sábado, 30 de julio de 2016

Capítulo 1: La canción de la luna muerta o por qué tenéis que ir a ver a RF



Anoche nos pasamos por El Tubo y hasta hubo taconeo en el tablao. Juantxo, Konradín y Paco andaban buscando el anillo de compromiso en el televisor, hablamos de Last Fair Deal y de canteranos del Málaga, de las fiestas de Baraka y de Motril de la Frontera. De esto último deberíamos haber hablado porque, como queda comprobado, habría quedado muy bien para que yo cerrara la frase con una rima asonante, exterior e interior, pero no lo hicimos, entre otras cosas, porque Motril de la Frontera no existe. O bien hablas de Motril, o bien de Jerez de la Frontera, o de los kilómetros que las distancian. Creo que ni tan siquiera es asonante porque la sílaba no es acentuada, pero... ¡la ostia, tío!, déjalo ya. Estuvimos en el Tubo ayer y punto y había poca gente porque había poca gente por el pueblo, que eran fiestas en Retuerto, San Ignacio y también lanzaban chupinazo en ese territorio móvil, expansivo e irreal, que llaman operación salida para alegría de la Dirección General de Tráfico y las noticias de Antena 3.  
Antes de marcharnos del único garito del mundo donde puedes encontrar en sus paredes citas arrancadas del periódico a cargo de gente como Iban Zubiaurre o Antonia San Juan, abordé a un DK recuperado pero con necesidad de vacaciones y le pedí que me dejara lo que tuvieran en formato físico de los Dead Moon. 

Yo antes tenía un disco duro en el que había ido guardando toda la mierda que me gusta. Y cuando digo mierda, digo mierda no como atributo malsonante pero sí como metáfora de las adicciones más naturales y sugestivas. Durante años había ido pasando a formato digital mi música preferida gracias a un convertidor de audio, ya obsoletísimo pero fácil de usar (aún lo utilizo), que me pasó, en su día, un informático con el que compartí un cubículo mientras curré de becario para una empresa bilbaína en cuyo salón de reuniones... y hasta ahí puedo leer en lo que compete a esta digresión. Volvamos al hilo: tenía ese disco duro que era para mí como la esmeralda verde para Jack T. Colton (y sigo con mi histórica recopilación de menciones al mejor cine de aventuras), donde me esmeraba en ordenar, clasificar, compilar y disfrutar de un legado digital que esperaba se convirtiera en un archivo sonoro que ni el de Radio 3. Y sí, amig@s, el disco duro se petó y no hubo dios que sacara de allí los audios recuperados. Era un final más previsible que el de Tras el corazón verde, ¿verdad? Desde entonces, y eso ocurrió hace unos cuantos años ya, sigo intentando recuperar aquel afán, pero ya no le he vuelto a poner el mismo cariño. Paso de etiquetar, de guardarlo todo, y, además, he vuelto directamente al vinilo y otros formatos, y solo le doy al mp cuando algo realmente me gusta o quiero escucharlo con detenimiento. Y a los Dead Moon siempre me he detenido a escucharlos con cuidado. Estaban, con toda su discografía, desde 1988 al 2004, incluyendo discos en directo y algún single, en aquel disco duro que, sí, aún guardo en algún cajón del curro, quizás con la inocente y ridícula esperanza de que algún día sane por sí mismo porque los milagros existen y también me va a volver a crecer el pelo. Eran una debilidad. Creo que algún día tendré que autoanalizarme bien para saber por qué: ¿Dead Moon? ¿The Pagans? ¿The Dirtbombs? Oregon, Ohio, Michigan... ¿cómo coño llegaste tú hasta allí? Porque no recuerdo que nadie te llevara y no era tan fácil que tú solito, que no eras tan listo, pasaras de Parabellum o La Polla hasta aquello sin tan siquiera pasar antes por las islas del Brexit. Pero llegué, y Dead Moon se quedó en mi organismo mucho más tiempo de lo que se queda el cannabinoide THC en esos consumidores a los que luego les preocupa que les hagan tests de drogas en el curro los lunes por la mañana. Se quedó aletargado, también es cierto: ahí. De vez en cuando, así como quien está viendo Pasapalabra y de repente se despierta de la siesta instantánea murmurando sed, tengo sed, me ponía el "It's OK" y tiraba para adelante. Ese sonido de local de ensayo, los coros como llegando del fondo de una fosa, casi puedes oír cómo crujen los tornillos de la batería. Las macas, el defecto, lo bello justo debajo de lo feo: he nacido en Barakaldo y he crecido aquí, siempre he agudizado ese tacto igual que otros son capaces de ver la lindura del desierto. 

Llevaba unos meses intentado recuperarlos. Ya tenía algunas pistas en el portátil, pero anoche se me ocurrió pedírselo a DK porque los Dead Moon suelen sonar en el Tubo. Me lo metí en el bolsillo de atrás y me lo traje para casa. Al llegar, empecé a convertirlo mientras volvía a quedarme dormido viendo el segundo capítulo de la segunda temporada de True Detective. Y aquí estoy ahora, las siete y media de la mañana y no hay quien duerma y me pongo a contarlo todo porque se me va la lengua con las teclas y porque quería recuperar una promesa que hice hace un mes y no he cumplido:

Sí, que los Richmond Fontaine vienen a tocar en Octubre al festival BIME, aquí, a la puerta de casa, y dije que os iba a dar la caca cada mes y hasta cada semana para convenceros de que fuerais a verlos y así Willy Vlautin y los suyos se encuentren un buen público en un festival que, la verdad, parece que no les sienta igual de bien que les sientan las camisas de franela a cuadros. Dime tú qué tienen estos en común con PJ Harvey, James Vincent McMorrow o The Divine Comedy, pero bueno, estas cosas pasan en este formato de concierto y, en realidad, digo yo que sí tienen algo en común: la música, pero no quiero ponerme excelente como me suelo poner para desbarrar sobre el alma, el arte y todos esos descartes filosóficos que engordan mis entradas. El caso es que lo prometí y no lo he hecho, y como en Barakaldo somos muy punks (ayer quise comprarme la camiseta de Barakaldo Punk Rock City para ponérmela en el curro en Septiembre pero al Limo ya no le quedaban tallas), voy a empezar por las raíces más cañeras de esta banda que acabaron por progresar hacia otros ritmos y tonalidades, pero aún les queda algo de esos adolescentes que se veían todos los conciertos de los Dead Moon como si cada uno fuera lo mismo que descubrir el sexo y la poesía en una misma noche. Preguntadle al propio Vlautin si podéis, seguro que os dice que los de Portland son una de las bandas que más veces ha visto en directo. Por eso, entre otras cosas, grabaron esta canción que ya no suelen tocar tanto en directo y que hicieron un poco como homenaje: "Song for Dead Moon", que podéis encontrar en Obliteration by Time, el recopilatorio que recoge las mejores canciones de sus primeros dos álbumes, ya imposibles de conseguir. Aquí cuelgo dos videos del youtube, uno de 2007 en Utah, Estados Unidos, y otro en 2011 tocando en Bedford, Gran Bretaña, donde se ve a Willy Vlautin vistiendo camiseta del grupo y hablando al principio de la separación de los Dead Moon y vacilando a Dan Eccles (este no está incrustado en la entrada, solo tenéis el enlace, porque el dueño del vídeo ha desactivado esa opción). Ninguno de los dos tiene un gran sonido, así que, si podéis, id al audio original, que también se encuentra en Postcard from Portland: Live at Dante's, un directo que grabaron en su ciudad, la misma que Dead Moon, una Portland donde, por cierto, en Marzo de este año, muchos sentirían (entre ellos los miembros de Richmond Fontaine, que se acordaron de él en las redes sociales) la muerte de Andrew Loomis, el batería original de los Dead Moon. 

Empiezo por esta y seguiré con más y a ver si a alguno os convenzo, a pesar de que para llegar al vídeo tengáis que pasar por el tormento de leer lo que hice o dejé de hacer la noche anterior. Es literatura, o eso dicen algunos. Yo me callo que bastante he hablado ya.  

Pinchad aquí para ir a youtube y ver el de UK: AQUÍ.



lunes, 18 de julio de 2016

Perorata en do menor, con nombres propios y betún al por mayor, para cerrar las fiestas sin patrón



Advertencia (en lugar de posdata): esta entrada es larga y pomposa, abstenerse aquellos a los que ya les parezca exagerado lo que he escrito otras veces. Podéis pasar directamente a la última frase y ya habéis leído el resto, pero resumido. Los que no tenéis arreglo, allá vosotros, luego no me vengáis con cuentos que he puesto advertencia en lugar de posdata.  


Alguien debería proponérselo. Sería una idea cojonuda y siempre podría decir que yo la tuve antes. No, en serio. Un festival distinto, un poco al estilo del SXSW, pero no igual. Conciertos en pequeños locales, de aforo mediano, en la calle, en la estación de trenes, a distintas horas, sin avisar, en algunos casos. Una semana de música en directo, sin grandes patrocinios, ni stands de publicidad. Acompañado, si ya queremos flipar, de conferencias, cineclub, cursos, tertulias, una feria y hasta un rally-poteo si quieres. Nada de mascotas, ni entidades bancarias, compañías telefónicas o cervezas de grifo. No habría horarios ordenados como en una pirámide, con cabezas de cartel y distintos tamaños de fuente en carteles coloridos y con muy buena resolución. No, el orden no sería piramidal, jerárquico. Tendrías que correr de un bar a otro, perderte alguno, encontrártelo por sorpresa, dividirte en dos y practicar la ubicuidad.
¿Sería cojonudo, verdad?

Pues algo parecido ha ocurrido del 8 al 17 de Julio en Barakaldo, Bizkaia. No ha sido perpetrado con premeditación y alevosía, pero casi. Hay gente detrás que ha hecho mucho para que sucediera y es de educación reconocérselo. De bien nacidos es estar agradecidos y más aún cuando uno acaba satisfecho, porque, lo que han dejado claro estas fiestas es que lo de la música en los bares no es por capricho. Funciona. La gente va. La gente quiere pogo y quiere sudar. Por ejemplo: no es normal que a mí se me ocurra tomarme un día para visitar un par de páginas y hacer un par de consultas, reúno todos los conciertos en una sola entrada, los ordeno y clasifico... y resulta que esa entrada de blog se convierte en una especie de programación de fiestas alternativa con casi mil visitas y enlaces en otras páginas. Eso quiere decir una cosa, lo que ya he dicho: que la gente quería y tuvo. 

Para que esto funcione, creo yo, se necesitan tres cosas: músicos, público y promotores. Puedes ponerle otro nombre si quieres. Los músicos han sido muchos y de distintos padres, como se suele decir. Aquí habéis leído cómo creo yo que lo han hecho diez de ellos, pero ha habido muchos más. Más incluso que los que salían en aquella primera lista que publiqué. Por falta de información, afinidad o sintonía, qué se yo, no me enteré y no los incluí. Ha habido charangas, verbenas, conciertos oficiales, recitales, bilbainadas y la música de las txoznas. No hay fiesta si no hay música. Por lo tanto, a todos los profesionales y amateurs del ritmo y la armonía, gracias (e incluyamos aquí también a técnicos y demás ayudantes necesarios y nunca dignamente reconocidos). En especial, por lo que a mí me toca, gracias a las diez bandas que he tenido el atrevimiento de glosar en este blog. Gracias y perdón por tomarme la libertad de juzgar, aunque sea con respeto y falta de humor, lo que hacen. 

En segundo lugar, se necesita público. Y, al menos, donde yo he estado, han (o hemos) respondido. Da un placer inmenso ver a los de siempre y a mucha gente nueva llenando los bares y mirando hacia el escenario. La gente necesita música y la música necesita gente, si no es recíproco y en las dos direcciones, no funciona. 
Por último, y la razón principal de esta entrada, uno necesita promotores, en esta ocasión, hosteleros, que dispongan del dinero para invertirlo, o directamente jugárselo, y unas veces ganar y otras perder. A veces, son capaces hasta de empatar. Por eso, y especialmente en esta ocasión, gracias a todos esos incorregibles ilusionistas que nos han hecho creer esta semana que la realidad era incluso mejor que lo que habíamos soñado. Impagable ha sido tener que pedirle al Limo de beber por señales de humo porque el Cuervo parecía Shibuya, quedarte en la puerta del Tubo como si estuvieras en el zaguán de tu casa, salir a la terraza del Eguzki a tomar el sol con música de fondo, o compaginar los placeres auditivos con el aroma a leña y carbón en el Rock eta Golak. Ha habido más, pero yo, desgraciadamente, no he tenido el placer de visitarlos, aunque merecen aplausos, y me llegaron buenas nuevas de algunos de los conciertos que ocurrieron en sitios como El Ampli o La Riojana. A los que ni tan siquiera mencioné en esa pasada lista pero también aportaron lo suyo (como el colectivo de locales del barrio de Rontegi, la Vieja Banda y seguro que muchos otros), perdón por la omisión. El año que viene hasta yo intentaré hacerlo mejor.

Quiero cerrar mi entrada remilgada con la que siempre me luzco, siendo parcial. En especial, me gustaría darle las gracias a la peña del Rock eta Golak por montarse un cartel de campanillas que podía hacer las delicias de nostálgicos y de la gente más inquieta del lugar. El lugar, precisamente, no ayuda a que los conciertos se escuchen bien. Si se lo permiten, deberían plantearse sacar la fiesta fuera. Igual me paso de listo, pero creo que funcionaría. Por supuesto, también a un Limo que se ha lucido estas fiestas. Todavía hay alguno que no se explica cómo ha reunido lo que ha reunido en los metros cuadrados con los que cuenta. Yo he crecido toda mi vida viendo El Cuervo desde la ventana de mi dormitorio, que mi abuela me hablaba del cuervo original, del animal, no del bar. He bajado a comprar zurracapote a La Riojana, he conocido hueverías y carbonerías en esa calle, coches aparcados hasta en doble fila y una marabunta de gente en Nochevieja que no se veía el asfalto. Así que ahora normal que me emocione y todo cuando veo otra vez la esquina con La Felicidad repleta de gente que se reúne solo para charlar, beber, celebrar y escuchar música. Y, este año, ha habido más gente que nunca. Así que, Limo, tío, que no se te suba a la cabeza, pero te mereces un olé. Y al Guille, Asier y Alberto, que han aguantado el frente atrincherado, también. 

Por último, y cambio de párrafo para hacerlo, y me suda la misma que luego me caigan cantares y hasta apodos, nos queda El Tubo. Siempre nos quedará El Tubo. Yo ya no sé cómo tildar al Patxeko y al Kalbo, a Patxi y a David, a Helm y Lombardo, Mills y Bellinelli. No sé cuántas gilipolleces me he inventado para dar paso luego a los boatos, las loores, las alabanzas... Pero como no soy yo solo el que voy dorando píldoras, me consuelo un poco. No ha sido solo un grupo, ni dos, a los que les he escuchado, durante fiestas, hablar de El Tubo como un local mítico o legendario, que son palabras mayores y hasta manidas, pero parecen no quedar vacías aquí. No voy a extenderme más que luego me llaman el cronista residente y no sé qué más cosas, pero un abrazo enorme a los dos apandadores y gracias por conseguir que la música no sea tan solo eso de los complejos procesos psico-anímicos, si no, algo más, algo físico y hasta tangible que parece estar impregnado en esas oscuras paredes. 

Hoy venía condunciendo hacia el trabajo y Ángel Carmona estaba entrevistando al cantaor de flamenco Francisco José Arcángel. Casi al final de la entrevista, el de Huelva ha dicho lo siguiente: "...pareciera que los flamencos somos los únicos que estamos autorizados para decir que nuestro arte tiene alma, ¿no? Y no es verdad, osea, yo entiendo que todos los géneros musicales tienen el alma, claro, el alma del que lo toca, del que lo hace..." Hace ya muchos años, Nick Lowe cantaba aquel estribillo que decía lo de "I'm lookin, lookin, lookin, lookin everywhere in the heart of the city". Y, también hace tiempo ya, un escritor muy serio pero dicen que entrañable, al que llamaban Wallace Stegner, escribió, en inglés, luego hago como que lo traduzco, que “no place, not even a wild place, is a place until it has had that human attention that at its highest reach we call poetry,” es decir, "ningún lugar, ni tan siquiera los lugares más salvajes, son exactamente lugares hasta que no reciben la atención humana que, en su grado más inspirado, llamamos poesía." Pues sí, toda la música tiene alma, sea lo que sea eso para los que no creemos en Dios. Y el corazón de la ciudad existe pero, para existir, necesita que la vivan, que la escriban poesía, que la pongan música: en sus calles y en los bares, que son como las arterias de ese gran órgano de hormigón armado. Por eso, estos últimos diez días, nuestro pueblo ha sido un auténtico lugar, con alma, con corazón y con poesía. Con música.
Ojalá fuera así todos los putos días del año, pero, entonces, piénsalo bien, se nos iban a agotar los temas para escribir canciones o entradas demasiado largas. 

En serio, gracias a los bares porque, sin citar a Gabinete Caligari, qué lugares, joder, qué lugares. ¿Verdad, Huddie?


Ah, una cosa, me la sopla que lo añada ahora, tarde y mal, pero es verdad: gracias a toda la peña que va colgando estas entradas en facebook, y, en especial, a las dos que, encima, han tenido a bien acompañarme en la oscuridad. Y, sobre todo, a I que me cubre cuando me escaqueo para escribir esto, esto que si es chapa cuando escribo, imagínatelo cuando la pobre tiene que soportarlo en la oreja si se me ocurre en directo. Un aplauso, va.

domingo, 17 de julio de 2016

Diablo Cuney




Pues sí, Mudhoney y todo lo que tenía muchos watios y proteínas en los 90. Incluso lo que nos llegaba vía Getxo: Cujo, Inquilino, esas bandas. Y más: la espesura y aspereza australiana. The Drones, por ejemplo. Mucho volumen, mucha distorsión (hasta un dunlop de esos para hacer wah) y un batería que tenía el día bueno, porque anda que no ha atizado con gusto y nervio. También han hecho versiones. El "20th Century Boy" de T. Rex no ha sonado mejor que con Bolan en el 73 porque eso es imposible pero no ha estado nada mal. Y, no sé, poco más. No parece que estos cuatro tíos (cinco a veces, el teclados iba de público a miembro en lo que yo tardaba en darle un buche a la cerveza) empezaran ayer a hacer música. Parece, además, que tienen buenos gustos musicales y que saben deglutirlos para regurgitarlos luego. Y creo que este es, definitivamente, un buen final para la parte seria de esta crónica: con los verbos deglutir y regurgitar me pongo a la altura de la mejor literatura de serie B. Sueno como un maníaco con tendencias suicidas nacido en un pequeño pueblo de Ohio que se marchó a Nueva York soñando con escribir guiones de cine negro y sobrevive como telefonista para el servicio de atención al cliente de una multinacional del sector de la máquina herramienta y escribiendo novelas de cordel con contenido erótico y tramas oscuras que siempre contienen alguna referencia alienígena o supernatural. Solo y sin amigos, cena comida china para llevar y visita algún club de striptease cuando le pagan por un manuscrito. ¿Qué? Eso, que Diablo Cuney no ha estado mal. 

Han tenido público. Más del que yo me esperaba cuando al entrar quedaban ellos probando, un par de chicas, Patxeko y Maribel. Luego ha entrado Brutus y después de él un montón de gente más. Incluida juventud que entraban y salían y vestían, algunos, camisetas serigrafiadas con el nombre del grupo. Eso está bien: cantera siempre va a hacer falta. Por mi parte, yo me he encontrado incómodo. Acostumbrado siempre al fondo, estar delante, tan adelante que hasta el bajista me ha preguntado que qué caña era la suya, no ha sido fácil, pero bueno, he aprovechado para fijarme en chorradas como lo del pedal, que luego lo pongo en la crónica y parece que sé la polla aunque yo no haya tocado más pedales que los de mi vieja Torrot BMX. 

Y fin. No hace falta conocer muy bien este blog para saber que se me está yendo la pinza ya. Lo de la bicicleta y lo del tío de Ohio son amagos, indicios de que ya estoy llegando al final. Han sido, déjame que eche la cuenta, diez crónicas de diez conciertos en los seis días que he (y hemos, muchas gracias por la compañía) salido. Son muchos más los que me he perdido, pero, sinceramente, agradezco que esto pare. Mañana seguro que en el curro me entra un delirium tremens que te cagas y me arrepiento de haber escrito este último párrafo, pero... Yo no sé vosotros, yo estoy cansado de leerme a mí mismo, porque me leo. Termino, me leo, me repaso y paso de volver a empezar de cero aunque en el 99% de las ocasiones es lo que haría. Ya. Me callo. Me queda una entrada, la última, el lazo o el desenlace que dicen los novelistas de Ohio cuando hablan del final culminante de sus crónicas para no dormir. Voy a escribirla ahora mismo que mañana ya me pongo serio y a currar. Gracias a todas las bandas por soportar mis memeces y a Diablo Cuney perdón por ver su nombre mezclado en este galimatías patológico.

Putakaska



Media tarde soleada y La Kontra está probando sonido. Lo hacen con "Las paredes" de Parabellum, mientras los niños juegan en los columpios, las comparsas hacen la sobremesa en Los Hermanos y hay cola en el puesto de helados. Un par de días antes, al pasar por un bar del barrio, me sorprende oír el "Bugi Kojonudo" de Distorsión, mientras adolescentes inconscientes juegan al balón y comen pipas y dos perros se olisquean el trasero porque sus dueños aprovechan para hablar de los fichajes del Barakaldo. El viernes, finalmente, Oli empieza con "bajando por la ría, veo..." Y ya está: cerramos el círculo. En tres días, acordes y estribillos gratuitos, que pasan desapercibidos, pero te cuentan la historia de tu pueblo con letra pequeña y sin ganas de dar lecciones. Miro a mi alrededor y pienso cómo sería esto en su tiempo, cómo sería aquel "Verano'86" cuando yo tenía diez años y no podía adivinar nada de todo esto.

Precisamente en esa canción, que, por supuesto, también sonó el viernes en el Rock eta Golak, los Putakaska cantan: "Recuerdos de una canción / Muchas cosas han cambiado / Pero otras siguen igual / Vivimos vacilando / Nunca nos van a cambiar." Salvando las distancias de estilo y geográficas, Putakaska tienen de The Sonics y Radio Birdman, por mencionar dos, lo mismo que hace eternos a esas otras dos bandas: que aunque lleven toda la puta vida haciendo música, aún suenan frescos y actuales. Quizás es por eso, porque muchas cosas siguen igual, y lo que cantabas en los ochenta, desgraciadamente, tiene vigencia treinta años después, y porque nunca los van a cambiar, y siempre van a ser lo que son: punk oi! de ayer y de hoy.
La autenticidad en la música es como la honradez en la política, algo que persigue todo el mundo aunque muchos no sepan ni lo que es. En la música country, tiene poco valor. Más que nada porque unos escriben las canciones y otros las cantan, y no puedes exigir que lo que canta suene cierto si lo escribió otro, con lo que valoras otras cosas. Por supuesto, hay gente, como Dolly Parton, que además de cantar también escribían. En el rock y el punk la primera persona se atestigua. Si cantas, quiero que lo que me cantes suene como si te estuvieras abriendo la panza por la mitad para enseñarme las entrañas, no me cantes más ostias de tías que te parten el corazón y suena a cliché porque para eso ya está el pop. Sonar auténtico es un santo grial del que no todos consiguen beber. Por eso, no es cualquier cosa resumir a una banda diciendo lo que sigue:
Los Putakaska suenan auténticos. 
Oli tiene una presencia demoledora. No hace falta que se mueva para que ocupe todo el escenario. Agarra el micrófono como si estuviera apretándote las sienes para que estalle tu cabeza. Mientras, a su vera, guitarrista y bajista ponen la electricidad y los coros que son al punk lo que el oro al cofre del tesoro. Al fondo, como siempre, el batería que teñía camisetas de sudor, mientras agrieta parches y atornilla aún más fuerte ese gorro que cuando se lo vaya a quitar, van a tener que hacerlo a rosca. Da igual que metan la pezuña, que el sonido no sea el mejor, que el público vaya y venga, que no tengan todo el tiempo del mundo. Lo que hubo fue más que suficiente para aprender que el punk de verdad se hizo aquí tanto como en las costas americanas y en las islas británicas. Y no hace falta leerlo en los libros: lo puedes ver aún en directo o escucharlo en el cromo y el vinilo. 

Una última cosa: es domingo. La peña andará de resaca o durmiéndola. Llego con un día de retraso y estoy en una cafetería tomándome un café a las doce del mediodía mientras por detrás las motos corren desesperadas por un circuito que no les lleva a ningún sitio. Es decir: el contexto más punk del mundo para escribir esto. Pero es lo que hay. Termino dándole las gracias a la recomendable publicación Rock Attitude Facezine, a quienes les he robado la fotografía y me despido. Creo que aún me quedan un par de entradas antes de cerrar las fiestas, pero, de verdad, como decía mi abuela, estoy astragado. Necesito leer el listín de teléfonos y escribir de ajedrez, tomar distancia, aunque, probablemente, las ganas me vuelvan antes de que pueda si quiera escribir la palabra peón.

sábado, 16 de julio de 2016

TurboFuckers



Bien, bueno, me siento como Amy Winehouse en Belgrado. No quiero cantar, de verdad, tíos. Me iría a mi casa, pondría Teletienda y me pasaría todo el día viendo cómo cuando respiro se hincha y se deshincha mi barriga. No estoy yo muy rockanrolero hoy. 

Ayer, sí. Ése es el problema. Entré en el Cuervo y fue como si existiera la sinestesia y pudiera oler los colores, ver los aromas, y todo olía, sabía, se percibía como simple y puro y prístino rock'n'roll. El anagrama de la banda, la bandana pachuca del bajista, los parches del guitarrista, sus poses, los tatuajes, sus letras, las glosas entre canción y canción, el respetable... y, por supuesto, claro, las canciones. Puro y prístino rock'n'roll. Si esta banda consiguieran que la RAE les otorgara el dudoso honor de entrar a formar parte de sus orondos diccionarios, una de las acepciones debería decir simplemente que TurboFuckers significa y funciona como sinónimo de rock'n'roll. Puro y prístino que ya lo he dicho dos veces y con esta tres.
Había oído hablar de ellos porque aunque aún no hayan grabado larga duración (ahora se aprestan a ello), llevan un buen tiempo pateándose escenarios y, precisamente, en fiestas del Carmen, ayer mismo, cerraron la extensa gira para concentrarse en el estudio. Había oído hablar de ellos, también, porque estos tres tíos no han salido de la nada ni llevaban tiempo retirados en Alaska o algo así. Antes que TurboFuckers fueron Bugatti o BC Bombs. Vamos, que oír había oído, pero ver, aún no habíamos visto nada. Y aunque volviéramos a llegar tarde, ayer lo vimos claro en el Cuervo: sonido cojonudo, canciones redondas como un buen parietal, mucha actitud y solidez instrumental y lírica. Las sensaciones fueron buenas y el juicio de las que me acompañaban fundamental: "A mí me han sorprendido gratamente", dijo una. La otra, a las nueve de la mañana y casi de empalmada, ha mandado un WhatsApp que decía: "Yo aquí estoy escuchando a los TurboFuckers en el Bandcamp". Podría añadir una frase más con la última palabra rimando en asonante con la letra "a" pero creo que no me va a hacer falta para sonar contundente y celebrar la victoria aplastante de los TurboFuckers. 
Dijo el cantante y se me quedó grabado: "Los punkies de verdad usamos laca y llevamos tacón, pero aún podemos patearte el culo". Yo te aseguro que el mío lo pateó con su elegante gibson, pero, a lo que iba, en esa frase tienes resumido de qué va esta banda: desde el glam hasta el punk porque antes que los Ramones fueron los New York Dolls, rock and roll en sentido amplio desde Suecia hasta Carabanchel pero siempre con buen volumen y buena facturación. Tendrán, además, todos los complementos que un manual describiría para unirse a la tribu, pero no ejercen el postureo ni parece que se hayan disfrazado para la ocasión, si no que resultan genuinos y veraces. 

Bien, ya está, hasta aquí. Yo salí de ahí y ahora quiero salir de esta entrada con la barbilla alta, que es imposible, pero una digna pretensión. Me queda una de escribir y no sé si voy a llegar. Yo ahora mismo me cogía el autobús y me gastaba el creditrans aunque solo fuera para ver el mundo pasar por la ventanilla. Que sí.  

Los Pirris



Petao. 
Los veteranos al fondo, como si nos hubiéramos tomado en serio esa frase tan de película que pide que se salven primero las mujeres y los niños. Niños, no, pero savia nueva, sangre fresca, relevo generacional, llámalo como quieras, ya había ayer en un Tubo...
Petao. 
(Cuando leas Petao tienes que echar la cabeza para atrás y llevarte la mano derecha a la entrepierna para rasgarte la bragueta mientras la izquierda sostiene un mástil imaginario. Haces el punteo en el aire y regresas la cabeza para adelante como si fueras a seguir cantando:)
Pe-tao!
(¿Lo oyes?)
Los Pirris se mantenían en equilibrio sobre el escenario, bien ordenados y peripuestos, hasta que empezaron a sobrar las camisetas. Pedían más cerveza, interactuaban con la primera fila, se buscaban las cosquillas y afinaban todo el rato. Cuando entramos ya estaban probando. Estuvieron a punto de empezar pronto y acabaron empezando tarde. No consiguieron, sin embargo, que aquello funcionara bien del todo: las voces las trataron tarde y la base rítmica, sobre todo el bajo, estaban excesivamente altos y el volumen...
... petao.
Sinceramente, quiero verles dentro de diez años. Los Pirris me sonaron a libro de texto del rock and roll. Una raíz instrumental que se hundía en Chuck Berry, Leño, Loquillo, New York Dolls, el blues con más funk, vamos, a todos lo que entran para examen. Añádele letras canallas, voces a dos manos, estribillos pa tatuarlos y mucha velocidad. Ahí tienes eso que llamaron rock callejero, o quinqui, o como pollas quieran llamarlo. No suena nuevo, pero, curiosamente, suena auténtico. Suena de verdad. No sonaba a que los Pirris nos estuvieran vendiendo crecepelos mágicos y trasnochados, qué va. Y por eso y por más, se disfrutaba, te temblaban los tobillos y sobrevivías dentro de aquel garito que ya sabes, estaba...
¡¡Petao!!
Había escrito un par de consejos para terminar, pero luego me ha dado una vergüenza que te cagas. ¿Yo dando consejos? ¿Y quién me da a mí dos ostias? Así que lo he borrado. Y ahora te lo digo para que te des cuenta de una vez por todas que el párroco de tu barrio tenía toda la razón y el rock and roll es el puto demonio. Acabo de levantarme esta mañana con una posesión infernal que no veas. 
Ya sabes:
P
E
T
A
OOOOOOOOOOOOOOO 

miércoles, 13 de julio de 2016

Los Plomos



  

“No somos modernos, marcamos tendencia”
Char-Lee Mito (Los Plomos)


Ya han empezado cuando llegamos. Le pregunto a Lo Pi si llevan muchas, y me dice que no lo sabe pero cree que aún están tocando la primera. Poca gente. Otra cosa: con toda la banda subida ahí arriba, la tarima parece una balsa y el Cuervo, la deriva. A Melena Simone no se la ve. Fernando Ulzión la protege como hacía Frank Farmer con Rachel Marron. Si Rioja mira a un lugar subterráneo, Mito mira al infinito. Estuve por darme la vuelta y averiguar qué coño miraba. Pero me habría sentido aún más gilipollas. Me dejan solo, pero me quedo. Me doy conversación interior. También, de vez en cuando, disfruto viendo como disfruta Brutus. Y ya está.

Comprando tabaco en el estanco, sorbiendo café en la cafetería, esperando en el semáforo, no te voy a decir que en la ducha, pero casi, también en el ascensor, limpiándome los dientes, atándome los cordones, fregando la sartén, leyendo el periódico, comiendo macarrones, hasta viendo el Sálvame en casa de mi suegra. Todo el día llevo intentando que se me ocurra una manera original, distinta, subversiva, divertida, ingeniosa, traviesa, que cree tendencia, no moderna, obsolescente, punk, de contar el concierto de Los Plomos ayer en el Cuervo.

No se me ha ocurrido nada, así que sigo:

Lo primero que pienso es lo siguiente: pues va a resultar que son más punks de lo que me creía. Y no lo pienso porque hasta tres personas distintas me digan lo mismo al oído: “Yo creía que eran más garajeros”. Lo acabarán siendo. Los que se fueron, volverán. Y, al final, todos los presentes acabarán contentos porque “Zapato de pie humano”, “Melanina” y “Heces On My Shoes” hacen las veces de triunfante traca final. Yo entiendo que canciones como “Ozú”, “José María Iñigo (El horror)” o “A currar” no son aptas para todos los públicos. “38 Coins” (o "30 monedas", lo que sea) para empezar es como desayunar chanfaina en pan de hogaza. Los Plomos podrían ser el grupo preferido de un Léo Lauzon de erasmus en Pamplona. La disonancia, la polirritmia, la falta de dulzura y condescendencia, la ironía, la sequedad melódica, ese saxo que aparece en la espesura como un funambulista extraviado. El Comité de Censura seguro que les hubiera concedido dos rombos mayúsculos. Y ya está.

Viendo la Patrulla Canina con mi hija que se afana por abrir la galleta en dos y robarle todo el chocolate al Príncipe. El Ryder este me cae de culo, pienso. Me doy cuenta de que ya he dejado de pensar en Los Plomos y en los planetas del sistema solar. Y no se me ha ocurrido nada, anda que... 




Lo Pi, te devolveré el set-list... si lo encuentro, que no sé dónde coño lo he metido.

Southern Lights




Lo novedoso, quizás, fue que el concierto era al aire libre. Esto tiene su cosa. Se empezó con el cielo lucido, la luz vibrante y mucha gente alrededor. Se terminó justo cuando empezaba a llover y no hubo bises ni tiempo para sacar el paraguas. Entre la calma y la tormenta, los Southern Lights se dedicaron a hacer lo que saben: música, claro. 

Con canciones ajenas y mucho virtuosismo, lo más llamativo es que hagan lo que hacen sin entrenamiento ni instrucción. Lo dijo Gonzalo Portugal en algún momento, que aquello era casi un ensayo. Tanto el batería Aritza Castro, protagonista del día incluso para sus compañeros, como el ya mencionado guitarrista y cantante, tienen otros proyectos. De hecho, luego nos chivaron que Last Fair Deal está a punto de sacar nuevo material y empezamos a segregar saliva y jugo gástrico. Además, el Rúa, bajista que faltaba por mencionar, tiene este próximo sábado la tarea de revivir a los Tupanca Corral, en un concierto que, probablemente, nos perderemos pero con dolor. Con tanto en la agenda, supongo que queda a cuenta del talento innato que sean capaces de ponerse ahí y no dejar en mal lugar a los músicos que versionearon, repasando blues, rock and roll y demás estándares de la música como si se tratara de una enciclopedia en tres d. 

De hecho, y se me va a perdonar la expresión fuera de lugar, casi que dan asco de la facilidad con lo que lo hacen todo. Se les ve tan cómodos haciendo redobles y rasgando las cuerdas, que solo les falta ponerse las alpargatas y echar una cabezada. Creo que hubo pocos de los muchos que se reunieron junto a las escaleras del Eguzki (mira que no habrán visto cosas esos peldaños) que no compartieran, para la ocasión, una opinión positiva. Quizás faltó el desconcierto (tío, que palabra más mal traída), la salida de tono, el renglón torcido. Pero empiezo a pensar que yo tengo un problema espiritual con las cosas bien hechas; debería explorar mis memorias infantiles porque algún tipo de trauma debí adquirir con las manualidades en el colegio o algo así.

A parte de eso, un concierto al aire libre en una calle transitada tiene su aquel. La charanga que se para y toca jazz y, por un momento, Barakaldo se acerca lo más que puede al French Quarter. Aquel señor, con pintas de ser un emigrante de los de primera generación, que se puso a bailar y ya no paró. Un olé para él. Niñas adolescentes de pantalones mínimos que pasaban tapándose los oídos. Padres de familia que detenían a sus hijos aunque estos no estuvieran por la labor. Gente cansada que venía de trabajar y no tenían el cuerpo para carantoñas. Todos pasando por delante del power trío barakaldés como si estos fueran una televisión encendida en el fondo de un bar a la hora del vermú. Es la constatación de la multiplicidad y complejidad de la rutina urbana y de los ritmos modernos: no hay nada que detenga la fuerza de la realidad. Ni tan siquiera hay forma de quitarme de las manos el ordenador y que deje de escribir estas frases chorras que no dicen nada. Mejor me dedico al anecdotario, porque si hablamos de frases, de música, y de cómo participa la luz en un concierto al aire libre, dejadme que acabe con la frase del día, llena de música y de luz. Contexto: llega E tarde porque viene de currar y en esto que le pregunto y ella me contesta con tanta naturalidad que hasta los Southern Lights parecen parar al compás:

- ¿Has vendido muchas lámparas?
- Calla, estoy hasta el moño de iluminar vidas. 

lunes, 11 de julio de 2016

The Ribbons




No pienso hacer ni una sola coña, por mucho que rime, sobre el grupo vocal femenino de los años 60. Yo también he escrito The Ribbons en el buscador de imágenes de google y me las he encontrado en los resultados.

Era curiosidad. Después del concierto de ayer, me dio por averiguar más cosas esta mañana, mientras fumaba y bebía café como si fuera lo último que fuera a hacer en esta vida, y por eso me puse a jugar con buscadores de internet. Ya sabes, como las vecinas del pueblo cuando llega un forastero. Que quién será, que de dónde vienen, que de quién son. El tío ese que se llamaba como yo y le echaron del colegio lo explicaba en El guardián entre el centeno, que los libros buenos son esos que después de leerlos te apetece coger el teléfono, llamar al tío que lo escribió, e invitarle a unas cañas para charlar un rato. No sé si llegó a tanto lo de ayer, pero, por lo menos, curiosidad (y resaca), sí que tenía esta mañana. 

Los Ribbons sonaron bien. Muy bien. Buen sonido, bien trenzado. No se salen de los renglones. Si tocar música fuera como pintar libros para colorear, no se salían de la línea en ningún retrato. No estoy siendo irónico ni por el forro, perdón si lo parece. De hecho, busco lo contrario: ser taxativo, que siempre ha sido una palabra que me gusta porque suena así como taxátiva, Valencia, no sé. De verdad: buena base rítmica, riffs a punta pala y bien horneados, pandereta, coros a tutiplén y bien surtidos. Incluso tienen genio, arrebato, acordes para rato. La chica tiene una voz de conjuro, de las que hechizan, con mucho fondo, con distintos matices, de aquí me suena a Chrissie Hynde de aquí a Hutch Harris. Muy limpios, con ímpetu, bien, muy bien. Lo dicho. 

Y aún así, igual como que demasiado, no lo sé, no sé cómo explicarlo. Faltó algo, la sorpresa, el "esto no me lo esperaba". No lo sé. Suena hasta imbécil que yo diga esto habiendo dicho lo anterior y no teniendo carné de manipulador, pero lo digo, de verdad, sin ánimo de estropear lo que he dicho antes. Más aún cuando cerraron con un final atronador, muy persuasivo, como hay que cerrar los conciertos, prometiendo más que clausurando, y encadenando tres canciones que incluyen en su maqueta Jelly Movement: "Ladyboy", "Hey you baby" y un "Too Drunk for your Love" a modo de lacrado. Además de esto, creo que tocaron el "Girl U Want" de Devo, que, por cierto, fue objeto de uno de los videos más surrealistas de la historia de la música y que he tenido a bien recordar esta mañana porque, además de curiosidad, también me entró nostalgia. Es lo que tiene la resaca del lunes: pasas del on al off casi sin darle al botón.

La gente alrededor de mí acabó contenta, sorprendida y alguno con ganas de salir de allí antes de que le diera un soponcio, pero no por la música, si no porque el Tubo estuvo petado y respirar era algo parecido a buscar espacio durante el chupinazo de San Fermín en la plaza del Castillo. Y no me preguntes por qué hablo de esto aquí y ahora porque no me he puesto un fajín rojo en mi vida. 

Y eso. Paro. Hoy descansamos, que ayer hubo para mucho. Además de rock and roll, conversaciones a la fresca mientras unos niños hacían coreografías sobre un escenario municipal, visita al Panorama, descubrimiento musical gracias al móvil de Txelu Losa (pero no diré más) y hasta lomo con pimientos en versión reducida mientras se lucía el dj en el tablao. Vamos, que suficiente para pedir hoy un respiro, y mañana volvemos con Los Plomos y algo más. Es un chiste fácil, pero es verdad: los míos andan que se van a fundir ya y esto acaba de empezar.

Paniks




Esta mañana ha costado ir a currar. Pero he currado. También he vuelto ya. Y aquí estoy, tú, en el sofá de casa. Solo. Y qué. 

En julio, los domingos sin fútbol pero con conciertos en directo tienen más peligro que un gilipollas charlatán delante de un teclado ergonómico. Para inspirarme, he encontrado, detrás del mueble bar, el The Dead Tapes que los Paniks grabaron, en split, con Jesus Racer Rockandroll Trio. No me inspiro para nada, pero, por lo menos, estoy haciendo ejercicio. La cara de los Paniks apenas dura seis minutos para tres canciones. Cuando terminan la versión de Los Saicos, me levanto, y vuelta al principio. Aún no he empezado a hablar del concierto de ayer y ya me he levantado media docena de veces. Al final, ja, voy a hacer abdominales, je.

¿Sabes cuando estás viendo un concierto y te dices en silencio, cómo coño se mantiene en pie este puto edificio? Te fijas en que el bajista se fija en el guitarra rítmico y el batería en el bajista, como si estuvieran siguiendo una pista que les va a llevar, definitivamente, al tesoro escondido. Pues en los Paniks, tiene coña, todo el mundo mira al Rioja. Pero no miran su guitarra, si no que le miran a la cabeza. Parece que de ahí es de donde sale todo. Mientras tanto, el Rioja no sé a dónde mira, pero mira para dentro, y debe ser un sitio de lo más tentadoramente perturbador. Juraría que al comienzo del concierto tocaron una canción en la que ambos guitarristas se repartían las tareas con un acorde para cada uno, a lo sumo dos, para qué quieres más. Si eso no es minimalismo que venga aquí Marcel Duchamp y me lo explique, por favor. 

Si de paso me explicas quién era Duchamp, fetén. 

No se escuchó muy bien al Rioja. La mano de Zebu va tan rápida que, en el lejano oeste, hubiera sido el forajido por mucho que a él le pegue más ser el encargado del telégrafo o algo así. Al final del concierto, ya entraban los aromas de la barbacoa. Poca gente, pero decían que era mal día. No lo sé. Cuando terminaron, que lo hicieron igual que empezaron, porque los Paniks no suelen entender de holas y adioses, nos salimos fuera a respirar y fumar, hasta que salió digamos que "Innombrable" Monasterio y dijo una de las muchas frases memorables que soltó anoche pero lo voy a dejar en ésta: "eh, el que quiera que entre, que aún queda alguna más". Si eso no es punk que venga aquí Marcel Duchamp, da igual, y que me lo explique también.  

El resto fue lo de siempre: una esfera. Yo cuando escucho a los Paniks veo a la gente como llevando escafandra, como si estuviéramos colonizando Marte. La música se vuelve tierra, polvareda. Te metes dentro de la cúpula y solo regresas a la realidad cuando ella te dice: "Zebu cómo se concentra, parece que está resolviendo logaritmos". Sonríes, dices que sí con la cabeza, y vuelves a tu cúpula particular. Se puede explicar mejor, pero me la refanfinfla. Ellos empezaron 47 minutos tarde y alguno a mitad de canción preguntó que cómo seguía. Si ellos pueden, ¿por qué yo no?

Como decía Antoine Batiste: "I ain't no grown-up. I'm a musician, goddamn it". 

¿Y ahora qué? Sentado en el sofá, solo. Billy Childish por vena vía pánica y ya está. Aprietas "publicar" y se acabó. Esto era todo. Tanto tanto y luego tan poco poco.



domingo, 10 de julio de 2016

Gran Tío



Y seguimos al lío, pero, si se me permite, empezaré al revés. Dejadme que mencione a los que no vi ayer, porque fue entrar a El Tubo y caerme la bronca. Siento, lamento (flagélome) no haber podido asistir al concierto de Magnetico Grupo Robot, igual que debo empezar a investigar qué me pasa a mí con los 2lería. Van tres seguidas que me pierdo, si no cuento mal. Tres ocasiones perdidas, pero qué se le va a hacer. También me perdí a Audiencia Nacional y ¿a quién más? A Los Roñas, que no son una leyenda urbana, existen; y a Guerrilla Urbana, que también existen, aunque lo hagan una hora antes que nosotros, y viajaron ayer desde Canarias para recuperarla y tocar en Barakaldo. Lo advertí en la primera entrada y lo repetí en la segunda (también en ésta, qué lo voy a hacer, yo soy así y así seguiré), que eran más los que me iba a perder que los que podría ver. Creo que debería fichar a Josu Mellid para substituirme. Está en todos, siempre en primera fila, y dando el máximo. El puto amo.
A los que sí pude ver fue a Gran Tio, y lo hice con Patxi Harper a mi vera, con lo que eso ya son palabras mayores, casi como un tribunal de quinta y sexta. Cuando estás con alguien que sabe y si no sabe, aprende, es mejor que calles y escuches, y te guardes las vergüenzas. Por eso, me puse más serio que nunca y de perfil, como salían los tíos listos en los daguerrotipos de antaño. Si hubiera tenido barba, me la habría rascado como hacía Valle Inclán, pero no la tengo. Seguí, por lo tanto, muy atento a los Gran Tio, aunque a estos tíos, puedes verlos en dos modos, como cuando eliges con o sin picante tu kebab de resaca. O bien los ves como los vi yo: atento, deductivo y moviendo inconscientemente el tobillo izquierdo. O bien los ves como los vio la chica a la que le dedicaron la versión del "Autosuficiencia" de Parálisis Permanente: cautivada, campante y retorciéndote como si la música fueran descargas eléctricas. De cualquiera de las dos formas, se disfruta, supongo. 
Al menos, yo no vi a nadie disgustado por allí. Y eso que empezamos el concierto con la gente justa para echar un partido de fútbol sala, pero luego se fue animando la cosa. Y se lo merecían, porque, ya desde que empezaron, me quedó claro que todo iría mejor con la confabulación del público. Ellos ya pusieron de su parte: tenía ganas de empezar y empezaron al cuello. Tienen un sonido rockanrolero con actitud punkarra, que, de vez en cuando, varía para el otro costado, y se convierte en punk con actitud rockanrolera. Buen guitarrista que domina los punteos clásicos, pasando de Chuck Berry a Robert Quine sin pudor, aunque el significado de esta última palabra carece de sentido aquí cuando tocas en gayumbos y aún así queda elegante. Igual que el cantante, aunque éste, al principio y al final, también lució batín de leopardo. Al bajo, Tejo, que se acercaba al público sin miedo, con su precioso Rickenbacker a modo de tótem al que adorar. Y, al fondo, un batería al que sus compañeros colmaron de loas, merecidas, tenga los años que tenga, por cómo tocó el instrumento. Cerraron con un "Born to Lose" que funciona a la hora que sea, porque creo que Johnny Thunders regresa a la vida cada vez que alguien toca esta canción y no queda más remedio que seguirle el ritmo al neoyorkino renacido.
Resumir es difícil, pero siempre hay que ponerle un cierre a estas entradas, así que diré que lo de ayer fue algo que no olvidaré, aunque sea porque no colmugaba desde que me vistieron de marinerito con nueve años, y jamás pensé que volviera a hacerlo y que lo haría con cecina. Conocía de León lo difícil que es orientarse a las tres de la mañana por el Húmedo, pero, a partir de ahora, diré que soy fan del folclore musical de la zona. 

Posdata: 1) La foto robada de su propio facebook, lo siento. No tenía otra cosa y están los cuatro bien guapos en ella. 2) El uso de nombres propios en este blog está penado por la ley del talión, así que como he pecado, pido perdón a los afectados y les retribuiré de la misma manera: no me llamo Holden, me llamo Ángel, si me veis por la calle, podéis soltarme una toba. 3) Debería estar echando la siesta, y quizás por eso, me ha salido un churro de entrada. Perdón. 4) Prometo que en la próxima entrada, no hay posdatas.    

sábado, 9 de julio de 2016

Tiparrakers



Ahi estaba José María, invitando a una ronda al personal, haciendo equilibrios sobre el tablado, con cuidado de que no le graparan los pies. Empezó el concierto en el suelo, terminando de masticar la cena, en pantalón corto y con camiseta de los Angry Samoans. El tío tiene cuajo y desparpajo, la voz severa que se necesita para recitar esas letras que parecen facas invisibles pero venenosas. Se posa sobre el acantilado del escenario, guardando el equilibrio como si alguien hubiera tallado a Henry Rollins en el mascarón de proa. Se quita las gafas, sube las cejas, tuerce los labios y a mí me recuerda a Stanley Tucci pero quedaría perfecto para una de esas eléctricas fotografías en blanco y negro que le sacaban a Rollins cuando empuñaba el micrófono para Black Flag. 
Fue al que más se le escuchó. No es el cantante de los Tiparrakers de los que te dan la soba con parlamentos entre canción y canción, pero tuvo tiempo de hablar del tofu, de los Sex Pistols, practicar el catalán y dar las gracias por tocar en el BBK Live. Todo con frases cortas, punzantes, directas a la yugular. Casi que como son las letras de los Tiparrakers: ironía de la bien fundamentada y frases claras e inmediatas. 
Detrás de él, estaban los demás. Un bajista que toca como si tuviera que elegir entre el cable rojo o el azul para desactivar la bomba y el cabrón siempre acierta. Un guitarrista del que, si yo tuviera algo de idea de música, te hablaría de la distorsión que usa, y como a veces su guitarra suena a una psicodelia tan apartada del punk y el hardcore que sirve de testimonio para dejar claro por qué esta banda no es una más del montón. Y, finalmente, por supuesto, ahí al fondo, superando la urticaria que a buen seguro le entraba entre el sudor y los muchos símbolos rojiblancos que le rodeaban, el batería de muñecas contorsionistas, que lo mismo atiza de perfil que de selfie, mirando de reojo que clavándole el ojo a los parches. 
Te aseguro que eso no son los Tiparrakers, si no, simplemente, cómo los veo yo en un rincón, kalimotxo en mano que me he vuelto a los caldos del pasado, jugando a que entiendo el jeroglífico aún y cuando no sé distinguirlo de un frigorífico. 
Por no saber, no sé decirte ni qué tocaron, pero sé que sonaron canciones de sus tres álbumes y puede que hasta alguna nueva, aunque aquí me esté tirando un farol. "Enemigos todos", "Mundo raro"... una "Demoledor" dedicada a los puristas que no puedo evitar siempre pensar que ojalá no la escuche nunca algún podemita de esos que infestan las redes sociales porque le cambia el estribillo y acaban sacándose un himno electoral: "aunque tú / hace tiempo / sabes bien / que eres de pode..." Demoledor, mejor, sí.  

En resumen, sigo con lo dicho en la entrada anterior. Hoy empiezo a perderme conciertos, pero ya lo advertí: durante los Cármenes, todo aquello que vea, lo dejo aquí registrado para vergüenza propia. Encabeza el grupo que sufre mis soplapolleces e intento ser breve que casi nunca lo consigo. Ayer fue el primero y les tocó a unos Tiparrakers que jugaron a la perfección su papel como inauguradores, dejándonos con ganas de más y con esa alegría de ver hecho el sueño realidad: empiezan las fiestas y la música en directo y los bares como un Cuervo bien repleto y acogedor, nos hacen la vida más luminosa y excitante. El Limo andaba nervioso, el Kalbo de gaupasa, pero lo que queda claro es que esto funciona y los Tipa, como les llaman sus allegados, que yo probablemente no debería permitírmelo, demuestran que nos pasamos toda la puta vida tragándonos nombres impronunciables y letras que no entendemos cuando tenemos en casa, en la puta ciudad higienizada de urbanitas con barbas pobladas y teterías con bicicletas retro haciendo de floridos tiestos,  el mismo calibre de rabia e ingenio. 

Volveré, aviso, si lo leéis es porque os da la gana, no me vengáis luego con que si la abuela fuma. Y, como dijo José María al terminar: "Ala, ya está, se acabó, iros a tomar por culo".




Posdata: 1) Que si se llama José María... probablemente, no. Yo destripo el chiste y cada uno que aguante su vela. 2) No teniendo otra mejor, pido perdón a La Fonoteca por apoderarme de una imagen que he encontrado en un buscador de internet y aparentemente les pertenece. 3) Es sábado, hace sol. He pedido favores para tener media hora y esconderme en una cafetería para escribir esto. No doy para más: cualquier error, exageración, falta de humor, opinión ridícula y/o gimoteo plañidero como éste no tienen excusa, pero, en parte, sí la tienen. 4) Perdón por todo tipo de palabra malsonante que se use en este blog y que no resulte lo suficientemente malsonante.

miércoles, 6 de julio de 2016

Fiestas patronales sin patrón...




... porque éste es más bien el cartel de los obreros. Barakaldo siempre ha sido territorio de peones, matriceros, soldadores y parados. Una ciudad a la que en los años ochenta le faltaban aceras y le sobraban policías. Todo ha cambiado, por supuesto, pero siguen quedando algunas cosas que se repiten: las ganas de divertirse y la reivindicación. Lo subterráneo, también. Si quieres entender, por ejemplo, la historia de la música en este pueblo, te tienes que agachar, tienes que meter la cabeza en el sótano de un quiosco al que llamaron "búnker" y, ahora, en el presente, si quieres reconocer cómo ha pasado el tiempo, lo que se mantiene y lo que ha mutado, también tienes que hacer espeleología, pero, esta vez, en la oscuridad, en el fondo tenebroso de los bares y locales que organizan y acumulan una oferta alternativa que, para muchos, para todos aquellos que leemos la lista de conciertos oficiales de las fiestas del Carmen 2016 y nos entra una congoja y una modorra insuperables, es agua fresca cuando tienes sed, pan tierno cuando tienes hambre. La veta escondida en el fondo de la mina. No sé qué sería de nosotros sin estos patrones que no oprimen al trabajador.

Pues aquí va la lista. La dejo por escrito para que no os perdáis ninguno (que va a ser imposible) y hagáis lo posible por cubrir los muchos huecos que intuyo que voy a dejar yo sin cubrir en este blog. Mi intención es hacer lo mismo que hice el año pasado: una entrada por cada concierto que vea en directo y encabezada por el grupo en cuestión. Sin embargo, sospecho que este año me voy a perder incluso más que el año pasado, así que os invito a que vosotros no lo hagáis y, si queréis, dejéis aquí recordatorio de vuestra experiencia.

Antes de pasar a la lista, una cosa: no están todos. He añadido aquellos de los que he recibido noticia o de los que he encontrado información. Por ejemplo, sé que la histórica Taberna Eguzki tenía intención de hacer algo de blues al aire libre, y, si no me confundo, iba a actuar al pie de las escaleras más famosas de Barakaldo el grupo local Lomoken Hoboken, omnipresentes y recomendables. No tengo los datos exactos, y por eso no están en la lista (y... ya están en la lista, porque ya me lo han chivado, pero paso de corregir también este párrafo). Igual que faltarán otros y estoy dispuesto a incorporarlos si alguien me hace llegar la información.

Todo lo que añada mejorará una lista que, ya de por sí, podría cubrir las expectativas de un buen festival que pase de nombres rutilantes, cachés inalcanzables y posturismo de moda. Hay de todo un poco. Regresos muy deseados (MCD, Tupanca Corral), matrimonios bien avenidos (Los Roñas y 2lería), gente que se prodiga poco (Tiparrakers), clásicos de la escena local (Putakaska) y de la nacional (Guerrilla Urbana), debilidades de este blog (Paniks), grupos en forma (TurboFuckers, Lomoken Hoboken, Los Plomos, James Room...) o potenciales sorpresas (Los Pirris, Gran Tío, Magnético Grupo Robot). Desde Canarias hasta Francia, pasando por Logroño, León, Santander, Benidorm y, por supuesto, una buena representación local porque lo ajeno no le quita prestancia a lo propio y todo el mundo necesita subirse a un escenario y gritar lo que demonios quiera gritar para que le escuche quien demonios quiera escucharle.

Dicho esto, ahí va la lista. Y veneres a la virgen o pases de la fé, tenla en la música y venérala en directo. Disfruta de una semana de aúpa en la que los templos de la juma y el bureo estarán abiertos para celebrar la cultura autóctona y subterránea. Vete haciendo un planin:


Viernes, 8 de Julio de 2016

Tiparrakers, El Cuervo, 21:30
The Northagirres, El Ampli, 22:00

Sábado, 9 de Julio de 2016

Magnético Grupo Robot, El Tubo, 13:00
Gran Tío, El Tubo, 19:00
Audiencia Nacional, La Riojana, 20:00
Los Roñas y 2lería, El Cuervo, 21:30
Guerrilla Urbana, Rock eta Golak, 22:00, 3 euros

Domingo, 10 de Julio de 2016

Chivo, El Tubo, 13:00
Paniks, Rock eta Golak, 19:00
Electric Funeral, El Cuervo, 20:00
The Ribbons, El Tubo, 21:00
SK Live, El Ampli, 21:00

Lunes, 11 de Julio de 2016

Paralitikos, El Tubo, 20:00
Unnamables, El Ampli, 21:00
Moon Shakers, El Cuervo, 21:30

Martes, 12 de Julio de 2016

Jardín Infierno, El Tubo, 20:00
Southern Lights, Eguzki, 20:00
Lowe, El Ampli, 21:00
Los Plomos, El Cuervo, 21:30

Miércoles, 13 de Julio de 2016

Nalga, El Tubo, 20:00
Rock Alcohol, La Riojana, 20:00
Meibi y los Vietnamitas Blancos, Eguzki, 20:00
Skimales, El Ampli, 21:00
Obsesión Fatal, El Cuervo, 21:30

Jueves, 14 de Julio de 2016

The Barrenos, Rock eta Golak, 20:00
Lomoken Hoboken, Eguzki, 20:00
The Crow Farm, El Tubo, 20:00
Deborah Riff, El Ampli, 21:00
MCD, El Cuervo, 21:30

Viernes, 15 de Julio de 2016

Los Pirris, El Tubo, 20:00
Meibi y los Vietnamitas Blancos, La Riojana, 20:00
Rock'n'Roll Express, El Ampli, 21:00
TurboFuckers, El Cuervo, 21:30
Putakaska, Rock eta Golak, 22:00

Sábado, 16 de Julio de 2016

Vomitando Desperdizios, El Tubo, 13:00
The Long Johns Band, La Riojana, 20:00
Punko UK, El Tubo, 20:00
Tommy Lorente, El Ampli, 21:00
James Room, El Cuervo, 21:30
Tupanca Corral, Rock eta Golak, 21:30

Domingo, 17 de Julio de 2016

Diablo Cuney, El Tubo, 13:00
Al Karpenter Ensemble, El Tubo, 20:00


Posdata: Repito, pido perdón a aquellos bares que hayan hecho el esfuerzo de hacer oferta y no se encuentren en esta lista. Tampoco creo yo que estar aquí dentro sea mucha fuente de alegría o reputación, pero si quiere o quieren estar, no tendré problema en ampliarla. Ya, de paso, pido perdón si hay alguna errata en los nombres de las bandas o en los horarios de los conciertos. Dispuesto a corregir lo que sea.

Ale, a sonreír, como Lead Belly y señora.