domingo, 30 de octubre de 2016

En medio de los demás



Esta mañana me he acordado de Rust Cohle: "We are things that labor under the illusion of having a self; an accretion of sensory, experience and feeling, programmed with total assurance that we are each somebody, when in fact everybody is nobody." No sé muy bien cómo leer esto, pero yo lo entiendo así: vivimos creyéndonos que nuestra ilusión de ser importa, cuando, en realidad, somos diminutamente insignificantes en medio de una multitud de gente con el mismo superpoder que el nuestro, el de ser personas individuales con conciencia de sí mismos. La cita no me la sabía de memoria, la he buscado, pero sí que recuerdo a Cohle, con su enorme bloc de notas, diciendo aquello como si estuviera explicándole una incidencia al servicio técnico de su compañía telefónica. 

Ir a un festival de música es una oportunidad pintimparada para convencerte de este sentimiento y, de paso, usar una palabra como pintimparada. En medio de los demás, prestándole atención a otros encumbrados sobre un escenario, creyéndote que tu juicio y tu gusto proceden y conciernen, no es difícil que, si estás atento, te den ganas de descubrir la humildad y el sentido del oído más que el de la plática. Más aún cuando, en ese mullido y multicolor grupo de gente, tú te sientes apartado e incómodo por más que intentes integrarte.
 
Seamos sinceros. Este año, en el BIME, yo entré así: por la puerta, como todos, pero desconcertado. Después de que me pusieran una pulsera con una especie de microchip, me cachearan y me pidieran que colocara esa misma pulsera junto a una pantalla en plan Misión Imposible, me encontré con Javiera Mena vestida como Diana de V bailando con un grupo de alumnas de Eva Nasarre. De reojo, me cegaban los píxeles ochenteros con el nombre de Edwyn Collins mal escrito. Alguien me explicó que tenía que ir a hablar con un adolescente para que mi dinero se transformara en plástico. A partir de entonces, bebí pagando mis consumiciones con un giro de muñeca (cashless lo llaman porque el castellano es wordless). Todo esto mientras miro obnuvilado la decoración de mecanotubo con tubos fluorescentes. Ya no sé qué quería decir, pero es una sensación muy extraña sentirse fuera de lugar en un lugar que parece que se parece a los que recuerdas de tu juventud. 

Como todos tenemos superpoderes y un sentido muy afectado de nuestra individualidad, las opiniones y las experiencias dentro de un festival son siempre diversas y nunca unánimes. Yo no voy a hablar de lo que no me gustó, porque, probablemente, solo sea capaz, si lo hago, de mostrar mis carencias, y creo que, a los que leen este blog, ya les tengo cansados de tanto autodesprecio. Así que me voy a concentrar en lo que disfruté, que fue poco, pero bien disfrutado. Vamos a ello:

Prácticamente, dos conciertos: Richmond Fontaine y The Divine Comedy. Y detalles, momentos, algo: apenas pude ver una pequeña parte del concierto de Nacho Vegas, y lo que escuché, me gustó. Lo hice a pie de pista, justo enfrente de Joseba Irazoki y lejos de Abraham Boba, dos razones que explican por qué Vegas ha ganado luminosidad y brío. Me molestó bastante el parón de Suede, pero ya había desconectado antes. La segunda parte estuvo entretenida como me entretienen los capítulos repetidos de The Big Bang Theory en TNT. PJ Harvey, sí, fue hipnótica, intrigante y fascinante, pero, desgraciadamente, a mí no consiguió ni fascinarme ni intrigarme ni hipnotizarme... del todo. Edwyn Collins no alcanzó a sorprenderme como lo hizo la primera vez que le vi en Madrid, hace tiempo, sin discos nuevos y con más electricidad. Belako sirvió bien de cierre de velada. Entre humos místicos y en la distancia, sin embargo, no llegaron mucho más allá de la piel, y otras veces sí lo han hecho. Siempre había querido ver a Lambchop, pero me hubiera gustado hacerlo antes de que descubriera el vocoder (o lo que sea). La intensidad y la velocidad pudieron con nosotros antes de la mitad del concierto. El falsete de James Vincent McMorrow cautiva, pero no fui capaz de entender por qué estaban tan serios que parecían cabreados consigo mismos o con el mundo entero. 

The Divine Comedy fue la sorpresa tanto para ella como para mí. A Neil Hannon ya le conocíamos de antemano, y, de hecho, le habíamos visto en dos ocasiones anteriores, aunque con formatos diferentes. El de ayer, en buena compañía que nos ayudó a entenderlo mejor, con sus dosis de comedia teatral, ese dandismo insurrecto, una licorera terráquea, y las estanterías llenas de sus canciones más populares y animosas fue una oportunidad de convencer a los que ya estaban convencidos y de ganar acólitos para la causa del pop orquestado británico, con flema, sorna y rickenbackers (o igual no). Hannon fue cercano y gracioso. Bebió vino y consiguió que nos olvidáramos de la modorra que te entra sentado, tanto, que, al final, nos pusimos, como el resto, de pie. 

Y no sé qué añadir de Richmond Fontaine que no haya dicho ya. En breve: sencillos, directos y eléctricos. Tocando hasta cosas arriesgadas como una de sus postales de Post to Wire o canciones de The High Country, pero también otras cosas más accesibles como lo más cerca que han estado de un hit, con "Montgomery Park", y lo mejor de su último disco. Dan Eccles con sus riffs oportunos, la percusión evocadora de Sean Oldham, la voz narrativa de Willy Vlautin y la osamenta al bajo que pone un Freddy Trujillo que se atrevió con el castellano. Para un servidor, fueron lo mejor del festival, pero yo no soy objetivo ni me caracterizo por intentar serlo o ocultar lo contrario. 

En realidad, creo que voy a poder explicar por qué me gustaron The Divine Comedy y, sobre todo, Richmond Fontaine, volviendo a Rusty Cohle y al principio de mi entrada y así conseguir que tenga sentido haberla empezado con ese rodeo. Porque esa afirmación tan funesta y descarnada del detective más pesimista de la historia de la televisión, tiene, en realidad, un remedio. Solo podemos aplacarlo con afecto, con conexión, sintiendo esa extraña calidez tan repentina como fugaz que, a veces, llamamos amor, otras veces amistad, algunos fe y muchos, música. Y, al menos, para mí, ese momento extraordinario y efímero ocurrió dos veces en el BEC y no tuve que usar mi pulsera de plástico para pagarlo. 

Horas más tarde, te alejas de la multitud como si renunciases al mundo y entras en El Tubo para darte cuenta de que la música es un refugio y tienes la suerte de tener al lado a alguien que te ayuda a sentirte menos diminuto e insignificante en medio de la multitud.

viernes, 28 de octubre de 2016

RF



Bueno, pues veamos. Llevo una semana escuchando, más bien leyendo a la gente hablar, más bien escribir sobre el BIME que viene, que empieza ya hoy. Hay unanimidad, parece, y la mayoría de la gente está ansiosa por ver a PJ Harvey en directo. Todos tenemos un favorito o un deseo principal. Hay, incluso, coincidencias entre los que reniegan o, simplemente, evitan los festivales: hay que aprovechar que es la única manera de ver a ciertos artistas. Y en el "ciertos" cada uno va incluyendo sus elecciones particulares. Yo, en toda la semana, no he dicho nada. No porque no pudiera dar mi opinión, que la tengo, más bien porque ya lo había dicho antes, varios meses atrás. 
Yo voy al festival para ver a Richmond Fontaine en directo. Reconozco el talento de PJ Harvey, la profesionalidad de Suede, la emoción de Edwyn Collins y, en líneas generales, la potestad de todas las bandas reunidas para tener su público y su espacio en el cartel. Pero, para mí, que cada vez me incluyo más entre los que reniegan o evitan los festivales, este fin de semana es solo especial porque Richmond Fontaine actuará por última vez aquí. Fíjate si me desubico con respecto al resto del festival, que creo que el mejor concierto del segundo día, el de mañana, será el de Stacie Collins en el Satélite T. Con todo el respeto, no voy a cerrarle mis oídos a ninguna de las bandas, y estoy seguro de que disfrutaré de gente como Toundra, Belako, Lambchop o The Divine Comedy aunque no entren en mis planes. Bastantes paredes nos ponen en las fronteras como para tapiar la música. Sin embargo, y lo anuncié hace tiempo, yo me compré los bonos en Julio porque sabía que iba a ir a ver a Richmond Fontaine. 
Y, antes de que me asesinéis, no os dejéis llevar por mis obsesiones. Lo he dicho antes: si no os gustan los medios tiempos, la pedal steel, la guitarra acústica, la música que etiquetaron como americana, Uncle Tupelo, Gram Parsons, Calexico, Tom Waits, los cuentos cortos de Raymond Carver, la ciudad de Reno, las camisas de cuadros, conducir en el desierto, las voces rotas y retorcidas, los casinos, la cerveza Lone Star, las canciones sin rima, sin estribillos, sin momentos climáticos... pasad del concierto. Si os gusta eso, podéis intentarlo. 
Richmond Fontaine son una banda de Portland, Oregón, que se retira después de más de veinte años de carrera. Desde que Dave Harding se marchara al extranjero, los demás se habían distanciado un poco. Los proyectos paralelos han ganado peso y han decidido que era hora de dejarlo. Llevan varias semanas despidiéndose por Europa, con aforos completos en Irlanda e Inglaterra, donde han tenido siempre más éxito que en la costa oeste de su país. Hemos tenido la suerte de que hayan guardado una fecha en Bilbao para su despedida, quizás por los lazos que unen a Willy Vlautin con esta tierra o, simplemente, porque el BIME se puso en su camino. Sea por lo que fuere, hoy estarán en directo y yo no voy a perdérmelo. 
No me lo voy a perder porque desde la primera vez que escuché The Fitzgerald, las historias capturadas en esas canciones me atraparon sin oportunidad de resistirme. Historias sin remilgos pero sin artificios, sobre gente obrera y deshauciada, desorientada y vulnerable, ajena a sus propios errores, obsesionada sin saberlo con la ausencia de un vínculo con los demás, deteriorada por el alcohol, el fracaso y la derrota contínua, víctima de la economía, las clases sociales y el sueño americano, enamorada de la carretera, los paisajes menos amables, los desamparados, los débiles y los silenciados. Cuando hablan de Vlautin siempre se le relaciona con Denis Johnson, John Steinbeck, o el ya mencionado Raymond Carver. Canciones con un alto nivel literario, pero sin ambiciones, sin sofisticaciones, con estructuras demoledoramente enemigas de lo convencional, sostenidas por buenos músicos y con la fuerza de la autenticidad y la candidez. Yo así lo veo. Quizás es demasiado pretencioso e intenso como para apetecer en un festival, pero déjame que añada algo más: estos tíos crecieron viendo en directo a Dead Moon. En sus canciones más antiguas se sentían a los X, Minutemen, The Blasters... Beben cerveza, hablan de carburadores, no pisan alfombras rojas, si te acercas, probablemente serán los más accesibles del festival, sin querer faltarle a ninguno de los miembros del resto de las bandas. No venden humo, no van a comerte el tarro, no querrán que les anuncien a bombo y platillo. 
Dije que iba a ir, cada mes, insistiéndoos en que fuérais, y no lo he hecho. Tampoco hacía falta. No es esa la cuestión. Pero hoy voy a terminar proponiendo una canción y animándoos a que, por lo menos, os paséis un rato. Ya andan por el BEC probando sonido (por lo que sé, llevan haciéndolo como casi tres horas, con lo que se lo toman en serio) y, aunque mañana se vayan a Irlanda, y acaben de aterrizar del norte de Europa, seguro que intentan dejar el listón muy alto. Yo confío en ello. 
Mis canciones favoritas de Richmond Fontaine son las que menos les gustan a ellos, las primeras, las más urgentes, desmedidas e inmaduras. Hubo un cambio desde Winnemucca, incluso antes, y así empezaron a labrarse un nombre aunque no perdieron su libertad para publicar discos arriesgados, como The High Country. Quizás su disco más accesible sea Post to Wire, y por ello voy a elegir, para despedirles, horas antes de que se suban al escenario en el BEC de Barakaldo, la canción que le daba título a ese álbum, y donde, Willy Vlautin, comparte voces con Deborah Kelly, compañera de Amy Boone en The Damnations. Boone, ahora, canta lo que Vlautin escribe en su nuevo proyecto, una de las razones para entender la despedida de Richmond Fontaine, The Delines. Así que creo que es una buena canción para terminar con estas entradas sobre Richmond Fontaine. 
Yo no les voy a echar de menos. Los discos estarán siempre ahí. Las canciones no desaparecen. Ni los personajes: Whitey, Ray, Allison Johnson, Harlan, el mecánico y su chica, y todos los que se quedaron sin nombre en las canciones de Vlautin. Leed sus libros, si queréis: The Motel Life, Northline, Lean on Pete, The Free. Pero, sobre todo, os guste o no os guste, lo hagáis o no lo hagáis, seguid creyendo en la música y en la bondad, porque, aunque suene un poco moñas, es mejor que ser un jodido capullo al que le da por culo todo. Y con esos exabruptos, parece que me quedo más a gusto antes de decir que, si os apetece, nos vemos allí. 




Posdata: foto tomada del buscador de imágenes de google, aunque parece venir de Decor Records, la casa que edita los discos de Richmond Fontaine en Europa, si no me confundo.

lunes, 24 de octubre de 2016

Nuevamente en Barakaldo y en directo: Toni Monserrat Inc



"E, A, B. Everything has a foundation. Shakespeare sonnet, bookcase, the Empire fucking state." Lo dice Lester Grimes cuando coge la telecaster y les enseña lo fácil que es escribir una canción: "Mi, La, Si. Todo tiene una base. Un soneto de Shakespeare, unas baldas, el puto Empire State." Hoy he leído una entrevista a David Roberts, otra a Jeremy Rifkin y una tercera a Clare M. Gillis. Y todo en el tiempo libre que he encontrado durante una jornada de trabajo de diez horas. Sinceramente, después de estar todo el día esprimiéndomelo para no sacarle jugo, he acabado deseando que el mi-la-si se apodere de mi cerebro y, mientras tanto, si procede, que el mundo se derrumbe como un castillo de naipes porque me la soplará mientras haya poesía, rock and roll y un poquito de humanidad. Por eso, he decidido anunciar esto ya: 

El 4 de Noviembre, el rock and roll mallorquín volverá a ser protagonista de la actividad cultural nocturna de Barakaldo. Si hace algo más de un año fue en El Tubo donde les trataron de dulce y donde nos reunimos todos para escuchar en directo canciones tanto del último disco de Toni Monserrat Inc como de la legendaria banda del rock mallorquín Murder in the Barn, esta vez, por cambiar y explorar nuevos territorios, le acogerán en otro antro mítico de nuestra anteiglesia, el Panorama Pub. Nada, en lo que cruzas la plaza y ya estás ahí. 
Todo ocurrirá a partir de las 21:00 horas del viernes 4 de Noviembre. Por supuesto, estáis todos invitados y, de hecho, se agradecería mucho vuestra presencia porque cuantos más seamos, mejor nos lo pasaremos. Podéis, incluso, hacer doblete si es que hay otras tentaciones en esa programación alternativa y subterránea, nocturna y emprendedora que tanto nos gusta. Da igual, hacedlo como queráis, pero no os perdáis el guateque mallorquín. Ensaimada y sobrasada no va a haber, pero poesía, rock and roll y mucha humanidad, sí. 
Fiasco Fiasco! estará allí, pero más que contároslo al día siguiente, preferiría que lo viviérais vosotros en directo. 
Ah, claro, se me olvidaba, la entrada es gratuita hasta... completar aforo, que sería la ostia hacerlo, pero, como dijo Lester Grimes: "Willingness is the key" y Toni Monserrat le contestó: "Vaya tela, tío."

domingo, 23 de octubre de 2016

R&R High School





Que la música popular ha llegado a la universidad no es una afirmación muy novedosa. Hay tesis doctorales sobre Bob Dylan, artículos en torno a la obra de Leonard Cohen, congresos dedicados a la figura de Bruce Springsteen. No son los únicos, por supuesto, son los más canónicos. Sería imposible reducir en una entrada de blog la bibliografía principal que demuestra la cercanía con la que se miran a los ojos compositores e investigadores. Podríamos resumirlo mencionando los recientes trabajos de gente como Lars Eckstein, Charlotte Pence o Zack Furness, este último acuñó un nuevo término para reclamar un espacio relevante en el mundo académico para la música y la cultura punk: punkademics. También serviría con, por poner solo dos ejemplos, mencionar el trabajo que se realiza en la Berklee School of Music o el trabajo de la profesora Lucile Desblanche en la Universidad de Roehampton en torno a la relación entre música y traducción. Escritores y periodistas como Simon Reynolds, Simon Frith, Greil Marcus; históricos como Nik Cohn, Lester Bangs, Robert Christgau, Nick Kent (y nos dejamos a muchos)... todos empiezan a llamar la atención de investigadores que, apoyados en la apertura temática y de enfoque que proporcionaron los estudios culturales, han encontrado en el texto musical, en la canción, en la música como acontecimiento cultural y social, en el negocio, en el mito o en la historicidad de lo popular una nueva fuente de investigación. 
En castellano, quizás el proceso va más lento y la música  aún necesita de más oportunidades para encontrar un lugar apropiado en el mundo académico. La Universidad del País Vasco - Euskal Herriko Unibertsitatea comenzó hace unos años la cátedra Mikel Laboa. Laura Viñuela realizó un gran estudio sobre las ramificaciones del feminismo en la música. En el mundo de la traducción se realizó una tesis muy interesante sobre las traducciones al castellano de las canciones de The Beatles. Joaquín Brotons publicó un buen libro que unía las disciplinas de la música y la filosofía. Juan Ignacio Guijarro, profesor de la Universidad de Sevilla, publicó un recomendable libro sobre jazz y literatura, incluyendo una estupenda introducción, buen ejemplo de cómo un enfoque científico puede no robarle el placer a leer sobre música. Mismo placer que encuentras en libros de Pablo Gil, Elena López Agirre, Álvaro Heras Gröhl, Gotzon Hermosilla, Ignacio Juliá, Luis Boullosa... Libros a los que cualquier académico que pretenda contextualizar el estudio musical con el literario, el cultural o el social debería prestar atención.
Todo esto es nada, por supuesto. No pretendía hacer un repaso bien ponderado y elaborado porque no soy capaz ni tengo los medios. 
¿Y toda esta parrafada? Toda esta parrafada es solo para reclamar que no debemos asustarnos cuando hablamos de universidad, hasta con mayúscula, y de música popular, con minúscula, si quieres. Igual que en los claustros nadie debería pedir permiso o excusarse cuando esgrima que Eskorbuto debe formar parte de cualquier estudio sociocultural que pretenda entender qué ocurría en la margen izquierda del Nervión hace como dos docenas de años. Por no meterme ya en berenjenales si hablamos del grosor literario de los textos. Porque, sí, así es, literatura no es solo golondrinas y mil formas distintas de rimar amor. Y la universidad no es un lugar cerrado donde se jerarquizan las ideas. No existe, o no debería existir, distancia entre la facultad y la calle porque la facultad está en la calle y la calle es la mejor facultad.

Hace unos días me llegó información de un simposio que tendrá lugar en la Facultad de Letras de Vitoria-Gasteiz entre el 2 y 3 de Noviembre de 2016. El título está en inglés, porque el inglés es la lengua oficial del simposio, aunque habrá tantas o más ponencias en castellano como en este idioma: From Yodelers to Punk-Rockers, Music and the American West

Organizado por el grupo de investigación REWEST, esta actividad contará con la participación de profesores de varias universidades que cubrirán, en sus charlas, la obra de autores como Jason & The Scorchers, Alice Bag, Willy DeVille, Richmond Fontaine, Rory Gallagher, las bandas sonoras de los clásicos del Oeste, Tijuana in Blue, Motorhead... Pero, sobre todo, destacará por las presentaciones de los tres plenarios principales. 

El miércoles por la mañana, abrirá turno el profesor de la Universidad de Derby Neil Campbell, un experto en música, cine y literatura del Oeste Americano, autor de varios libros canónicos sobre la literatura y la cultura de esta región de los Estados Unidos, que hablará sobre Richmond Fontaine, las canciones de Willy Vlautin, y, sobre todo, de su álbum Winnemucca. Ese mismo día, pero a las seis de la tarde, le tocará el turno a Hendrik Röver, cantante y guitarrista de Los DelTonos, mítico grupo del rock & roll español, aún en activo, y famosos por abanderar aquella frase que rimaba que "el rock americano es posible en castellano". Para finalizar, el jueves por la mañana (12:00 horas), el periodista musical Fernando Navarro, habitual firma del diario El País, autor del blog La Ruta Americana, y escritor de libros como Martha: Música para el recuerdo,  cerrará el simposio con una charla en la que repasará la influencia del Oeste Americano en la música estatal. Todas estas charlas tendrán lugar en el Aula Magna de la Facultad de Letras de Vitoria-Gasteiz y la entrada es gratuita. Así que si queréis ir, escuchar y participar, creo que nos podemos dar por invitados y no es un mal plan ni una mala ocasión para borrar esas fronteras que, en realidad, nunca existieron. 

Para ponerle la guinda al pastel, habrá música en la facultad, ya que el dúo Lobo & Carmine actuarán en el Aula Magna de la facultad a eso de la una del mediodía del miércoles 3 de Noviembre. 

viernes, 21 de octubre de 2016

11 de Noviembre



Qué demonios pasa con el 11 de Noviembre, joder. No había un 11 de Noviembre tan movido desde que el gobierno de Ian Smith declaró la independencia de Rodesia en 1965. Un 11 de Noviembre tan memorable como el de 1926 cuando se inauguró la Ruta 66. Bueno, si me apuras, estuvo a la altura la inauguración del Metro de Bilbao, que también fue un 11 de Noviembre, pero treinta años después de lo de Rodesia y casi setenta después del mítico asfalto. Y si hablamos de música, nada que se le parezca desde que tal día como ese pero en 2011, Black Sabbath anunció el regreso de la banda original.
Pero qué demonios pasa con el 11 de Noviembre de 2016, joder, ¿se ha puesto todo el mundo de acuerdo? ¿Y se han puesto de acuerdo para hacérmelo más difícil? Mira que se lleva bien perderte uno, dos, pero tres, cuatro, eso ya es alevosía.

El próximo 11 de Noviembre de 2016 puedes ver a...
- A los Furious People en El Tubo a eso de las 20:00 de la noche. Ya sabes que El Tubo es un lugar oscuro con una atmósfera especial y los de Castellón son vegetación propia de ese hábitat. Si nunca los has visto, probablemente, ese día y en ese bar encuentres el momento y el lugar apropiados.
- A las 21:00 horas, muy cerca del primero, empezará el concierto de Julien Elsie en el Panorama Pub. Acaba de sacar su cuarto disco, Yakutsk, y las críticas son positivas. Será una buena oportunidad para descubrir si la intensidad y profundidad de sus canciones mantienen el mismo exigente nivel en el directo.
- Sales de ahí, y directo te puedes marchar a la Sala Edaska donde tocarán los Bullet Proof Lovers, proyecto vasco en el que participa un Kurt Baker hiperactivo y omnipresente. Ya le veas en trío o en tribu, Baker nunca decepciona y en este concierto menos aún, porque los Bullet Proof Lovers vendrán acompañados de The Lookers.
- Si con esto no teníamos suficiente, en Bilbao, los murcianos Perro se suman al ciclo de conciertos de Northen People Parties en el Satélite T. Las puertas se abrirán a las 9 de la noche, y si eliges las otras opciones, aún así, quizás llegues a eso que ahora llaman "after party" y donde pinchará nuestro compañero Lucce junto con algún dj más al que van a invitar: es decir, buena música para bailar y platicar y brindar y esas cosas que hacemos los humanos cuando nos olvidamos de nuestros pesares. Los Perro son punk (ponle el post delante, si quieres, o cualquier otro prefijo, me la refanfinfla) del siglo XXI, con un desarrollo más complejo que el de otros compañeros de generación, guitarras con más eco, y el mismo sentido del humor que bebe de la cultura popular. Una definición un poco churrera que daremos por buena porque, al fin y al cabo, lo que queremos decir es que, vamos, que te lo pasarás bien, moverás las caderas y, además, ya sabes que en el Satélite T siempre dan bien de comer y de beber y son agradecidos.

¿Y un servidor? Poco importa, pero, por razones laborales, sospecho que me los voy a perder todos. Tiene coña la cosa, se ponen los astros en fila india el 11 de Noviembre y todo indica que será un día memorable y uno se tiene que ir a la estepa norteña a trabajar y se quedará tan solo y tan solemne como cuando el 11 de Noviembre de 1675 Gottfried Leibniz demostró el cálculo de una integrada bajo el grafismo y = f(x). Me dedicaré, en soledad y onanismo, a celebrar los cumpleaños de Luis Martín-Santos, Kurt Vonnegut y Stanley Tucci o, mejor, el aniversario de la publicación del "Black or White" de Michael Jackson. 

Vosotros, aprovechad, elegid en pleno uso de vuestras facultades, y a disfrutar.

sábado, 15 de octubre de 2016

Salud!



Antes de subir a Bagaza, tocó parada y fonda en El Cuervo. Uno de los grandes del rock and roll vasco visitaba el pueblo. Señor No era una obligación igual que Obligaciones eran sí o sí, señor.
Voy a ser breve porque chistes como el que acabo de escribir indican que no debería seguir escribiendo. Mejor me doy una ducha y vuelvo a esto luego, pero ya que me he puesto, terminemos con éste. 
Solo en la tarima con su guitarra acústica y una pedalera, la versión más reducida e íntima de Señor No resultó un poco plana pero una lección de música sin añadidos ni colorantes. Combinando idiomas, originales y efectos a la guitarra, sus cuerdas vibraron por todo el garito y por gran parte de Juan de Garay. Sin videos en youtube: cómo levantar una canción y detenerla en el aire, sin más punto de apoyo que el mástil de la guitarra, punzando cuerdas como quien prueba números para acertar con la clave que abre la caja fuerte y abrirla. Hay pequeños detalles que se te quedan grabados cuando ves un concierto y tienes tiempo y distancia para fijarte en los protagonistas. En este caso, cómo miraba a los ojos de la gente, de cara a cara, sin intermediarios. Así, su voz, que retumba con ecos de la hagiografía del rock urbano estatal (manda huevos, qué frase, tío, jubílate o escribe obituarios mejor), sonaba más irrefutable y menos remota (la guinda, ahora pon el punto y a parte).
A parte de eso, una sola cosa: solo por y para escuchar en directo el "I'm not Like Everybody Else" de The Kinks en castellano, bien traducida y embutida en los acordes, hubiera pagado lo que pagan por ver a la Streisand. Ese cierre, con una canción extraordinaria que ya lucía hace varias decadas, que sonaba hasta en el Bada Bing! y que podía ser el himno personal de mucha gente, hizo que mereciera la pena levantarse ayer viernes y que volvamos a levantarnos hoy con un clavo atravesando nuestras sienes. Gracias por ello, Señor No y, como bien dijiste varias veces: ¡salud! 

viernes, 14 de octubre de 2016

Las noticias



Si te preocupas un poco por leer, básicamente en lengua inglesa, estudios más académicos sobre la consideración de las letras de canciones como literatura, siempre te encuentras con dos aspectos que se repiten casi de manera obsesiva. Una es la eterna discusión sobre si las letras de canciones son poesía o no. La otra es la repetición de ciertos nombres como si fueran argumentos de peso para justificar la pregunta anterior. Bob Dylan, por supuesto, siempre está en la lista.
Apenas unas horas después de que, en Suecia, se confirmara que Bob Dylan es el nuevo premio Nobel de Literatura, los comentarios se dividían, internacionalmente, y en varios idiomas, entre el "¿pero qué me estás contando?" y el "ya era hora". Aún así, la pregunta anterior y la lista de justificación se seguirán repitiendo. ¿Lo bueno? Como decía Fernando Navarro en El País, ahora, como suele suceder con los premios de este calibre, cuando la gente corra (ironía) a los comercios para ponerse al día, en lugar de ir a una librería, tendrán que ir a una tienda de discos. Igual, de paso, además de comprar algún disco de Dylan, compran también los de Bruce Springsteen, Lou Reed, Joni Mitchell, Laurie Anderson, Woody Guthrie, Townes Van Zandt, Leonard Cohen, Tom Waits, Silvio Rodríguez, Billy Bragg, Will Oldham, Patti Smith, Franco Battiato, Luis Eduardo Aute, Paul Kelly, Nick Cave, Jeff Buckley, Paul Simon, Elliott Smith, Tupac Shakur, Willie Nelson, Jacques Brel, Nick Drake, Gil Scott-Heron... Solo he puesto los que tienen nombre y apellido y no los que a mí me gustan que, en su gran mayoría, no están en esta lista. 
He de decir que Bob Dylan siempre ha sido una figura que me ha superado. Sus letras se me escapan entre esfuerzos interpretativos y ataques de ensimismación. Me atrajo su figura histórica, su trascendencia: el día que enchufó la guitarra y lo mandó todo a tomar por culo. "Like a Rolling Stone", sin embargo, me arrollaba como un canto rodado cuesta abajo porque yo me había quedado sobado en la ladera. Sé que hay otras canciones, menos ambiciosas, más arrojadas a la calle, que, si las conociera como debería, me harían cambiar de opinión. Pero solo las conozco de oídas, como, por otra parte, solo se pueden conocer las canciones. 
Porque las canciones se escuchan, no se leen. Las canciones no son poesía. Si son literatura, me la sopla. Literatura con mayúscula. Ponerle versalitas a las palabras siempre me ha dado miedo. Los premios me importan menos que las editoriales de prensa. El fútbol es otra cosa que no es el palmarés de los balones de oro. Y la literatura es más pura y complicada que los galardones rimbombantes. Me gusta que las etiquetas sean aglutinantes: literatura es todo. Me gusta. Quizás algún día también lo gane Paco Roca o David González o Jesús Gómez Peña. Por ese lado, que lo haya ganado Bob Dylan me alegra lo mismo que me alegraría que el Balón de Oro se lo otorgaran, a título póstumo, a Jorge Alberto González Barrillas (por retirado, no por fallecido, por supuesto). O a Tittyshev. Me alegra un poco, pero solo un poco, porque me importa poco, aún menos. 
Las letras no son poesía pero si hay poesía en el canto de un duro también la encuentras en las estrofas de una canción. Mi poema de amor preferido lo escribieron Aidan Moffat y Malcolm Middleton. Cómo sabría de qué va la vida si no hubiera descubierto a Shane MacGowan. Las palabras como rabia petrificada que te arrancabas de las entrañas: Eskorbuto, Fugazi, Guerrilla Urbana. Ser kinki y querer serlo más. Abrazar la noche y los fantasmas. Estar de acuerdo con casi todo lo que dice Luis Boullosa cuando habla de esto. La inspiración en un charco mientras haces eses por la calle. Tu padre en buzo cruzando la nacional para cambiar de turno en la fábrica. Leer todas las letras de Richmond Fontaine y creer que Winnemucca es un barrio de Galdakao. Precisamente, Willy Vlautin te enseña que las letras de canciones no son poesía, son narrativa: a la hoguera la rima, las metáforas, la asonancia; vivan los personajes, los argumentos, los giros, la puta realidad puesta sobre un verso igual que te despiertas con resaca y descubres la verdad en tu cara hinchada. 
Unos días ante de que Bob Dylan ganara el premio Nobel, a Willy Vlautin le incluyeron en el Salón de la Fama de los Escritores de Nevada junto a Gailmarie Pahmeier. Como dice en una de sus viejas canciones: "Give me boilermakers and give me time*"... No hace falta mucho más para escribir una buena canción y para ser feliz. El resto es pura literatura.


* Boilermaker aquí no quiere decir calderero, apuesto a que se refiere a la segunda acepción del término: un trago de bourbon y una jarra de cerveza fría a dúo.

lunes, 10 de octubre de 2016

Presentaciones y sorteos





Allá por 2004, vi a The Donnas en directo en el Sokol Underground de Omaha. Han pasado doce años, joder. ¿Puede que con Von Bondies? El "C'mon C'mon" sonaba hasta en las charcuterías y yo llevaba una camiseta de Grateful Dead que le compré a un tío en la puerta de un Wal-Mart. Ayer me perdí a las Baby Shakes en el Satélite T, pero hoy he escuchado música y por no elegir, le di al "shuffle" y por ahí ha aparecido el "Rebel Girl" de Bikini Kill. The Julien Ruin acaba de sacar disco. También vi en directo a Le Tigre. Pero, sobre todo, el sábado estuve en el estreno del disco Me fui de casa de Las Sexpeares en un Tubo que retuvo el aire justo para que lo compartiéramos apiñados.  
No todo empezó ni terminó con Las Vulpess. La Xeta Pasote, Las Tuerkas, Sangre, Bollería Industrial, Las Culebras, Magmadam, Las Odio, Chiquita y Chatarra... No todo empieza y termina en Hinds. 
Las Sexpeares están ahí, por ahí. Un grupo de chicas con bajista masculino. Riot Grrrl fue una etiqueta como otra cualquiera para un tiempo y unas bandas en concreto. Ellas no cantan eslóganes como los escribía Kathleen Hanna y se parecen más a las Runaways de Joan Jett cabreada que a las Donnas o las Sleater-Kenney. De hecho, a mí siempre me recuerdan más a cosas varoniles pero también de fin de siglo: Nirvana, claro, pero, sobre todo, en su último disco, a The Smashing Pumpkins. De hecho, después de verlas en directo, me quedé con la sensación de que hay una distancia palpable entre lo que han dejado en estudio y cómo suenan en vivo. Yo, sobre todo, lo percibo en las baterías y la voz. Ambas suenan más limpias grabadas. La voz es más nítida y la batería retumba, llevando el sonido del grupo un paso más adelante, hacia el metal al que siempre se suele acercar el punk más core: Dinosaur Jr, Gorilla Biscuits, y a nivel autóctono, Leihotikan o Berri Txarrak. En directo, por el contrario, el alarido es estribillo y la percusión suena al cobre de los platos. El bajo entra al principio como indica el librillo de instrucciones del punk británico. La cantante deja caer el flequillo y se olvida de punteos innecesarios para sacarle acordes dispares a su Gibson Les Paul. No es lo mismo que escuché en el disco, pero al mismo tiempo, sí lo es: canciones más complejas de lo que parecen, con cambios bruscos de tonalidad y rumbo, letras sencillas y tiernas con demasiada rima y temas más personales e individuales, estribillos pegadizos, subes y bajas, rapidez y fuerza. Todo eso, en directo, sobre la tarima mágica de un Tubo petado, sonó fornido y contundente. Se arrancaron al uso de los Nasti de Plasti, descerrajando canción tras canción sin tiempo para contarlas, y acabaron con determinación porque, si no, no les dejaban.
Y es que ya lo he dicho: el Tubo hasta arriba, con público intergeneracional y entregado en primera fila. Buen sonido y buena presentación de un disco que se sorteó en directo y la mano inocente se eligió a sí mismo. Brutus tiene arte hasta para la suerte. Además de pulso para la fotografía porque le vamos a robar una (modificada) para ilustrar esta entrada. 
El punk lleva mucho tiempo diciendo que no hay futuro y contradiciéndose. Por eso, la programación de El Tubo sigue adelante y Las Sexpeares continuarán presentando su disco. Y yo, por incordiar, seguiré aquí contándolo: en presente de indicativo aunque el futuro sea exclamativo.

martes, 4 de octubre de 2016

Pasta (y tímpano y suela)



Estamos de enhorabuena en esta rampa final de 2016. En un periodo corto de tiempo, nos hemos encontrado hasta con cuatro novedades en las tiendas. No está nada mal: nuevos discos de Las Sexpeares, La Kontra, Toni Metralla y los Antibalas y Last Fair Deal. Para redondear el carácter local, nos hemos hecho con todos ellos en un establecimiento del pueblo. Así que ya tenemos dieta autóctona para los próximos meses. Intentaremos hablar de todos ellos en este blog. Las glosas y comentarios los dejamos para cuando les podamos dedicar tiempo y unas cuantas escuchas. Por ahora, simplemente, celebramos que hayan sido capaces de grabar y publicar, que no es poco esfuerzo hoy en día. 
Eso sí, os ponemos por escrito, para que lo tengáis más fácil y no haya confusión, los datos más necesarios para que vayáis corriendo y os hagáis con copias. Y, de paso, ya que todos ellos se han puesto ya en la ardua labor de promocionarlos y llevarlos al directo, os anunciamos las nuevas fechas de todos ellos. Es una buena opción combinar el audio grabado con la actuación en directo. Es más fácil tener opiniones bien formadas así que hablar de refilón y sin conocimiento. 

Las Sexpeares publican Me fui de casa con Gaser Discos. Actuarán el próximo sábado 8 de Octubre de 2016 en El Tubo (Barakaldo).
Toni Metralla y los Antibalas publican Día despejado en ciudad rencor con Bad Death Records. Actuarán el próximo viernes 7 de Octubre de 2016 en la Cervecera San Bizente (Barakaldo).
La Kontra publican Siente el Miedo con Maldito Records. Actuarán el próximo Martes 11 de Octubre de 2016 en la Plaza del Ajedrez (Barakaldo).
Last Fair Deal publica Odyssey in the Key of Three con North Side River Records. Actuarán el próximo 22 de Octubre, junto a Mocker's en el Kafe Antzokia (Bilbao). 

Y acabo de darme cuenta de que en una docena de días te los puedes ver a todos y lo único que tienes que hacer es aguantar unas cuantas paradas de metro. Y no te asustes, porque no pasa nada por salir de Barakaldo, que en ese barrio que nos queda en el extrarradio y que llaman Euskal Herria, no muerden, o muerden con cariño, y, además, también nos traen regalos antes de Navidad. A la espera de que salga el esperado Lady Infierno de los Turbofuckers, que debe estar en el horno, podemos ir haciendo hambre con otros dos trabajos que prometen interesantes digestiones: Chupacabras de Munlet y Elogios y Ampollas de Villapellejos, aunque creo que este último también está en proceso. Los Munlet ya llevan tiempo en esto y nadie ha podido aún cazarlos vivos. Son escurridizos y demasiado eléctricos como para que funcionen las zapas. Entre Cancer Moon y Devo, aún recuerdo el día que en un bar alguien pinchó su versión del "Mata la música" de Eskorbuto y por un minuto tuve una epifanía retromaníaca. Por su parte, Villapellejos son sonido Deustchester que es un villapalabrejo del que tendremos que hablar un día, pero es que aún estoy esperando a que JF alias Z me suministre el último de Los Plomos y así pueda estudiar y presentarme al examen. 

Lo dicho, intentaremos hablar de todos ellos con un amateurismo digno y eficaz, pero, mientras tanto, a gastar tímpano y suela (y pasta).

sábado, 1 de octubre de 2016

Cronólogo



Prólogo

Ya lo he dicho tantas veces que soy cansino, sí, muy cansino, y no lo voy a repetir, pero es así, y, por lo tanto, yo necesito los cinco sentidos, y, si me apuras, hasta el sexto. También entiendo que la música, en general, no solo se escucha, con lo que tampoco soy un tío tan raro. Me explico: la única forma de esconder mi ignorancia musical cuando escribo sobre música es que además de hablar de lo que oigo, hable también de lo que palpo, huelo, saboreo y sobre todo, veo. Por supuesto, también, a menudo, hablo de fantasmas. O llámalo fantasía, percepciones exageradas, greguerías gratuitas: el sexto sentido. El Panorama estaba tan petado que vi poco, olí demasiado, saboreé lo justo, palpé lo que me dejaron y me tuve que fiar de lo que oía. Así, me cuesta mucho escribir una de esas crónicas mías que se fijan más en el detalle que en otra cosa, redundan en lo anecdótico y se centran demasiado en los márgenes del texto más que en la partitura. Aún y así, yo lo voy a intentar: Moonshine Wagon en el Panorama Pub. 30 de Septiembre de 2016 y se puso a llover justo cuando empezaba el concierto. 

Monólogo

Llegaron en su ya famosa Winnebago (si no es una Winnebago, que sirva de pista para la imaginación) y acompañados por la fama que les precede. Los Moonshine Wagon se han ganado el crédito a base de kilómetros, directos, el boca a boca, y un disco que sacaron hace ya algo más de un año. El próximo parece que está cerca y decían en una entrevista veraniega que llevaría el título de la canción que ensayaron ayer en Barakaldo. Han conseguido forrarse (no hablo de dinero) con una estética eficaz y con una buena estrategia de promoción que roza lo milagroso y reivindica aquel do-it-yourself que parecía haberse quedado para la memoria histórica y los incautos testarudos. Además de eso, son buenos. En directo, son cercanos, convincentes y sugestivos. En disco, suenan limpios, vigentes y versados. Tienen la fama precedida porque la merecen. Solo hay que ver y oír como se ponen los tres en fila y la línea no chirría por ningún costado y en ningún momento.

No trajeron banjo, versionearon a Hank Williams, percusión por zapateo, probaron en primicia una nueva y tuvieron un público fiel que pateó el suelo, apuntó con el índice hacia el techo y tarareó sus canciones. Hicieron cancamusa divertida al sacarle al violín las notas de canciones de Deep Purple o Black Sabbath, le dieron al bourbon y al whisky, se pusieron brumosos y espitosos (hablo solo de música), parlaron, pasaron a estar serios y, sobre todo, consiguieron que la fiesta fuera un hecho y las tan manidas raíces americanas brotaran como un frondoso jardín paradisíaco en un Panorama Pub que tiene el suelo de baldosa autóctona. Usa toda esa palabrería que acabo de apelmazar para envolverte el bocadillo antes de ir a San Mamés. Yo estuve al principio en una esquina junto al billar y, al salir para coger una llamada, ya no pude volver a cruzar el Mississippi y me quedé junto a la puerta, apostado en una esquina desde la que veía más o menos lo que veía desde la primera, aunque el ángulo fuera distinto: nada del contrabajista y lo justo de guitarrista y violinista. Ellos tres forman Moonshine Wagon y son los únicos, me imagino, que tienen la respuesta a una pregunta que no puedo conseguir contestar aunque me venga a la cabeza cada vez que veo grupos que van del folk al hillbilly pasando por el country y el bluegrass: ¿por qué?

¿Qué tiene la música norteamericana más autóctona e indígena que tanto nos embelesa y atrae? ¿Es la mitología o solo la música? ¿Es el poder hechizante y capitalizador de la industria norteamericana, con todas sus maniobras culturales de transferencia y seducción? ¿Es solo el audio o también el texto? ¿También las camisas y las gorras de béisbol y las barbas? ¿Por qué? Quizás, y es la única respuesta que consigo inventarme, porque cuanto más escuchas esta música más te suena lo mismo al eco de un pub oscuro y húmedo de Dumcondra que a las tablas que crujen en una cabaña de las Orzak. Porque las raíces de esta música están tan torcidas y entrelazadas que no apuntan a un único sitio, y eso es cojonudo. Más aún si las arrancan unos tíos que lo mismo visten gorra de Th'Bootty Hunters que camiseta de los Slipknot y parches de los Carniceros del Norte. Y solo digo esto porque por ahí tienes pistas, pistas de por qué el yodeling y la voz grave caben tan a gusto en una misma canción o por qué una como "Billy Wild" empieza con un ritmo de tragedia fílmica y voz ronca de conquista mítica y acaba estallando por la mitad con un alarido punk de las cuerdas. Es, a mi entender, ese acento en lo bastardo, en la mezcla, la orgía y la agonía de las fronteras lo que hace que merezca la pena seguir intentando lo mismo que intentaron tantos y tantos que acabaron grabados para la posteridad en el archivo de los Lomax y en la hemeroteca de No Depression. Sigo esperando, eso sí, que todo esto, algún día, se traduzca en la literatura, que con las palabras también podamos pasar de Dumcondra a Johnson City y de ahí a Vitoria-Gasteiz gracias a la misma aleación que las melodías utiliza para construir puentes. Todo esto ha sucedido y te lo has leído sin darte cuenta del sufrimiento porque si no veo y solo escucho y no toco, ni husmeo, ni paladeo pues solo me queda el sexto sentido: y en ocasiones yo veo bandas pero en silencio estoy haciéndome preguntas que mejor me las guardaba para cuando tenga hambre y en lugar de calorías debería tragarme mis palabras, que engordan menos. Como ocurre con los buenos libros, la mejor poesía y las canciones que te incitan, lo que quizás necesitemos no son respuestas si no preguntas. Así me consuelo.

Y así me confieso: salí a fumar un cigarrillo bajo la ligera y agradable lluvia y ya no volví a entrar. No terminé el concierto, pero creo que ya poco quedaba. Yo calculo que aún estaba reciente el policarbonato de plástico del cedé cuando se lo robé a Manu el Gallego y escuché por primera vez a los Moonshine Wagon. Llevaba tiempo queriéndoles ver en directo para calcular lo que venía oyendo, pero creo que seguiré aguardando una ocasión más favorable. Para entonces, igual ya existe Porca Miseria, y prometo no tener que meter la mano en el salpicadero de ningún smart para hacerme con el disco, aunque el título tiene coña si recuerdas a quién se lo sisé. 

Epílogo

Voy a añadir esto para lamentar que no pudiera aparecer por El Cuervo para ver el concierto de Reverend Richard John. En su lugar, la media hora que pude tomarme antes de llegar al Panorama, la usé para acercarme a saludar al Kalbo en un Tubo un tanto desangelado donde actuaban Radio K-Oso. Apenas escuché un puñado de canciones desde el fondo, mientras, de vez en cuando, charlaba de cifras y letras con el dueño del local. Por lo tanto, no voy a decir nada porque no sería capaz de decirlo con fundamento. Y, para todos aquellos que vayáis a disfrutar hoy mismo de los Tiparrakers y de The Baboon Show o para los que lleváis ya un par de días disfrutando de los suecos y vais a seguir el mismo camino hasta el domingo, para los que fuisteis a celebrar la precocidad británica de The Strypes o a L'Ensemble en Santutxu y bla bla bla, que lo disfrutéis, cabrones (insultar sin propósito descalificador pero sí enfático es un recurso literario como cualquier otro).