domingo, 16 de julio de 2017

Macarrones



Creo que fue un concierto distinto, especial. Si algún día alguien escribe un libro de memorias sobre El Tubo, en el capítulo dedicado a los directos, seguro que habrá espacio para este concierto. Y es que vino gente desde Madrid, se presentaron para la ocasión varios colegas de profesión, muchas chicas, distintas generaciones… y, sobre todo, en general, fue el de ayer un Tubo petado y parecía que se intuía un concierto distinto, especial. De esos en los que sudas y te la suda todo lo demás. Así fue.
A los Macarrones se les vio un poco nerviosos al principio: enredados entre cables, bajos en el sonido y un poco quietos, pero se fueron soltando poco a poco para acabar desatados. Al bajista le lamieron los pezones, al guitarrista le asaltaron el micrófono y a todos se nos quedó corto un concierto que, en realidad, fue largo.
Se veía y se oía distinto dependiendo de donde estuvieras. Mejor detrás, que había más sitio, buena compañía y llegaban mejor las voces y las guitarras. Delante, solo se oía batería, pero, aún y así, la primera fila mantenía la línea como si aquello fuera el asedio de Orleáns. El bajista, al ras de la peña, llevaba la voz cantante mientras los guitarristas se repartían roles: uno hablaba y el otro se movía por encima de los bafles que parecía que estaba haciendo parkour. Detrás, el batería, metía las ostias a los parches con tanto empaque que desde lejos dolía solo verlo.
Macarrones confirmaron que tienen canciones tan espesas como el aire de El Tubo en estas ocasiones, perfectas para arrebatarte la congoja y la indolencia a baquetazos. Las fueron sacando todas, una detrás de otra, acompañadas de un buen puñado de versiones, desde la ya conocida de Cindy Lauper, hasta un popurrí en el que entraron Las Ronettes, creo, y no sé qué más. Además, hubo sorpresa y bacanal punkarra, porque para convertirlo en algo aún más memorable se sumó a la fiesta Monje de los históricos Larsen y cantó tres temas, destacando una “Cuando yo reviente” de Commando 9mm que mucha gente cantó con el puño en alto y la garganta al límite, como se cantan los himnos que merecen la pena. Fue un subidón que llevó el resto del concierto hasta la cúspide. Después de eso, ya no hubo manera de parar, aunque tuvieron que hacerlo, cerrando con agradecimientos y saludos y prometiendo volver.

Volverán, casi seguro. Dio la sensación de que los Macarrones y El Tubo estaban destinados a conocerse.  

Banda: Macarrones
Escenario: Bar El Tubo
Día: Sábado, 15-07-2017
Número de palabras: 421
Fotografía: Javi Rubio

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