Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de julio, 2017

Le FestiBal Est Fini

Bueno, resumamos. Los resúmenes estos siempre me salen un poco... Y qué, ostias, vamos a ponernos excesivos y tiernos. Pero eso luego; lo dejo para el final. Ahora, empecemos por el principio.
El año pasado ya hicimos lo mismo, o algo parecido, pero este año nos propusimos hacerlo mejor: si vamos a ir de conciertos en fiestas, hagámoslo bien. David me había dicho que este blog tendría en primicia la lista de conciertos de El Tubo. Bueno, pues eso merecía hacer las cosas bien. Además, Javi había estado meses enseñándome el cuaderno cuadriculado donde iba apuntando las bandas que pensaba traer a El Cuervo. Se palpaba la ilusión. ¿Cómo no íbamos a implicarnos? Así que hicimos lo que pudimos para participar de esta fiesta que, en realidad, tiene dos grandes protagonistas: los hosteleros y los músicos. Dos gremios que a veces se confunden y otras veces se coligan de una manera que nos puede dar la vida. Esta semana ha pasado eso último, en mi humilde opinión.
En algún momento, se me ocurr…

TurboFuckers

Te podrán gustar más o menos, hoy o mañana, turb o fuckers, pero lo que está claro es que, como les veas en directo, se te van a quedar los estribillos alojados en el cerebro hasta que te los saque a ostias la rutina, el ruido del tráfico o la alarma del despertador. A mí, por lo menos, me pasa. O me pasó, que ya estamos a lunes y sonó el despertador. Pero ayer domingo, después de la matinal sudada en el Tubo, me pasé el resto del día con el sonsonete en la sesera. Por ejemplo, estaba yo fregando, agradeciendo que mi ama me hubiera invitado a comer, cuando se me acerca por la espalda y me dice: "¿vamos a ir luego con la niña a ver a Jolín?", y me pone cara de susto cuando saco las manos de la espuma y chorreando hago cuernos y le espeto: "Sí, todos, mi novia, tú y yooooo." Buff. Pero sí, allí, restriega y enjuaga, enjuaga y restriega, me iban viniendo de vuelta todos los estribillazos a la cabeza. Te podrán gustar más o menos, pero consiguen que el concierto se co…

Shöck

El Tubo tan petado que en primera fila no se veía un carajo. Abajo estaba la cantante, que se daba la vuelta para enfrentar las voces coreadas con el bajista, quien, a su vez, tenía a su vera al guitarrista, y entre ambos arrinconaban al batería. Ese es el planteamiento. El nudo: Los tres que tocan instrumento estuvieron hace unos días por el pueblo disfrazados de Los Vibradores. Con voz femenina en la vanguardia, ahora se llaman Shöck y hacen punk-rock. Punk-rock en castellano con coros rocosos, espacio para los punteos, melodías bien rimadas y el pringue que necesita la receta: actitud, energía y puntería para disparar. Macizos como un risco alpino, bien entallados y sin escatimar un solo vatio. Así llegaron al desenlace: un concierto que superó problemas técnicos para repartir estopa musical sin mesura ni contención: shöckear, creo que lo llaman ellos. Los Shöck llegaban con la fama precedida, y eso que han empezado con este proyecto ayer, como quien dice. Se trajeron a su gente, l…

Chulería

A los Chulería no se les puede medir por la talla si no por el talle, que lo tienen ágil y dinámico. Practican el contraste. Los instrumentistas permanecen quietos. Su función es confirmar la ley de la conservación de la energía. Mientras tanto, en el medio, los dos cantantes hacen justo lo contrario, oscilar por el escenario como si otra teoría de la ciencia, la del caos, se estuviera demostrando en directo. No te he ayudado, ¿verdad? ¿Quieres saber más? Tendría que utilizar, probablemente, las palabras punk y cabaret, recurrir al diccionario del teatro de Patrice Pavis o volver a hacer un ejercicio de arqueología musical como el que siempre me saco de la manga cuando hablo de bandas del pueblo que siguen practicando nuestro folclore más arraigado, el que nació por los ochenta y se maduró en los noventa del siglo pasado. Lo hablaba con un satisfecho Luceño que lo tenía al lado: folk del pueblo. Todo franco y genuino. La foto que va arriba es como esos efectos ópticos que te ponen en…

The Wizards

Un puto final apoteósico y un comienzo abrumador. Todo espíritu y físico. Hay dos formas, una evidente y otra que lo es menos de entender hasta donde han llegado los Wizards: a la quema blasfema de todas las fronteras, las tangibles y las emocionales. Una forma, la que puedes tocar y te toca, es su frontman, Ian Mason, que es incapaz de permanecer alejado, encumbrado en el escenario. Desde el primer alarido, se lanza a la vinculación, a la conexión, a buscar una intimidad cierta y somática con el público. La segunda forma la deforma su música, que trasciende los renglones torcidos del ángel caído para convertirse en voces en el confín. No hay género, genera energía, es la música destilada en electricidad, en potencia. Por eso cuando él mira al infinito con los brazos extendidos en una eterna búsqueda que ninguno allí parecía poder resolver, la música desde atrás le sostiene, le mantiene, le retiene. Y, al mismo tiempo, le eleva, iza, levita. Tiene que ser atronador y visionario estar…

Los Vibradores

Bueno, vayamos al grano: me cuesta hablar de este concierto sin acordarme del que hicieron los Haggish unos días atrás en el Rocketa. Si lo de 77/82 sería una asignatura obligatoria de primero de carrera en el grado en Estudios Punk, el setlist de Los Vibradores sería material obligatorio en segundo seguro. La diferencia, y lo que me alegró el día, fue ver cómo el inglés era secundario en la selección de los Vibradores: castellano a punta pala, porque ya es hora de que dejemos de discutir sobre si el punk nació en Nueva York o en Londres. El punk sí que hace cierto eso que dicen de los bilbaínos, porque nació donde le salió de la k. No se puede hablar de punk sin bajar a Madrid, subir a Buenavista, sin pasar por Santurtzi, sin ir a Australia o sin recordar una canción de Los Ilegales. Por eso, Los Vibradores, ayer, me ganaron para siempre, porque hacer un homenaje general al punk y cantar cosas como Polanski y el ardor, Código Neurótico, Larsen, Safety Pins… y otros canónicos como Dea…

Mud Candies

Se levantó el viento y lo que se llevó no fue el honor de Tara sino la música de los Mud Candies. El aire revuelto les robaba la voz, pero es normal, tocar al aire libre en una calle concurrida tiene esas cosas, que tocas para la gente que se queda quieto viéndote, para los que pasan de largo como si la banda fuera transparente y para la meteorología que no es, al parecer, un fenómeno muy melómano. De hecho, yo que llegué pronto y estaba ya allí apoyado contra la pared, he de decir que sonaron mejor cuando no había nadie, no soplaba nada, y estaban probando cómodos y relajados. La cantante probó el xilófono y las notas se enredaban entre las ramas de los árboles. A pesar de todo ello, los Mud Candies se curraron un concierto a doble pase, con bastante gente rodeándoles y con su habitual sutileza para combinar buenas armonías y turgentes cuerdas. Tocaron con un único contrabajo para llevar el ritmo. No les hizo falta más para repasar con agilidad el folclore musical de la tradición nort…

Putakaska

Tengo el oído derecho como la cavidad de una concha de gastrópodo. Si te acercas, no es que escuches el océano, es que viajas hasta la zona oeste del cabo de Hornos en un día de fuertes vientos. Son las consecuencias de ver en directo a los Putakaska desde primera fila, aunque escorado, cerca del equipo de sonido. Igual que también es consecuencia del concierto que la camisa que llevaba puesta vaya probablemente a la basura. Porque fue así: ellos estuvieron inspirados y fogosos arriba pero, abajo, la peña no les fue a rebufo. Como ya me puse moñas con Los Roñas al concierto de los Putakaska entré a flor de piel, como se dice, creo, en Román paladino. En la pared se leía ya la lista de canciones y te entraban aún más las ganas de que empezaran. Y empezaron a fuego con “Mil demonios” para cerrar el primer tercio del concierto con “Sé tú mismo” y “Vives” del histórico Vivo vacilando que dio paso a “Verano’86” de su último disco, Pegarles Fuego, canción que tuvieron que recuperar al final…