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Mostrando entradas de noviembre, 2016

La próxima

Amigo, lo sé, en la anterior entrada he dicho que iba a robar cinco minutos y han sido diez. Pero es que, además, para más deshonra, la entrada se ha publicado en diferido, porque, en realidad, la escribí ayer, mientras en lugar de comer, miraba el tupper junto a la mesa y aprovechaba el descanso para escribir. Ahora estoy aquí, en una cafetería junto al tráfico de la ciudad, mirando el reloj de reojo porque en veinte minutos hay que volver a la realidad, y me he dado cuenta de que no hice la crónica del concierto de The Vanjas y The Fuzillis al que sí que fui, y acompañado. 
Vamos a ello aunque tengamos que hacerlo rápido y apretado, pero con tiempo y reposo, tampoco íbamos a hacerlo mejor: Los dos nos lo merecíamos y lo disfrutamos.  Todo: el resolillo de fuera, la conversación con Iñigo Kani, las cervezas, la música en directo, los pintxos del Satélite T y el viaje de vuelta sintiéndonos a gusto porque después de tanto disgusto cuando vemos anuncios de conciertos y en silencio no…

Cinco minutos

Voy a robarle cinco minutos a esta vida de mierda para pedir perdón por haber prometido que iba a hablar de Tim Easton antes de su concierto en Bilbao y no lo hice. Voy a escribir así, con frases largas y telegráficas para gastarme una entrada sin más texto que una breve chapa y un par de citas sacadas de sus letras. 
Es verdad, dije que iba y no fui. Ni escribí ni estuve en el concierto. Al día siguiente vi el titular en la versión digital de un periódico de tirada nacional. Creo que la crónica era de Óscar Cubillo y por el titular y las pocas palabras que pude leer debajo de él parecía que lo que decía iba a ser bueno, pero no quise seguir porque prefería no seguir leyendo, ni más ni menos. 
Yo a Tim Easton le conocí porque colaboró con Toni Monserrat en su disco 38$ Bucks, por nada más. Mira que el tío no lleva discos pero no había tenido el placer de escuchar su nombre ni ninguno de sus discos. Hace unas semanas, el susodicho Monserrat y un servidor nos hicimos una road movie cam…

Trabajo y placer

Llevo unos días consumido por el curro, de verdad, perdonad que empiece así. Dicen que todo el mundo tiene derecho a quejarse, pero a mí me da un poco de palo. No trabajo a turnos y llego con la espalda doblada y la cara colorada por la eléctrica, como le pasaba a mi padre. ¿De qué me quejo, entonces? Tengo curro, además, así que soy afortunado. Me revienta que yo me queje de esto cuando veo a mi suegro jodido porque después de trabajar cuarenta años, ahora, para evitar el paro, vuelve a tener que ponerse el buzo y aguantar a peones que te tocan los cojones porque la edad, al parecer, en lugar de hacerte más listo te hace más torpe a los ojos de niñatos sabelotodo que han nacido con el discurso de poder tan quebrado que se creen que la mejor manera de reivindicar al obrero es copiando los vicios del patrón. También siento ponerme así de estupendo, pero el cansancio me ofusca y es más fácil cabrearse que mirar las cosas con perspectiva. Yo tengo un curro de esos que se llaman liberal,…