domingo, 19 de julio de 2015

Los Nitxos



El Tubo tiene una atmósfera muy particular. Más densa que la terrestre, la composición del aire es, en ocasiones, pastosa, puedes tocarla con los dedos cuando te llevas la mano a la frente para secarte el sudor. La presión es oscilante y según dónde te encuentres, parece que los pies se te pegan al suelo o, por el contrario, hay veces que crees que puedes volar o, simplemente, vuelas. La temperatura nunca es igual que en el exterior: el microclima del Tubo es tropical, psicotropical. 
De vez en cuando, se produce un extraño fenómeno meteorológicomusical y la atmósfera del Tubo se transforma. El suelo se vuelve tundra, las temperaturas se abruman, se producen hasta precipitaciones repentinas. Se siente como se mueven las placas tectónicas. Si habría que ponerle un nombre a este fenómeno, los norteamericanos buscarían uno de mujer, pero esta mañana ha quedado claro que si nos dejaran elegir el nombre a los que hemos sido testigos del último, no tendríamos duda: lo llamaríamos Los Nitxos

Los de la capital han llegado con un backline tan colmado que parecían cazatormentas, pero, al final, en lugar de cazarlas, las han provocado, y a fe que ha sido un placer bailar bajo la lluvia como lo hacía Fred Astaire o, mejor aún, sin hacerlo. Mientras el guitarrista tararaeaba el "It's OK" de los Dead Moon que había pinchado Patxi para hacer la espera final menos acoplada, el teclados colocaba  bien el moog y el cantante, a pie de cancha, saludaba al personal con afabilidad. Nadie podía prever el temporal que se avecinaba, o quizás sí, porque habían estado antes ensayando un "Dead Man" que podía haber sido el relámpago al que sigue el trueno. Después de eso, se han dedicado a lo suyo, alterar la meteorología y la cronología, crear nuevas combinaciones de oxígeno y nitrógeno, remover las composiciones moleculares con ritmos tan intensos e impredecibles, tan graduales y excéntricos como permite la ley de la gravedad. Podían, si querían, hasta agitar la luz, producir penumbra con las progresiones, explotar en claridad con un simple compás. 

Brutus hablaba de The Fall y bien hablado. En el facezine Rock Attitude, he visto que han sido los primeros en comentar el concierto y hablaban de la Velvet y Joy Division. Bien hablado, también. También se escucha a The Gories, a Gallon Drunk (a quienes creo que han teloneado), a los The Drones más desatados, hasta a un Columpio Asesino sin piedad ni recato o a unos Fugazi atormentados e introspectivos. A lo que diga Nick Cave. Mick Collins y sus Dirtbombs. Pero da igual a lo que suenan porque suenan como si lo que hicieran solo lo hicieran ellos. Y ya lo he explicado antes rebanándome estúpidamente la cabeza para relacionarlo con el cambio climático y no voy a repetirlo ahora. Voy, incluso, a pertirme un cierre mucho más simple y rotundo, acompañado incluso de un exabrupto por el que pido perdón porque no suelo prodigarme: han sonado de puta madre.

Para alguien que lleva ya casi diez años trabajando en la ciudad donde los alcaldes montan en bicicleta y los pintxos en jueves son religión, oír hablar de Viva Bazooka, La Doggy Party, Sumisión City Blues y Los Nitxos le reconcilia con un paisaje de rotondas y anchos parques que me tenían neutralizado. Se cerró el Ibu Hots, permanecen el Azkena y el Helldorado e incluso en Letras, de vez en cuando, nos caen pequeños regalos como John Paul Keith, Jonny Barber & The Rhythm Razors o The Saints, por mencionar a tres de los que hemos hablado aquí. Seguro que hay más bandas que procesan la misma religión que estas cuatro de arriba, así que... promete Gasteiz con lo que hemos visto este año en el Tubo y propongo un hermanamiento eterno entre las catacumbas culturales de las márgenes del Zadorra y del Nervión. 

Epílogo (un poco moñas)

Ha sido un cierre cojonudo para una semana espléndida. Lo que yo vi, quedó reseñado aquí. Lamento profundamente no haber podido asistir al espectáculo de Nuri Draka, a la nueva ceremonia de Los Roñas y 2lería, a los conciertos de Lomoken Hoboken, ya fueran outdoors o indoors, al de La Kontra, Putakaska, Toni Metralla y los Antibalas, Serotonina Ska Band, Southern Lights, los The Hammerkillers que me perderé esta noche o la pinchada del DJ El Niño que se barruntaba apoteósica. Y muchos otros que no quedan aquí mencionados. Todos merecían atención y espero que aunque no se la haya proporcionado yo, lo hayan hecho otros. También me perdí a Antonio Orozco, pero reconozco que eso me la sopla. 
En serio, voy a poner sus nombres, la peña que se ha encargado de esto: el Limo en el Cuervo con su aniversario celebrado por todo lo alto, Oskar y Bazi manteniendo la esquina de Lasesarre ardiente entre conciertos y parrilladas y, como no, los dos apandadores, David y Patxi, que llevan camino de convertir El Tubo en el puto aleph del mundo musical. Más gracias a todos aquellos que han picado en la barra. 
Lo dijo el puto Nietszche, así que fíjate tú, pero tenía toda la razón del mundo: "Without music, life would be a mistake", sin música, la vida sería un error... y en fiestas patronales, mucho peor. Así que gracias a todas las bandas por hacer música y a los bares por apadrinarlas. El resto del año, seguimos igual: "Musika bidea da"

sábado, 18 de julio de 2015

Yakuzas



El 17 de Julio de 2015 tocaron Yakuzas en el Tubo de Barakaldo. 
Y yo estuve allí, arrinconado, pero casi en primera fila, sudando tanto como Patxi Paniks en el Cuervo un día antes. 
Fui testigo de una posesión y de un terremoto. 
De lo devotos que nos hacemos cuando se produce lo que Simon Frith llama "reacciones viscerales". 
Se refiere Frith al poder de la música para provocar placeres y descubrimientos que van más allá de lo estético, de lo ascético y de lo romántico. Cuando el cantante de los de Chamberí alzaba el brazo hacia el ventilador del techo y anunciaba una cópula diabólica con el ritmo de Satán, ya llegaba tarde. La gente alrededor llevaba cuarenta minutos implorándole al poder lascivo de un dios con voz ronca y la pelvis vibrante.
Yakuzas vienen de Chamberí y te lo dejan claro, igual que el Tubo pertenece a Barakaldo, y esa asociación con los lugares es algo que une igual que une la distorsión y los ritmos de cuatro tiempos. Vienen de allí e igual hasta se teletransportaron porque parecen tener poderes mágicos y un frontman habituado a la prestidigitación. Le sale acento de tierra húmeda y no se enfada si el público le jode los chistes y hasta le roba el micro. Acabó por encima de las cabezas y jaleado. Nadie jaleó, creo, a un batería que si tendrían sentido los premios, debería llevárselos todos. Golpea más rápido y fuerte que nadie y, a veces, parece arrollar a sus compañeros de banda con finales implacables. 
No son nuevos aunque aún sean jóvenes estos tíos de los que han escrito en El País, ganaron el Villa de Madrid (o fueron finalistas, no lo sé, me dan igual los premios y los concursos), les dedicó un programa Diego RJ y creo que les ganan el pulso a sus vecinos de The Parrots por nombrar a otro de esos grupos de la capital que han llegado hasta aquí por sorpresa. Ayer se ganaron al Tubo con su power rock o rock garaje, con el engranaje de las líneas de montaje de Detroit y los gélidos parajes escandinavos, con una actitud desafiante pero cercana, sin guardarse nada en la chistera ni en los bolsillos. 
La imagen que podía resumirlo todo bien podría haber sido la de los chorretones de sudor que marcaban surcos enigmáticos sobre la piel de las guitarras. 
Me dijo el jefe que no me los perdiera y a fé que tenía razón el melenas. Por eso brindamos luego con Baskizol y la reacción empezó a afectar a otras vísceras. 
Se va acabando esto y debo reconocer que estoy fundido de estrujarme la cabeza para escribir algo que siempre parece que suena a lo que dije antes. Pero ya haremos recuento. Por ahora, bastante tengo con el cuento pornográfico que me dejaron tatuado en el cerebro los folclóricos de Chamberí.

viernes, 17 de julio de 2015

Paniks



Tengo como media hora para escribir esta entrada. Créetelo, lo que teclée en 20 minutos, aquí lo dejo, luego me piro a ver a los Yakuzas en el Tubo. De todas formas, me piden mierda, y en 20 minutos, puedo dar mucha mierda. Va: trago a la birra, en la cafetería en la que estoy suena Rod Stewart y el motor del aire acondicionado, vamos a ello.
Los Paniks
Zebu en una esquina pone cara de placer intenso y parece un personaje de los que dibujaba Dylan Horrocks en Hicksville. Le digo a alguien: ¿alguna vez le veremos reír sobre un escenario? Y justamente lo hace, un instante, espontáneo, fugaz. En la otra esquina, David Maha parece que acaba de despertar de la siesta y golpea el mástil del contrabajo como si estuviera autoaplicándose un masaje cardíaco. Al fondo, Patxi se dedica a lo suyo. Sudar y hacer que las baquetas roben los años de vida que nos sobran a todo el personal allí reunido. Justo delante de ellos tres, y en el mismo centro, Rioja invoca a ídolos ya olvidados y lanza sortilegios que aterrorizan nuestros tímpanos, y del tímpano van directos al cerebro. 
Cerebro que me hagas esta pregunta, porque sí: Los Paniks son un grupo mítico, porque los mitos se inventaban para dar explicaciones a preguntas y luego perdían el sentido más lógico para convertirse en expresiones primitivas de los instintos originarios. Y eso es lo que podría, hoy en día, representar o significar o provocar la música de estos cuatro: un auténtico aullido aborigen que doma toda la morralla que hemos hacinado con el progreso y la evolución. 
Cantan en Riojano, tocan las guitarras como Fortunato arañaba las paredes de las catacumbas de los Montresor y bajo y batería te pulimentan el entendimiento hasta que solo eres capaz de comprender que las notas que maceran van al mismo ritmo que los pálpitos del pecho. Paniks desgañitan y conciben música con la misma soltura con la que nosotros solo nos permitimos ciertos impulsos al dormir y abandonarnos. Llevan años siendo el secreto mejor guardado del mundo, y van a seguir siéndolo porque es la única forma de que sigan siendo ellos y, por un breve momento, nosotros recordemos quiénes somos. 
Fast-shit de la buena. 
Ayer fue aquel un concierto que convertirá al Cuervo en un monumento a la memoria más memorable, aunque sea así como ocurre la buena música, enigmática, confidencial y espontánea, fugaz, como las sonrisas misteriosas de Zebu. 
Fue, además, un concierto para músicos. Había por allí gente de The Wizards, Los Roñas, 2lería, Brand New Sinclairs, Porco Bravo, El Palomar... y yo qué sé cuántos más y por qué, así que ellos sabrán decirte, mejor que yo, si funcionó mejor el pedal de fuzz con o sin overdrive. Yo, en 20 minutos, bastante he hecho porque ya he tocado techo y ahora mismo aquí Loquillo canta aquello de "ahora estoy aquí sentado..." y a mí me apetece salir corriendo y escuchar folclore popular del barrio de Chamberí.
Fast-shit de la buena, lo dicho. Si tienes aún un poco de riego no se lo cuentes a nadie pero apúntate a la tribu de los Paniks que volverás a sentir la misma felicidad que sentías cuando tenías impoluta la inocencia original. Volvamos todos al circo, como niños, que da pánico y del bueno.


Las Sexpeares



Dos chicas y un bajista que fuma. La cantante, con camiseta de Penadas por la ley y fijación con la temperatura del local. A veces, canta, otras grita, muy en la onda años 90. De hecho, ésa es un poco la gran reflexión: ¿por qué si has nacido en los ochenta aún sigues mirando a los noventa? Pues, lo hacen: y ahí aparece, por supuesto, Nirvana, de quienes versionearon "Aneurysm", y hasta REM, de donde parecen haber cogido algunos gorgoritos para los estribillos.
Ahora, no se quedan en el grunge ni en el hardcore melódico más cercano a lo que mola a los oyentes habituales de Euskadi Gaztea, a donde también se asoman, porque tan pronto como pueden se piran de excursión hasta el punk más fresco, el de los Ramones o The 5.6.7.8's, y al indie más ibérico y arrullador. Todo esto lo hacen al vuelo y sin que se les vea la puntilla: naturales y lozanas, a toda velocidad, sin poses ni posturas, sin venderte la moto ni el casco, aunque sí intentaron hacer publicidad de drogas para gatos.
Drogas para gatos, libertad cadavérica o calavérica, no sabemos, desmayos en Vallecas, pelo por encima de la cara a lo costa este, ritmos básicos y nos recordaron, fíjate tú, hasta a los Fresones Rebeldes pero siendo más que rebeldes, alucinógenos.
Ante un público que apostaría a que muchos de ellos entraban por primera vez al Tubo, las Sexpeares se mostraron tal y como parecen ser, dejándose de redobles y punteos, se dedican a construir canciones de tres minutos que suenan instantáneas y auténticas, llenas de referencias y ecos, pero efectuadas con soltura y responsabilidad. Parecen tener más camino por delante del que ya han dejado por detrás, así que habrá que seguirlas la pista.

jueves, 16 de julio de 2015

Porco Bravo




En fiestas, he hecho una promesa: concierto, crónica. Con el nombre de la banda en la cabecera. Entradas breves y, como siempre, mostrando mis defectos y trayéndomela al pairo. Mucho antes, hice otra promesa: no más crónicas de conciertos de Porco Bravo. ¿Y ahora qué hago? Gárgaras.

En el futuro, algunos afortunadillos podrán decir: "yo NO estuve en el concierto de Porco Bravo en la Herriko Plaza", porque, los demás, sí que estuvimos. Estuvimos prácticamente todos, solo faltaba algún popero, currantes, resacosos, extraviados y aquellos de los que se acordó, con buen criterio, Manu. Estuvieron muchos, con sus camisetas, además. Las bromas ya han sido hechas, pero lo que tendrían que hacer sería estudiarlo en la escuela de negocios. Había por allí niños, niñas, padres, madres, policías municipales muy serios y profesionales y hasta músicos de otras bandas. Había gente que seguro que les vio antes, tocando en el Edaska, en La Triangu y hasta en el Alaska. Otros, los verían por primera vez, pero daba igual. Porco Bravo han conseguido trascender lo musical. Son capaces de reunir a sus vecinos en la plaza del pueblo y celebrar por todo lo alto, lo que quiera que se celebre. Esto tiene su lado bueno... y su lado malo, claro. 

Nosotros celebramos música y ayer la música se escabullía fácilmente por el hueco en triángulo de la plaza. Sin techo y con tanto hueco, las canciones se perdían en la inmensidad. Aún así, demostraron que no es aire lo que las rellena, porque, a pesar del espacio, no volaron y siguieron cayendo con peso sobre el público, bien repletas de riffs, estribillos y compases bragados. Si los Porco Bravo han conseguido, con el bagaje y el acopio de canciones, que "Eléctrica actitud" se haya convertido en una especie de himno, es porque, precisamente, tienen actitud y son eléctricos, conceptos que igual parecen abstractos y repetitivos, pero son la clave de que todo funcione: sin electricidad no funcionan los instrumentos, sin actitud no suena igual la voz. Y ayer lo demostraron en casa que suele ser donde más te cuesta convencer. 

Como tienen alma de emprendedores, el concierto tuvo sus detalles: presentación del último vídeo y visita de amigos que se sumaron a la verbena. Primero apareció Txetxu Palacios, como ya lo hiciera en el Antzokia, para acompañar a la banda versioneando un "Envenenado" que volvimos a cantar con los pulmones a pleno porque no deja de ser algo más que una canción, casi como un subidón de nostalgia de la lúcida, de la que casi duele. Habría que invitar a la gente a ver el vídeo de la canción, que aún se puede por el youtube, y donde apenas se reconoce a un Barakaldo que ha cambiado pero sigue teniendo muchos de los problemas que ya refleja, aunque no sea directamente, esa canción. Después salió Alfredo Piedrafita y a Manu se le fue la pinza con el nombre del nuevo proyecto del navarro. Por último, el bilbaíno Iñaki Antón "Uoho" también se unió a la jarana con su guitarra y sus mano a mano con Pulpo y Asier. Del resto, confetti, fuegos de artificio, bengalas, tablas y peroratas, no se habla; se ve, se disfruta y después te quedas con la música. 

Yo solo espero que el concierto de ayer sirviera para que algún jovenzuelo de orzuelos y acné se viese inspirado y atrapado por la música y para el resto de su vida, igual que ya nos ocurrió a muchos de nosotros hace tiempo, aunque luego más que dedicarnos a hacerla nos dediquemos a dilapidarla escribiendo sobre ella. Porque, como dijo Manu, "la música da la vida", y a muchos nos la sigue dando y nos la aceleraron aquellos primerizos conciertos de Yo Soy Julio César, Distorsión, Parabellum, Mentes Enfermas, Juicio Final... y tantos otros que han formado nuestra educación sentimental y, en muchos casos, la cultura más maltratada pero auténtica de nuestra ciudad. Ahora le toca el turno a Porco Bravo que, conviene no olvidarlo, son mucho más que un logo sobre una camiseta o una bengala en la zaga.


Ah, se me olvidaba. La foto la he cogido del caralibro, pero he cogido precisamente ésta para que se vea bien claro quién la ha tomado. Siempre se nos olvida que detrás de las fotografías hay fotógrafos y se merecen todo el reconocimiento del mundo.

miércoles, 15 de julio de 2015

Brand New Sinclairs



De brand new quizás les quede poco ya. Aunque la banda muta y se transforma y, además, se han lucido con el diseño de su último disco, tanto que cada vez que sacas el vinilo de la funda y vuelves a fijarte en el decapitado McQueen, en el pintoresco Señor Caine y en el azulado Citroën DS, te da la sensación de que acabas de estrenarlo una vez más. Una vez más, vimos en directo a los Brand New Sinclairs, eso sí, con nuevo bajista y nuevo disco, y me pareció curioso que los que después lo comentábamos, todos confesábamos haberlos visto ya varias veces pero coincidíamos al apostillar que la de ayer fue de las mejores.

He prometido ser breve, así que voy al grano. Elegantes como siempre, se subieron al escenario los muchachos para abrir en instrumental y esperar a que Ana se les uniera en el estrado con la segunda. A la tercera, hubo un accidente técnico que resucitó a Enrique y Ana cuando su tocaya mencionó el cocouaua. Pero son Andrés y Ana los que van por delante en Brand New Sinclairs: ella a las voces, panderetas y maracas (¡marakas de baraka, dale kaña!); Andrés a la guitarra, los coros y las coreografías. Por detrás, pero sin esconderse, quedan Birdy a la batería y el nuevo bajista que, si se me permite, le ha dado más rasmia e ímpetu a las canciones nuevas y también a las viejas. De tanto llamarles mod, hasta ellos han acabado por renegar de las etiquetas en público. Y no les falta razón, porque las etiquetas solo sirven para explicarte cómo tienes que lavar tus polos Fred Perry, pero no para definir a una banda que tiene más ángulos y recovecos que los que suelen permitir las definiciones precisas. Ayer supieron camuflarse y adaptarse al contexto, le dieron más al grito y a la rabia, sonaron más enérgicos y desatados, pervirtiendo completamente los axiomas de cualquier etiqueta que se les ponga. Lo mejor de todo eso es que, además, les sentó mejor que cualquier diana de tres colores. Las canciones de su último y recomendable disco ganaron con el nuevo tratamiento y, en un escenario que todos reconocemos como el templo del punk, se expandieron hasta revolvernos las entrañas y la pelvis a todos los que andábamos por allí. Yo que me había quedado en "Drawing Borders" no pude más que mover los labios y hasta el tobillo con una "Fatboy", por ejemplo, que en directo y en el Tubo sonó más urgente y punzante, como una descarga de electrodos en las sienes. Vienes y te quedas a gusto después de un concierto rotundo, compacto y poderoso como el que se curraron unos Brand New Sinclairs bien sudados ayer en el Tubo. Versiones de Gene Vincent, maquinaciones finales para sorprender al batería, algarabía entre el público y mucho mucho mucho calor, para terminar un bolo fuera al fresco, disfrutando del después y del eco. 

He prometido ser breve y siempre prometo más que Adolfo Suárez y nunca le van a poner mi nombre a un aeropuerto. Así que, lo dejo aquí, sin hablar del contexto y la parte social. Hoy más y puede que mejor, quién sabe.

lunes, 13 de julio de 2015

La Doggy Party



Primera idea: hacer una entrada general el último día de fiestas. Razón: creo que este año no voy a ser capaz de terminar el maratón. Prueba inculpatoria: Putakaska, Southern Lights, The Stators... todos los conciertos que ya nos hemos perdido. 
Al final, como siempre, hago lo contrario de lo que había decidido. ¿Una entrada general y al final? No, una por cada grupo (con sus nombres de cabecera) cada día cada vez tengo menos criterio. 
La Doggy Party fueron los primeros de la bacanal de conciertos en directo de estas fiestas. Lo ha dicho en algún sitio el rey de las baquetas empapadas: otras fiestas serán mejores, pero no tendrán tanto rock como éstas. Y qué razón tiene, quien de esto entiende, y además sostiene con sus ganas, las ansias de los demás. El caso es que yo ya me perdí mucho rock y mucho punk, y además del bueno, pero, al menos, llegué a tiempo (llegué antes que ellos) de estrenarme con La Doggy Party. 
Pon Doggy Party en el buscador de imágenes de google. Qué felicidad, ¿verdad? Sin embargo, este trío de Gasteiz, donde además de hacerse la ley se hacen rotondas a punta pala y ironmans que impiden a las bandas llegar a tiempo, son a veces más oscuros que las fotos de mascotas coloridas que aparecen en el google si tecleas su nombre. Góticos por fascículos, punkies sin perder el norte, metálicos en la resonancia, sonaron retumbantes en un Tubo que, a falta de más gente, seguía siendo un caldero de oro también en el horario de vermú. Empezaron con una intro a trote y terminaron con un homenaje a la margen, acelerado y demencial. Se aprecia el detalle. Con una batería muy alta que a veces sonaba como una gota china de placer, el bajo de cuerdas coloridas llevaba la voz cantante con un ritmo elástico y nada acomodado. Sé que cantan en castellano, pero, la verdad, poco pude entender de lo que cantó una guitarrista que calzaba botas amarillas y sabía rasgarle, con elegancia y rabia, las notas al mástil de su guitarra. Frescos, breves y concentrados, pasaron de los estribillos para jugar al equilibrio entre el ruido y la armonía, con una energía nivelada que se agradeció en un domingo soleado donde el olor a marmitaco pegaba con los nudillos en la puerta. 
Mejor esto que ir a misa, que las camisas blancas en los tendidos de sombra y que la trapisonda de las gaupasas en las discotecas de moda. O eso creo yo. Me quedo con la fiesta perruna y también me quedo con ganas de más. La semana irá quedando aquí escrita, intentando ser breve para no aburrir al personal, que tiene más ganas de charanga que de cháchara. Y yo... más de leer que de escribir, la verdad.

viernes, 10 de julio de 2015

Jai

Si no me equivoco, las fiestas patronales de nuestra querida (a pesar de todo) anteiglesia (Barakaldo, digo, provincia de Bizkaia, allí arriba) comenzarán este próximo 11 de Julio. Es decir, este mismo fin de semana. 
Mientras la gente se agolpa en las laderas de Kobetamendi, otros andarémos templándonos las ganas de jarana allá abajo, en la inmensidad urbana. 
No soy yo mucho de pasacalles y campeonatos gastronómicos, nunca me pongo el trapo al cuello y no recuerdo un día que me levantara pronto para asistir a la feria agrícola, sin embargo, las fiestas del pueblo, como las fiestas del barrio, no dejan de ser las fiestas del pueblo, como las fiestas del barrio, y algo habrá que hacer por participar, disfrutarlas y aguar las penas en vasos de plástico. 
No podía ser de otra manera tratándose este blog de lo que se trata. Así es: una de las actividades fundamentales de toda fiesta veraniega que se precie es la música en directo, ya sea sobre un escenario de mecanotubo, en el mismo piso del paseo o en los bares que tienen los bemoles de arriesgar su dinero. Y, por supuesto, de eso es de lo que pretendemos hablar aquí. También, por supuesto, habrá filtro. De los conciertos oficiales, poco hablaremos. De verbenas y folclore, menos. Y de lo que nos gusta, seguro que alguno lo perdemos. No nos vamos a poner ahora políticamente correctos. Todo el mundo que viene a este rincón, sabe que es oscuro y que tiene un olor muy particular, así que, aunque a menudo, intentemos ser expansivos y abarcar más de lo que podemos, tampoco nos vamos a poner ahora magnánimos que ya sabemos todos cuáles son nuestros defectos. 
Por eso, como en otras ocasiones, aquí nos hacemos eco, principalmente, de la oferta musical de los locales de ocio que suelen seguir una programación más acorde con la música que solemos glosar. Dígase de otra forma más sencilla: que vamos a dar noticia de los conciertos que podréis ver, si os apetece, en el Tubo, el Rock eta Golak y el Cuervo. Del Panorama, no tengo noticias, y espero añadirlas si hay algo que añadir. Y del resto de establecimientos que se animen a programar, yo quedo abierto a recibir la información e incluirla si es que a alguien le parece relevante que esté aquí. De los que tengo noticias, por distintas fuentes, hablo y creo que esto es lo que tengo que decir:

El Tubo - The Pipe - Tutua





Rock eta Golak - Rock & Goals - Rock y Goles
El cuervo - The Crow - Belea




Finalmente, el Panorama dejará lo de los conciertos para más tarde. En el programa de El Cuervo, hubo un cambio de última hora y Mala Noche no actuarán, dejando su lugar para que sea cubierto por Cästus, una banda de Bermeo. También, por supuesto, hay que recordar que tenemos un programa oficial con una variada oferta musical. Entre todas ellas, dejándonos llevar por nuestros gustos más privados, destaca la PORCO FESTA el miércoles 15 de Julio en la Herriko Plaza. Porco Bravo anuncia un concierto con sorpresas e invitados, así que, si tienes ocasión, no te lo pierdas. 
Yo casi pierdo el tren. 
Faltan pocas horas para que empiece el carrusel de conciertos... y ahora, y a todo correr, publico una entrada que pierde todo su sentido cuando ya llevan días anunciándolo por distintos canales. Más aún, cuando lo único que he acabado por hacer, ha sido subir y pegar los carteles. 
Esto es lo que hay. 
A ver si la semana va mejor y conseguimos asistir a un montón de ellos. 
De entrada, zorionak a todos los hosteleros txalaos.

viernes, 3 de julio de 2015

Centinelas del rock




La noticia no me pasó desapercibida, pero tampoco pude prestarle la atención que requería. Sin embargo, la rutina de la vida no es disculpa para renunciar a luchar por lo que merece la pena. Aunque sea tarde, y aunque no tenga los datos oportunos para escribir una entrada bien formada y elaborada, no he podido resistirme a la tentación de hablar del Sentinel Rock.
A principios del mes de Junio, el local de Erandio anunciaba que dejaba de organizar conciertos en lo que ellos mismos calificaban de "una repentina decisión" ante ataques que, nuevamente, ellos mismos calificaban de "propios del regimen franquista." Sé que una buena cobertura de estos hechos obligaría al que escribe a informarse de los datos y detalles, pero no tengo la voluntad, ni los medios ni el tiempo para hacerlo. Lo único que me queda es lamentarme de un nuevo obstáculo en la producción y promoción de la cultura popular, en este caso, relacionado con la música en directo.
Sin ahondar en el caso porque, como digo, desconozco los detalles, cabe declarar la lástima y tristeza que produce que, de nuevo, una sala de promoción de actividades musicales, sea cual sea la razón, se vea obligada a renunciar a su contribución cultural. No es que yo haya pisado mucho el Sentinel Rock Club, pero hay que estar ciego (o sordo) para no haber sido testigo de la cantidad (y yo añadiría, en muchas ocasiones, calidad) de los conciertos y actividades programadas. 
Hace una semana escribí otra entrada en la que rememoré la última ocasión en la que recuerdo haber estado en el Sentinel Rock, así que no la repetiré. Precisamente esa entrada tan reciente, la escribí para hablar del concierto de una banda cuyo guitarrista principal aparece en el vídeo reivindicativo que se colgó hace poco en internet y que deja testimonio de uno de los actos organizados a raíz de la desaparición de la música en directo en el Sentinel Rock. En la foto de arriba tenéis el cartel de la convocatoria y, en esta que sigue a la frase que me propongo terminar ahora, el manifiesto ("Manifiesto DUM") que presentaron aquel día:


Cada uno puede tener su opinión acerca de cualquiera de los puntos que se recogieron en el manifiesto y podéis recabar más información a través de las redes sociales, pero, en cualquier caso, como ya he dicho, lamentar la pérdida, desear que algún día se recupere el proyecto o de su recuerdo nazca uno nuevo y celebrar el acto de hace unos días en Erandio que, como podréis ver en el vídeo, congregó, de manera pacífica, reivindicativa pero celebratoria, a gente de todas las edades y gustos musicales, pero con el mismo convencimiento de que la cultura es un alimento básico para el espíritu y hasta para el estómago.

Por cierto, este mismo viernes, 3 de Julio, en la sala Sonora de Erandio, se celebrará el DUM Festival, con la participación de las siguientes bandas: Mala noche, Fiend, Lion Heart, Indomables, Ancient Emblem, Humano y Beruna, más la invitación especial cursada a Carlos Creator y Kike Exodo.