sábado, 12 de diciembre de 2015

¿Estreno mundial?



El Borges este decía que el mundo se recogía entero en el aleph, ¿no? Yo es que cuando lo leí no lo entendí, y cuando lo releeí lo entendí tan bien que no sabía explicarlo. Alephluya, que decía la bruja piruja, o Jeff Buckley, no me acuerdo. Los cuentos para niños deben ser turbios y recónditos, en plan Hansel & Gretel meet Beavis & Butthead o algo así. Tú explícame una letra de la Hora del Primate y yo te decoro la casa en plan Zen... Guerrilla. Es lo que tiene ver a Los Cosméticos en directo mientras me hablan de Viridiana, que pierdo la noción y hasta el sentío. Me lo niegas si no es cierto, pero yo creo que dijeron que se estrenaban. ¿Era un estreno mundial? ¿Es el Tubo un profundo aleph que recoge el mundo y todos los mundos que se incluyen, infinitamente, dentro de él? Pues no lo sé. Yo es que el concierto de ayer lo entendí tan bien que no voy a saber cómo explicarlo... si no lo hago como si fuera un cuento para niños:

Así que érase una vez Delorean, no el coche, si no el folclore de Zarautz, cuando eran orgánicos, pero con estribillos, con muchos estribillos. En la segunda canción, guitarras a lo The Hives, que lo mismo existen que desaparecen. De repente, eso que los técnicos llaman atmósferas, epílogos como a lo bronco, frenazos en seco. Más que a los Carniceros del Norte, a la Casa Usher. Fugazmente Fugazi y hasta a los Willis Drummond en local pequeño, desatados, sin tarima. (We Are) Standard meets Metallica, pero sin dancefloor cools ni riñas moñas en los camerinos. Q And Not U tal como los vi yo en un Sokol Underground tan oscuro que igual lo que vi fue el fundido en negro de un mal viaje lisérgico. A veces, suenan a eso, LSD consumido vía rectal, como a... que me pongo a bailar indie sin bongos y muevo el cuello a lo Sepultura. Joy sin dividir y alguien me susurró Lou Reed. Y alguien dijo Soft Cell. Y si te nombro a los Arctic Monkeys pre-Josh Homme ya hemos llegado a la Rioja, y a Los Paniks y a la Hora del Primate y al, colorín colorado, este cuento se ha acabado y el lobo no se zampó a la abuelita pero se la benefició, como lo intentó Don Jaime con la novicia. 

Así lo entendí yo, que probablemente sea mal. Ayer fue el estreno mundial (o no) de Cosméticos en un aleph llamado Tubo que tuvo una entrada más floja de lo que me esperaba, y confirmó lo que ellos mismos decían en una reciente entrevista: "música honesta" y "garage para bailar". Blanco y en botella, leche condensá: eso es lo que quieren y eso es lo que te dan. Furia de la que se suda, guitarrazos de los que te tientan el bulto, una base rítmica que le movería las caderas hasta a Robert Smith; un sonido tan cojonudo que me obligó a pensar para mí mismo, que es como generalmente pienso porque mejor que no lo oiga nadie, que era la ocasión en la que mejor había sonado una batería en aquel local (aleph). Yo les auguro futuro porque más que un médium soy un tércium de lo poco que sirven mis vaticinios, pero lo que se escuchó ayer en el Tubo fue lo que siempre se espera de la música: menos máscara de ojos y más miradas limpias. 

"A lo largo de los siglos y de las latitudes cambian los nombres, los dialectos, las caras, pero no los eternos antagonistas"

sábado, 5 de diciembre de 2015

Hablemos de ropa interior



Y hablemos a propósito del concierto de The Long Johns Band en el Tubo de Barakaldo, ayer viernes 4 de Diciembre de 2015. Sabéis que me gusta hacerme el listo y el gracioso, y es curioso que Long Johns suene lo mismo a personaje de Robert Louis Stevenson, que a una cadena de marisquerías norteamericana, que a la ropa interior de los vaqueros del Oeste Americano. También suena a blues. A Long John Baldry. Y a whisky escocés, así que no sabes muy bien por dónde pillarle la onda a un nombre que, al fin y al cabo, lo que hace es nominar a una banda cántabra que practica un blues eléctrico, con mucho intervalo instrumental, virtuosismo y factura clásica. Sí, he dicho factura, que es la mejor forma de ponerle la guinda a una introducción tan mala como el título.

El concierto empezó con tres tíos bien ordenados arrancándose a buscar notas de blues. El bajista en una esquina, el batería arrinconado, y el guitarrista y cantante principal en primer plano y con un modelo al estilo flying V (jevirronas, las llamo yo, pero Patxi me corrije: "No son jevirronas, tío, la mayoría son guitarras de los 50...", el resto no lo oigo muy bien) en ristre. Buen repertorio y mejor sonido y así siguen hasta el final, hora y media de concierto con muchos platillos en la batería, patrones repetitivos como indica el género, solos virtuosos y frases del estilo: "He tomado un whisky, un coñac, un ginkas y no me acuerdo de nada más." Ahí. Cantaron lo mismo en castellano que en inglés, y era difícil saber, si no te lo decían ellos y no tienes el conocimiento debido, cuando hacían verso propio y cuando era una versión. En la microcrónica feisbukera del camarero txuriurdin (mejor lees sus píldoras que mis peroratas, acabas antes y aprendes más) he leído que, entre otros, cayeron Robert Johnson y Johnny Winters, pero yo solo reconocí "Skat" porque la conozco y porque el batería la presentó en vascuence, que, al parecer, aunque le llamen el Negro Andoni y sea más blanco que la leche de avena, lo que sí es cierto es que es de Leioa. Él cantó a Canned Heat y se vio que lo étnico, igual le viene de mote por el matiz de la voz. Luego repitieron versión con el bluesero zurdo Otis Rush, aprovechándola para contar una anécdota que, precisamente, guardaba relación con el feisbuk. Hubo una canción dedicada a los ganaderos: "la cuota de leche para arriba, la cuota de leche para abajo," que corearon desde el fondo (por cierto, hablando del público: inhabitual y excéntrico espectáculo de bailables el que vivimos ayer). A mí me moló la tercera, con el bajo en primer término. "Vamos a meter un poquitín de tralla", dijeron más tarde, y la metieron, en instrumental. Blueses tejanos de su primer disco y canciones de "Hey baby, babe" y un bis que anunciaron como canción de amor, pero yo les oí hablar de la suegra. Antes rememoraron aquello de los brotes verdes para abrir una canción como si fueran a tocar un country acelerado, pero se les salió la cadena y tuvieron que volver a empezar, según explicaba Moska, a mi vera, el accidente ocurrió porque el bajo no había marcado. Y yo me lo creo, porque yo al Moska no le conozco, pero aún guardo la maqueta de Cotton Fielsd en casa, y aquello eran palabras mayores, así que también confío en las que oiga ahora. 

Y así se fue el concierto: entre pentatónicas, palabras menores, cerveza en cañones y poco más. Alargamos un rato porque siempre es plato de buen gusto platicar con Nuri Draka y después nos excusamos con el Patxo y con el Kalbo porque, probablemente, tenga que perderme el próximo, el de Cosméticos, que prometía y proponemos para todos aquellos que no tengan cena de navidad como un servidor (aún así, igual intento saltarme un par de rondas de zuritos y acercarme por allí). 
Y ya está: otra crónica más. Otra banda más que sufre nuestro verbo y nuestro poco criterio. Otra noche en el bohío más bohemio (de cuando la bohemia era morapio barato y poesía improvisada y no interioristas tatuados y apple-adictos veganos). Otro título para el ridículo y otro espectáculo de abuso parentético. Otro ejercicio de auto-escarnio gratuito. Otro. Perrito piloto. Mejor hago mutis por el foro, que decía Heródoto. Agur, o como dirían los cántabros, aguruca. La guinda. 

martes, 1 de diciembre de 2015

Una vez



No puedo evitarlo. Creo que lo he superado, pero, muchas veces, regresa, casi por sorpresa, y sonríe cobardemente. Parece que me estuviera diciendo: una vez pasó, jamás volverás a ser el mismo. Así que nunca bajo la guardia, porque en cualquier momento, sé que puedo volver al mismo agujero negro del que tanto me costó salir.
Hoy me he acordado de un día en el que yo aparecía, y casi no me reconozco. Estaba más delgado, tenía más pelo, vestía de negro y estaba solo. Estaba en una ciudad extranjera y paseaba, un día entre semana, cuando la gente se dedicaba a sus cosas, con sus vidas ordenadas, sus pequeñas tragedias, sus alegrías cotidianas, y yo parecía ser el único que no encajaba. Aún recuerdo aquella ciudad como si fuera el patio de mi casa. Me veo en las fotografías y sé que soy yo. No es eso lo que no reconozco. 
Al salir de una cafetería, sin ganas de volver a casa, recuerdo que decidí caminar hacia la plaza del mercado, donde, a pesar de ser un día laborable, seguro que quedaba gente. Daba igual quién: parejas que se querían, o quizás no, vagabundos jugando a los dados, turistas en las terrazas, padres de familia que volvían del trabajo, alguno como yo que se hiciera el extraviado. Cualquier desconocido me servía de compañía. 
También había músicos, en los soportales, en las puertas de los bares, en los callejones. A veces, los buscaba. Elegía un rincón y fumaba mientras les escuchaba. Aquel día había uno, junto a una tienda de ropa que recién cerraba. Era una calle alejada, que llevaba a la plaza, pero que no era muy transitada. Nadie le estaba escuchando. Solo yo. Más cerca de lo habitual, pero lo suficientemente lejos. Estaba él solo, más o menos mi misma edad, más o menos mi mismo peso, mucho más pelo. Cantaba sin abrir los ojos. Tocaba una acústica vieja, con una cuerda de menos. No entendía ni una sola palabra de lo que decía. 
Cuando terminó, no me di cuenta. Tampoco creo que yo cerrara los ojos, pero se ve que estaba mirando hacia otro sitio, pensando en otra cosa. Miré hacia donde le había dejado, sin pensar si quiera que ya no había música, y di un paso hacia atrás sorprendido, al ver que el tío estaba a dos palmos de mí, ofreciéndome un cigarrillo y sonriéndome. 
Nos emborrachamos. Aquella noche conocí bares en los que fui dejando, como olvidado, aquello que ahora que me recuerdo no reconozco. Él hablaba y hablaba. Yo pagaba. En una tasca, sacó la guitarra. En otra, se la robaron y tuvimos que correr detrás de un tío que antes de llegar al final de las escaleras, ya se había sentado a recuperar la respiración. Una mujer que decía llamarse Lola me lamió la cara. Un policía de paisano nos quiso enseñar a disparar en un callejón. Una vieja desde el balcón le lanzó un cubo de agua fría. Juro que el tío apuntó y hubiera disparado. Cenamos caracoles en casa de una señora en camisón que le coló una nota perfumada en el bolsillo de la camisa cuando le dio un beso de despedida. Meé en un gato de porcelana que alguien había dejado plantado junto a la puerta del ayuntamiento. Y él hablaba y hablaba. Yo pagaba. A última hora de la noche, mi inglés era casi autóctono. Mi cartera había menguado tanto como aquel increíble hombre. Decidimos tomar la última. Equivocamos el lugar: entramos en un bar de moda, con cristaleras ahumadas para separar géneros en el baño, sombras en la pista, camareras de largas pestañas y escotes generosos y tíos más altos que nosotros (que nosotros combinados, uno encima del otro), con perfectos peinados y barbas recortadas, que nos sonreían cuando pasaban al lado, como si fuera el día de acepta a un extraño en tu fiesta de cumpleaños.com. Bailaban desde electrónica hasta Fats Domino, y nosotros nos sentamos en la barra, intentando hablar por encima del ruido y de la música. 
Hubo un silencio. Después, me dijo, aprovechando que el dj de turno había puesto una de The Swell Season o algo así, y nos podíamos oír:


- So, too late to hear your story. 
- What?
- You wanna know mine. 
- Your what?
- You wanna know why I play on the street? Why I drank all your money? Why am I so pathetically excited? 
- Well...
- You'll be disgusted to know how ordinary and ridiculous is my tragedy. 
- All of them are. 
- You think?
- I do. 
- Maybe you're right. 
- Yeah, maybe. 
- But you know what's worse?
- What?
- Worse than that. Worse than that is that I'm just the one to blame. 
- I see. 
- No, you can't see that. I did see it coming but did nothing. I was just a fucking asshole. The same sorta guy that you would hate on an elevator ride. I wouldn't need more than a second just to make you loathe me. It was just my face. It was just my soul. I was that sorta dude.
- Come on...
- I was. I really was. So you now hear me singing all those love songs. Heartbreaks and crap. The only heart I broke was mine. And with it, those of all that were good and pure'round me. 
- I...
- I'm starting to talk church, ain't I?
- Well...
- Take it easy, man. No big deal here. You just met me tonight. Lots of fun. You won't see me again. And I'll keep looking ahead, I don't have any better to do. Forget it. Let's go get some fresh air**. 

Y nos fuimos. Y nos despedimos después de caminar en silencio unos minutos. Él con su guitarra por un lado. Yo, por el otro. Solo.
Casi lo había olvidado. Pero, a veces, lo recuerdo. Hace poco vi una película. Había una escena. Ésta, la que cuelgo abajo. No me reconocía, pero no pude más que sonreír ligeramente. 
Me pregunto qué sería de él. Y si él se preguntará qué fue de mí. Y como sé que en cualquier momento puede volver a ocurrir, siempre estoy en guardia. Y cuando me encuentro a un músico en la calle, sonrío, por si acaso, y si fuman, les ofrezco un cigarrillo. 



 





**Bueno, ya es tarde para conocer tu historia, ¿no? // ¿Cómo? // ¿Quiéres conocer la mía? // ¿Tu qué? // ¿Quieres saber por qué he acabado tocando en la calle? ¿Por qué me he bebido todo tu dinero? ¿Por qué parezco estar tan patéticamente entusiasmado? // Pues... // Te asquearía averiguar lo simple y ridícula que es mi tragedia personal // Todas lo son // ¿Tú crees? // Sí // Igual, no sé // Sí, igual // Pero, ¿sabes lo peor? // ¿Cuál? // Qué es peor que eso. Peor que eso es que yo soy el único culpable // Ya // No, en serio. Yo no me lo tomé en serio, no hice nada. Era un auténtico gilipollas. El mismo tipo de tío al que odiarías en lo que tardas en subir en el ascensor. No necesitaba más que unos segundos para conseguir que me odiasen. Solo con mi cara. Con mi alma. Ese tipo de tío era yo // Venga, hombre // Lo era. De verdad que lo era. Así que, ahora... me ves ahí, cantando esas canciones de amor. El corazón roto y todas esas mierdas. Y, en realidad, el único corazón roto, lo rompí yo, el mío. Mi propio corazón y con él, el de todos los demás, la gente buena y pura que tenía alrededor // Yo... // Empiezo a hablar como un cura, ¿verdad? // Pues... // Tranquilo, tío. No importa. Me has conocido esta noche, lo hemos pasado bien, probablemente no me vuelvas a ver. Yo seguiré hacia adelante, no tengo otra cosa mejor que hacer. Olvídalo. Salgamos a tomar el aire, anda.