentro con una fresquera de sombras que algo esconden. No sé por qué pero poco después, me vuelvo a mear. En un área de descanso, junto a una gasolinera de esas con dependiente de cartucheras de cuero, encuentro un pequeño tugurio llamado Novedades Carminha. Meo, pido un café y me siento junto a la ventana. Desde ella, se ve una llanura tan lozana que dan ganas de cabalgarla metafóricamente. Ya casi llegando a mi destino, paro a estirar las piernas y porque me llama la atención una colina con un castillo en ruinas a modo de cima. En una tasca a la entrada del pueblo, uno de esos pueblos en eterno estado de siesta, tengo que apartar los caracolillos de colores de la cortina para asomarme dentro. Fuera dejo el cartel del bar donde han grabado con punzón un curioso nombre: La URSS.
Los mejores viajes, dicen algunos, son los psicotrópicos. Puede. Lo que está claro es que no son los figurados, como éste. Mis metáforas y símiles siempre acaban perdiendo cualquier fuerza que tuvieran porque se me va por la boca, o por el teclado, que es lo mismo. Con esta última gran metáfora (te cagas) sobre el viaje como imagen del descubrimiento, me he quedado sin gasolina antes incluso de que adquiera sentido. Pero el sentido es precisamente de lo que intentamos huir.
Aspiraba a hablar de punk sin hablar de grupos que ya no existen, y el punk nunca ha sido muy amigo de la imaginería poética y de otros artilugios retóricos. Debería haber optado por decir las cosas como las voy a decir ahora, dejando que las digan otros que saben hablar (o escribir) mejor que yo. Ahora que ya se puede hablar de punk y, al mismo tiempo, hablar de libros, dejadme que cite algo que escribió Zach Furness en un libro que publicó en 2012 y que se titula Punkademics: The Basement Show in the Ivory Tower:

"Punk is neither a homogenous 'thing' nor is it reducible to a specific time, location, sound or a select number of vinyl records and live performances. Its various meanings, as any self-respecting punk knows all too well, are subject to wild fluctuation and widespread debate" (Furness 10).

Y ya que me he puesto en evidencia en ocasiones anteriores, dejadme que yo mismo ofrezca traducción instantánea:

"El punk no es una cosa homogénea ni algo que se pueda relacionar con un período de tiempo exacto, un lugar preciso, un sonido concreto o una colección de vinilos o de directos determinada. Tiene diversos significados, y, como cualquier punky que se precie sabe muy bien, el punk está a sujeto a cambios bruscos y a un debate generalizado."

En una línea parecida, Kris Needs, en el librillo del recopilatorio Dirty Water: The Birth of Punk Attitude, que él mismo editó y seleccionó hace unos años, afirmaba: "but punk as a musical form ignited around 1956 with rock'n'roll. The class of '76 simply sped it up and changed the words", o lo que es parecido, que no lo mismo: "pero el punk como género musical se inició en 1956, con el rock and roll. La clase del 76 lo único que hizo fue acelerar la música y cambiar las palabras."

Tanto Needs como Furness parecen estar de acuerdo en una cosa: la flexibilidad e incontinencia del término punk. La eterna disputa entre New York y Londres por arrogarse el nacimiento del género, la retrasa Needs a épocas más remotas; Furness, por su parte, se encarga de complicar aún más la definición de un género musical que, como todos los géneros, trasciende lo puramente musical. Como en su día explicó Nicholas Cook, es necesario expresar "el rechazo de la pretensión de la música de ser autónoma del mundo que la rodea." Es decir, que la música nos afecta y lo que nos rodea altera la música que producimos. No podemos definir algo sin prestar atención a lo que ocurre alrededor. Es difícil, pero posible, imaginarse a un punk vistiendo raybans y vans, pero, igual que hay más de un estilo de mohicana (aprende, tío, que no todo es jabón chimbo y frotar), también hay más de una forma de aproximarse a un género al que el purismo le desprecia de la misma manera que él despreciaba la pureza.  No es lo mismo ser punk en el Sestao de los años ochenta que en el Bowery de finales de los 60 que en un polígono industrial de la Guipúzcoa profunda. No es lo mismo, que decía el otro. No es lo mismo Madrid que Almería que Santiago de Compostela que Granada. No es lo mismo ayer que hoy.  

A Biznaga solo los conocía de nombre. A Juventud Juché, de vista. A Novedades Carminha, por la prensa. A La URSS, me los recomendaron. Estas cuatro bandas dan buena muestra de la flexibilidad y de la incontinencia de la etiqueta punk. Puedes coger las cuatro letras y batirlas dentro de una coctelera. Da igual. Puedes ponerle un guión y se convierte en post-punk, punk-pop, punk-rock, o punk como te falle el pulso y el gusto por pervertir límites y convenciones. El otro día la vi escrita sobre una franja blanca ondulada, tenía encima otra azul sin nada escrito, y por debajo la misma franja en rojo, sí, como una bebida efervescente que lleva años haciéndole la competencia a otra que también ondula su icono. Tamaña creatividad iba pinchada en la solapa de un hipster que paseaba su barba recortada y su flequillo ondulado y efervescente por un barrio obrero. Aquí me testo: ¿eso también es punk? Pues lo será: Punk y Brewster.

No lo sé, pero, por suerte, no todo es Sex Pistols ni los Ramones, ni tan siquiera Eskorbuto o Wire, ni GBH y Exploited. Ian MacKaye, Kathleen Hanna... de ahí va un mundo hasta Dave Vanian y Keith Morris. Henry Rollins, Glenn Danzig, Roberto Moso, Josu Distorsión, Jello Biafra o Iggy Pop. GG Alin. La flexibilidad no solo consiste en cómo compones, cómo tocas, cómo cantas, cómo sales a la cancha y botas el balón, también tiene que ver con cómo te vistes, cómo te peinas, cómo hablas, cómo luces y reluces y cómo piensas y lo transmites en directo o en papel, y en eso también hay variedad porque hace tiempo que el punk transmutó en algo ajeno a lo que fue tres décadas antes, aunque, en parte, también siga siendo lo mismo.

Novedades Carminha ya llevaban tiempo por casa. Llegaron con un EP que cayó en mis manos como debía caer antes el maná del cielo, era el Sinceramente Carminha, que me sirvió para tener una conversación surrealista con alguien a quien me había prestado a devolver en coche a su casa y que no pareció entender el sentido del humor de los gallegos:

- ¿Qué coño es esto, tío?
- Novedades Carminha.
- ¿Cómo?
- No...
- No, si te he entendido.
- ...
- Te he entendido.
- ¿Qué pasa?
- Que te entiendo, te entiendo.
- Joder, colega, ¿no te gusta o qué?
- Que no te entiendo, joder, no te entiendo.
- Pues vale.

Ha habido un salto enorme de sus dos anteriores elepés al último que publicaron en Marzo de 2014. Juventud infinita comparte con Jódete y baila (2011), Te vas con cualquiera (2009) o Grandes éxitos (2008) el mismo sentido del humor, aunque aquí lo afilen y lo sofistiquen un pelín más. Hay en su último disco cercanías con el indie de raíz más autóctona, pero que huelan mejor no quiere decir que no sigan estando sucios. Su música sigue sonando tan desaseada como siempre nos ha gustado que suene el punk, a medio camino de la ducha pero sin entrar. 

Juventud Juché sacó Quemadero en 2013. Antes, habían grabado un split con Juanita y los feos y en febrero de este año sacaron un avance de lo que nos espera este año. Es verdad que se acercan más a Andy Gill que a Johnny Rotten, pero las guitarras afiladas recuerdan a The Rapture lo mismo que a las maquetas grabadas en el local de ensayo por chavales con camisetas de The Addicts. El bajo en "Defensa" es más bien un ataque a la yugular que sirve de aviso para navegantes: de ahí al final del disco no vas a salir del ojo de la tormenta.

A Biznaga hay que tomárselos en serio. Sacaron Centro Dramático Nacional en 2014 y van de Carniceros del Norte a Parabellum (escucha "Cul-du-Sac" y teletransportate a los años noventa) pasando por el flamenco más punk en un "Los duelistas" que suena a Miguel Hernández a coro con la Martirio jugando un mus con Evaristo y Dan Tracey de pareja rival. "Las brigadas enfadadas" comienza como si Nudozurdo se apuntara a la fiesta pero la voz y la historia enseguida te alejan de la épica más oscura para acercarse al mismo oscuro tugurio en el que podrían montarse una fiesta privada con las dos bandas anteriores. 

Finalmente, la URSS son, probablemente, de las cuatro bandas los que persiguen un patrón más clásico, con un bajo de los que parece seguir la espina dorsal del género como si estuvieran sobándole el trasero a Siouxsie Sioux. Sonidos de un derrumbe sonaba a examen de BUP, a pira colectiva para bajar al parque y descubrir cómo se crece sin libros, a local de ensayo, a los discos de Kortatu grabados en cassette. Su nuevo disco, Maravillas del mundo, no se aleja mucho de lo que les definió en el primero, incluídas letras con contenido pero sin pretensiones, reflexivas y cercanas, pero hay un barniz reluciente que convierte a sus canciones en artefactos incendiarios que brincan fronteras como si estuvieran alegremente jugando al chorro morro pico tallo que. No se parecen en nada, pero me recuerdan a lo que Fucked Up hizo con el hardcore en David Comes to Life. Me refiero a jugar entre la belleza delicada de las guitarras y la contundencia de la base rítmica, descubriendo que en el filo de las cosas es donde el equilibrio descubre el misterio de la música. Escucha "Queens of Hearts" y escucha "Ataúdes de plástico". O escucha a los Tiparrakers (precisamente su batería, que sabe de esto, me recomendó a los sovieticandaluces, y yo le creí), ellos también conocen el secreto. Escucha también "Belleza de clase media", pero no por nada, simplemente porque es una puta tesis doctoral sobre la historia del punk.
No me he explicado muy bien, pero quizás algún otro día lo vuelva a intentar. Tengo la sensación de que tendré que volver a hablar de los granadinos en más de una ocasión.

En cualquier caso, lo dicho. El punk es una palabra que empieza con p y termina con unk, pero dentro entra mucho y muy variado y es una jodida alegría ver cómo estos grupos se dedican a celebrarlo con un pie en la ciencia y otro en la ficción. Ya se pueden poner el nombre de una boutique de señora, el de una extinta unión de repúblicas socialistas, el de una manualidad decorativa hecha con jazmínes naturales o el de un fundamento ideológico de la corea socialista que otorgaba a las masas la propiedad de la revolución. Casi nada. P de Punk, U de Unk, N de Nk y K de Kilo. Lo dicho. Panc.