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Mostrando entradas de noviembre, 2017

Kontrolpean

Estuvieron sembraos, qué quieres que te diga. Se comportaron. Eso de "controlar que descontrolan" les sentó muy bien. Así que... no sé qué más contar. Que empiezo a distinguir las nuevas canciones, y suenan cada vez más ponderadas, entra más profundo el tajo. Que tocaron una versión de Zer Bizio?, creo, aunque igual me confundo. 
Se comportaron, lo que no quiere decir que bajaran un ápice la intensidad. Había sincronía allí arriba, vínculo, amor. Parece que los cuatro se pusieron de acuerdo para estar inspirados. Al principio, David parecía que estaba cortando leña en un valle muy hondo: se oían sus baquetazos como hachazos con eco, pero luego se fue asentando el sonido... o mi oído. No pega un solo golpe de más, eso es virtud. Iker, a la guitarra, ganó más prestancia, y sonreía mucho, lo que siempre añade vistosidad. Este no sabe lo que son quintas. Sus acordes aquilatan las canciones, afiligranan cada línea, mantienen el suspense. A Jero, en las cuatro cuerdas, se le oyó …

Canciones como renglones torcidos

En la Riojana, si miras al suelo y tienes imaginación, puedes ver las huellas de lo que fuimos. Los bares son lugares, pero también libros abiertos, espacios donde nos concedemos la débil virtud de ser nosotros mismos: mostrarnos desnudos, a degüello, ridículos, fieles, infieles, esperanzados, felices, derrotados y, sobre todo, sociales. En los bares, si quieres, quieres. Y hasta te quieren. 
El sábado vi a mucha gente abrazarse, saludarse como si hiciera tiempo que no se veían. Había niños, y no estaban perdidos. Había mucha gente. Y alrededor de toda ella, como una piel invisible, hecha de tiempo y vecindad. Había varias generaciones. Una que le dio paso a la mía. Otra a la que me gustaría dárselo ahora. Incluso, una cuarta a la que espero que se lo den los que vienen detrás nuestro. Y que todos, en la medida que cada uno quiera, sigan participando y manteniendo esa piel invisible que, en el fondo, es más dura que el acero y ha conseguido que superemos desengaños, golpes, desencant…

Rotten Me

Yo creo, sinceramente, que fueron de más a menos. Pero es que empezaron tan enérgicos e intentaron continuar el ritmo de manera tan elevada y tupida que costaba creerse que pudiera ser cierto. Lo hicieron todo sin fluctuaciones. Cerraron con su "I Don't Wanna Be the One" en plan estelar, volvieron para soltarse un bis de una canción... y punto. Y a parte:
Si lees lo que han escrito de ellos por internet, te lo explican claro y al grano: que son suecos, que tienen dos álbumes, que mezclan garage, punk-rock y post-punk. Les suelen relacionar con varias bandas, de distintos palos, desde Jesus and The Mary Chain hasta The Vibrators, pero siempre, siempre o casi siempre, sale el nombre de los Buzzcocks a colación. 
Yo lo oí con más complicación, pero es que soy así y así seguiré, nunca cambiaré. Me pareció que tenían un deje indie: en la voz, en el fraseo, en el menudeo con la intensidad. El batería vestía una camiseta de los Concrete Worms: también había de eso, punk balcán…

Manicomios y bombas de cereza

Llegaba tarde e iba hablando conmigo mismo: si Jose me da un número alto, paso de entrar, me decía. Así que llego a la puerta de El Tubo y cuando Jose estira la mano, cojo el papel, y le doy la vuelta. Escrito: el 17. “Poca gente, ¿no?”Y Jose afirma con la cabeza. Justo llega por arriba Patxi Harper acompañado. Nos metemos dentro los tres, sorteando al guitarrista y vocalista de los Big Mouth. Nos vamos al fondo, pero por el camino, choco el puño con Brutus y saludo a Gotzon Hermosilla. Con un pie en la pared, Jon y Mikel. En la barra, David dice hola con la barbilla y Patxi nos apunta con el dedo y murmura en voz alta mientras se atusa el bigote: “Vaya tres”. Pues vale.
Otros tres están arriba en la tarima haciendo música. Bueno, al guitarrista le han desahuciado. No queda sitio en el escenario. El batería está orientado hacia la puerta y el bajista ha alquilado una esquina junto a la barra. Así que al tercero le han dejado junto a las escaleras, pero se le ve feliz, cómodo, como en …

Igandeabili

Andaban por allí, bien abrigados. El cantante se subía la braga hasta la nariz. De los cuatro, la mitad, dos, y me llevo una, vestían sudaderas de los NOFX, lo que daba pistas. Vamos, que tenían frío los sardos. Se quedaban cerca de la puerta pero ni dentro se quitaban el chambergo. Y eso que venían de Trespaderne que no es precisamente Trengandín en un agosto caluroso. Eso sí, acabaron quitándose todas las capas, a pecho descubierto, enseñando piel tatuada y dejando claro que iban a sudarse el bolo.
Vaya pie de micro: una declaración de intenciones, una metáfora de lo que hacen: cantar sin medias tintas, sin aditivos, sin preocuparse de las apariencias y aprovecho para reconocer que sintácticamente no se deben poner dos puntos y seguido seguidos en la misma frase. Creo. Pero lo he hecho. Y lo hecho hecho está: dos gibsons para amasar las melodías, una de ellas tocada subiendo y bajando escalones, por un tío que le daba fuste al directo. Los dos guitarristas a machete, como manda el …

Sin rodeos ni fogueos

Paso de prolegómenos y rodeos. Es domingo y mañana lunes. Voy al grano: 
Los Escapaos llegaron al Tubo desde Cantabria. Se soltaron una hora justa en vivo, más o menos, repartiendo lo que ellos llaman rock'n'juerga, que no deja de ser una especie de rock and roll urbano con un toque punkarra, la dosis que aporta un vocalista en la tradición Evaristo Páramos. Nos recordaba al gallego de Salvatierra y a muchos que le han seguido después, para qué te voy a mentir. Cantaba sin ser capaz de reposar los pies en el suelo, masticando las sílabas, apoyándose en el pie de un micrófono customizado con una soga anudada para ahorcar, como la que ilustra su último disco. Le dieron, por cierto, un sombrero que no le entraba en la cabeza y se lo tomó a risa: desprendía buen rollo el chaval. Interactuó con un público que fue yendo de menos a más y acabó por calentarse porque, principalmente, la banda no dejó de insistir hasta que consiguieron sintonizar. Se tomaron pocos y breves los descansos…