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Mostrando entradas de octubre, 2017

Fiasco Review!: Canciones bélicas para días de paz de Huracan Rose

Es esto, básicamente: Huracan Rose, banda formada a finales de 2016, compuesta por un batería, dos guitarristas, bajista y voz. Acaban de grabar cinco temas en directo y en un estudio de Bilbao. Las han reunido en un EP y le han puesto de título "Canciones bélicas para días de paz". Las canciones han visto la luz comercial en un coqueto formato digipack que puedes comprar por tres euros. Salió hace un mes, más o menos. Aún no las han estrenado en directo. Lo harán este próximo sábado, 28 de Octubre, en un concierto en el Plaza Beltza Kulturgunea de Larrabasterra, donde acompañarán a otras dos bandas, unos que no llevan mucho tiempo pero que ya están dando de qué hablar, los Negracalavera, y otros que ya son veteranos pero siempre resultan efectivos, los Tiparrakers. 
Yo ahora podría ventilarme esta reseña hablando al grano de estribillos, coros, letras de perdedores, mucha actitud y aún más guitarreo, y pum, ya está. Podría soltar por ahí un par de fogosos adjetivos que pre…

Asilo musical en la embajada de Oporto

No sé si Oporto tiene una leyenda oscura, como la de Jack el Destripador. Seguro que hay alguna historia macabra, parte del folclore local: un despiadado pescador que enloqueció de amor y vaga eternamente por los malecones buscando una revancha caprichosa o una falsa cantante de fado con una enfermedad mental que la eterniza por los parques más lúgubres de la ciudad. No lo sé, pero si la tienen, ayer por la noche, Oporto parecía ofrecerles un escenario perfecto para que despertaran de su letargo y agrandaran sus ficciones. Cayó la luz temprano y, en su lugar, la ciudad se cubrió de una celosía de rocío. La niebla envenenaba la visión. Las esquinas se vaporizaban; las plazas se velaban. Con cada farola, nacía un milagro iluminado, un rincón cinematográfico: el detective que espera, la heroína que desespera, el cuerpo del delito sobre el suelo frío. Sus sombras o mi imaginación: algo así. Aún y con todo, me animé, porque una habitación de hotel, con el televisor repleto de fútbol intern…

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Sabía que la sala Jimmy Jazz era la antigua sala Azkena. La primera y última vez que estuve allí, aún se llamaba así. Lo hablé con un chaval con el que coincidí en los baños antes de que empezara el concierto: no venía desde que Wilco tocó allí hace la ostia de años (a mí me parece que han pasado “la ostia de años”). Fue un fin de semana especial. Yo volvía de mi experiencia como emigrante y estábamos enamorados. The Sunday Drivers suspendió su concierto por enfermedad y los de Jeff Tweedy alargaron su actuación para compensar. Ella se pegaba mucho a mí y yo aún más. La música ayudó a que aquellos dos días fueran inolvidables. Selló nuestra relación para siempre: desde entonces, las canciones y la música en directo siempre nos han acompañado.
El lunes pasado volvía a la sala y lo hacía acompañado de tres extremeños y un mallorquín. Íbamos por Gasteiz con el google maps en la mano y diciendo chorradas en cada esquina, pero llegamos a tiempo. Tiempo de sobra. La sala a oscuras, con esos…

Antes, entonces y después

Antes
Me había quedado a dormir en la ciudad. Todos los días de la semana, jornada laboral de 8 de la mañana a 8 de la noche. Cuando llegaba a la casa que me prestaron, me encontraba con habitaciones vacías, mucho eco, y la maleta sin deshacer del todo. Ponía la radio en la cocina, abría la nevera, sacaba una cerveza y el bote de salsa mexicana; hundía patatas de maíz hasta que me arrepentía.

Aquel día, porque era el último, evité la tristeza húmeda de aquella casa prestada, y quedé con mi colega Guille para tomar unas cervezas. La calle Kutxi  estaba llena de gente. Había conciertos por todos los rincones. Antes de comernos un bocata y marcharnos de rondas, estuvimos viendo en directo a Jon Basaguren. Los hijos de Guille eran fieles seguidores. Estábamos todos sentados en las escaleras del cantón de San Marcos, atentos al concierto, cuando Guille apuntó con la barbilla hacia alguien que asomaba por la esquina del Txapelarri, entre la gente: "mira, ese es El Hierro".

Dije qu…