jueves, 25 de mayo de 2017

Quién fuera batera



Entiendo que haber visto Whiplash y tener la manía de tamborilear sobre la mesa cuando me aburro no me autoriza a considerarme batera. Así que temo que, a mí, no me van a dejar ir. Pero si tú eres de los que aporreas parches, si alguien grita ¡plato! y en lugar de buscar la escopeta, tú te lanzas a por las baquetas, no dejes pasar esta oportunidad. A mí me parece una buena idea, y eso que, a mí, si me gritas ¡plato!, lo que me lanzo a buscar es un tenedor y un cuchillo. 

En serio, para enterarnos un poco mejor de qué va esto de Euskobateras, hemos llamado a alguien que sabe explicarse y le hemos preguntado directamente. Oskar Montilla, más conocido como Puro D'Oliva, es el batería de los Porco Bravo y una de las personas involucradas en esta idea. Así que nadie mejor que él para explicar qué es o de qué va Euskobateras: "pues en principio fue un simple grupo de Facebook que creó el barakaldés Eder López, allí ya fuimos establecido contacto varios bateristas de Euskal Herria". Después, nos explica cómo coincidió con Ander Orduna y decidieron pasar de lo digital y lo 2.0 a lo humano y orgánico. De los foros al poteo. Así fue como sucedió el primer encuentro de bateristas de Euskal Herria. Una quedada que tuvo lugar en Berrioplano y Burlada, Navarra, y donde, según nos cuenta Oskar, se juntaron cerca de cuarenta personas, incluyendo algún padre que acompañaba a su hijo. Entre otras muchas actividades, aquella primera quedada terminó con una jam session. 

La misma que repetirán en la segunda edición de esta reunión de bateristas, programada para el próximo 3 de Junio en Barakaldo (Bizkaia). Según Oskar, quien hará de anfitrión, lo que buscan en esta segunda edición es: "Simplemente pasar un día divertido, hablando y compartiendo con otros músicos con los que sólo tienes la oportunidad de hablar por las redes. Todo esto es sin ánimo de lucro, y lo organizamos 4 amigos". Este es el objetivo principal de Euskobateras, una oportunidad para reunirse cada dos años y aprovechar la ocasión para establecer lazos y hablar de sus cosas, que las tendrán, y las tendrán en común, porque, como decía hace ya unos cuantos años el traumatólogo especializado en medicina del arte, Jaume Rosset, en una entrevista para La Vanguardia, "el instrumento musical más peligroso es la batería". Y él se refería a músculos y articulaciones, pero, seguro, el peso que supone llevar el ritmo también, además de doblarles la cerviz, tiene que darles sus sufrimientos de espíritu, su ración de problemas universales que es natural corregir en pandilla y en amena y regada cháchara. 

Para hacerlo, han dispuesto de un buen plan este próximo 3 de Junio, porque, además de jam session y comida con sobremesa, han organizado otras actividades (charlas sobre ergonomía a cargo de Markel Gómez, una masterclass que impartirá Bjorn Mendizabal, de Quaoar, o los secretos de estudio que confesará José Monje). Todo esto a un módico precio que solo responde a las necesidades organizativas porque, como indicaba Oskar, no hay ánimo de lucro y por solo 20 euros te ofrecen "las charlas de la mañana, la comida, sorteo de material que nos han cedido algunas marcas... En la anterior edición casi todo el mundo se fue con unas baquetas, camiseta o unas pegatas para casa... y luego a la tarde habrá Jam en el Mendigo..."

Yo, si fuese batería, no me lo perdía, pero no lo soy. Una vez clavé un tenedor de barbacoa en la piel de un bongo por no clavárselo en el cuello al tipo que llevaba tocándolo más de dos horas seguidas sin descanso. Es lo más cerca que he estado de sacarle una nota a un instrumento de percusión. 

Así que, yo no, pero tú sí, te lo digo a ti, amigo baterista, que decía el otro: no tienes más que mandar un email a euskobateras@gmail.com y te apuntas. 

Más info en facebook: https://www.facebook.com/euskobateras/

jueves, 11 de mayo de 2017

Mercredi á le Tube



Los King Kong Blues estaban fuera de El Tubo, hablando de lo suyo, que como lo hacían en francés, no sé muy bien lo que era. Yo también salí a la calle, al fresco, charlando con este, con el otro, y diciéndome a mí mismo que esa primera cerveza fresca no la iba a superar ninguna de las que me tomaría luego.
Me tomé pocas, pero suficientes; la última acompañada de disculpa: así cambiaba dinero y me compraba el disco.
Un cisco montaron estos, y, aunque era miércoles, nos juntamos unos pocos. 
En la primera canción, el cantante y guitarrista ya se había lanzado de la tarima, como para probar el agua, y aún no estaba tibia, así que se volvió a subir. Lo que no perdió fue el empeño, subido o no a la peana, y siguió cantándole al micrófono como yo pido socorro si me dejas solo en el probador del Zara. 
Tienen por identidad una fuerza y energía que, en mi opinión, no trasladan del todo en el disco. 
En el Tubo sonaron más sucios, más a la yugular, con un rock and roll puro y duro que, en ocasiones, sonaba a punk de tugurio, buena mezcla. Si no me confundo, cantaron esa de "King of the Clowns", que no es una versión de Neil Sedaka, pero a Mikel Tuca Raca y a un servidor nos recordó casi que hasta a los Toy Dolls. 
Hicieron homenaje a Chuck Berry, se dirigieron en castellano a los presentes, les obligaron a un par de bises, y, por el medio, dejaron lo que ya he dicho, rock and roll salvaje ("Le Train", por ejemplo), más cercano al punk que al blues casi, y, a veces, incluso cierta inflexión (en la forma de vocalizar o de rapear las melodías) que recordaba a los primeros proyectos de Fermín Muguruza ("Je Suis Athée", por ejemplo).
Se había dicho que iban de Robert Johnson a Jon Spencer Blues Explosion, pero, la verdad, yo creo que, aunque mencionaron a Willie Dixon, y en algunas canciones recordaban al blues más pulido y entreverado de la actualidad (digamos que Black Keys, Jack White, The Delta Saints y cosas así), quizás por el contexto y el contorno, yo los disfruté más alejados que cercanos a todo esto. 
Pero los disfruté, déjame que lo diga a pelo, porque técnicamente son buenos (dos guitarras y un batería y no echas de menos al bajista), no dejaron hueco para el aburrimiento (ibas de una guitarra a la otra sin saber qué punteo se sobreponía) y porque, además, aunque no les entiendas cuando hablan en francés, la letra te entra como si el código morse fuera un lenguaje hecho a base de descargas directas de adrenalina. 
Yo, que estaba muy cerca de la primera fila, no me moví mucho, pero es que yo soy así. Moví el cuello y los tobillos en varias ocasiones, y, si la cosa dura un par de cervezas más, igual hasta muevo la cintura y todo. 
No sé por qué se llaman King Kong Blues. No sé si es por el libro de aquel autor de ciencia ficción sueco o por esa bonita historia sobre la canción que cantaba su compatriota Marianne Oswald hace más de sesenta años. Decían que la letra era de Langston Hughes, que era un poema que el de Harlem escribió en una ocasión en una servilleta de un club en St. Germain y que hacía referencia a un fuerte cóctel de color azul porque llevaba curaçao. El poema nunca se publicó, no se puede leer en los libros de Hughes y solo queda la grabación de Oswald. Yo nunca seré capaz de escribir algo tan sencillamente conmovedor como lo que escribía Hughes, que consiguió describir el blues y el jazz en su poesía con la misma facilidad con la que yo encuentro disculpas para pedir otra cerveza. Pero, algún día, voy a hacer el experimento. Voy a dejar escrita una de estas entradas (si entra, no te jode, jaja, qué chispa) en una servilleta en El Tubo, a ver si aparece un grupo, se la encuentra, y canta con ella una nana trash-metal con mucho perreo. 
Los de Bordeaux siguen de gira, una gira a la que han llamado "A tumba abierta". Cuelgo el cartel para que queden ahí las fechas. Ves que, si quieres, aún puedes cogerles de vuelta y verlos en Elorrio y Durango. Tú mismo... avec votre organisme.
 

sábado, 6 de mayo de 2017

El mirlo llamó al cuervo culinegro



He traducido el viejo proverbio, bai, esamolde zahar hori itzuli dut, eta zergatik?, ¿por qué?, porque así puedo decir dos cosas a la vez, zeren horrela esaldi bakar batekin bi gauza esango ditudalako: que vi en concierto a Joseba Irazoki y que el concierto fue en El Cuervo, Joseba Irazokik El Cuervon jo zuela atzo eta gu hor egon ginela. Gainera bi hizkuntza hauek nahasten Irazokik berak egin zuena errepikatzen dut, y, además, así, hago lo mismo que hizo Irazoki ayer, pero él lo hizo con cuatro idiomas, también es verdad: en castellano, en euskera, en inglés, y en el lenguaje de las guitarras que es un idioma que él maneja mejor que nadie. 

Y es que, por ejemplo, tocó "Zozoak", una canción que encuentras en su ep Oso Banda, enfatizando el estribillo que dice lo de "ez izaki eta bai huste mierda para usted" (code-switching vasco-castellano), y donde canta un verso para cerrar la primera estrofa que reza: "zozoak beleari ipurbeltz", o lo que es lo mismo, que fue el mirlo, tan listo él, y le dijo al cuervo, "¡tú, culinegro!" 

Pues mira quién fue a hablar, tú. Y voy yo y lo uso para el título. Para el título y para abrir con esta larga introducción, mucho menos eficaz que la que usó Irazoki para abrir su concierto, porque él se fue hasta el cielo, el cielo del folk, y eligió un estándar maravilloso, el "Freight Train" de Elizabeth Cotten (aunque su versión sonó más cercana a la que hacían Peter, Paul & Mary). Empezó, por lo tanto, más folky y terminó más punk, adorando a su guitarra y la forma en la que ella anda, y dejando por el camino una ristra de canciones propias y versiones donde, para gustos personales están los koloreak, yo resaltaría el "Women of the World" de Jim O'Rourke, más orgánica y conmovedora que la original, en una versión más corta, accesible y provechosa. 

¿Y qué más puedo añadir? Que no se trajo el bombo, y se estuvo lamentando antes, durante y después, pero lo bueno de ello, es que así queda pendiente para una próxima vez, porque debería ser una tradición arraigada y obligada que el de Bera se pasara, al menos una vez al año, por nuestra ciudad, donde, además, tiene seguidores a punta pala y hasta un compañero de banda. Eta gehiago ezango dizuet: que Irazoki es uno de los mejores guitarristas que se pueden ver en directo actualmente, con una facilidad extraordinaria para convertir los acordes en palabras y hasta en emociones, con una versatilidad técnica y cromática tan depurada que el sonido ayer en el Cuervo parecía tan limpio como el río Bidasoa a su paso por debajo del puente de San Miguel. Pasa del experimento al uso sin temblarle el pulso, ya toque con la Gibson Les Paul o con una Eastwood de 12 cuerdas o con cualquiera de la más de una docena de instrumentos que confesaba en una entrevista que tenía en casa. Además, Irazoki tiene sentido del humor, "venga, ostias, que me lo estoy currando", dijo con cachondeo, y no vive ni toca subido a un pedestal, algo que hace aún más sugerente su música. 

Jarraituko nuke, baina nahikoa. Vamos a terminar con una coda: bien, Javi, bien. Y el viernes que viene, ya desde hoy os invito, más con Margo Cilker. Y, porque tenía que decirlo, digamos también que antes de pasar por El Cuervo, lo hicimos por el Tubo, donde estuvo una banda con la que nos une la memoria y los recuerdos más juveniles, unos HCH, que se prodigan lo justo, pero cuando aparecen por el Tubo, siempre se traen su pila de versiones, un buen público y muchas ganas de afinar aunque sea ya cuando van por la cuarta o quinta canción. Doble sesión para convertir un ostirala cualquiera en un buen larunbata de resaca. Ala, hemen utziko dut que tengo que producir, le dijo la sartén al cazo. 


Posdata: uso la foto que ilustraba el cartel del concierto, que no sé de dónde viene, aunque la he encontrado en internet, y al fotógrafo que la tirara, le doy las gracias por tomársela prestada sin pedir permiso. Y al fotógrafo que la sacó le llaman Dena Flows así que lo dejo aquí escrito y en negrita para que lo sepáis todos y para que me perdone por usarla sin permiso.

viernes, 5 de mayo de 2017

Black Toska



No he tenido mucho donde mirar. Solo hay dos canciones en el bandcamp y un puñado de entradas en su facebook. Su nombre me llegó porque la vida, a veces, te da sorpresas, que decía el otro. Eso sí, de ellos ya han hablado en Tremendo Garaje, así que no es que pueda arrogarme yo el mérito del descubrimiento. Menos aún, cuando me dieron el descubrimiento descubierto ya.

Hablo de Black Toska

Y ahora voy a hacer una cosa que casi debería hacer siempre, pero nunca lo hago. Ofrecer dos versiones: la larga y la corta. La larga la dejo al final para que paséis de ella los que no queráis ver cómo puedo alargarme y alargarme para hablar solo de dos putas canciones. 

Versión corta:

Black Toska son de Madrid, creo, porque, en realidad, no tengo ni puta idea. Creo que acaban de empezar, al menos este proyecto, y solo tienen un par de canciones en el bandcamp. Por el nombre, la estética y yo qué sé, te esperas algo denso, oscuro, pretencioso y casi que hasta ruidoso, o al menos yo, no sé muy por qué, llegué con esas expectativas. Y llegar con expectativas falsas es a veces cojonudo porque el sopapo que te llevas sienta, de verdad, mejor que el agua cuando tienes sed. "Bleeding Teeth Blues" es una canción hipnótica, con una atmósfera muy especial, pero posee esa cualidad inexplicable para atraparte y obligarte a escucharla una y otra vez. Una base rítmica sólida, un esqueleto consistente, y partes instrumentales inspiradas que producen un contraste muy sugerente si entiendes también lo que cantan. "Last Meal at the Dawn of the Day" pasa más desapercibida, más rápido, aunque dure veinte segundos más y repita el patrón de instrumental en medio y al final, con cuerdas eléctricas y vigorosas. Pero tiene detalles que descubres en una segunda escucha, como cierto aire de soul oscuro, casi gótico, en la última parte cantada, o esas voces implorantes que expresan más que lo que parece decir ese phrasal verb suelto. Me los puedo imaginar ya en directo en El Tubo, hundidos en la oscuridad. Espero que ocurra. Igual que espero ya con ganas seguir oyendo más. Creo que si te gusta la música que juega con la luz y la oscuridad sin más regla que la de usar los instrumentos básicos del rock and roll, también te va a gustar.

Versión larga (y prescindible):

Toska es una palabra, rusa, que definió Vladimir Nabokov y que cuando la aprendes te deja como una niebla fría dentro, en el pecho, que quema porque no calienta pero te das cuenta de que es verdad, de que tú sabes qué es eso aunque nunca hayas sabido ponerle nombre. Esta banda, encima, le planta más tormento aún al hacerla negra. Pero ¡hay el contraste! ¡el contraste! que gritaría un Kurtz al que creo que Black Toska le gustaría si no fuera porque es un personaje de ficción y porque allí en la selva seguro que no tenía estéreo. 

Digo lo del contraste porque la sensación que te deja la música de Black Toska es una, y compleja, que no se asemeja a lo que esperabas con ese preludio. Hay luz en la oscuridad. Cierta esperanza: una pujanza en la música que parece darle abrigo al frío que llenaba el corazón de Nabokov.

Son dos canciones: "Bleeding Teeth Blues", 2:21 de metraje, y "Last Meal at the Dawn of the Day", 2:41, en los que la electricidad y la base rítmica se pliegan a una voz orgánica y abisal, dándole lustre a unas letras que funden lo real con lo imaginario, que es lo mismo que decir la vida misma y lo que nos corroe por dentro. Y ahí está el contraste. En la misma letra y en la fusión entre letra y música. En la vida y en cómo la contamos en canciones. 

"Bleeding Teeth Blues" empieza como si viniera de algún sitio y siguiera hacia algún otro lugar y camina por delante de tus oídos sin intención de parar. Esa energía que ni se crea ni se destruye contrasta con la angustia de las imágenes más tenebrosas y con las emociones amargas, con esa sensación de soledad urbanita, implacable y desesperada. Frases como "it was late at night", con la que se abre la canción, te invitan a pensar en un personaje realista y en una historia narrativa, pero el estribillo habla más de una figura emocional que intenta trasladar un dolor existencial. Lo cojonudo es que el ritmo de la canción aplaca o tamiza todo esto y se te queda en el paladar y en el cerebro. Más aún con esa parte instrumental en el medio, con patrón ascendente: un arrebato eléctrico que se repite al final y realza y encumbra todo lo demás. Esas notas te repujan la cabeza, no sé cómo decirlo. Es una especie de epigrama musical que se te queda tatuado en la piel. En dos minutos y veintiún segundos, con un ritmo macizo y sin aspavientos. Muy buena primera impresión.

"Last Meal at the Dawn of the Day" empieza con voces implorantes que siguen implorando, pero sin perder la dignidad, durante toda una canción que tiene el mismo patrón de instrumental en medio y al final, con electricidad en las cuerdas. Esos sí, añade un aparte melódico, donde con aire góticosoulero, la letra describe una esperanza mutilada. La letra, sigamos con ella, vuelve a trasladar esa sensación espesa de dolor y angustia en un escenario de cercanía y rutina que la música, vamos con ella, la melodía y las partes instrumentales destrozan y construyen de nuevo, dejando los finales sin respuestas completas. Muy buena segunda impresión.