martes, 31 de enero de 2017

500 Fiascos: Macarrones de Macarrones


Título: Macarrones
Banda: Macarrones
Publicación: 28 de Diciembre de 2016
Discográfica: SNAP!! Records 




Si un tío me para en medio de la calle, me apunta con una pistola y me dice algo así como: o me describes ahora mismo la música de Macarrones en un par de frases o te vuelo los sesos aquí mismo… lo primero que pienso es no me jodas, cuándo despierto, cómo puedo tener sueños tan raros. Y, después, contestaría, por supuesto, diciendo algo así: es un grupo de guitarras que va de Rosendo a Turbonegro pero con matices más modernos y heterogéneos. A lo que, estoy convencido, el tío que empuña la pistola respondería con una carcajada maligna para finalmente añadir: “heterogéneo, dice, te mereces morir así”. Y, ¡bam!, en el mismísimo entrecejo.
Si algún día Tarantino graba esta escena, por favor, que mi personaje no lo haga Jack Black, solo pido eso.
En serio, Macarrones. Suenan contundentes, a hard-rock escandinavo, con un sonido nítido y el número justo de punteos. Así lo escucho en “La Pecera”, “Radio” o “Luz en ámbar” y así lo anoto en mi libreta. Tengo una libreta para estas cosas, si quieres ríete: tomo notas. Luego no soy capaz de entender lo que escribí y me lo vuelvo a inventar. También hay canciones que suenan a rock puro y duro, a tradición castiza, barrio y asfalto, trujas y carajillo, creo que leo en la notas, como en “Chicos muertos” o en “Uno más”, con esas guitarras agazapadas, esperando a saltar de la casamata. “Solo para ti” me recuerda a Porco Bravo, esa virtud innata para abrir la lata de un sopapo, llevando el ímpetu a niveles de intemerata. Creo que he escrito en mis notas que “Bromazepam” es tasca-rock, porque en Madrid hay tascas no pubs, y no queremos beber pintas, si no que nos tiren cañas, pero la canción suena a esa velocidad jaranera que siempre ha hecho que la buena música suene mejor en el bar. Las letras son extensas, carnosas, urbanas y francas. En resumen, todo bien hecho, pero nada que sorprenda.
Ahora, no todo termina aquí. En “Todo ardió mejor”, según leo en mi libreta, te encuentras con un bajo en arrumacos con las guitarras, todo en primera línea, con una alevosía que sorprende y se disfruta. En “De madrugada”, ya empiezas a sospechar que lo que sospechas es verdad, que esto no es solo lo que has escrito en el párrafo anterior: te topas con una elegante habilidad para mezclar tradición y modernidad. Se atreven con el inglés y hasta con Cindy Lauper. “Una proposición” suena por momentos a rock bailable del que gusta en Pitchfork, pero sin letras que hablan de dancefloors y esas cosas, sin pervertirse, regresando a la línea para no caer por el terraplén. Bien, todo bien hecho y sorprendiendo.
Macarrones son siempre y ahora, y los adverbios, en música, están para eso, para recorrerlos desde el principio hasta el final. Ellos lo hacen. Sin medias tintas, con la pericia necesaria para que, al final, valga lo que vale: las canciones y la emoción.

Número de palabras: 500
Escrito ahora mismo y casi que con la lengua fuera, porque me acaba de salir el chivato de que la batería está crítica y porque son las 23:32 y prometí terminar con esto el 31 de Enero. Ya está, cumplí. Publico y sefiní.  

500 Fiascos: Odyssey in the Key of Three de Last Fair Deal




Título: Odyssey in the Key of Three
Banda: Last Fair Deal
Publicación: 26 de Septiembre de 2016
Discográfica: North Side River Records



El tercer disco de Last Fair Deal les ha salido como para usarlo de DNI. Los dos anteriores ya estaban grabados en directo, pero, en este, y parece que conscientemente, han logrado entallar perfectamente el brío y el empuje que enarbolan en sus conciertos. Es, además, un disco más variado y complejo, repleto de detalles y con una variedad rítmica que si picas y muerdes el anzuelo, te deja saborear el cebo. Mejor me explico con ejemplos y me dejo de chorradas: el aire evocador en “Neverending Song”, con un comienzo lleno de aire en el que los platos de la batería aligeran el efecto de la gravedad; más: la guitarra que despierta un minuto después de que comienza “N.L.D.” y lo hace como si estuviera aflorando de tus propias entrañas, las mismas que continúa revolviéndote mientras juega con los parámetros del blues más contemporáneo y molón, deconstruyendo convenciones y ritmos; otro: en “My Song” Gonzalo Portugal canta a gritos que se está difuminando pero la canción hace precisamente lo contrario, crece desde dentro, mientras habla de inspiración y de obsesión y el bajo se apodera de la canción y la batería, llana, mantiene el suspense. En general, el disco siempre protege esa licencia creativa que pervierte las expectativas del oyente, sorprendiéndole cuando pretende augurar lo que va a suceder.
Quizás deberían haber abierto con “Warning”, porque el mismo título lo indica y sirve como advertencia para que sepas de qué va esto: rock a la carótida, con un riff en forma de puñal. Tres minutos de bajo dislocado en una canción que parece un estribillo continuo, sin concesiones climáticas. Pero “Wild Rose” es también una buena forma de abrir un álbum. Una canción que comienza con la guitarra de pasaporte y la voz rugosa de consorte. Ya hablen de Eliza Day como hizo Nick Cave o de quién quiera que hablen, hablan con inspiración en una canción que desciende hasta la espesura para acabar con una coda majestuosa.
Hay teclados en “Told Me”, más sicodélicos, y en “Roots”, más melancólicos. El bajo toma el mando y alimenta la tormenta en “Storm”; y “Sweet Tender-eyed”, anticipada por cuarenta segundos de nostalgia radiante en “Odyssey”, se sustenta sobre las cuerdas de una guitarra con hipo y la voz áspera sobre un fondo terroso, una canción física, palpable, que suena como sientes el frio cuando pisas descalzo sobre el rocío. Tienen hasta un hit, “Let’s Move”, rock de corte clásico con aire bailable, que apetece unir a nombres como Chuck Berry o Jerry Lee Lewis, pero se distingue por una mala ostia más propia de la margen izquierda del Nervión.
Huelga decirlo pero lo digo, Last Fair Deal son un power trío que sabe sacar partido de sus virtudes individuales: la voz densa, la guitarra virtuosa y multifacética, el bajo somático y la eficiente sencillez en la batería. Pero, sobre todo, son capaces de disponerse en conjunto y hacer música que resulta cercana y verosímil, real y sincera. 

Número de palabras: 496
Escrito esta mañana en casa ajena y terminado ahora, en la propia, con prisa que mañana se nos pasa el arroz. 

sábado, 28 de enero de 2017

500 Fiascos: Mestizo by Mongrel State



Título: Mestizo
Banda: Mongrel State
Publicación: 29 de Enero de 2016
Discográfica: Auto-editado 



Voy a reconocerlo desde el principio que es donde merece ir: si no fuera porque tenemos contactos en la isla Esmeralda, probablemente nunca habríamos oído hablar de Mongrel State o, si les va bien, que espero que así sea, lo hubiéramos hecho demasiado tarde. Pero, afortunadamente, los tenemos. Y cuando M se presentó de visita y nos pasó el cedé, reconozco que le di las gracias y me olvidé. Me costó recuperarlo, y también me costó recuperarme de la penitencia a la que me condené por no haberlo hecho antes. Y es que Mongrel State merecía atención desde el primer día y, ya que lo sacaron en Enero de 2016 y estamos haciendo esto un año después, intentaremos resarcirnos ahora porque nunca es tarde.
Mongrel State son una banda de cuatro miembros que venía precedida por su reputación en directo. Llevaban tiempo pateándose los pubs y se habían ganado notoriedad. Quizás por eso, cuesta creer que éste sea su disco de estreno y que aún la banda vaya buscando una identidad propia. Una identidad, además, compleja como no pueden ser las cosas de otra manera, en esa Irlanda moderna que no pretende protegerse en una burbuja artificial como otros países anglófonos. Y es que estamos ante una banda con raíces españolas, argentinas, italianas e irlandesas que solo le ponen la mayúscula a la música y al nombre de la banda que les recoge y que justifica mejor que nada que para publicar este disco hayan elegido de apellido un término que nos suena a las colonias pero tiene tanta vigencia hoy en día como entonces: Mestizo.
Cierto que, si quieres categorizarlos, usas la etiqueta americana y te queda la traza bien dentro de las líneas, pero nos quedaríamos cojos, porque por ahí se le ven raíces más gordas a un árbol cuyas ramas cruzan estrechos y océanos. Tienen de hillbilly lo que te encuentras en las montañas del Orzak, en la pampa, en las entrañas de las penínsulas y en los pubs de Rathmines además, tienen querencia por la electricidad lo mismo que por lo acústico, tienen rasmia y turba, tienen melodías, riffs de guitarra, distorsión, soul y momentos de inspiración poética como en “Rainy Day”. “Dirty Trick”, con su aire clásico de entrada y un estribillo pegadizo, quizás es mi favorita, pero “Monster” o una “Desert Girl” que recuerda a otras versiones de la Americana que se hacen por estos lares, podrían ir también en mi lista de recomendaciones.
En general, Mestizo es un disco que promete tanto como ya provoca. Así, acabaron recibiendo reconocimientos en Diciembre y no paran de actuar en directo. No sé si pueden o quieren salir de la isla (aunque en el minuto instrumental de “Quiero volver” se escucha), pero quizás algún día les tengamos por aquí y no creo que esta entrada tuviera mucha culpa de ello, pero si fuera así, me alegraría. Por ahora, pueden añadir un fan vasco a la ristra que han conseguido en 2016.  

Número de palabras: 495. 
Escrito en sábado, que no es momento de escribir, probablemente, pero hemos descuidado nuestras labores de fin de semana para intentar llegar al final de la lista. Han limpiado los cristales de este bar y la calle se ve soleada y hasta inspiradora: voy a lanzarme al paseo y a sortear tráfico rodado. Pero antes, hago algo que no he hecho antes con estas entradas, pero, en esta ocasión me parece que procede al tratarse de una banda que merece la publicidad porque carece de ella aquí y cuelgo un par de vídeos de youtube para que podáis conocerles:


jueves, 26 de enero de 2017

500 Fiascos: Positiva de Positiva



Título: Positiva
Banda: Positiva
Publicación: 15 de Julio de 2016
Discográfica: Odio Sonoro


Tener de nuevo en la mano material de la banda bilbaína Positiva solo se puede calificar como una noticia que lleve de apellido el nombre de la banda. Por supuesto, esta gracia era tan predecible como hablar de Led Zeppelin o de Black Sabbath, por ejemplo, para cubrir el expediente y describirlos, algo que se puede esperar de este blog, bastante predecible, y donde, generalmente, repudiamos los listados de influencias para referir la música de un grupo; y lo hacemos por dos razones básicas: una, porque es un vicio más que una virtud, pensamos; dos, porque no poseemos el conocimiento enciclopédico como para hacer uso de esa estrategia.
Dicho esto, todo el mundo que se acerca por aquí sabe que nos pirramos por las canciones de tres minutos que entran como el agua cuando tienes sed. Nunca hemos hablado mucho de psicodelia, ni de hard rock, ni de los muchos derroteros que puede tomar el rock cuando se acerca a los ecos de los años setenta. Que no lo hagamos, no quiere decir que no seamos capaces de disfrutar de ello, por supuesto. Es cierto que quizás por esa preferencia personal, las canciones con las que mejor hemos empatizado en este disco son “Get On” o “Leave Me Alone”. Y eso que son equidistantes. Pero ese eco insinuante que llena la melodía de “Hard to Stay”, el comienzo desafiante de “Neverending Lust” o la guitarra hipnótica de “Trapped in Body and Soul”, con esos pinchazos ferruginosos de la batería, se nos quedan en el paladar igual que se nos pueden quedar los ritmos más inmediatos, primitivos y menos elaborados.
Además, el tercer disco de Positiva, después de los recomendables y aplaudidos Centaur’s Ride (2007) y Prodigal Songs (2009), se distingue por ese sonido original, espontáneo, que te permite escucharlo con cercanía, sin artificios, sin dudas ni ceños fruncidos. Te pones los cascos y parece que te han teletransportado al concierto en directo, puedes verlos, tocarlos y convertir la experiencia en algo físico y súbito. Ese sonido, volviendo a las opiniones personales, es algo impagable hoy en día, donde hasta en algunos discos humildes y alternativos puedes escuchar a las baterías enlatadas y a las voces demasiado limpias. La voz en Positiva, por cierto, podría llenar un estadio de béisbol y hacerlo además en el tiempo y en el espacio.
Había pasado mucho tiempo desde 2009. Más aún para una banda que transcendió los márgenes de lo local. He leído por ahí que esto estaba grabado desde 2014 y que la banda ha sufrido cambios en la formación. Crucemos los dedos esperando poder ver este disco defendido en directo. Más aún cuando estamos convencidos de que la defensa será un éxito. Hace tiempo nos los encontramos por sorpresa en un concierto colectivo y, desde entonces, a pesar del silencio, el nombre de Positiva permaneció unido a aquel excitante directo. Fue pasar una mañana por la puerta cerrada del Tubo, ver el anuncio de este nuevo disco, y segregar jugo.
 
Número de palabras: 498. 
Escrito dentro porque fuera hace viento. Y a todo correr, porque se nos van los días y aún nos quedan algunas promesas que cumplir. Cuando acabe Enero, nos tomaremos un respiro, aunque ya viene alguno por ahí anunciando mezclas y nos va a poner difícil renunciar a la etiqueta de 500 Fiascos.