domingo, 31 de enero de 2016

Valencias, talentos y tarantos



Igual que cada elemento tiene distintas valencias (químicas) también los hay con distintos talentos (físicos). Yo no poseo ninguno, ni de lo uno ni de lo otro, pero sé que las valencias del plomo son 2 y 4. Porque lo he mirado en la wikipedia para que así el título de esta entrada tuviera sentido. El talento no lo he mirado porque no lo veo ni de lejos, soy miope cuando está a distancia, astigmático cuando se acerca y presbícico cuando pasa el tiempo y sigo sin ver mi talento y me canso, pero eso no me pasa con el talento de los demás, que parece que lo veo mejor que la famosa viga, y qué lo digas, pero no me refiero aquí a la resistencia a la corrosión del plomo, si no a la música de Los Plomos, cuyos talentos están claros, y tienen varios, tantos como tarantos se cantan en Almería, el orgullo y el querer, se pelean en mi mente, una guerra sin cuartel, donde no existe la muerte, solo existe una mujer. Y olé. Ozú.
Ozú Tour 2016. Los Plomos, El Tubo, Barakaldo. Sí, aunque parezca que no, de eso estábamos hablando.
No hablábamos ni de química ni de flamenco ni de talentos propios, pero, en realidad, sí que lo hacemos. Porque, veamos, a Los Plomos les viene bien el nombre porque tienen química. O, al menos, eso parece en directo. Visto desde atrás, a veces, parecen una cuádriga romana tirada por dos asturcones que se enfrentan a una horda de alanos. Y es que me tragué el concierto viéndole los cuartos traseros a cantante y saxofonista y parecía, en ocasiones, que estaban cantándole al Mar Rojo para dividirlo en dos. El plomo, además, se encuentra en la galena, y el taranto nació en las minas de las Alpujarras, dicen, así que Los Plomos también vienen de la raíz mineral, y su flamenco es de un palo que no sale en el árbol genealógico del cante porque tiene poco que ver con la Niña de los Peines y más con la del exorcista. Por último, de talento siempre hablamos, no del mío, que brilla por su ausencia pero sí del de otros, que lo vemos bien, como la famosa paja. 
La primera vez que vi en directo a Los Plomos prometí que la próxima hablaba de música. ¿Cómo hacerlo? ¿Qué coño es música? ¿Compás, ritmos, distorsión, entonación, estribillos y solos de saxofón? Yo de todo eso entiendo lo justo para hacerme el entendido y pretenderlo. En su mayor parte, para mí la música es una experiencia fisiológica, emocional, etérea y figurativa. Iba a decir metafísica, pero hoy estábamos con la química, y no quiero bronca entre las ciencias. Desde que los vi por primera vez, Los Plomos han crecido, o esa sensación me dio. Ya no son todas las canciones como un aviso, un subidón, beberte un chupito de wasabi sin respirar. Ahora hay coros trenzados que parecen ritos de apareamiento, y canciones más oscuras, largas, estructuradas y difíciles de bailar. Siguen teniendo ese talento (uno de ellos) para coger un ritmo y esprimirlo hasta que te trepana el cerebro y se apodera de tus biorritmos sin que tan siquiera haya empezado a coger forma. Así empezaron con un "Gran Slam" que dedicaron al Clan Pujol y a Rafa Nadal, otro de sus muchos (talentos) colocar su música en un universo popular lleno de humor que más que trivializar la música, la hace más incisiva. Si hay otro grupo que sea capaz de dedicar mejor sus canciones, que venga Eddie y me libere de una vez de mi eterna depresión adolescente (guiño a los apandadores hosteleros y la música que pinchan antes y después de los conciertos). "Zapato", "Ozú", "Melanina" e "Iñigo", en otro orden, sonaron como armas de perforación sarcástica que se disfrazan de canciones para darle una patada a la puerta de tu conciencia y obligarte a levitar, divagar, disiparte, entregarte y todos esos verbos que puedas imaginarte como un ensayo del paseo abisal al próximo nivel de consciencia. ¿Qué? El corazón se me parte, cuando pienso en tus partías, y cuando te tengo delante, to lo malo se me olvía
Me lo ha dicho uno: que siempre ando dorando píldoras. Y será que tiene razón. Pero, en este caso, difícil evitarlo, cuando sufro de saturnismo. Y si no sabes qué es, lo buscas como yo, en la wikipedia o en la música que escuchan los supervivientes de un accidente áereo. 
Prometo: la próxima vez que vea a Los Plomos, hablo de música. O no, mejor de ciencia... infusa.

sábado, 23 de enero de 2016

La partícula subatomusical



Y así descubrimos la partícula subatómica. Ya habíamos visto a Southern Lights, a Last Fair Deal y también a Two Roads. Nos quedaba descomponer el átomo y ocurrió ayer: Gonzalo Portugal, a palo, a palosanto. Porque era él solo, sus dos guitarras y un buen barullo de folios que caían del atril al suelo igual que pierde el orden un árbol en otoño. Coño, lo mío no tiene solución.
Le llamaron de la lista de substituciones porque los Radio Aktiva se cogieron la baja y ocupó el escenario para darle al blues, al rock y al hillbilly; en resumen, a las seis cuerdas, siempre acompañadas por su voz, áspera lo necesario, dulce lo justo, profunda como Tindaya. Vaya, lo mío, definitivamente, no tiene solución.
Afinó con electrónico y al tacto; sacó la cejilla, el bottleneck, y hasta oro vibrato. Para la cuarta, alguien gritó que se despertaba la bestia y, por supuesto, pidieron una de Los Roñas. Bordó, una vez más, el "As the Crow Flies" de Rory Gallagher y no sé qué más contarte sin que me ponga merengón y empiece a dorarle la píldora tanto que me deje el píloro en el intento. Miento, sí que tengo solución: el mismo silencio con el que Gonzalo Portugal empezó ayer su concierto.
Mejor romperlo como lo hizo él que como lo estoy haciendo yo ahora. Así que callo y recomiendo: en cualquiera de los formatos anteriormente mencionado, ya sea átomo o partícula, déjate fusionar.
En fin, fue una buena forma de volver al Tubo en formato dúo y pasar el test íntimo y personal que nos pusimos ayer. Aprobado con nota, y con corolario en el Pano, donde sonaron lo mismo Eskorbuto que Vacazul que los Romantics, bien acompañados por la chica de los Black Crowes y por el capitán del equipo de fútbol americano. Vamos, que se disfrutó todo.

viernes, 22 de enero de 2016

Jim Boyer



I've never been in Portland, and who knows if I'll ever be. But I heard of him. Willy told me about him some years ago. I made a mental note and one day that I was hangovering it came back to me. I searched internet and his voice haunted me. Today I heard that he passed away. He was only 47, I read. My memories will be based on his solo act and the Jim Boyer Band, more than with the Freak Mountain Ramblers. If I ever go to Portland, be sure that his voice will be a permanent echo. I'll make a visit to the Laurel Thirst Public House and I'll toast one for him. Many miles away, we will also miss him. 
My condolences to his family and friends. 

Nunca he estado en Portland, y quién sabe si alguna vez lo haré. Pero llegué a oír hablar de él. Willy me habló de él hace algún tiempo. Memoricé su nombre y, tiempo después, un domingo cualquiera de resaca, lo recordé. Busqué su música en internet y su voz me cautivó. Hoy he leído que ha fallecido. Tenía 47 años, leo. Yo le recordaré en solitario o con la Jim Boyer Band, más que cuando actuaba con los Freak Mountain Ramblers. Si alguna vez acabo yendo a Portland, puedes apostar que su voz será un eco constante. Prometo que si ocurre, visitaré el Laurel Thirst Public House y brindaré una en su memoria. A muchos kilómetros de distancia de Oregón, también se le echará de menos. 
Mi pésame a su familia y amigos.  


 

jueves, 21 de enero de 2016

FIASCO REVIEW!: Porco Bravo



Bueno, vamos al lío. 
Manuel Pulleiro.  


Ellos lo llaman trilogía, supongo que porque son tres, más que porque vayan a cerrar un ciclo con este nuevo álbum. Y es que la trayectoria de Porco Bravo parece imparable. Y digo parece porque el mundo de la música es impredecible, por mucho que haya más meteorólogos musicales que pastores del Gorbea. Olvidándonos de la maqueta, la segunda mitad del 2011 vivió la salida de un Grooo!!! que no pasó desapercibido, pero se vio resaltado con la posterior llegada de Porco Bravo en 2014. Este año que acabamos de estrenar se abre con el tercero de la colección, La Piara. Y parece que va a ejercer de evangelio definitivo para estos predicadores del rock. Y luego explico por qué lo veo así, aunque adelanto ya mis excusas por el vocabulario devoto.
 
La progresión de la banda vizcaína se aprecia más en el directo y la repercusión que en el estudio, pero también secuestrados entre productores e ingenieros se pueden observar las huellas del tiempo y cómo ellos lo han aprovechado para bien. El viernes pasado coincidí con alguien que les echó una mano en la presentación de su disco en Bilbao y, al preguntarle qué tal, me lo dejó claro: "Bueno, ya sabes, Porco Bravo es ya otro nivel". No sé si esas fueron sus palabras exactas, pero casi. Nuestro colega melómano Raúl Luceño se veía obligado a utilizar la palabra "liturgia" hace medio año, cuando cronificaba el concierto de los barakaldeses en las fiestas patronales de su pueblo. Ahí tienes dos citas para ilustrar lo que te decía sobre el directo y la repercusión. Pero si creías que en julio lo habías visto todo, es porque no te quedaba imaginación: cobertura en la televisión pública, cinematográfico videoclip, megustas a mansalva en la red, un soldout significativo en el primer concierto del nuevo disco y, como siempre, muchas muchas camisetas. Más importante: las primeras críticas positivas de la prensa especializada. Y acaban de estrenarlo. La gente anda escasa de agitación. No solo quieren que les prometan emociones en los surcos de un vinilo; ansían que les revuelvan las tripas cuando participan de una celebración tan excitante y sugestiva como puede llegar a ser un concierto. Y Porco Bravo lo consiguen. Lo conseguían antes y ahora lo consiguen incluso mejor.
  
Los datos técnicos son los siguientes: grabado y mezclado en los estudios MuxikOn de Mungia y Altxatune de Aulesti, la Bizkaia profunda, entre septiembre y noviembre de 2015, por Txortx y Pitu Etxebarrieta. Ryan Smith, que queda cojonudo, lo masterizó en Sterling Sound, con sede en New York City, que queda aún más cojonudo. El diseño y maquetación de la portada y el disco son obra de Markel Urrutia, que optó, a mi parecer, por algo sobrio y elegante, con un interesante y evocador emblema en portada (Rómulo, Remo y su cuadrilla de Bagaza) y relevancia para el talento de Kepa Garro en el interior. Once canciones que firman Manu "El Gallego" a la voz, Asier "Indomable" en las guitarras y voces, Pulpo Bravo en lo mismo que Asier, Txelu Porco al bajo y coros, y Oskar Montilla en la batería y la parte vocal. Aquí canta todo el mundo y colaboran, según confiensan en el librillo, Isma, Boni, Txetxu y Batiz, dejando claro, una vez más, que Porco Bravo no aspira a inventar la rueda y reconocen la herencia recibida con orgullo y franqueza. Terminan el librillo con la debida mención al sexto porco, Iker "Sparring", y también incluyen un montón de reconocimientos que se cierran en círculo, haciendo mención al título del disco, del que ya hablaremos luego. 

Ya lo he dicho, once canciones, antecedidas con otra intro insinuante, con vigor épico (a mí, la verdad, me recuerda más a Perseguido que a Ben-Hur), como ya se está convirtiendo en tradición cada vez que se meten a grabar. En el disco, sirve de prolegómeno y calentamiento, en el directo vale para ondear bandera y ver a Manu con ropa. A partir de ahí, te podría decir que lo mismo: una descarga coordinada de electricidad, con alegatos de honra proletaria, en forma de canciones bien lijadas, perfectas para que te hierva la sangre y la conciencia que adormece la rutina y la condición humana. Pero resumirlo así sería injusto e improcedente, aunque me ahorraría muchas de esas palabras de las que siempre abuso y despilfarro. No puedo evitarlo, así que los que no me conocíais, daros por vencidos, largaros y hacedme una cruz para siempre; y los que volvéis a caer en el engaño, directamente crucificadme con la cruz que han hecho los otros. Pero vamos al lío:

Empieza el espectáculo con "Mírame", con las guitarras corriendo hacia el precipicio y la batería en suspense, los versos en descendente, como le gusta cantarlos a Manuel, y una palabra clave que se repite como los lunares de Yayoi Kusama. Tres minutos de nervio con discurso honesto y leal que parecen ya formar el ácido desoxirribonucleico de esta banda. Cualquiera diría que son ellos, aunque les lacraran los oídos con cera. Igual que en "Pídelo otra vez", a pesar de ese guiño a The Who que se oye brevemente por el fondo (quizás solo ocurre en mi cabeza, en torno al segundo minuto), otra contribución de los Porco a la literatura, pero a una literatura muy concreta, la erótica, que la bordan cuando la disfrazan de canallismo de taberna y gaupasa. También metería en este grupo a "Ciudad muerta", probablemente una referencia actual a la comisaría de Les Corts pero que puede extrapolarse a muchas ciudades, más aún con el toque poético y elusivo que tiene la letra. Lo mismo diría de "Lo intento", llena de preguntas que sirven de afirmación contundente contra la apatía más social, mirando lo mismo hacia atrás que hacia el futuro. Quizás la última que coronaría esta foto en primer plano sería "El Norte", que incluye todas las respuestas a las preguntas de "Lo intento" y con un estribillo que ya es marca de la casa. Todas estas las agrupo porque parecen repetir el estilo que les ha definido, sin tomar riesgos pero sin resultar complacientes. Decir que han encontrado la fórmula sería probablemente faltarles al respeto; simplemente, creo que han conseguido tener un sonido propio y reconocible: algo así como una personalidad musical, que no sé lo que es ni si puede ser, pero, ves, ya te avisé de que mejor lo dejabas.

En el resto de las canciones, yo veo variaciones arriesgadas, atrevimientos que demuestran madurez y grado. Eso sí, igual solo lo veo yo como yo solo escucho a The Who (y a The Gaslight Anthem, flipa). Quizás solo lo veo en los títulos, arriesgados por aquello de que suenan indies o gafapastas, como en "Solo quiero bailar", aunque esa asociación solo se quede en el titular. Una canción donde los que los conocen pueden ver más que los demás, pero, en cualquier caso, ese "finiquítame", lleno de orgullo y rabia, más que acercarles a la realidad, acerca la realidad a los escenarios, algo que hace mucha falta en estos tiempos de productos vacuos y prefabricados cantándole por enésima vez a una idea del amor que suena más vacía de contenido que los mítines políticos. Y eso tiene, por ejemplo, "Mienten", que a mí me recuerda a una leyenda de la CNT que durante años adornó mi infancia, pintada en una pared junto a la que pasaba todos los días (justo en frente, por cierto, "de mi último aliento, de negro me voy"). La ironía se alía con el ritmo en una canción hipnótica que cuenta con uno de los mejores versos que han escrito (por fresco e irónico): "venid aquí, una vez más, las olimpiadas han llegado a la ciudad." Y ahí está Txelah en primer plano, bien. Si un título como "Solo quiero bailar" podía engañar y hacernos pensar en el spotify de un hipster, lo mismo ocurre con la apertura de "Última noche", guitarras que me recuerdan al "Queen of Hearts" de Fucked Up pero que solo esconden una canción de rango, ponderada, puro rockanrol, y con esa heroicidad introspectiva que le da aún más clase de la que ya tenía en lo instrumental. Por último, sorprende encontrarse lo más parecido a una balada que nos podían dar los Porco Bravo. Llevaban tiempo amenazando y ahí la tienes. "Brindaremos juntos" tiene aire melancólico, sin resignación, pero abrazando errores y la experiencia, sin miedo al reconocimiento. Sutilidad que acaba en coros tarareados.

Y en medio de estos dos grupos que he tenido los cojones de inventarme... "La Piara". Da título al disco una canción recuperada del mito fundacional: la partida de nacimiento, en verso, de esta banda. Un himno de brutalismo hedonista y libertario que, en este disco, se convierte en la prueba inculpatoria. Me explico, aunque ya lo he dicho antes (demasiadas veces, creo):

Lo que tiene Porco Bravo de bueno, además de la música, y de la franqueza y energía en directo, es que no viven en una nube, sino en el barrio. Hace poco Pulpo le contestaba a Óscar Cubillo con un zasca cuando el periodista de El Correo le preguntaba por el curro: "No sé de qué manera puede interesar eso a nadie." Vale, pues yo tampoco lo diré, pero, en parte, sin entrar en detalle, sí procede, porque estos cinco tíos no visten pantalones de pitillo porque se lo exije la promoción. Le han dado al martillo como le dan a los acordes y eso les mantiene cercanos a lo que merece la pena: la tierra, el suelo que pisamos, los días que vivimos, la mierda que nos comemos y las muchas formas que tenemos y que merecemos para que nuestras vidas sean auténticas y, de vez en cuando, cojonudas. La gente. Lo dije aquel día con la dedicatoria a la peña de Laminados Arregui y lo pude haber dicho cientos de veces, pero ya no hace falta decirlo cuando graban su tercer disco y en lugar de mirar al infinito, a las musarañas o a su ombligo, miran al de al lado, al colega, a los que no salen en los créditos pero guardan el secreto: la piara. Por esa honradez e integridad, calibrada en canciones que consiguen lo que buscan, Porco Bravo se merece todo lo bueno que les pase y más.

Llegará la envida cainita, llegará. Pero, hasta entonces, el pueblo les abraza. Liturgia, otro nivel, porqueras de barrio y todo lo que tú quieras. Camisetas rayadas y soldouts. Me alegro. Pero, sobre todo, me alegro porque tengo otras buenas once razones para verlos en directo y olvidarme de los dedos para mirar al cielo, que decían en Francia cuando aún se revolucionaba la gente. Y si del dedo se va al cielo, también se va desde el barrio. Este disco tiene recorrido para ampliar el horizonte de una banda que hace tiempo que ha dejado atrás el corsé de lo local. Toca porconeta y a disfrutar.


domingo, 17 de enero de 2016

Apenadas por la mecánica



Exagero, porque yo no las vi afligidas, más bien, todo lo contrario. Tampoco resignadas, porque, sinceramente, tengo la sensación de que ésa es una palabra que carece de significado en el lenguaje de Penadas por la Ley, y, por extensión, en el punk rock.
¿Entonces, por qué? Porque, como siempre, no puedo resistirme a la tentación de ponerme en evidencia: Penadas por la Ley, apenadas por la mecánica. Me río de mi ingenio y así, de paso, abro diciendo que llegaron tarde porque la furgoneta que habían alquilado petó en la entrada a Barakaldo. David les hizo de roadie. Patxo les montó el ampli. Prácticamente, fue medio el minuto que tuvieron de prueba y entonces una de ellas dijo:
"Se imprime", pero el batería tenía que ir al baño.
De todas formas, a Penadas por la Ley no les hace falta, al parecer, mucho entrenamiento para correr los doscientos con una sola pierna. La guitarrista lo decía poco después: "Afinar es de cobardes". Ni la preciosa Gibson crema de la guitarrista ni el elegante bajo azul Rickenbaker de la bajista necesitan hacer estiramientos antes de ponerse a brincar y ganar medalla.
Por supuesto, no somos ingenuos: el punk rock no es solo inspiración, rabia y ciencia infusa. Las canciones, por muy simples y cortas que parezcan, necesitan su proceso: también nacen, se reproducen y producen efecto porque se las nutre, se las atilda y se las atesora. Tres verbos que he elegido porque, normalmente, no los elige nadie, pobres. 
En serio, a veces, me parece que el punk rock es la repetición de lo obvio. De lo que hemos olvidado por ponernos modernos y moderados. El punk rock, sí, es urgente y visceral. Son acordes básicos, sin lucimientos innecesarios. Bombo-caja-bombo. Más que estructura, las canciones tienen andamios. Esqueleto: un bajo que apisona, una batería que ametralla y una guitarra que araña. Tres verbos que elijo porque empiezan por a. La boca bien abierta. El punk también es enseñar dientes. Enseñar la garganta. Enseñar hasta la campanilla. Campanilla con mohicana parándole los pies a un Peter Pan cebolleta. Incluyes unas cuantas palabras clave, como policía, represión, gobierno y revolución, y a darle al coro. Cantan "lalalalas" que dicen más que las canciones de Serrat. Pones mucho corazón, sentido común, pasión y esa ración de pureza que oscurece a las perlas negras de Manihi y ya lo tienes: punk-rock. 
O Penadas por la Ley, que son sinónimos. 
"Estamos llegando al ocaso", dice la bajista, que es la manera más inspirada que he oído para anunciar el final de un concierto. Y si se imprime, también se fotocopia: así que el bis lo cubren con tres canciones repetidas. La última es la más rotunda: "No es no". No me recuerda a Kathleen Hanna aunque me recuerda que debería mencionarla. Empeñan las encías con cada estribillo. Me pillo en medio de la canción acordándome de Vera, algo que me tengo prohibido. Espero que cuando crezca conozca esta canción. Que la repita en la ducha y que diga que su preferida es "Suggestion" de Fugazi, donde cantaban aquello de: "Is my body my only trait in the eyes of men?" O no, me da igual, pero que tenga muy claro que cuando dice no es no. Como hace ahora con once meses a las tres de la mañana y no le apetece dormir. ¿Ves? Por eso me lo tengo prohibido. Penado por peñazo.

sábado, 9 de enero de 2016

FIASCO REVIEW!: Jo & Swissknife



A falta de movimiento, disfrutemos de lo estático. Es decir, si no voy a conciertos, hablemos de discos. No es lo mío, pero tampoco es que me esté pidiendo hablar de trigonometría, ¿no?
En los próximos días, me propongo glosar, con la misma falta de criterio y potencial de la que ya alardeo en mis crónicas musicales, algunos discos que han ido cayendo en mis manos estas últimas semanas y que, sacando tiempo del fondo del pozo de los deseos, he podido escuchar con más atención de la habitual. 
Los primeros llegaron a mis manos por casualidad, y por curiosidad voy a estrenar esta nueva faceta del blog (lo sé, no es la primera vez, pero digamos que lo es conscientemente) con ellos. Van a tener el dudoso honor, incluso, de estrenar etiqueta, porque, de la misma manera que había una que utilizaba para cuando publicaba ficción (¡qué tiempos!) y otra que algún día recuperaré para encajar entrevistas de sospechosa parcialidad, también para estas (digamos que) críticas constructivas me voy a inventar una etiqueta. La que reza arriba y que me acabo de inventar según pongo estos dos puntos y la escribo: FIASCO REVIEW! Así, en inglés, que, como todo el mundo sabe, es una forma como otra cualquiera de ponerse en evidencia y ganarse enemigos. 

Llegaron por casualidad y desde Navarra, unos tíos a los que representan, en realidad, dos que son los que se presentan en el nombre. Por un lado, Jo, quien, además de la parte vocal (donde también demuestra cierta versatilidad), se encarga, y déjame que ponga toda la lista según viene en el libreto, de guitarra acústica, guitarra eléctrica, mandolina, bajo, batería, melódica, banjolele, teclado y percusión. ¡Jo, Jo! Qué capacidad, quién pudiera si tan siquiera decirlo todo de carrerilla. Envidia. El otro es Swissknife (aún no tengo claro si tengo que separarlo o dejarlo todo junto), apodo bajo el que se esconde alguien que, además de los coros, aporta guitarra acústica, batería y percusión. A ellos dos, cuando no se bastan, les acompañan Alvin Double, Raffalo y Mike Banjos, encargándose de contrabajo, percusión, banjo... y no sé qué más. Tienen nombres propios más propios de esta tierra que de las montañas Orzak, pero lo dejaremos así. 
Ellos han grabado Music from Small Pink, once canciones que firma Jo en lo que concierne a la música aunque comparte algunos créditos en lo que se refiere a las letras, que, al parecer, también escribió mano a mano con Raffalo y Swissknife (no en todas, pero sí en algunas canciones). Hay una, "La de Buckley", que se la conceden, por supuesto, a Joe "Red" Hayes y Jack Rhodes, los autores de una "Satisfied Mind" que, además de Buckley, la cantaron y/o grabaron, en alguna ocasión, gente tan poco conocida como Joan Baez, The Byrds, Bob Dylan, Tim Hardin, Lucinda Williams, Jonathan Richman, Johnny Cash o Willie Nelson. Ahora hay que incluir en esa lista a esta banda navarra que nos recuerdan que en la Pisquerra también reluciría el perfil viril de John Wayne y su montura. 
Y es que su disco es un ejercicio de country, folk, bluegrass, hillbilly y precisión acústica que podría aparecer en No Depression si alguien quisiera, de verdad, averiguar qué coño pasa para que tantas y tantas bandas, tantos y tantos músicos del otro lado del Atlántico, encuentren sus raíces musicales en la tierra donde el fiddle irlandés encontró un nuevo hogar. "Agonies" abre el disco con una promesa de emoción disfrazada de solicitud de amistad. La sigue "You'll Always Feel Free", abierta con armónica, y que ya reclama los símbolos propios de la cultura musical americana: botas de vaquero, corazones rotos, mucha cerveza y, por supuesto, la carretera. "When You Fall" se hunde en pasiones más oscuras (me recuerdan a unos Calexicos más poperos) y así seguirán demostrando duranto todo el disco que tienen lo mismo para reír que para llorar, para clavar espuelas que para lamentarse en torno al crepitar del fuego. Por destacar, yo destacaría la que cuenta con la voz de Sara López ("Seein' Double") y "Little Girl from Virginia" que son, probablemente, las que mejor demuestran por qué utilizábamos antes la palabra "ejercicio" sin que tuviera nada que ver con lo físico. En resumen, un sonido limpio, eficacia instrumental, letras que repiten modelos y, por lo que he podido ver por ahí, un directo en el que saben coger todo esto y ponerlo en tres dimensiones. 
Que quizás, al disco, le falte esa chispa mágica que salta por sorpresa y te enciende las caderas, vale. Que sigo esperando el día en el que alguien mire hacia Alburquerque, New Mexico para hablar de Alburquerque, Badajoz, también. Pero, a pesar de todo ello, Music from Small Pink funciona porque tiene lo que deben tener los discos: buena música, venga de dónde venga, la hagan desde dónde quieran que la hagan, sin porqués o porquiénes. A mí me falta un hervor, y aún y así voy y me permito comentarles la música, así que, crúzame la cara si quieres, pero hadme caso si te recomiendo una escucha (o dos). 
Si bourbon o pacharán, eso ya es cosa de cada cual. 


jueves, 7 de enero de 2016

Todo y Nada



Ni lo mejor del año, ni lo peor, ni ostias en vinagre.
Nada.
Ni recapitulo ni me postulo, ni promesas ni aderezos.
Nada de nada.
Ni conciertos. Nada. Desde Los Cosméticos, nada. Bueno, sí, Lomoken Hoboken en la carpa navideña, desde fuera, porque había compañía y un globo de cinco euros que custodiar. ¿Los Porco Bravo? Una cita ineludible, ¿verdad? Pues la eludí. Nada,sin regalo de Reyes.
Ná de ná.
Ni música, si me apuras. Tengo ahí el ipod para renovarlo desde los Santos Inocentes, que empiezo a pensar que es mi día del santoral. Ahí sigue. He escuchado dos canciones de los ya mencionados anteriormente, a los que también vi en sendas ocasiones en la televisión pública. Un día me quedé solo en casa y me pinché música. Saqué, creo que fue, a The Deslondes de su funda y los puse sobre el plato. Creí que estaba en un plató de cine. Dentro de una película de ciencia ficción. Eso es todo.
Todo.
Así que... ¿y qué le vamos a hacer? Pues seguir. Venir por aquí de vez en cuando y hacer el julai. Seguir escribiendo sobre
Todo
Y al mismo tiempo de
Nada
y pensar que cuando vuelvo y lo releo y me digo tú eres tonto y además un feik (faque) es porque tengo sentido del humor. Mucho
Todo
o
Nada
Todo por nada
Nada por todo
Pongo el punto y cuando vuelva ya echamos cuentas.